Analizando Neon Genesis Evangelion #24 (3/3). El último enviado

¡Y llegamos, por fin, al final de este episodio de Evangelion! Siento que se haya alargado tanto pero, ey, no tenemos casi nunca a Kaworu y hay que disfrutar. Dejamos a nuestro Ángel controlando a la EVA 02. Ahora toca examinar lo que ocurre después.

Me pregunto si puede sentir a Lilith, igual que se da a entender con el resto de Ángeles que siempre saben más o menos a dónde deben ir. De lo contrario no sé cómo tiene tan claro a dónde debe dirigirse. Ah, la Oda a la Alegría. Gracias Anno (no) por hacer que SIEMPRE la relacione con decapitaciones de Ángeles.

En la sala de control ha estallado el histerismo y rápidamente comprueban que Asuka está sedada en una habitación. Duele verla, ni siquiera le han puesto bien la camiseta, por favor. Misato, no muy aguda a pesar de llevar un capítulo entero investigando a un niño capaz de sincronizarse con la EVA 02, se pregunta quién puede estar pilotando a la misma. Con todo, es cierto que Kaworu no está pilotando. Solo hace que la EVA obedezca sus órdenes.

Es entonces cuando descubren que Kaworu es un Ángel, gracias al patrón azul de su Campo A.T.

—¿Un Ángel? ¿Ese chico?

No es lo que esperabas que fuera, ¿eh, Misato? Después de todos los esfuerzos de NERV, de sus barreras, de aprender a derrotar a Ángeles celulares, ellos mismos terminaron por invitar al último Ángel al interior. Le abrieron el paso, nada menos. Que Kaworu sea humano liga, por una parte, con que los Lilim son el Ángel final, pero también completa la idea de un Ángel tal y como lo ve la civilización occidental. Los Ángeles que hemos ido viendo hacia el final tenían los atributos clásicamente divinos: alas y aspecto de luz, la forma de un nimbo y, ahora, un ser humano etéreo. Es tan diferente de lo que esperaban y habla bastante de cómo humanizamos o deshumanizamos algo por su aspecto.

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Analizando Houseki no Kuni #7. Hibernación

En el episodio anterior de Houseki no Kuni, Bortz evitaba por un instante que los gemelos Ametyhst acabaran en manos de los lunarian. Además, plantaba cara a un paralizado Phos, que no fue capaz de moverse ni para avisar al Maestro de lo que iba a suceder.

Y, la verdad, deberíamos considerar que esto es un error de los Amethyst. Fueron ellos quienes indicaron a Phos que se quedara a «mirar y aprender» cuando desde el primer episodio se deja claro que las gemas deben volver corriendo a avisar al Maestro para que se libre de los lunarian. Phos, evidentemente, no sirve para pelear, así que el movimiento más útil habría sido ese: que fuera el veloz mensajero y salvara así vidas mientras acumula experiencia.

Abrimos, en todo caso, con Rutile pegando a las gemas de nuevo. ¿Por qué empezar por las piernas y no la cabeza…?

Los Amethyst despiertan con tranquilidad, sin traumas. Es el día a día, al parecer, saber que han estado a punto de destruirte y llevarte a la Luna. Una realidad bastante triste, porque evidentemente estaban aterrorizados mientras la maquinaria lunarian los destrozaba. Pero la sociedad de las gemas ha normalizado la situación y no estoy muy segura de que eso ayude demasiado a su estabilidad mental. Como se verá más tarde, Phos no sabe confesarse con la gente y eso influye en que se vaya viniendo abajo. Ni Rutile ni Red Beryl comentan nada. Red Beryl solo les peina. Podrían ser muestras de cariño, pero… Es inquietante.

Phos, entre tanto, pide perdón, decepcionado consigo mismo. Los Amethyst son más maduros y reconocen que fue culpa de ellos por intentar lucirse.

Demostrando una vez más que las gemas han normalizado demasiado las casi-muertes, Alexandrite —que está obsesionado con que lo llamen Alex-chan— llega a toda velocidad para preguntar por el nuevo tipo de lunarian, que empleó fragmentos de Sapphire. Conociendo la historia de Alexandrite, debe estar emocionado y esperanzado tras siglos de inamovilidad, pero no quita que sea bastante brusco venir y preguntar por… la cosa que te ha descuartizado.

Phos está tan afectado, tan frustrado consigo mismo que ni se queda a intentar explicar nada —cuando podría haberlo hecho para convertirse en el centro de atención—. Corre. Huye. ¡No puede volver a bloquearse así, no cuando por fin puede hacer algo útil! Se cruza por el camino con Cinnabar, pero se esconde.

—¿Qué podría decir ahora mismo?

No quiere confesarse con él ni buscar apoyo. Cinnabar está, después de todo, en una situación peor.

Y comienza a nevar. Se acerca el personaje más importante para Phos, al menos tal y como el guion lo establece, porque es emocionalmente el más cercano. Por Cinnabar ha intentado cambiar, sí, pero es Antarcticite el que marca para siempre a Phos. Uno al que no podrá evitar recordar cada vez que llegue el invierno, momento en que hasta Cinnabar desaparece y se va a dormir.

La idea de que las gemas hibernen es interesante y se deriva de su necesidad del sol. Por supuesto, si un par de noches las dejan fuera de combate, un invierno entero con poca luz debe ser fatal. Así que se preparan para dormir. Se podría decir que casi son vacaciones y una época de fiesta, porque solo nos vestimos de forma diferente para conmemorar momentos. Y, aunque únicamente vayan a dormir, como señala Diamond mientras van cubriendo la gran sala en la que se reúnen, ¡Red Beryl tiene que preparar trajes bonitos sí o sí!

No ha debido pasar mucho tiempo desde el incidente con los Amethyst, porque Phos sigue desanimado. ¡Tampoco es que esperáramos que ayudara a organizar nada! Pero se le nota deprimido y le da tanta vergüenza ver a Cinnabar —qué tristeza pensar que siempre está solo— que se niega a llevarle las ropas y mantas cuando Rutile se lo pide.

Para nuestra sorpresa, aunque qué menos, porque si no tenemos al protagonista para explorar el invierno a dónde iría la historia, Phos señala que no tiene sueño y que está considerando no hibernar. Como ya viene siendo habitual se nos planta un discurso explicativo sobre por qué deben irse a dormir. Lo importante es que aparece el nombre de Antarc.

—Soy igual de duro que él, ¿por qué no puedo hacerlo (patrullar)? No es justo.

Mientras tanto se nos muestra una bella escena de cómo Antarc va abandonando su estado líquido. Habría estado bien que se insinuara alguna que otra vez en los anteriores episodios, o al menos el inmediatamente pasado, porque da la impresión de que simplemente se rehaga en esta hora y minuto. Pero dejemos eso de lado mientras Rutile nos explica los detalles que ya todo el mundo debería saber y disfrutemos de la imagen, porque los colores y la composición son preciosos.

Otra cosa es imaginarse cómo debe ser la vida para Antarc. Asumiendo que nació en invierno y así lo encontró el Maestro, la primera vez que se deshizo… No quiero imaginar el trauma. Además, parece que siempre vive solo con el Maestro, sin más compañía, pero aun así se encarga de asegurar el sueño del resto de gemas. Una vida solitaria. Es comprensible que sea algo posesivo y que exija mimos, pues. En uno de sus comentarios del manga, la autora señaló que Antarc estaba acostumbrado a vivir como un hijo único, así que la presencia de Phos es divertida precisamente por eso.

Las gemas se van a dormir, poniendo una buena separación entre todas, seguramente para no darse golpes mientras ruedan durante los meses que les quedan por delante. Es encantador que se ponga detalle en cómo cada uno duerme en una postura diferente, algunos incluso abrazando almohadas. Quién iba a imaginar que Bortz no duerme como un samurai y es de los que adoptan postura fetal… Rutile mantiene su aire erudito incluso en el sueño, muy apropiado.

Cinnabar, por otro lado, ni siquiera se cubre y se mantiene en su cueva, solo. ¿Podemos llorar ya?

Escenas como la que vienen a continuación, donde aparece el Maestro sin gemas a su alrededor, nos dan algunos detalles de su personalidad. Se nos muestra la mesa que rompió, parcheada tal cual (se ve que no les gusta tallar cosas nuevas y que, como dijo Phos, cuidan de lo que tienen hasta que se vuelve inservible). Me pregunto si estará pensando en los humanos, en la posibilidad de que de verdad estén bajo el mar.

Entonces llega Antarc. Su paso firme y su forma de actuar, como si fuera un militar, son bastante sorprendentes. Quitando a Jade y Bortz, las gemas no suelen ser demasiado serias. Pero bueno, no tiene con quien competir ni nada similar así que es de suponer que ha desarrollado este tipo de actitud aprendiendo del Maestro.

—Trabajar solo cada año debe ser solitario. Mis disculpas.

El agua moja, Maestro Kongo.

—P-para nada. No me siento solo ni nada similar, pero… Nuestra tradición anual… ¿Puedo?

—Ven.

¿Las gemas pueden sonrojarse? Porque Antarc se está sonrojando. El caso es que la escena es encantadora y adorable. Antarc, como «hijo único» tiene una relación más cercana con el Maestro, ¡hasta el punto de abrazarse! Creo que solo los Amethyst se pegan tanto —o Diamond estrujando a Phos—. Mirad la cara de felicidad de Antarc mientras el Maestro le acaricia la cabeza. Con cosas así, alternando un diseño atractivo, una forma de lucha badass y sus momentos de ternura, se logra en tan poco tiempo que Antarc nos despierte cariño.

Y así se lo puede matar pronto y duele igual.

Phos ha estudiado la escena desde detrás de una columna —que se haya quitado la ropa de dormir dice bastante de sus intenciones— y sinceramente creo que está ardiendo de celos por dentro.

Antarc grita de vergüenza. ¡Cómo se atreve a verle alguien siendo cuqui con su Maestro! Se ve que se esfuerza por cultivar una imagen de dureza y frialdad frente a los demás. Por otra parte, reconoce de inmediato a Phos. Ya que se dedica a echar mantas por encima a los sonámbulos, quizá ha aprendido a reconocer a todas las gemas mientras estas duermen. No sé si es mono o triste.

Phos señala que no tiene sueño y pide permiso para quedarse despierto, que el Maestro concede. Imagino que se dijo que, como hay pocos días despejados, siempre podría estar ahí para salvar a las gemas si era necesario.

Antarc, horrorizado por la perspectiva de tener que cuidar de Phos, empieza a protestar. Y ahora no dejo de preguntarme si el sacar a colación la pequeña tradición de los abrazos es simple curiosidad o Phos está aprendiendo a manipular un poquito a la gente. En cualquier caso, funciona.

Con todo, Antarc está irritado. Iba a ser un invierno como cualquier otro, él solo con su Maestro, pero ahora resulta que Phos va a estar ahí. Así que se asegura de dejar claro que sabe que es torpe e inútil y asume que se siente culpable por haberse metido en algún lío con sus piernas. Lo cual es, como señala Phos una y otra vez, justo lo opuesto. Porque no hizo nada.

