Analizando Berserk. Capítulo 14: La Edad de Oro (VI)

En el anterior capítulo de Berserk dejamos a Guts mordiendo la espada de Griffith. Sí, eso hicimos.

Lo cual es una soberana locura. La espada está afilada, como es normal, así que Guts comienza a sangrar de inmediato porque resulta que dentro de la boca tenemos una lengua carnosa y unas mejillas delicadas a las que no deberíamos aproximar superficies cortantes, que suficiente tenemos con los dientes.

Aunque la escena transcurre a lo largo de dos caras, hay que considerar que Guts muerde la hoja y empuja en unos pocos instantes. Teniendo en cuenta que Griffith no quiere meterle una espada por la garganta, y que debe ser una sorpresa que alguien se meta una puñetera arma por la boca, es normal que chico se quede paralizado. Guts, por supuesto, contaba con ello y por eso toma la ofensiva.

Así, caen colina abajo y, ojo, vemos que Guts coge la mano de Griffith. Entiendo que esto quiere decir que le hace soltar la espada, pero personalmente pienso que Griffith la deja ir. Por mucho que confíe, como lectora, en la mandíbula de acero de Guts, dudo mucho que hubiera sobrevivido si Griffith no hubiera soltado a propósito su arma. Un mal golpe, un empujón sin querer, y adiós muy buenas a nuestro protagonista.

De modo que ruedan por la colina, frenan y Guts disfruta encajando un par de buenos puñetazos a Griffith. Solo después, cuando se ha resarcido un poco por las humillaciones y siente que ha recuperado el control, escupe la sangre.

—¿Qué te parece el sabor de tu propia sangre? Me da que nunca te habían dado un puñetazo en esa carita de porcelana que tienes.

Ah, Guts no se salva de utilizar argumentos típicos que encontrarías en cualquier mundo dominado por hombres. Griffith no es lo «suficiente macho» porque tiene una cara bonita e impecable. Me pregunto cuántas veces le habrán dicho lo mismo… Y cuánto influenció en su forma de ser. Otra cosa no, pero Griffith representa el rol masculino casi a la perfección cuando es necesario, y, de hecho, lo hace mejor que Guts. Es una de las gracias del manga, que aunque Guts parece un Macho Alfa, a la hora de la verdad es una persona sensible, tímida y herida. Griffith, por su lado, parece un príncipe sentimental salido de un cuento, pero es distante, frío y calculador. Diría, además, que por obsesionarse tanto con encajar y dominar la sociedad masculina que le rodea acaba cayendo víctima de la misma.

Pero me estoy adelantando mucho cuando solo quería llegar a que Griffith ha debido sufrir por su aspecto. No me extrañaría en lo más mínimo que desarrollara tal habilidad con la espada el tener que defenderse de hombres como Donovan.

Si fuéramos tan idiotas como para creernos lo que piensa Guts, que jamás han golpeado a Griffith en la cara, entonces tendríamos que esperar trauma por su parte. Al fin y al cabo, Guts lo ha desarmado, le ha atacado y está en una situación peligrosa.

Pero no es el caso.

Mientras Guts coge una piedra para asegurarse de asestar un golpe definitivo, Griffith sonríe con una expresión casi macabra porque está ante un desafío y ha vencido: más rápido que Guts, acostumbrado a usar el peso de sus enemigos contra ellos, le engancha un brazo y lo inmoviliza sin verdadero esfuerzo.

Griffith no deja de sonreír mientras pone las cartas sobre la mesa y exige a Guts que se rinda. Y, entonces, cuando le ofrece que se someta o le disloque el hombro, tenemos un plano a los ojos de Griffith. La mirada es más que intensa, y se utiliza en situaciones muy específicas en las que Griffith va a imponer su voluntad por la fuerza. Es un punto de brutal inflexión.

Porque Guts no se rinde. Se niega a dar un paso atrás.

—Elige.

—…Jódete.

Y lo dice sonriendo. Porque Guts es orgulloso, y si va a perder su libertad, entonces será desafiando hasta el último aliento.

Así pues, Guts acaba con el hombro dislocado y la Banda del Halcón estalla en vítores, arrojándose sobre Griffith afirmando que nunca, nunca habían puesto en duda que ganaría (ajá) porque Guts es un don nadie. Corkus no duda en aprovechar para ir a por el brazo herido de Guts.