—Es tan frustrante que no puedo dormir. Además, he escuchado que te deja exhausto intentar estar despierto durante el invierno, así que quería intentarlo.

Atentos a la escena. Phos se resbala y Antarc le tiende su espada (irá evolucionando cómo se acercan el uno al otro) para ayudarle a levantarse. Pero Phos termina por soltarse y darle la espalda mientras comenta que quiere probar a aguantar el invierno despierto.

Es decir, se está castigando.

Antarc, quizá intuyéndolo o tocado porque no esperaba algo profundo de Phos, acepta dejarle una de sus tareas. A Phos NO le hace gracia pensar que será duro, pero está dispuesto a no echarse atrás esta vez.

Eso dice el pobre, pero no está preparado para abrise camino entre… ¿Pero cuándo ha nevado tanto? ¿A qué temperatura están?

Por cierto, Antarc es más débil que Phos, pero la idea es que se vuelve más fuerte cuanto más frío hace. Sin embargo, ¿qué pasa con el sol? Mientras Phos hace eses y sufre porque está «desnutrido», Antarc recibe exactamente la misma cantidad de luz. ¿A lo mejor tiene una composición diferente…?

Es interesante cómo Phos se viene abajo y se asegura de que Antarc escuche que ¡está cansado! Le cuesta moverse. Y Antarc, vamos a reconocérselo, se lo piensa. Pero luego sigue adelante. Porque es más débil y aun así puede hacerlo. Phos también, solo tiene que endurecerse. Es una técnica diferente, más de un solitario que de un grupo que está acostumbrado a ser eficiente y a dejar a Phos atrás. Si quiere, de verdad, lograr algo, tendrá que ponerse a la altura de Antarc por su cuenta.

—Camina hasta que no puedas más y, entonces, camina algo más.

Y… bueno, caminar no es la palabra, pero Phos se obliga a seguir. Antarc probablemente sea la mejor influencia que ha tenido Phos en años, después un poco de Ventricosus. Diamond es encantador, pero está demasiado por encima para comprender los problemas de Phos, aunque sea un hermano mayor bueno. Cinnabar rehuye y rechaza y su existencia es importante para Phos. Sin embargo, la influencia que tiene sobre él es casi nula. Por otra parte, Phos vive para intentar satisfacer al Maestro, así que no podemos decir que sea la mejor influencia del mundo.

Antarc ofrece apoyo moral a Phos y le demuestra cosas que ambos pueden hacer. No es como los Amethyst, que no entrenan a Phos ni le enseñan nada y solo esperan a lucirse. Como están a la misma altura en términos de fragilidad y no tiene veneno ni extras para apañárselas, Antarc puede servir de verdadera inspiración para Phos.

Ahora, Phos, ¿por qué no sigues el camino que te ha abierto ya Antarc…?

Entonces llegan a los iceberg —mirad cómo Antarc ha esperado a que Phos llegue con su paso de caracol en vez de ponerse a trabajar— que, ¡sorpresa!, toman a veces la forma de los lunarian. O, más bien, del… ¿transporte? De los lunarian. Al parecer son microorganismos, como los que forman a las gemas, que toman la forma al subir del mar.

—El Maestro los llamó una vez «pecadores» y nunca he sido capaz de olvidarlo.

En el manga esto ya está explicado. A estas alturas, sin embargo, solo podemos preguntarnos a qué se refiere el Maestro. ¿A los microorganismos? Podemos deducir que se trata de restos humanos, si todos tenían un origen común, así que se podría pensar que se refiere, pues, a la humanidad extinta.

Como si la idea de pecadores no fuera suficientemente inquietante, de pronto la estructura se viene abajo y empieza a emerger una montaña de hielo chillando. Desde lejos debe recordar al aullido de una persona. En palabras de Antarc: el estruendo espantoso interrumpe el sueño del resto de las gemas, así que toca fragmentar el hielo.

Veloz y elegante, Antarc corre (el detalle de oír sus tacones contra el hielo es genial. ¿De qué estarán hechos?) hasta el otro lado, donde entierra su espada y el hielo se parte, cayendo al mar otra vez. Cuando dice, con toda la naturalidad del mundo, que Phos lo intente, se gana un grito bastante merecido. Porque, ¿cómo podría, precisamente Phos de entre todas las gemas, hacer eso?

A la noche se encuentran en la enfermería, donde podemos pensar que Antarc está haciendo inventario o algo por el estilo, ya que está donde se guardan los polvos, resinas y demás, y ni él ni Phos necesitan reparación.

Phos, por cierto, está sobre un cuenco donde guardan a sus medusas luminosas, absorbiendo la luz del día. Completamente derrotado y sin fuerzas, agradece que Antarc —el sarcasmo flota en el aire— le enseñara su trabajo, pero que es demasiado para él, debido a que «sólo tiene esas piernas». Sigue siendo triste cómo Phos se valora tan poco y considera que lo único que tiene valor de sí mismo son sus piernas.

Si embargo, Antarc «tampoco está en su mejor estado», puesto que no hace el suficiente frío. No lo dice con mala intención, pero a Phos debe sentarle mal después del espectáculo que ha dado Antarc reventando el hielo.

La información que nos da suena un poco fuera de lugar en esa conversación, pero es importante para lo que ocurrirá al final del episodio:

—Pero si te caes al mar, las banquisas te despedazarán.

A continuación hace un intento de consolar a Phos, asegurándole que mejorará. Pero se le nota incómodo. Al fin y al cabo, Antarc no está acostumbrado a socializar con iguales, sino con el Maestro, a quien respeta. Phos, que ha estado bastante callado (un milagro, si pensamos en cómo es), le responde con desánimo y pocas energías si está seguro de que no quiere ponerle en peligro para estar más tiempo a solas con Kongo.

Phos, si supieras cómo reaccionará cuando lo estés. Ay.

Antarc, en una reacción muy parecida a la que tendría Rutile (gracioso, si pensamos que está haciendo su trabajo en este momento) le pregunta si quiere que lo rompa. Phos ni responde. Su situación es grave, desde luego.

Pero en vez de dejarlo ahí, Antarc dice unas palabras que motivarán a Phos más de lo que este se puede imaginar. De acuerdo a él, las gemas de baja dureza sólo pueden tener valentía. Y sus palabras calan, porque Phos empieza a intentar imitar a Antarc quebrando hielo (pero sin la mitad de su elegancia al correr). Hay que reconocer que este último está para él, porque aunque Phos se rompe la cara al clavar la espada, resalta que casi lo logra.

A ver, no es Diamond, pero tampoco es Bortz.

Antarc se ocupa de arreglarlo siempre, lo cual dice bastante de cómo se las ha tenido que apañar sin médicos a la vista, y explica que no hay descanso posible. Además de ocuparse del hielo, deben quitar la nieve para evitar que la escuela quede sepultada, entre otras cosas.

Y esto, por lo que se ve, solía hacerlo todo solo.

Phos sigue rompiéndose al trabajar, un recurso que muestra el paso de los días y sirve para mostrar una creciente cercanía con Antarc, que se va a volver un experto en repararlo. Ambos son unos solitarios y no saben trabajar en grupo, pero como Antarc es quien le está enseñando el trabajo (Antarc-senpai), le toca pedir perdón. De vez en cuando. No le pidas mucho, Phos, que tiene menos experiencia trabajando con otros que tú. Lo que ya es decir.

Las siguientes escenas están sacadas de extras del manga, de ahí que se sientan un poco fuera de lugar. Con todo, se aprecian porque son relevantes. Y es que, dentro de todos sus trabajos, lo más peligroso es patrullar la sala donde las otras gemas hibernan. Sobre todo, ¿sorpresa?, por Bortz. Por suerte, la experiencia ha enseñado a Antarc que si cubre con las mantas a sus sonámbulos compañeros, estos se calman. Phos —que ya a estas alturas se sorprende poco— no lo entiende, pero Antarc tampoco, así que da igual. ¿Os imagináis a un histérico Antarc averiguando la técnica? ¿Usó una manta como defensa o…? El caso es que, maravilla de las maravillas, también funciona con Kongo, que se queda adormilado a menudo y rompe la escuela por doquier. Al menos en estos casos no pretende que es meditar.

Esa es la labor diaria. Tan repetitiva que Phos se acostumbra a serrar hielo y a romperse una y otra vez. No es indispensable, ni necesario, ni hace algo útil. Antarc puede encargarse de todo solo, probablemente en menos tiempo, en especial porque no tendría que arreglar a Phos una y otra vez. Esto pone un poco en perspectiva que Cinn quiera un trabajo único…

Y, entonces, el hielo habla:

—¿Estás bien?

Y de paso le hace una pregunta que pocas veces le han formulado. De inmediato le informa a Antarc de lo que está escuchando, casi sin duda convencido de que ha perdido la cabeza. Y es que una cosa es entender animales y otra al hielo. Pero Antarc, tan tranquilo, le responde que es normal. De acuerdo a Kongo, el hielo está conformado por minerales similares a las gemas, así que pueden distinguir un poco sus voces. Con todo, en teoría los sonidos solo parecen palabras, pero el hielo no es consciente.

Phos, desde luego, no puede estar de acuerdo. Es más, los gritos de los icebergs terminan por aterrorizarlo y llega a aferrarse a Antarc. ¿Veis cómo la relación va avanzando? Aunque, cómo no, si Antarc se dedica a repararlo cada noche. Casi recuerda a la vez que se puso tras la falda de Dia.

Al final no queda otro remedio que hablar con Kongo. Phos teoriza que quizás se deba a haber hablado con un ser del mar que les entiende —y Kongo dice que «Yo también», ¿con qué ser del mar ha hablado además de Ventricosus?—. Phos, ingenuo como siempre, plantea la idea de amistarse con el hielo y pedirle que deje de gritar todo el tiempo (¿mientras Antarc las rompe? Suena como algo a lo que cualquiera accedería, claro que sí). Pero Kongo rechaza la idea, ya que los icebergs no hablan por voluntad propia, sino que reflejan y aumentan las ansiedades de los demás.

—Desde el principio de los tiempos, son la parte indeseada de las criaturas.

Algún día dejarás de hablar crípticamente, Kongo. Lo espero con ganas.

Su consejo, acompañado de un par de caricias en la cabeza, es que esté tranquilo. De esa forma los icebergs no le molestarán. Entonces Antarc reconoce que Phos lo está haciendo mejor de lo que pensaba (mirad la cara de felicidad de Phos, aishs), y que sabe que no es posible, pero le gustaría que sus brazos fueran igual que las piernas.

¿Oís eso? ¿Lo oís? Es Phos rompiéndose un poco por dentro.