Es evidente que ninguno sabe que ahora Guts es parte de su selecto grupo.

Nadie salvo Casca, que contempla todo en un silencio tenso.

Entonces Griffith interviene para que dejen de hacer daño a Guts, se arrodilla frente a él y se da una de las escenas clave del manga. Porque Griffith sonríe mientras sujeta la cara de Guts y le obliga a sostenerle la mirada. Sonríe y su expresión se torna siniestra, casi rozando la obsesión.

—Ahora eres mío.

En japonés dice: con esto, eres mío. La expresión es típica, pero tiene su cosa. Griffith empleaもの en hiragana para referirse a Guts. Este «mono» podría ser el kanji de 物 (cosa), de 者 (persona) o incluso de モノ (se suele emplear para referirse a algo más abstracto). Es decir, que el もの en hiragana es inherentemente ambiguo, pero podríamos sustraer un importante elemento de cosificación que encajaría bastante bien en la posesividad de Griffith respecto a los que le rodean.

Ah, bueno, y también podríamos hablar del subtexto, como en el capítulo anterior, pero creo que el interés de Griffith ha quedado claro y que esta escena cimenta el subtexto gracias al contacto físico y a que Griffith se arrodilla para estar a la altura de Guts y asegurarse de que este sabe que ahora es suyo. Un poco contradictorio, ¿no? Alguien que quisiera marcar un dominio impersonal permanecería de pie. Pero no, Griffith busca una cercanía física, hasta el punto de sostener el rostro de Guts.

Pensad lo que queráis, pero los hombres no suelen tocarse unos a otros la cara a menos que haya algo personal entre ellos.

La escena, aparte de por su simbolismo, tiene un profundo peso argumental. Al fin y al cabo, es aquí cuando los destinos de los protagonistas quedan entrelazados para siempre. Con la información que el manga nos ha ofrecido hasta ahora, sabemos de antemano que Griffith va a traicionar, a sacrificar, y nos morimos por conocer las circunstancias. El motivo parece claro: Griffith es un manipulador, alguien que impone su voluntad a los demás (ahora eres mío) y los arrastra consigo como una marea demasiado fuerte para ser resistida. Más tarde aprenderemos que Griffith ha decidido que cualquier persona debe ser sacrificable, o las muertes de los que ya han perecido por ayudarle, su humillación al prostituirse, los pesares por la persecución de su sueño, dejarían de tener sentido.

Sin embargo, asumir que Griffith se agencia a Guts solo porque es un buen peón rebajaría la relación que da sentido a Berserk. No me cabe duda de que la intención de Griffith era esa, tener un juguete, pero su interés va más allá, su deseo por hacerse con Guts es más que meramente estratégico. Llamadlo Karma, llamadlo Destino, pero dudo que Miura incluyera esos paneles de los ojos «sobrenaturales» de Griffith porque sí. El chico es un ser humano planificado, creado desde hace cientos de generaciones para ser una fuera imparable que un día se convierta en parte de la Mano de Dios. Alguien así debe ser muy difícil de hacer caer. De hecho, vamos a ver cómo Griffith es capaz de mancharse las manos, y hacer que los demás se ensucien por él, sin aparentes remordimientos. Una traición le dolería, pero no sería suficiente para que cayera en una espiral de horror como le ocurrió al Conde.

Sabemos muy poco de la Mano de Dios, pero si existe un denominador común entre sus miembros es que parece que su existencia exige sacrificios inmensos. A ello hay que sumar que los Apostóles nacen porque deciden ofrecer a personas a las que aman. Entiendo, además, que ese amor debe ser recíproco hasta cierto nivel o la tragedia no sería lo suficiente poderosa para sacudir el mundo y permitir el cruce de elementos astrales con terrenales.

El capítulo perdido de Berserk establece que la vida de Griffith estuvo planificada y, aunque desconocemos hasta qué grado se refería la Idea del Mal, sí queda claro que había fuerzas superiores manipulando a los ancestros de Griffith para que, como mínimo, tuvieran descendencia.

Todo para dar sentido al sufrimiento de la gente.

Griffith es un elegido del Karma, de lo predestinado, del convencimiento humano de que el dolor debe tener sentido. En cierta manera, el subconsciente colectivo se refleja en las motivaciones de Griffith, que actúa para que lo que ha hecho no haya sido en vano.

Así pues, la idea de que el Destino impulse a Griffith a cruzarse con gente esencial en su vida debería ser plausible. Griffith no puede ofrecer solo a un amante, a una hija o a unos padres. Su oblación debe ser monumental, grandioso, y por eso necesita un entorno tan amplio y devoto.

Sin embargo, no es suficiente.

Que Griffith quiere a la Banda se prueba en que sean escogidos para acabar marcados y que sus muertes le permitan convertirse en Femto.

Pero el amor de Griffith por sus hombres es uno posesivo y más bien distante. Lo siento, Casca, pero estás incluida en el grupo.

En definitiva, no es suficiente.

Griffith necesita a alguien que le haga sentir cosas viscerales, que le haga perder el control, que su «traición» lo arroje a sucumbir en una espiral de odio y negación. Para el conde esta persona fue su esposa, para Rosine, sus padres. En el caso de Griffith, la gota que termina por desbordar el vaso es Guts precipitándose a ayudarle, recordándole que es débil y no le queda nada.

No, no creo que las expresiones de Griffith sean aleatorias o porque quedan guay (que lo hacen) o que su interés por Guts sea fácilmente explicable. Si Guts es quien se rebela contra el Destino, Griffith es su encarnación. Y, como tal, se deja atrapar por el curso de los acontecimientos aunque parezca que los domina.

Se podría decir, entonces, que Griffith no puede evitar desear a Guts, porque es el eslabón necesario para su caída en desgracia. Para su renacimiento como Femto y NeoGriffith.

Como si esto no fuera suficiente, Miura nos planta una escena extra en la que Casca se retira con evidente frustración. Está pensando en cómo Griffith le dijo a Guts que lo quería en la Banda y…

Nunca antes lo había dicho. Griffith jamás había dicho algo así a nadie. ¡¡Nunca!!

Con lo cual queda claro que el interés por Guts es excepcional.

No es que Guts aprecie el sentimiento, claro. La incipiente obsesión de Griffith se ha traducido en que el pobre ha resultado herido dos veces, capturado y forzado a ser leal a un enemigo. Aparte está el tema de que se siente humillado. No es tanto haber perdido (y sobrevivido), sino que el ridículo vivido porque sus expectativas lo han traicionado. No deja de pensar en la carita de muñeca de Griffth y cómo, a pesar de este aspecto medio femenino y débil, ha conseguido imponerse físicamente. Es echar sal en la herida, pero también un giro muy importante en su vida porque la lección está servida: no hay que juzgar a la gente por su aspecto. Griffith tendrá cara de niño y sonrisa franca, pero es una máquina de matar. Los músculos no importan tanto como la habilidad. Y esto llevará, muy a la larga, a que Guts no se comporte como un macho alfa idiota.

El problema es que no toda la Banda del Halcón ha tomado nota. Se me ocurren cosas poco más tristes, al menos a estas alturas, que Guts escuche cómo Corkus arrastra a sus compañeros para que le asesinen a sangre fría aprovechando que está herido… Y que su reacción sea sonreír porque, ah, sí, esto es familiar. Sabe cómo lidiar con lo predecible. Porque no olvidéis que ya ha vivido una situación muy similar. En su tienda, de niño, no solo fue violado, sino atacado por su figura paterna y rechazado por sus compañeros, que lo cazaron como un perro sin escuchar una sola explicación por su parte.

Si eso se lo hizo gente que le conocía desde niño, qué no harán desconocidos.

Por tanto, que intenten asesinarle casi es un alivio: su mundo vuelve a estar bien organizado, a funcionar como él entiende. Griffith ha sido una excepción que confirma la regla: todo sigue igual. No es una vida segura, pero sí sólida y en la que Guts sabe cómo actuar. Además, Corkus y compañía son gente corriente. Con ellos sí que puede imponerse.

Solo que hay otra excepción:

Casca.