Al día siguiente tenemos un plano a las piernas y luego uno de una mano que se mueve un poco. Se la está observando casi como algo extraño, ajeno. La sensación de alienación se incrementa porque no tenemos sonido por unos segundos. Phos ni siquiera está fingiendo que trabaja. Solo puede pensar en lo que ha dicho Antarc. ¿Y cómo no? Da igual que se reconozca que ha hecho algo bien, nunca será suficiente. El profundo sentimiento inferioridad de Phos no ha hecho más que alimentarse por la gente de su alrededor. En vez de enseñarle trabajos que no exijan fuerza o resistencia, Phos acaba en trabajos que nunca terminan de encajar… Una y otra vez.

Por otra parte, es cierto que Phos tiene la capacidad de entender mejor al hilo, al contrario que Antarc. De modo que la rutina resulta desquiciante para él.

Como si estuviera en un trance, casi intenta cortarse uno de los brazos con la espada. Sabemos que pueden romper el hielo, así que una dureza tan débil como Phos de seguro no sería un problema. Por suerte se arrepiente, llamándose idiota. No porque sería hacerse daño, sino porque Rutile le dijo que no hay más ágata ni reemplazos. De haberlos, no dudaría en quitarse los brazos.

¿Os imagináis caer a ese nivel de autodesprecio?

Entonces el hielo habla, poniendo en voz alta los pensamientos de Phos.

—Pero serás más fuerte. Irá bien. Los morderé por ti.

Pero quizá la fuerza no lo es todo, como aprenderemos cuando vayan a por los brazos de Phos. Es irónico, en cierta medida Antarc es un catalizador para su propio final.

Los planos en esta escena son increíbles. No hay nadie cerca, no hay sonidos; lo que significa que Antarc no está para detener a Phos. La presencia de una forma de los pecadores, la escena en diagonal para representar la inestabilidad de Phos, y la distorsión del fondo, sin olvidar el detalle del agua, funciona para meternos en la perspectiva de Phos. En la tentación, inquietante y angustiosa, de dejarse llevar.

Las piernas quedaron mejor. Incluso si no queda ágata, sus brazos, de una forma u otra, serán mejores. Serán útiles. Es horrible que Phos se considera ya lo peor de lo peor. Las palabras de otras gemas, grabadas a fuego en Phos, vuelven a flotar a su alrededor gracias al hielo. «Debes cambiar» le dijo Dia, «debes tener valentía» le dijo Antar. No solo eso, sino que no puede esperar a que llegue la primavera. Al fin y al cabo, no está durmiendo porque Cinnabar irá a la Luna en cualquier momento.

Para enfatizar el peligro de los lunarian, la imagen del hielo desde el agua se parece mucho a una mancha solar, sólo que con los colores invertidos (una mancha clara en un fondo oscuro, en vez de al revés), y recuerda a la última imagen del opening.

Más que en un trance, Phos parece encontrarse al borde de un ataque de pánico mientras se acerca al agua. El guion juega con nosotros cuando ves que sí, que por fin entra en razón, y se echa atrás. Rechaza una opción tan destructora y alocada. Pero el movimiento… lo arroja al agua.

Gracias al cielo, Antarc llega a tiempo para sacarlo del agua. Sin embargo, es tarde para los brazos de Phos, que se han disuelto. Cabe preguntarse por qué su pelo y su cara están intactos, pero la imagen es tan impactante y agresiva que no importa. Dependemos tanto de nuestros brazos que verlos simplemente desvanecidos, sin más, nos resulta horripilante. En especial porque ya nos han enseñado lo que significa la pérdida de una porción tan grande de un cuerpo. ¿Cuántas memorias han desaparecido con esa parte de Phos…?

Sin embargo, no sabremos qué ha sido de los brazos de Phos hasta el capítulo siguiente, uno de los más memorables de toda la serie, que lleva por nombre «Antarcticite».

 

Sephiroth y la caída de un falso dios

Nuestro concepto para la historia de FFVI era tener más de diez personajes, cualquiera de los cuales podría considerarse El Protagonista. Nos desafiamos a crear un mundo en el que nadie pudiera apuntar y decir «este es el personaje principal». Esta vez, con Final Fantasy VII, sabíamos desde el principio que queríamos que Cloud fuera el personaje principal, y que íbamos a contar su historia. Yoshinori Kitase

Sephiroth es un villano icónico. Puede que se deba a su maravillosa canción, One Winged Angel, a su diseño, atractivo y amenazante al mismo tiempo, o a lo bien que logró el guion asustarnos cada vez que escuchábamos su tema y pensábamos que no podía ser, que no era el final del juego, no podía tocar ya. Su presencia, terrible y peligrosa, nos persigue durante toda la historia. Sabemos que acercarnos a él es peligroso, que no es simplemente un jefe de turno, y el juego se asegura de mostrarlo mediante un montaje que va in crescendo. Somos víctimas de los actos de Sephiroth, desde que marca su territorio con un literal rastro de sangre y cadáveres, a ver a un monstruo terrorífico empalado en un árbol… O a perder a uno de los personajes más queridos a sus manos.

Pero lo cierto es que Sephiroth funciona tan bien como contrapartida de Cloud que es imposible encontrar un mejor villano para nuestro protagonista. Ambos personajes van de la mano, es imposible pensar en uno sin el otro ya que se han moldeado mutuamente durante gran parte de su historia. Aunque se descartara la idea de que Cloud fuera un clon de Sephiroth, siguen siendo parte de una misma moneda. Vemos tan de cerca la que podría haber sido la historia de Cloud que, incluso inconscientemente, la decisión de nuestro protagonista cobra aún más valor, lo torna todavía más valiente.

Y asistimos a la fina línea que separa al villano… del héroe.

Este análisis de Sephiroth (e indirectamente Cloud) contiene spoilers de la saga de FFVII. Leed con cuidado

 

Diseño

 

Cuando el equipo de FFVII se sentó a trabajar en los conceptos de los protagonistas, hubo muchas cosas que cambiaron sobre la marcha. Detalles como el similar peinado entre Sephiroth y Aerith dejan caer que en su momento se planeó que fueran hermanos —también se jugueteó con la idea de hacerlos amantes—, y el pelo de Cloud a lo Dragon Ball se eligió para que fuera fácil plasmarlo en los modelos 3D.

Pero cuando Nomura empezó a dibujar a Cloud y a Sephiroth decidió conectarlos. Para ello se inspiró en dos famosos guerreros del siglo XVII, recreando una rivalidad que trascendiera el tiempo. Cloud vendría a ser un Miyamoto Musashi, un ronin maestro del arte de la espada, y Sephiroth su contrincante, Sasaki Kojiro, que falleció durante su enfrentamiento. Si esto no os dice bastante porque los nombres no os resultan familiares, imaginad cada personaje inspirado en Arturo y Mordred o Merlín, si vamos a lo simple. Estas ideas se transfieren a los personajes y son relevantes. Desde el inicio se pensó en volverlos inseparables dentro de la mente de un japonés.

Más allá de eso, Sephiroth tenía que ser guay, elegante y atractivo. Además de mayor que Cloud, por supuesto, para establecer esa dinámica en la que el joven héroe logra derrocar a un adulto que ostenta una ideología distinta y que da problemas a la nueva generación. El resto es puro pragmatismo:

Quería que existiera un contraste fácil de ver entre Cloud y Sephiroth en sus diseños. Rubio y platino, corto y largo.Tetsuya Nomura

Aparte de los cinturones, la diferencia entre sus posturas, sus espadas, sus expresiones y cabellos son reveladores. En particular, el tema de las ropas es interesante. Como comenté en este artículo sobre Cloud, el protagonista no se desprende de su uniforme de SOLDADO hasta Advent Children, cuando logra dejar atrás la falsa personalidad que adoptó. Sephiroth, por su parte, se enfunda en un traje particular a pesar de ser a ojos del mundo el representante de SOLDADO.

Así que es un detalle encantador que, cuando conocemos a ambos, Cloud no es un Primera Clase y Sephiroth tampoco es un SOLDADO. Así que sus diseños hablan de lo que uno ha querido ser y, en el otro caso, de lo que ya no es ni nunca terminó de ser porque siempre se consideró (y estuvo) por encima.

Pero, al final, ambos son guerreros con hábil manejo de la espada y hasta sus armas, tan diferentes la una a la otra, los unen. Porque a pesar de que Sephiroth ascienda de forma y poder, la batalla más importante se da entre espadas y no meteoritos ni poderes celestiales.

 

Creación e infancia

 

No hay datos firmes sobre la infancia de Sephiroth. Apenas sabemos su altura y lugar de nacimiento, que por fin se confirmó en la Final Fantasy Ultimania Archive, en Nibelheim casi treinta años antes del inicio del juego. Todos los demás datos son clasificados o desconocidos, cortesía de Shinra.

Lo poco que sabemos es por deducción, líneas cronológicas y lo que se nos muestra en el juego. Sephiroth es hijo de Lucrecia Crescent y el Profesor Hojo es su padre. Sin embargo, debido al proyecto Jenova y el intento de revivir las habilidades de los Cetra, Sephiroth contiene células de un alienígena muy peligroso. Nada más nacer, fue separado de su madre y jamás llegó a conocerla. Es más, pura misoginia, se le aseguró que el nombre de su madre era Jenova y Lucrecia se perdió en una oscura cueva. Por otro lado, Hojo se mantuvo como figura ausente. A grandes rasgos, la presencia de una madre (aunque solo sea en nombre) y la ausencia de un padre que nunca se nombra forman cierto paralelismo con el propio Cloud.

Si la cronología no se equivoca, Sephiroth fue un Niño Soldado. De adolescente destacó en la Guerra de Wutai por su inmensa fuerza y se convirtió en un héroe al que imitar por muchísimos jóvenes. ¡No es de extrañar, pues, que niños como Cloud soñaran con ser miembros de Soldados antes de cumplir los trece!

—Siempre supe, desde que era pequeño, que no era como los demás. Sabía que era especial. ¡Pero no de esta manera!

Todos sabemos lo que pasa con los niños que ganan fama demasiado pronto. Se sabía especial. Ello unido a que los científicos de Shinra lo criaron, probablemente como mero experimento, y al aislamiento que debe producir convertírse en un ídolo, crea una perspectiva oscura de la infancia de Sephiroth. Como para confirmar esta idea, no se nos muestra que desarrollara más amistades que con Genesis y Angeal —y eso ya cuando tenía una edad—.

Es una vida triste, lo cual hace comprensible que Sephiroth fuera un hombre retraído que tendiera a refugiarse en la melancolía y los sueños de grandeza para justificar el tratamiento recibido.

Era un hombre responsable y aplicado pero que no tenía relación cercana con sus subordinados como era el caso de Zack. Distante, frío, no demostraba emociones —ni, evidentemente, sabe lidiar con ellas. Su respuesta a la posibilidad de no ser humano es encerrarse a estudiar, sacar sus propias conclusiones y, al final, reinventarse como persona. Eso, como Cloud, implica que no es capaz de lidiar con la realidad. Eso sí, en ambos casos hay que reconocer que son terribles realidades— ni respondía a preguntas personales. Por ejemplo, en el juego original Zack le deja claro que se unió a SOLDADO porque quería ser como él. En lugar de opinar, Sephiroth desvía la conversación hacia su trabajo. De acuerdo a los eventos mientras se dirigían al Reactor, conocía bien la energía con la que trabajaba, era eficiente y priorizaba las vidas que tenía a su cargo inmediato. Si eso significaba dejar atrás a posibles soldados con vida, lo hacía.