La chica conoce lo suficiente a Corkus para olerse lo que iba a ocurrir, así que aparece para asegurarles que 1) Guts puede matarlos incluso malherido y 2) hará como que no ha visto nada si se largan de inmediato. Los compañeros de Corkus no dudan en aceptar, con risas hipócritas, la oportunidad que les han dado. En cambio, Corkus está demasiado herido en su orgullo masculino para demostrar alguna clase de instinto de supervivencia:

—¿No le odias tú también, acaso? Tuviste que hacer prácticamente de ramera para él durante dos noches… ¿O acaso ocurrió algo durante esas noches?

De verdad que Casca tiene una paciencia con Corkus que cuesta creérsela. Pero gracias a que este hombre es un payaso gozamos una escena magnífica donde se muestra otra vez que Casca tiene autoridad. La suficiente como para amenazar una sola vez a Corkus con cortarle la cabeza y que este se bata en retirada. Yo quiero entender que no es un farol. Corkus, al menos, parece pensar lo mismo.

Por contraste, también vamos a ver una de las peores partes de Casca cuando Guts sale a darle las gracias. No es que Guts esté intentando conseguir aliados, sino que no le gusta deberle nada a nadie porque eso significa que tienen poder sobre él. No olvidéis que Casca le deseó la muerte ese mismo día, no es la persona con la que uno quiere estar en deuda.

Por otro lado, creo que Guts es una persona muy franca, con bastante entereza, y es consciente de que Casca ha sacrificado cosas por él. Si Judeau no se lo hubiera dicho, ahora lo habría escuchado de boca de Corkus.

Y Guts sabe lo que es que se burlen de él, que duden de su posición… y que haya amenazas sexuales.

—No te equivoques, yo solo sigo órdenes de Griffith. Si no fuera por eso, ¡te juro que a ti te…!

Casca podría haberlo dejado ahí, pero hay dos pequeños paneles donde Guts la observa en silencio, muy poco impresionado, y ella se enfada. Está claro que se ha acostumbrado a que sus amenazas, como hemos visto, se tomen en serio. Así que se retira, pero no sin lanzar una última puñalada.

—¡Ojalá te mueras en la próxima batalla!

Encantadora.

También es una adolescente, pero… Sí, apostaría cualquier cosa a que, a estas alturas, Miura ni jugaba con la posibilidad de un romance entre estos dos.

En fin, Guts se retira a su tienda, donde intenta presentar una imagen (para sí mismo) de entereza. Finge estar bien, cómodo, a pesar de que su vida acabe de dar un vuelco, que casi haya muerto dos veces y le hayan deseado la muerte otras dos sin contar los intentos de asesinato.

Pero la imagen se viene abajo y Guts acaba durmiendo abrazado a su espada, como cuando era pequeño, para sentirse un poco más seguro.

Toca un salto de tiempo, y vemos la maravillosa panorámica de un castillo, el bosque que lo rodea y el campamento de los enemigos a derrotar. El objetivo de la Banda es sencillo; deshacerse de los suministros de estos para obligarles a retirarse. El problema es que la estrategia de Griffith resulta muy arriesgada, porque incluye pasar por medio de sus rivales. Para Guts es una locura, en especial porque no van a recibir ayuda del castillo, pero la Banda del Halcón se lo toma con normalidad. No tanto porque lo hagan a menudo como porque es una estrategia de Griffith y estas no suelen fallar. El nivel de confianza y devoción por su jefe queda claro cuando este decide dejarle la tarea más delicada a Guts, un recién llegado que intentó matarle hace un par de días y hay cierto pasmo, sí, entre murmullos sobre si le está poniendo a prueba o si Guts se escapará, pero nadie se opone porque la cadena de mando está bien establecida y no hace amago de romperse.

Pero, como piensa Casca…

No… Es una tarea peligrosa, pero de máxima importancia. No se la ha encargado para ponerle a prueba. Griffith confía en él.

Esto nos dice, por un lado, que todos tienen un seso de chorlito y que necesitan a Casca porque es de las pocas personas de la Banda con un claro pensamiento estratégico. No es de extrañar que la elijan como líder después de la caída de Griffith. Por otro lado, Casca demuestra su lealtad al no poner en duda la elección de Griffith.

Me pregunto si ella habría estado a cargo de la operación de no haber existido Guts…

Por cierto, adoro lo ominoso que resulta Griffith cada vez que se pone el casco. Es un halcón a punto de cazar, y no quieres estar en su camino.