Aun así, Sephiroth no estaba aislado por completo de su alrededor. Sabía cosas, incluso si no se relacionaba de forma personal con nadie. Por ejemplo, cuando llegó a Nibelheim —y quizá la presencia de Jenova empezó a hacer efecto sobre él— dijo:

—¿Qué se siente? Es la primera vez que vuelves a casa desde hace mucho tiempo, ¿verdad? Así que ¿qué se siente? No lo sé porque no tengo ningún hogar…

Sabía que Nibelheim era el pueblo de Cloud, pero dudo que fuera porque mantuvo alguna charla con él.

—Oh, es cierto. Puedes visitar a tu familia y amigos.

Sephiroth no era un mal superior, desde luego. No es que sea la mejor persona por dar unas horas libres a un muchacho de 16 años para que vaya a ver a su familia, pero demuestra que se acuerda de quién trabaja para él.

Todo enfatiza la sensación de que Sephiroth era melancólico y lamentaba no tener un lugar al que pertenecer. De ahí que se aferre tanto, después, al legado de los Cetra y luego de Jenova.

 

Experimento

 

Cuando no tienes más remedio que enfrentarte a la realidad, a la fea realidad, ¿qué queda de ti?

Lo primero de todo es afirmar que, antes de descubrir a Jenova, Sephiroth no era un monstruo. No tal y como nosotros usamos esa palabra. ¿Era un asesino? ¿Un soldado puede ser un asesino? Bien, pero no tachamos con esa categoría a Zack, a Cloud, a Barret o a Tifa a pesar de que han matado. La delgada línea entre el asesino, el soldado y el monstruo se tambaleó siempre para Sephiroth. Solo era un héroe gracias a que estuvo en el bando vencedor.

Y ahora, miremos con perspectiva. Un hombre sin figuras paternales ni maternales a las que recurrir, que deseaba tener un sitio a donde volver, sin amigos ni nadie cercano, convencido de que es superior de una forma buena al resto del mundo y justificando de esa manera su aislamiento. Un día este hombre se entera de que fue un experimento. Que podría haber acabado siendo una de las bestias que yacen en el Reactor de Nibelheim.

Sus manos temblaron cuando se preguntó:

¿Soy un ser humano?

A partir de esto, algo cambió en Sephiroth. Investigó. Se desesperó. Quizá la influencia de Jenova tuvo algo que ver. Personalmente me inclino bastante a creer que sí.

—Un organismo que aparentemente estaba muerto se halló en un estrato geológico de dos mil años de antigüedad. El profesor Gast denominó a este organismo Jenova (…) Jenova confirmada como una Cetra (…) Aprobado el Proyecto Jenova. (…) El nombre de mi madre es Jenova… Proyecto Jenova… ¿Es una coincidencia?  Profesor Gast, ¿por qué no me dijiste nada? ¿Por qué tuviste que morir?

¿Qué hace un niño que solo tiene el nombre de su madre? Fantasear. Imaginar quién fue antes de que muera dándole a luz. Soñar con que esa desgracia nunca sucedió y que podrían haber estado juntos. La idealiza.

Ahora Sephiroth quería la verdad y encontró algo demasiado terrible. Si él podría haber sido un monstruo y todo fue por culpa de un ADN sobrenatural, ¿significa que su madre es una criatura muerta de una especie diferente? ¿De ahí viene Sephiroth?

Pero, ah. Pertenecía a una especie superior. Sephiroth no es capaz de comunicarse con el Planeta, ¡pero su madre sí! ¡No solo eso, sino que su madre fue una guerrera, una mujer digna, fuerte, casi una diosa! ¡Todo tiene sentido! Sephiroth no es un monstruo (menudo alivio), como había creído. Es alguien especial, nacido directamente de Jenova. ¡Heredero del Planeta! Jamás debió ocultar sus delirios de grandeza, si solo hubiera tenido la prueba podría haber mostrado al mundo por qué es tan especial y diferente al resto de humanos.

Es casi un dios.

Así, lentamente, Sephiroth dio la espalda al mundo. Un mundo destruido, saqueado por los humanos que abandonaron a la especie legítima de los Cetra. Irónicamente,  tomó la misma postura que Cloud y AVALANCHA presentarán después. Ambos desde el mismo punto de vista hipócrita, como si de verdad estuvieran actuando por el mundo y no por ellos mismos.

—Eres un traidor ignorante. Déjame que te lo cuente. El Planeta perteneció en sus orígenes a los Cetra. Los Cetra eran una raza itinerante. Migraban, se asentaban en algún lugar del Planeta y entonces volvían a desplazarse. Al final de su duro y cruel viaje darían con la Tierra Prometida, un lugar de felicidad suprema. Pero aparecieron aquellos que no estaban de acuerdo con la peregrinación. Aquellos que detuvieron sus migraciones, construyeron refugios y escogieron una vida fácil. ¡Se hicieron con lo que los Cetra y el Planeta crearon sin devolver nada a cambio! Esos son tus ancestros.

¿Perteneció? ¿El Planeta puede ser de alguien? Solo los humanos piensan así, y Sephiroth no es un extraterrestre cuyo pensamiento no podamos comprender, por mucho que él desee ser superior.

Por otra parte, tenemos el clásico discurso repleto de desdén hacia otras formas de vivir. En el caso de Sephiroth, que ha viajado de un lado para otro trabajando para gente de Shinra, que no lucha y desde luego lleva una vida más fácil, crearse este cuento debe haberle venido como anillo al dedo. Como si asentarse no fuera duro y exigente. Pero Sephiroth ha creado un drama, un cuento, un mito como el de Caín y Abel —que no deja de ser una crítica entre dos sistemas económicos diferentes de agricultura y ganadería— en el que él es un Cetra y Shinra son los humanos en su totalidad. Unos humanos aprovechados que, además, escaparon cuando cayó la Calamidad del Cielo y los Cetra desaparecieron tras luchar contra ella.

Mirad cómo se identificó con el bando «legítimo», el idealizado. Es solo una historia, así que después no tendrá problema en identificarse con la Calamidad cuando ya se haya desprendido de sus ideas humanas.

Así que Sephiroth tomó una decisión. Iba a ver a su madre, a reclamar el legado que le negaron, le ocultaron y todo para producir una réplica de los Cetra que trabajaran para los humanos. Todo para esclavizarlo a él, negándole cualquier futuro que no fuera el de servir a Shinra como un SOLDADO.

Sephiroth decidió que el mundo actual era feo, injusto y no merecía la pena luchar por él. Pero el Planeta, ah, eso es otra cosa.

—Madre, recuperemos este Planeta. Vayamos a la Tierra Prometida. (…) Con su poder superior, conocimiento y magia, Madre estaba destinada a convertirse en la gobernante de este Planeta. Sin embargo, esas indignas criaturas están robando el Planeta a Madre. Pero ahora estoy aquí, contigo. Así que no te preocupes.

No te preocupes. Los dos hemos sido usados para otras personas. Pero ahora estamos juntos.

Cuando Cloud le gritó que le había arrebatado todo, que podía (¡atentos!) identificarse en su tristeza porque Sephiroth estaba haciendo lo mismo que en teoría le hicieron a los Cetra, Sephiroth rompió a reír.

—¿Tristeza? ¿Por qué debería estar triste? Soy el elegido. He sido elegido para ser el líder de este Planeta.

Tiene órdenes, una misión. Un propósito. Resulta triste que Sephiroth pasase de servir a una organización a servir a las voces de unos muertos que solo están en su cabeza. Dice bastante de cómo ha vivido siempre y su lucha interna por sentirse superior a los demás y el complejo de, digamos, esclavo.

El caso es que Sephiroth subestimó al mundo entero. Se creyó superior y por eso un muchacho, el más indigno de todos los humanos, que ni siquiera era un SOLDADO, acabó arrojándolo a las profundidades de la Corriente Vital.

 

Más allá de la muerte

 

Quería una historia donde persiguieras a Sephiroth. Una donde hay un SOLDADO que una vez fue un héroe, y ahora los héroes lo persiguen. Nunca se había hecho antes eso de perseguir a un enemigo en movimiento y pensé que intentar atraparlo ayudaría a centrar la historia.  Tetsuya Nomura

Cuando Sephiroth reaparece, ha cambiado. Controla las células de Jenova hasta cierto punto, pero su cuerpo está congelado en el Cráter del Norte, el lugar donde llegó Jenova por primera vez al mundo y donde todo acaba, igual que empezó. Aun así, es capaz de influenciar al mundo entero al tiempo que asume su papel como heredero de Jenova, no de los Cetra, y elabora un nuevo plan.

¡Pero no de inmediato! Porque Sephiroth, como Cloud, primero tiene que reconstruirse como persona. En el viaje a Junon chocamos con Jenova y esta murmura que por fin, tras un largo, largo sueño, ha llegado la hora. O puede que lo diga Sephiroth. O que sea cosa de los dos. Lo dejaré a vuestro gusto. El caso es… que Sephiroth no recuerda.

—¡Sephiroth, estabas vivo!

—¿Quién eres tú?

—¿No me recuerdas? ¡Soy Cloud!

—Cloud…

¿No es divertido? Sephiroth no sabe quién es él mismo, ni tampoco quién es Cloud. Cloud, por su parte, tiene ideas bastante confusas sobre quién es él o qué sucedió durante su enfrentamiento con Sephiroth.

Este encuentro probablemente espabiló a Sephiroth. Lo primero que ve, por tanto, y que le hizo recordar su personalidad fue nada menos que Cloud. A partir de entonces, ambos rehacen su pasado siguiendo el mismo camino de regresión que los lleva hasta Nibelheim. A la Mansión Shinra en concreto.

—Este lugar me trae muchos recuerdos…

Para cuando se reencuentran, Sephiroth sabe bastante más cosas. Probablemente no tantas como le gustarían, en particular porque no puede controlar a Cloud de forma directa como al resto de partes de él. A pesar de considerarlo indigno para la Reunión, le da pistas, lo invita a la misma y va comprobando si tienen la misma información. Al final, decide que Cloud debe seguirlo. Sephiroth, como suele pasar con los villanos, creó al héroe de la historia. A pesar de buscar la inmortalidad, acabó por precipitar su destrucción.

Y hablando de destrucciones, ¿qué es lo que pasa a desear Sephiroth?

Los humanos, una vez mueren, no vuelven. Es lo que hace tan memorable el final de Aerith. Incluso si, como Cetra, puede permitir que su conciencia sobreviva un tiempo en la Corriente, está muerta. No puede actuar hasta que se está cerca o dentro de la Corriente o se libera a Sagrado para despertar a la Corriente Vital y esta pueda elevarse contra Meteorito.

Pero Sephiroth quiere ser diferente.

—Así, me convertiré en un nuevo ser al unirme con el Planeta. Igual que hará esta chica…

(…)

—Solo la muerte os espera. Pero no temáis. Es a través de la muerte que un nuevo espíritu de energía nace. Pronto, volveréis a vivir como una parte de mí.

Su objetivo es dar con la Tierra Prometida y fusionarse con toda la energía del Planeta cuando Meteorito provoque una herida tan grave que la Corriente Vital no tendrá otro remedio que arremolinarse a su alrededor para curarla. Teniendo en cuenta que Jenova es un ser parasitario y cómo se retoma este tema en Advent Children, la posibilidad de que Sephiroth pretendiera infectar de paso a los nuevos seres vivos y formar parte de ellos y todos formaran parte de él habla de su megalomanía pero también de su fusión con los objetivos naturales de Jenova.

Aun así, Sephiroth es humano. Nada tiene sentido si no es humano, si como personaje no existe y no toma sus decisioes, porque para eso solo tendríamos a Jenova, alienígena extraña e incomprensible, y los guionistas se lavarían las mano a la hora de crear un villano.

Desde este punto de vista debemos valorar pues, que Sephiroth tiene agencia propia y sabe que es mortal. Su perspectiva de la muerte, con todo, es diferente a la de los seres humanos (y es de las pocas cosas que se han mantenido en los títulos donde tiende a salir, Dissidia incluido, donde se suicida para recuperar sus recuerdos). Al fin y al cabo, Sephiroth queda separado de la Corriente. Ya no pertenece al ciclo, incluso cuando muera el Planeta le rechazará a él y a su herencia de Jenova. Eso no lo vuelve inmortal, pero tampoco le concede un final agradable. Incluso si Jenova está «muerta», sus células siguen existiendo y continúan a la perfección con su papel, destruyendo, controlando y reuniéndose entre sí. Es una idea extraña, como encontrarse en un puente entre dos mundos. Y si caes, llegas a una nada horrible.

Como toda la existencia de Sephiroth, donde no formaba parte de nada.

De modo que busca librarse de sus últimas debilidades y por eso no duda en destruir a todo ser vivo. Su conciencia está tranquila; todos vivirán dentro de él. Será darle una vuelta perfecta a cómo ha sido su vida.

Mientras tanto, sin embargo, nuestro aspirante a dios disfruta torturando a Cloud. Sephiroth se cobra una venganza personal y repulsiva, donde retuerce los recuerdos del chico —por suerte, este tiene a Tifa para que le haga las veces de Beatriz y lo guíe por su infierno personal hasta la realidad— por pura malicia. ¿Y qué hay más humano que enfocarte en alguien y odiarlo? Jenova odiaba y temía a los Cetra, pero parece ser que los veía como una raza. Nada nos indica que tuviera una fijación con alguien en particular. Aerith solo fue especial porque era la última.

Cloud, en cambio… ¿Quién es Cloud? Solo la persona que Sephiroth quiso que fuera. Él lo guió hacia sí, se burló de él, lo utilizó para entregarle la Materia Negra en dos ocasiones, penetró en su psique y retorció recuerdos por el mero placer de hacerlo. ¿Y todo para qué? Ni siquiera intentó efectuar una verdadera reunión con él. Una vez le entregó la Materia Negra lo dejó a su suerte, quizá esperando que muriera, con su venganza completada.

Pero Cloud siguió el mismo camino que Sephiroth. Cayó en la Corriente Vital y volvió más fuerte… Y reconstruido.

 

One Winged Angel

 

Si ignoramos Crisis Core, ¿dónde podemos encontrar más información sobre Sephiroth? ¿Algo que confirme todas estas ideas y que pasen más allá de la especulación? Bueno, en su tema de batalla más conocido y una de las canciones más apreciadas de Final Fantasy.

One Winged Angel, ya solo como título, resume la existencia de Sephiroth. Un Ángel incompleto, caído, alguien que está a un paso de la inmortalidad, de la divinidad. Es un título precioso, que juega con la tragedia de una figura que jamás termina de encajar en ningún sitio.

Hay videos dedicados a cómo Uematsu innovó, jugó con la partitura de One Winged Angel tomando influencias de Carmina Burana hasta lograr la pieza inolvidable que tenemos. El caos, por tanto, se asocia a Sephiroth. Los análisis musicales los podéis encontrar explicados por el propio Uematsu. Aquí nos centraremos en lo que tenemos a mera vista:

La letra (original, la de Advent Children añade elementos propios de la película que quizá toque en otro artículo, pero aquí nos limitaremos al Sephiroth original), que no la canta Sephiroth, sino un coro al estilo griego.

Estuans interius     Ardiendo dentro

Ira vehementi      Con violenta ira

Estuans interius   Ardiendo dentro

Ira vehementi     Con violenta ira

Sephiroth       Sephiroth

Sephiroth     Sephiroth

Sors immanis    Destino monstruoso

Et inanis    y vacío

Sors immanis   Destino monstroso

Et inanis    y vacío

Veni, veni, venias,      Ven, ven, oh ven

Ne me mori facias      no me dejes morir

Veni, veni, venias,      ven, ven, oh ven

Ne me mori facias      no me dejes morir

Tenemos una descripción perfecta de Sephiroth. Arde por dentro de ira contra el mundo. Una ira, asumo, que ya se ha vuelto desmedida e injustificada. Porque Sephiroth se ha dejado consumir por la venganza, la rabia y todos los sentimientos negativos posibles, sin duda alimentados por la influencia de las células de Jenova.

Después encontramos una parte fascinante. Miedo a la muerte. ¿Lo canta el coro a modo de temor a un dios terrible, como implica luego que se hable de un ser Glorioso y Noble (ja)? ¿O hablan de Sephiroth mismo? ¿Quién busca la inmortalidad sino el que teme desaparecer?

Sephiroth no solo tiene esta canción en su haber, desde luego, sino que su tema ostenta un título que habla por sí mismo: Those Chosen By The Planet. Una mentira, por supuesto, ya que los elegidos son los Cetra y no Sephiroth. Aun así, se apropia de este leitmotiv y, como no puede ser de otra forma, suena siniestro e inquietante. Tanto que podemos escucharlo durante las partes de sor immanis et inanis. Un destino monstruoso para el hombre que decidió que era un elegido, se engañó y se dirigió por su propio pie hacia el destino más terrible.

Este leitmotiv, para que no olvidemos la presencia de Jenova y de Sephiroth, ligados a los Cetra y a su legado de destrucción, aparece también durante el combate y la música de Birth of a God.

Sephiroth no puede escapar del hecho de que toda su existencia siempre ha sido una mentira. Hasta cuando decidió oponerse al destino.

Y ya, como detalle final, la presencia de tanta musicalidad alrededor de Sephiroth y Jenova, por cierto, es un reflejo perfecto del papel de ambos en esta historia. Sephiroth es casi omnipresente en el terror que causa, en la amenaza constante que supone.

Cloud, en cambio, no tiene tema propio hasta el final de Advent Children. Se le suele asociar con el tema principal de Final Fantasy VII —lo cual, de por sí, también da un mensaje bonito pero habla de su falta de personalidad y de presencia como «Cloud» y no la figura que finge ser durante buena parte del juego—

 

Un simple hombre

 

En toda fase final de videojuego nos hemos acostumbrado a que haya diferentes etapas. El jefe final, por un motivo u otro, cambia de aspecto, tornándose cada vez más y más monstruoso. Un ejemplo claro serían Ultimecia o Seymour.

Sin embargo, y esto es algo que también se ha bebido en otros juegos —ni de lejos quiero resaltar a Sephiroth como especial. Ansem de Kingdom Hearts o Xemnas de Kingdom Hearts II, convertidos ambos en horrores eldritchianos, tienen formas finales humanas— nuestro villano sigue un orden inverso en cuanto llegamos al Cráter del Norte. Primero nos enfrentamos a los fragmentos de Jenova, pero luego…

Luego toca enfrentarse a un dios. Y, sin embargo, Bizarro Sephiroth es un monstruo. Una bestia difícil de explicar, que casi parece todavía estar germinando hacia una forma aun superior, que se manifiesta en Safer Sephiroth. En ambos casos su diseño contiene motivos angélicos como alas y su cuerpo humano parece a punto de desaparecer. Es decir, Sephiroth se parece cada vez más a lo que probablemente fue Jenova, un ente extraño y desde luego alejado de la humanidad.

Pero, cuando evoluciona hacia Safer Sephiroth, vemos su aspecto en vez de ser más grotesco, resulta vagamente más humano. Su torso aparece bien definido, si bien uno de sus brazos se convierta en un ala y toda la parte inferior todavía sea difícil de describir.

Así pues, la progresión es de monstruo a humano. El grupo, con Cloud a la cabeza, está arrancando a Sephiroth de su pedestal de dios y le hace recordar que, al fin y al cabo, no deja de ser uno de ellos.

De ahí que la lucha contra Sephiroth en la Corriente Vital (o la mente de Cloud, si queréis verlo así), el cara a cara es tan importante. Tenemos a dos espadachines destrozados enfrentándose al final de un camino similar pero que ha acabado en extremos opuestos. Cloud, con la ayuda de Tifa, asumió sus errores y prefirió ser él mismo.

El viaje de Sephiroth, como vemos, es paralelo a Cloud. Aunque empezaron de formas distintas, ambos fueron convertidos en experimentos bajo Hojo, lucharon por recomponer partes de su psique y se convirtieron en personas perseguidas por Shinra. No solo eso, sino que ambos se bañaron en la Corriente Vital y emergieron de ella fuertes… y diferentes.

Pero es ahí donde radica por qué Sephiroth es tan buen villano: porque es un reflejo de Cloud. Un camino que el mismo personaje podría haber seguido.

Y Sephiroth, tan especial, tan fuerte, tan diferente, cae una vez más ante el chico normal que cuenta con la ayuda de sus amigos. Sephiroth cae ante la humanidad que rechazó, subestimó y quiso destruir. Y lo más importante es que, cuando fracasa, lo hace siendo un humano. Porque nunca fue un dios, para empezar, y porque así es consciente de que ni siquiera en el mismo nivel que Cloud es capaz de vencer.

Cloud logra asimilar sus demonios, dejar de aislarse, aprender a confiar y tratar de quererse por cómo es. Ante todo, aprecia a sus amigos y lucha por sí mismo.

Sephiroth decidió ser, en cambio, el Ángel de una Sola Ala.

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Analizando Neon Genesis Evangelion # 24 (2/3). El último enviado

La segunda parte del episodio 24 de Evangelion se titula The Beginning and the End or Knockin’ on Heaven’s Door. Como no podía ser de otra forma después de un título tan pomposo, vemos los monolitos de SEELE —me pregunto en qué momento Anno y el equipo se cansaron de reciclar las mismas imágenes y dijeron: pues monolitos, total— para contarnos de forma bastante explicativa que NERV fue creada para poner en marcha el guion que habían elaborado. Respecto a cuál es este guion concreto… no tengo ni idea. Pero hablaremos de ello cuando toque en EoE y nos tiraremos juntos de los pelos.