En fin, que toca prepararse. Hay que seguir o, como resalta nuestro protagonista, básicamente vadear un río en plena noche y, como si eso no fuera suficiente, tirando de los caballos. Apenas hay luz, la corriente es muy fuerte y los riesgos resultan enormes, pero precisamente por eso Griffith ha escogido este camino. La noche, además, les sonríe porque sopla un viento que se llevará consigo los sonidos que produzcan los caballos y que, de paso, empujará el fuego que encenderán en dirección a sus enemigos.

Sí, Guts, Griffith lo tiene todo calculado.

Tenemos un pequeño momento donde Judeau luce sus habilidades de pícaro al deshacerse con cuchillas arrojadizas de un soldado que ha ido a recoger agua. Una muerte rápida, por suerte. Miura dedica un panel a la reacción de Guts para dejarnos claro que las habilidades de Judeau no son comunes. De lo contrario, no se habría quedado sin palabras.

Después, porque las escenas como estas deben ser teatreras y no es lo mismo narrar cómo arrasas un campamento como ver que vienen tus enemigos, Miura escoge un nuevo punto de vista. Un pobre desgraciado tiene que montar guardia. Uno solo. No hay defensas preparadas, ni nada capaz de defender el campamento de un ataque por sorpresa. La sensación de condena es grande mientras el hombre farfulla, maldiciendo su suerte porque ni siquiera los lobos se acercan…

Y, entonces, ve luces aproximarse. La atmósfera es increíble, con una impresión sobrenatural de fuegos fatuos, lo cual bloquea psicológicamente al soldado durante unos segundos esenciales durante los que habría podido dar el toque de alarma. Sin embargo, pronto se revelan como antorchas… De un ejército que, al ser descubierto, carga al frente. Hay algo glorioso en el plano de los caballos entrando al galope, con Griffith robando toda la escena.

Pero, lo cierto, es que esta gente viene a hacer una pequeña masacre. Miura nos va a mostrar lo que es mancharse las manos. No pierde el componente épico, y los enemigos están deshumanizados porque visten más o menos sus armaduras completas. Todos los paneles ensalzan las habilidades de los personajes a los que vamos a aprender a querer. Y, sin embargo, Miura no nos oculta las atrocidades que cometen.

Solo intenta que nos parezcan grandiosas.

Antes de continuar, debo reconocer que no sé mucho de historia militar, pero de vez en cuando me vais a ver quejarme porque este arco juega a ser muy histórico y aquí la menda es historiadora. De historia militar he leído aquí y allá lo suficiente para apreciar que la Banda del Halcón emplee espadas largas al montar a caballo en vez de hachas cortas porque, vaya, suele ser preciso usar armas con las que puedas maniobrar a cierta altura y no exijan un cuerpo a cuerpo. Mi parte favorita es Pippin usando una maza, lo cual es lógico si quieres hacer daño a personas que llevan armaduras que los cubren de arriba abajo.

Sin embargo, una parte de mí, que quiere ir a comprobar manuales de guerra, sufre un tic en el ojo al ver que los enemigos no solo están perfectamente ataviados con sus armaduras a pesar de ser plena noche… Sino que usan lanzas. Seguro que tienen un término específico, que no voy a buscar.

Ni las lanzas, ni los arcos ni las ballestas eran muy efectivas contra el tipo de armadura que llevan los personajes, pero sí que podrían servir contra los caballos o para desmontar a los protagonistas. De verdad, los animales no son estúpidos y cuando ven lanzas frenan. Todas esas gloriosas escenas como la de la carga en el Abismo de Helm contra muros de picas son falsas: los caballos y los jinetes frenan porque no quieren matarse ante armas hechas para evitar que puedas acercarte mucho a tu rival. Quizá lo esperable habría sido que la Banda también llevara lanzas, como suele ocurrir en las cargas de caballería, pero no voy a meterme a investigar.

Pero bueno, Miura (aunque pueda parecer lo contrario) tampoco es un experto militar. De hecho, comete pecados impresionantes como hacer que una flecha pueda atravesar la armadura de Griffith. Ya lo veremos más adelante. Se nota que Miura lo que tiene es muchísima cultura popular, porque esas flechas que atraviesan armaduras son típicas de las películas, donde importa lo narrativo y no lo realista.