—Sin embargo ahora se ha convertido en una organización en posesión de un único individuo.

Quién será, será, no puedo imaginarlo.

A pesar de que SEELE insiste en que quieren recuperar NERV, la organización no les interesa como tal y menos desde que tienen a las arpías, que les permiten iniciar una Complementación por su cuenta siempre y cuando usen como catalizadora a la EVA 01. De modo que esta frase parece más una sacada de un villano clásico… Si no fuera porque NERV alberga a la EVA 01, que en caso de que Kaworu falle, es su única esperanza.

En cualquier caso, tenemos un cambio de escenario y vemos que Gendo es consciente de que se le acaba el tiempo. De paso, señala que la Lanza de Longinus, que se interponía en el camino a sus deseos, ya no está.

—Pronto, el Ángel final aparecerá. Si lo destruimos, nuestro deseo final se volverá real.

Solo que ya lo ha hecho. Por una vez, SEELE se ha adelantado a Gendo. Cuando han comentado que este pagará por su traición, sin duda se referían a Kaworu. Y hablando del chico, ¡mirad lo que tiene Gendo en la mano! ¡Adán!

Señor, ¿quién se mete en la mano a una antigua diosa y tan tranquilo por ahí? Alguien tan megalómano que cree que tiene derecho a decidir por la humanidad entera. Alguien que quiere ser partícipe directo del fin del mundo. Y es que Gendo planea fusionar a Rei con Adán y, luego, con Lilith. Dudo que sea consciente de que Kaworu es Adán o que tenga el alma del mismo. Lo que le importa, seguramente, es el cuerpo de dos diosas sometidas a la voluntad, en teoría, nula, de Rei.

—Solo un poco más, Yui.

Todo para provocar la Complementación y reunirse con Yui. Solo que ella ya está fuera de su alcance y no tiene intenciones de someterse ni a Lilith ni a Adán. Si hasta parece estar juzgando muy fuerte a Gendo en la imagen, por favor. Y puede que no sea una impresión tan alejada de la realidad porque, de acuerdo al castigo que inflige a su marido en EoE, asumo que está muy enfadada.

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Recomendaciones: seis mangas históricos que merecen la pena

Hay muchas clases de manga que pueden atraernos. Solemos buscarlos por categorías como shojo, shonen, seinen y demases, pero también por temas más concretos. Quizá de terror, puede que de fantasía heroica, de futuro postapocalíptico o de mundo cyberpunk. En esta ocasión os tremos unos manga históricos que, quizá, sean de vuestro agrado.

 

La rosa de Versalles de Riyoko Ikeda

Esta obra, junto a casi todas las que tocó la autora, estaba tan bien investigada y retratada —si ignoramos los diseños estilizados y embellecidos que en pocos casos se correspondían con las figuras reales— que dio lugar al increíble amor que sienten muchos japoneses por lo francés. En particular, por la Revolución Francesa. También sirvió de base para otros clásicos como, por ejemplo, Berserk.

La rosa de Versalles es la historia de María Antonieta y de Oscar, una joven criada como un hombre —resalto el femenino porque Oscar misma dice varias veces que no es un hombre, por no decir que se indigna cuando la confunden con uno— y que se encarga de la protección de la familia real. La trama recorre todos los pasos desde la llegada de María Antonieta a Francia, con sus dramas de corte, de amor, de política y de muerte, hasta llegar al fin del reinado de los Borbones en París durante la famosa Revolución Francesa de 1789.

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Analizando Neon Genesis Evangelion #24 (1/3). El último enviado

Ha llegado el momento. Por fin. Tras tanto esperar. Es la hora de que Evangelion fastidie otra canción clásica preciosa, de romperse la cabeza con los diálogos más crípticos y de ver a Shinji sonrojarse a cada segundo porque una persona nació para él. Y es que este episodio es evidentemente romántico (homosexual, de acuerdo a Anno, que pidió ayuda a Akio Satsukawa, a quien se le daba mejor lo gay) y dramático en términos de tragedia griega.

Es hora de ver al personaje que conquistó a prácticamente todos los fans de Evangelion aunque sale menos de 12 minutos en total.

Es hora de Kaworu.

Pero antes suframos con la pobre Asuka.

La vemos correr sobre un fondo naranja que, obligatoriamente, nos debe hacer pensar en LCL. Es decir, sangre. La pequeña Asuka es feliz, más que nunca, porque por fin ha hecho algo digno de mención. Pensad que Kyoko trabajaba con temas de EVAs, así que cuando Asuka señala que ha sido elegida como piloto, sin duda es porque sabía más o menos que su madre estaba relacionada con el proyecto. ¡Y es que ha sido elegida! Después de ser ignorada, sustituida por un muñeco, han decidido que ella va a ser piloto, por encima de cualquier otro niño. Por eso es tan apropiado que corra sobre LCL. Por eso y por la sangre derramada de su madre.

—¡Soy una piloto de élite, elegida para proteger a toda la Humanidad! ¡Soy la mejor en el mundo!

Y entonces la puerta, que tanto nos había atormentado hace dos episodios, se abre.

—¡Es un secreto, no se lo puedo contar a nadie! ¡Pero te lo diré de todas formas! ¡Porque eres tú! ¡Todo el mundo será amable con nosotras a partir de ahora!

No las tratarán como la loca y su hija. No habrá más padres que dejen a la pobre científica que solo habla con muñecas por una enfermera.

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Analizando Houseki no Kuni #6. Primera batalla

Este episodio se llama Primera Batalla y estamos justo a la mitad de la serie así que podemos decir que Houseki no Kuni por fin empieza a dar saltos hacia donde esperábamos que se desarrollara desde un principio. Después de todo, Phos siempre ha querido pelear. Ahora la pregunta es si sabrá lidiar con la narrativa de una forma menos cliché que muchas historias.

En el anterior capítulo dejamos a Phos con unas piernas nuevas y una increíble habilidad a la hora de correr. Tan rápido es que casi parece un borrón a ojos de sus compañeros. Resulta poético que su primera carrera lo lleve a ver el mar, el lugar donde recibió este nuevo don de la velocidad.

Y es que la velocidad es importante para este episodio. Por eso entra en escena Yellow Diamond, el más rápido de todas las gemas.

Yellow huye de los lunarian —recordemos las campanadas del episodio anterior— por campo abierto, dejando una preciosa estela amarilla a su paso. Apenas necesita mirar, seguro de que no lo van a alcanzar, mientras hace tiempo para que llegue el Maestro Kongo. Incluso cuando, de refilón, lo alcanza una flecha, no recibe daño. Yellow se da la vuelta y se para unos instantes, sin dejar de esquivar proyectiles, y masculla al lunarian responsable que es un «pervertido».

No está preocupado, se sabe fuerte, rápido y experimentado. Podría decirse que la rutina ha rebajado el nivel de peligro para él. Así que Yellow se permite despistarse un instante al ver que Kongo está llegando con Euclase y Jade. Sonríe con familiaridad, con cariño. Pensar que ese amor que Yellow siente por su Maestro no se haya aplacado tras miles de años es bonito y también demuestra que siempre tuvo la respuesta a sus preguntas en su interior.

Por otra parte, y viendo que hay tantos personajes suicidas en Houseki, cabe preguntarse si Yellow no es despistado a propósito como alguna forma de autocastigo… Y es que hechos como que Zircon, a pesar de solo ser un punto más bajo en resistencia que él, se arroje para protegerlo de una andanada de flechas, parecen venir de antiguo. Yellow demuestra tener un síndrome del superviviente, si es que se puede llamar así, y se siente culpable por estar vivo mientras a otros los han llevado a la Luna o niños como Zircon se sacrifican por él.

Por cierto,  ¿no habría bastado con un grito, Zircon? Yellow es tremendamente rápido, seguramente podría haber esquivado las flechas. O haberlas rechazado, como mínimo.

El caso es que Zircon se lanza y el choque hace volar la cabeza de Zircon. La rapidez con la que se corta la escena puede parecer mero fanservice, si es que podemos considerar fanservice ver cómo las gemas se rompen una y otra vez. Pero sirve para establecer la dinámica de una gema demasiado obsesionada con proteger y otra que no deja de sufrir porque las mismas situaciones se repiten una y otra vez.

Horas después —o eso da a entender la iluminación, pues el cielo se ha cubierto de nubes y falta poco para que empiece a llover—, Rutile se despierta de una merecida siesta y se encuentra con que Yellow ya ha depositado en la camilla el cuerpo de Zircon. A pesar de que le dice que no se preocupe, Rutile se siente culpable por haber «evadido sus deberes». Pero no pasa nada porque Yellow tiene nada menos que casi cuatro milenios a la espalda y sabe cómo reparar gemas.

Que Zircon aparezca herido sirve para marcar la diferencia con Phos. Es el más pequeño después de este, pero su nivel de resistencia es de 9 y sabe pelear. Como bien señala Rutile, ha sido capaz de minimizar sus heridas aunque se arrojó casi sin pensar a cubrir a Yellow. Una flecha le acertó en el cuello, pero el resto son heridas de haber chocado contra el propio Yellow. Sin duda es el día a día de las gemas, pero debe doler pensar que has hecho daño indirecto a un niño capaz de matarse por cubrirte…

—No, Zircon es un idiota. ¿Por qué cubrirme?

—Porque te tiene en alta estima.

—Gracias a mí, todo con el que me he emparejado ha sido llevado a la Luna. Green Diamond, Ruby, Sapphire y Pink Topaz también. Nada acerca de mí merece respeto. La única razón porque la que soy el mayor es que soy rápido en escapar del peligro. Tengo 3957 años ya… Ni… ni siquiera recuerdo por qué estoy peleando.

A pesar de que es pura exposición —Rutile ya sabe la edad de Yellow—, creo que el diálogo sobre la pérdida de las otras gemas es algo que Yellow debe repetirse a menudo. Por otra parte, debido a cómo no necesitan mirarse para lanzarse cosas o cómo Rutile deja, nada menos, que Yellow se ocupe de otra gema, se nota que tienen cercanía, familiaridad. Seguramente es un discurso que hayan repetido más de una vez mientras Rutile enseñaba a Yellow los pormenores de reparar a sus compañeros.

Yellow acaricia el pelo de Zircon antes de ponerse a arreglar su cuello. Él también aprecia a su pequeño compañero, desde luego, pero se siente desligado. ¿Por qué los pondría juntos el Maestro incluso tras ver cómo Zircon tiende a sufrir daño, ya que no parece ser la primera vez? Hasta Bortz señalará que se preocupa demasiado por Yellow y eso reduce sus capacidades de pelea.

Por otro lado, está el tema de la inmortalidad y cómo la repetición de la rutina erosiona la emoción, la decisión y reduce todo a un mero mecanismo repetitivo. Luchar contra los lunarian, vencer, perder, que desaparezca alguien y se vaya a la Luna. No es de extrañar que Yellow se pregunte qué es lo que hace que siga peleando.

Rutile, en una extraña muestra de delicada compasión, contempla la lluvia y señala que al menos van a tener un descanso por un tiempo, ya que los lunarian no aparecen si el cielo no está despejado.

Es entonces cuando se fija en que Phos no está.

Yellow sale de inmediato a buscarlo y se cruza con sus hermanos diamantes. Diamond corre a saludarlo y hasta sacude el trasero como un perrito mientras Yellow lo acaricia. Eso es amor y lo demás tontería. Les informa de la desaparición de Phos —para la profunda irritación de Bortz— y se aprovecha para mostrarnos las dinámicas de las gemas más fuertes. Son las que se ocupan, en general, de todos los problemas y no sienten ninguna clase de temor sano entre ellas. Los diamantes están aislados del resto de gemas por su calidad, pero entre ellos se tratan con familiaridad. Por desgracia no es una escena muy larga, en todo caso demuestra que Yellow es rápido en tomar decisiones y organizar a los demás.

Lo que sí es interesante es cómo se localizan entre sí: Yellow, más fuerte y resistente, sube sin problemas a los árboles para buscar destellos de luz. Sin duda a Phos no se le ocurriría algo tan peligroso.

Al final, Yellow encuentra a Phos en medio de un bosque. El pobre lleva corriendo todo el día sin parar y se nos muestra que, una vez se mueve, es incapaz de detenerse cuando quiere. Hasta Yellow, el más rápido de todos, se sorprende por la velocidad de Phos. Pero, y como se ha visto antes, Yellow es un buen hermano mayor. Se organiza rápido, está dispuesto a asumir riesgos —como cuando se queda solo y manda a Zircon a por el Maestro y ahora no le importa un posible choque que a esa velocidad hasta a él podría hacerle daño— para solucionar los problemas. Además, su forma de detener a Phos, adelantándose a él y haciendo uso de su agilidad, dejan clara su inventiva.

Cuesta creerse sus palabras de que haya sobrevivido simplemente por ser el más rápido y no alguien inteligente y hábil. Es posible que el único personaje que no tenga mala concepción de sí mismo sea Bortz…

Lástima que Phos se acabe rompiendo. Parece ser más culpa de la roca que de un golpecito en el suelo, pero en el manga daba la impresión de que Yellow lo depositaba con fuerza y aquí… Es que no podía haberlo dejado con más suavidad.

Poco después, con Phos ya vestido y, asumimos, capaz de caminar a una velocidad más aceptable, se informa al Maestro de los hechos. Kongo deduce que las inclusions de Phos tenían un gran potencial para velocidad que nunca pudo manifestarse por la fragilidad del cuerpo. Así que, en cuanto vieron la oportunidad, se salieron de control.

No podría haber dicho nada mejor para alguien con la autoestima tan baja como Phos. Tras siglos, por fin alguien dice que tiene potencial. No, en realidad no «alguien» sino el propio Maestro. Es un rayo de luz para una persona desesperada por hacerse valer.

Y no duda ni un instante en ofrecerse para la batalla. Aquí se juntan, de forma indirecta, las narrativas de Yellow y Phos como los más veloces. Phos demostrará que no vale con correr, que hay que tener habilidad y capacidades de combate. Irónicamente, tanto Rutile como Yellow están de acuerdo. Se ve que, cuando no consiste en despreciarse a sí mismo, Yellow es bastante lógico.

A continuación viene una escena maravillosa por lo tonta que es. Nadie excepto Yellow puede permitirse correr a la velocidad de Phos, de modo que… ¿Qué mejor idea que pedirle que sea su compañero? ¡Es la gema más vieja, un diamante nada menos! ¡Sería perfecto! Así que, de paso, hagamos que parezca una confesión de amor.

¡Pero es un amor imposible! Yellow ya tiene a Zircon. Duele pensar en cómo después este se marchará con Bortz, pero así son las cosas. La discusión deriva hacia cómo un grupo de tres gemas no se comunica bien a menos que sean del mismo tipo y, asumo, puedan confiar en las habilidades de las otras. El problema de Phos es que es una gema frágil, inquieta y sin experiencia. Si Yellow tuviera que ocuparse de él mientras Zircon hace frente a los lunarian o viceversa, sería un verdadero problema.

Así que el Maestro intenta que Phos se olvide pelear entregándole una espada, la más ligera posible. La escena es dramática, tensa. Phos no puede creerse que le estén dando la oportunidad. En otra historia, levantaría la espada y demostraría cierto talento.

En esta se ve que no tiene nada de fuerza en los brazos (y el cuerpo en general). Este trauma de que solo sus piernas han cambiado se quedará dentro de Phos durante el suficiente tiempo para que en invierno se plantee perder los brazos a propósito. Hay cosas que no se deberían decir en voz alta, Maestro. Claro que ¿cómo imaginar que Phos sería tan autodestructivo?

Pero Phos insiste. Quiere luchar. Sea como sea.

—He encontrado esto extraño desde hace un tiempo… ¿Por qué deseas pelear, sabiendo que no estás hecho para ello?

—Eso es simple. Quiero ayudar porque ocupas un lugar especial en mi corazón, Maestro.

Las caras de todos, Maestro incluido, no tienen precio. Ante el silencio, Phos no puede imaginarse que haya otro motivo para que sus compañeros puedan pelear. ¡Solo lo hacen por el Maestro, ¿no?! En el manga ya se ha dado una respuesta muy interesante a esta idea, mostrando lo bien que hila la autora los temas planteados, pero para eso tendréis que poneros al día.

—¡No, tienes razón! Todos los que hemos perdido en la Luna querían al Maestro.

Yellow ríe, con alivio, como si no pudiera creerse que fuera necesaria una respuesta tan simple, tan dulce. Todos pelean porque quieren al Maestro.

Lo cual es absurdo, ya que el Maestro prohíbe que luchen solos si es posible y siempre le esperan para que se libre él de los lunarian. Él es el más fuerte, al que ningún lunarian (hasta donde se ve) puede hacer frente. Ni siquiera necesita acercarse a ellos para matarlos. Las presas son las gemas; si bien es cierto que los lunarian parecen tener interés en el Maestro, no se le ataca nunca directamente ni se lo busca en concreto.

Así que a pesar de ser una afirmación encantadora, debe dejarnos un mal sabor de boca y muchas preguntas en el aire.

Phos no duda en aprovechar la triste declaración de Yellow de que deben seguir peleando por los que ya no están —¿sentís la futura referencia a Antarc y la petición de que Phos cuide del Maestro? Porque yo sí— para intentar que se empareje con él. Y aunque Yellow reconoce que sería interesante pelear con el chico que le ha hecho ver la luz tras cientos de años con su inocencia, ¡nope, ya tiene pareja!

Al final el Maestro claudica y decide que Phos puede probar a patrullar con los hermanos Amethyst.

El atardecer llega a la vez que el Maestro exige un informe sobre lo que Phos vio en el mar. ¿El resultado? Que nos rompe el corazón. Solo recuerda que era grande y que daba miedo. Esas fueron todas las sensaciones que le quedaron tras su aventura con Ventricosus. Duele más cuando la imagen nos muestra cómo Phos se está mirando las piernas de Aculeatus en un intento de recordar.

Pero algo ha quedado. Algo que nos permitirá a cierto nivel de lore en el futuro. Phos recuerda la palabra «humanos», aunque no la leyenda que le contó Ventricosus ni que están extintos. Así que se da a entender que había humanos bajo el mar.

Por primera vez vemos verdadera sorpresa, desconcierto, con un plano en picado casi desagradable del Maestro que exagera sus ojos. Tan agitado está que rompe la mesa. Es evidente que sabe de los humanos —y que nunca les ha contado nada a las gemas— y que no deberían estar vivos.

Cuando las tres gemas se marchan, restan importancia al extraño comportamiento del Maestro. Esto es interesante, porque demuestra una tendencia típica los personajes a adorar al Maestro e ignorar las partes menos respetables del mismo —por ejemplo, cuando las rompe para darles una lección— o no darle importancia a sus posibles secretos. Rutile en particular descarta la preocupación de Yellow echándole la culpa a Phos por no poder recordar.

Pero Phos no puede evitar darse la vuelta y contemplar la espalda del hombre que cuida de ellos. Y comienzan las dudas.

Acto seguido se nos presenta a los Amethyst, expertos esgrimistas, de los que Yellow espera que un Phos ansioso por presentarse y ser el foco de atención aprenda unas cuantas cosas. Estos episodios están muy dominados por Kenji Mutou que adora el tema de las composiciones simétricas y la aparición de las gemas gemelas, siempre reflejo el uno del otro, juega a la perfección con cómo se despliegan en el reflejo del agua. Poesía visual.

En fin, los Amethyst son el clásico (casi aburrido) ejemplo de gemelos que parecen una misma persona. No solo hablan o se mueven a la vez, sino que casi parecen compartir pensamientos. Son perfectos como sujetos de prueba para controlar a Phos. Es como estar con una única gema, pero con la capacidad de actuar por dos. Esta increíble sincronización se muestra en cómo pueden golpearse entre sí y no quebrarse, dato que nos brinda con amabilidad Yellow. Aun así no deja de ser horrible verlo (y oírlo), tanto para las gemas como para el espectador. No es muy relevante que digamos, si no fuera porque los Amethyst tienen una fijación con golpear sus cabezas, probablemente porque disfrutan ver las caras de sufrimiento del resto.

Amethyst 84 y Amethyst 33 se presentan —interesante que Amethyst 84 diga que es la primera vez que habla tanto con Phos. Que se tengan, además, que presentar y diferenciar (más allá de servir para el espectador) lleva a preguntarse cuánto se ha aislado Phos durante 300 años. Qué tristeza— y le dan la bienvenida. Es la primera vez que alguien le da la bienvenida a Phos en un equipo, ya que su trabajo previo con la enciclopedia era individual. Pero nada de llantos y sonrojos de ilusión. A Phos le superan los Amethyst y le dice a Yellow que es demasiado y si no pueden cambiar los planes. Pero no, los novatos no pueden ser quisquillosos. ¿No te hace feliz, Phos?

Ya en la cama y listo para dormir, Phos sostiene la espada (¡sin que sus brazos tiemblen!) y piensa que al fin tiene una oportunidad en el campo de batalla. Cuando casi ha caído rendido, piensa en Cinnabar. Debe estar acercándose a encontrar un trabajo, una razón para que Cinn no quiera ir a la Luna.

Al despertarse los Amethyst están ahí, lo cambian rápidamente de ropa y lo arrastran consigo, ya que tienen que ir a la reunión matutina. Por el fondo vemos desfilar a las otras gemas. Ninguna presta atención al escándalo que arma Phos (que debe ser inusual, sabemos que Phos tiende a dormir de más), en parte porque puede que no les interese, y en parte porque saben de quién es la habitación.