Y es que resulta que si llevas una armadura, un hacha o una flecha no pueden atravesarla con facilidad. Es la gracia. De hecho, podemos ver que Judeau y Casca atacan a puntos vulnerables del cuello porque los visores son demasiado estrechos como para alcanzarlos en plena carga.

Y no. Una ballesta tampoco puede atravesar armaduras como la de Griffith a menos que esté a muy corta distancia. Y tendría que ser increíblemente potente.

Las armaduras no son de plastilina, se usaban por un motivo.

Sin embargo, estamos en un manga protagonizado por gente que puede no solo atravesar armaduras (como se ve con el pobre guardia, al que atraviesan por la espalda y la espada le sale por delante o en el capítulo de Guts enfrentado a Bazuso), sino cortar a gente por la mitad con tanta violencia que cada parte sale volando en una dirección distinta.

Vamos, que no es ni pretende ser realista, pero la pátina de «veracidad» al utilizar tácticas militares, al incluir armaduras detalladas y todo eso puede dar una impresión de realismo. Y es falso a morir, estamos ante pura y rotunda fantasía.

Solo quería dejarlo claro porque, de vez en cuando, no me resistiré a hacer comentarios por el estilo ¡así que estáis avisados de que soy tiquismiquis y, a la vez, reconozco que Berserk no pretende ser histórico! ¡El problema es que pido que sea un pelín coherente con sus armaduras!

Y por eso, al César lo que es del César: me encanta que el único que tiene una armadura completa en la Banda sea Griffith. Podéis ver con claridad que Casca, Judeau y hasta Pippin llevan versiones más incompletas, con los brazos al descubierto. Pero, para cuando hagamos el salto temporal, muchos de estos elementos van a cambiar y en particular Casca llevará una armadura bastante cara. Es decir, que a pesar de su reputación, la Banda todavía está en sus inicios y no ha amasado el suficiente dinero para que todos los hombres se armen de forma decente para el combate.

Volviendo a la batalla… A nivel general queda épico, los planos son una pasada y la caballería suele tener una ventaja importante contra la infantería desorganizada… Cosa que la del campamento atacado, claramente, está.

Aunque todos lleven armadura. De hecho, a pesar de que aprecio mucho que en la Banda todos lleven casco, cosa que se suele ignorar en las historias, me hace gracia que los enemigos lleven cascos aún más protectores. En plena noche.

¿No había nadie durmiendo o qué?

Se ve que no, porque son capaces de organizar de inmediato un contraataque con su propia caballería. Eso es interesante; preparar a los caballos lleva rato, así que asumimos que ya estaban listos por si les atacaban por el frente. Es decir, no son moco de pavo. La amenaza es real, no por nada Griffith ha decidido emplear a un chico suicida para que proteja algo tan importante como la retaguardia.

Sí, dejarlo todo en manos de una persona es una locura, pero esto es Berserk y Miura no ha dicho que vaya a ser realista o históricamente correcto.

En el siguiente capítulo, por fin volvemos a contar a mucha gente partida por la mitad. Ah, y Guts y Griffith montan el mismo caballo.

Lo pilláis, ¿no? Mont-

De acuerdo, ya lo dejo.

Y con esto damos carpetazo al cuarto tomo de Berserk. ¡Nos vemos en el quinto!

Ojos destrozados

0

Gente partida por la mitad

0 (Guts solo corta una cabeza + manos, menuda decepción)

Niños muertos

0

P.D.: ¡ahora tenemos una sección de preguntas por si os da palo o pereza hablarnos con cuenta/twitter/Curious Cat! ¡Podéis entrar en modo anónimo, así que adelante y sin timidez!

 

Que el viento sople a vuestro favor

  • Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture. También escribo relatos (cuando puedo) y he publicado algunos que podéis encontrar en Goodreads.

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Dorameg
Dorameg
5 months ago

Como siempre es un hermoso análisis. Qué deleite leer justo estas escenas que marcarán para siempre a ambos chicos, saber que después de este encuentro nada volverá a ser igual y que estarán atados irremediablemente por una suerte llamada destino. Muchísimas gracias, Suzume; saber que le dedicas tanto amor a Berserk hace que mi vida sea más feliz <3 .

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