En la reunión, Jade anuncia cuál es la probabilidad de que aparezcan los lunarian (11,4%) y pronostica el tiempo con una exactitud impecable (y sin tecnología. Las gemas son la envidia de todos los meteorólogos), para luego decir cuál será la zona más peligrosa y asignar a Bortz y Día allí, a Yellow y Zircon cerca, y al resto de las parejas a su zona habitual. Cuando Jade tiene que indicar a dónde irán los Amethyst con Phos, mira de reojo a Kongo. Pero este ha cerrado los ojos y no ve su expresión de duda antes de asignarlos a la zona de Meseta Occidental.

De modo que parten a su zona asignada y Phos está muy, muy tenso. No sólo eso, sino que tiene la espada desenvainada en sus manos, y se niega a relajarse cuando se lo recomiendan. Salta a cada comentario que hacen los Amethyst, a menudo sobre bichillos. Es asombroso que, tras tantos años, les sigan llamando la atención. Sin embargo, basados en uno nos dan un dato importante:

—El invierno está cerca.

Empieza el opening de Juego de Tronos. El día pasa, así que el trío vuelve a salvo a la escuela sin nada que reportar. Bueno, nada excepto que tienen que arrastrar a un exhausto Phos. En sus propias palabras, necesita descansar y recuperarse por la ansiedad extrema que ha sufrido. O sea que está en perfecto estado. Gracias, Rutile, por no interesarte por la salud mental de Phos. En realidad sí que le preocupa un poco por cómo mira a Phos cuando los Amethyst le recomiendan que duerma bien.

Al día siguiente toda ir a buscar semillas de las flores de polvo blanco para Rutile y Phos (que está convencido que es venganza por llamarle médico charlatán) comenta que es demasiado terreno a cubrir, pero los Amethyst responden que es una tarea bastante normal. No es de extrañar, considerando que son pocas gemas y mucho territorio. Y que estadísticamente los lunarian aparecen una vez cada tres días, no vayan a estar sin hacer nada el resto del tiempo.

Phos está algo menos tenso, pero sigue agotado. Se acuesta en cierto momento, diciéndose que no va a pasar nada, y los Amethyst le insisten en que se relaje. Entonces vuelve a aparecer la mariposa blanca con la que le asociamos. Casi como si viniera a anunciarnos que se dará un punto de inflexión.

—¿Verdad? Ya soy un profesional en mi tercer día.

Y ya sabemos lo que pasa por norma general una vez cada tres días.

Phos está desanimado, porque nada ha cambiado. Pese a antes haber pensado en que está más cerca de Cinnabar (a encontrarle un propósito), nada ha cambiado. Y los Amethyst le proponen entrenar con la espada. Al fin lo que esperaba Yellow de este equipo.

Mientras tanto, la luz del atardecer hace ver todo entre rosa y rojo. No llega a ser rojo-amaranto, pero se acerca lo bastante como para que lo asociemos a la muerte.

Cuando los Amethyst desenvainan sus espadas, Phos piensa que están haciéndole una demostración e cómo arrrojar la vaina a un lado, porque da un aire muy genial. Pero no, han llegado los lunarian, así que le tocará a Phos aprender sobre la marcha.

Si bien no es la primera vez que vemos formarse la nube sobre la que viajan los lunarian (pasó también en el capítulo 1), nunca hemos visto que resulte tan amenazadora y desagradable. La nube emerge de la mancha solar junto a los lunarian, que rotan con ella como si fueran a caer. Desde luego, les encanta el espectáculo. Como broche final tenemos un primer plano del lunarian central, que mira directamente a la cámara desde una posición más alta.

Toda esta escena funciona a la perfección porque la vemos desde el punto de vista de Phos, congelado de miedo. Entonces los Amethyst le dicen: mira y aprende. Y vaya si tiene para aprender, porque se mueven con eficacia de movimientos que llega a recordar a Bortz.

Si no hubiese sido uno de los nuevos tipos de lunarian, habría acabado enseguida. Pero cuando cortan a la figura central, esta no se desvanece y se interesan por lo que puede haber dentro. Entonces le dan la espalda y emerge un extraño dispositivo —¿qué clase de tecnología es esta? Hasta ahora se mostraba a los lunarian con flechas y una vez con una red. Daban la impresión de no usar tecnología, pero al parecer no es el caso—. El objeto atrapa a los Amethyst y los rompe en pedazos con una facilidad horrorosa.

Phos, incluso con sus nuevas piernas y con Amethyst 84 ordenándole que corra, no puede moverse. Unidos como uno, los gemelos se rompen en pedazos mientras la nube comienza a alejarse. Toda esta pelea tiene paralelismos muy interesantes con lo que pasará con Antarcticite; ambos sufrieron un ataque por la espalda, el plano enfoca a la mano (las, en caso de Amathyst) y no alcanzando la nube…

Sin embargo, en este caso la ayuda está cerca.

Yellow y Zircon se acercan a ayudar, pero Bortz los sobrepasa con facilidad. En un instante libera a las gemas mientras Dia y Zircon recogen los pedazos, y Yellow llega con el Maestro. Este se permite recompensar a Bortz por su buen trabajo con una palmadita en la cabeza antes de que Yellow (gracias al cielo por él) aparte a Phos. Luego Kongo destruye a los lunarian, que explotan en nubes de color que parecen pintura.

Y Bortz, visceral como siempre, explota y carga contra Phos. El Maestro está de espaldas, y Yellow mira, relajado, pero sin intervenir. Sabe lo que podría haber pasado si no hubiesen acudido a tiempo. Se demuestra, pues, que Phos es demasiado inexperto y demasiada carga incluso para dos expertos espadachines como los Amethyst. No pueden arriesgarse con los nuevos modelos empezando a aparecer por los alrededores.

Así pues, un nuevo fracaso para Phos que comenzará una terrible tendencia con sus compañeros.

En el próximo capítulo llegará al fin el invierno, y con él el personaje que más marca a Phos.

Analizando Neon Genesis Evangelion #23 (2/2). Rei III. Lágrimas

Y por fin terminamos el episodio 23 de Evangelion. Lo primero que vemos tras la explosión es a la EVA 01 hundida en la arena. Shinji contempla, incrédulo, cómo su amiga acaba de convertirse en cenizas. Me encanta el efecto que usan con el LCL; hace tanto calor que vemos cómo la imagen tiembla. Imaginad lo agónico que ha debido ser para Rei en los instantes antes de desaparecer.

Misato anuncia, con voz entrecortada, que la operación ha terminado.

Es el mayor fracaso de NERV. Y no porque no pudieran haber hecho nada, que probablemente habrían podido hacer algo de tener tiempo para averiguar dónde se encontraba el Núcleo, o de haber hecho subir a Shinji antes que a Asuka. Pero ahora no importa, porque Misato no ha podido hacer un milagro. Nadie, ni Shinji, ni Gendo, ni Misato han sido capaces de evitar que un Ángel los sobrepase totalmente.

Pero es peor. Misato ha arriesgado innumerables veces las vidas de los niños, de NERV, de la ciudad. Siempre llevada por su deseo de vencer a los Ángeles, de vengar a su padre, de encontrar un motivo para seguir adelante. ¿Y qué tenemos? Una niña muerta. Seguro que recuerda un poco a lo que vivió ella en su momento, a cómo luego estuvo a punto de perder en varias ocasiones a Shinji. A cómo cada vez vencen más por suerte que por otra cosa.

Los Ángeles la han derrotado y, lo que es peor, no la han matado a ella. No ha sido como Zeruel, tan destructor, tan monstruoso que se puede llegar a entender, a perdonar, que NERV no pudiera hacer nada. ¡Era un Ángel que ni intentó llegar a Adán/Lilith! Un Ángel que, de haber triunfado, habría traído de vuelta a todos los demás y porque a nadie se le ocurrió nada mejor, Rei se suicidó, sacrificó su vida por Misato, por todos. Podríamos interpretar que hasta suplantó a Misato, siempre tan dispuesta a llegar al extremo, a morir con tal de detener a un Ángel.

Qué carga más terrible debe ser esa para una mujer que quiso ser guardiana, mentora, madre.

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Analizando Neon Genesis Evangelion #23 (1/2). Rei III. Lágrimas

¡Nos acercamos más y más al final de esta serie! Toca analizar el episodio 23, versión del director, de Evangelion.  Es hora de preparar pañuelos para la despedida de Rei II.

Comenzamos con Misato, escuchando por enésima vez el mensaje de despedida de Kaji. Se nos muestra una habitación hecha un desastre, llena de comida basura, bolsas y, en general, mierda por todos lados. Misato está recostada sobre su escritorio, sumida en la casi total oscuridad —a pesar del miedo que le tiene— mientras contempla el teléfono. Es una escena muy poderosa y que aprovecha todo el medio visual para decirnos lo que necesitamos saber. Se está alejando de Shinji (que sabemos que solía hacerle la comida) y todavía se encuentra en un período entre negación y duelo. Quizá la referencia más importante sean sus palabras:

—Un teléfono que no suena.

Ah, teléfonos en Evangelion. Además, es una referencia directa al teléfono que Misato le dio a Shinji para que hablara con sus amigos, pero que solo hemos visto sonar cuando Kensuke quiso echarle en cara que abandonara NERV.

Por eso es tan apropiado que lo siguiente que vemos es la sombra de Shinji frente a la puerta de Misato. Una Misato que siempre irrumpió en su habitación sin esperar a tener permiso, que no respetó la intimidad ni de Shinji ni de Asuka. Una que ahora se aísla y ha escrito «lo siento, no me molestes. Estoy trabajando.»

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La historia de Emil en ‘NieR’ y ‘NieR: Automata’. Un tiempo petrificado

¡Cuidado! ¡Este artículo contiene flagrantes spoilers de la historia de Emil!

Emil es uno de los personajes más queridos de Yoko Taro y, cómo no, por los fans de NieR. También ha ganado su merecida fama en NieR: Automata. Su trágica historia, desde un niño precioso e inocente a una suerte de esqueleto mágico volador (inquietantemente adorable) trasciende las eras y traza un constante camino de soledad. Pero, diría, lo que más nos gusta de Emil es que es bueno. De cabeza a los pies. No hay nada que no haga por sus amigos, no hay sacrificio que le parezca pequeño. A pesar de está solo, asustado y aislado por culpa de su inicial maldición, después de su aspecto y, más tarde, como único humano superviviente, sigue adelante como puede para proteger el legado de sus seres queridos, tratando de no desfallecer.

Y es que lleva miles, miles de años haciéndolo.

La historia de Emil comenzó, en cierto modo, bastante antes de su nacimiento. El 12 de junio de 2003 se abrió un portal entre nuestro Tokio y el mundo de Drakengard. Una giganta blanca cayó en pleno Shinjuku, seguida por una dragona y su jinete que buscaban darle muerte. La pareja logró derrotarla, pero poco después fue abatida a su vez por el ejército japonés. El cadáver de la dragona y de la gigantesca criatura quedaron a merced de los humanos y expandieron sus… efectos.

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