El final de Shingeki no Kyojin: evitando las consecuencias

Shingeki no Kyojin ha terminado por fin, y su final probablemente va a satisfacer a pocas personas, desde los que participan en las guerras de ships, quienes defienden si Isayama es (o no es) nazi, quienes confiaban en que, incluso con el escaso espacio dedicado al último arco, hubiera un cierre más o menos redondo…

Es lo que tiene acabar una historia antes de tiempo.

Este artículo va a estar lleno de spoilers, evidentemente, así que quien no quiera saber del final de la historia que se detenga aquí mismo.


Shingeki tiene un final blando y no comprometido, con increíbles problemas de tono. Ya no es solo la cantidad de cabos sueltos que quedan en el aire (Ymir, el Hallucigenia, el arco de Historia, los dolores de cabeza de Mikasa, las personas dentro de los titanes colosales), la extraña decisión de concluir arcos importantísimos como el de Reiner con bromas y actitud creepy, sino la falta de responsabilidad de un autor que decidió contar la historia de un chico tan desesperado, tan roto que usó el exagerado poder que se le había concedido para aniquilar al 80% de la población humana, sin olvidar animales y vegetación que también fueron llevadas por el camino.

Por algún motivo, Isayama consideró necesario que el nuevo jefe del cuerpo de exploración debía darle las gracias al protagonista. Todo esto mientras veíamos la lenta exterminación de millones de personas y antes, cronológicamente, de que Hange muriera para darles una oportunidad de detener a Eren.

Ajá.

Hay cosas que no pueden, ni deberían, ponerse en palabras. Comprendo la idea tras el agradecimiento. Armin sabe que su amigo está actuando para proteger a su isla. Es normal que haya una sensación culpable de agradecimiento, de saberse querido y apreciado por encima de la humanidad.

Pero el problema es que esto no enfoca que Eren está usándole a él, a Mikasa, y a los demás como excusa para asesinar a millones de personas.

Un abrazo silencioso habría sido perfecto para mostrar los sentimientos de Armin sin condenar el genocidio. Un agradecimiento es pisotear todo el trabajo que Isayama ha hecho durante cientos de capítulos en los que denunciaba la violencia sin límites.

Pero ese agradecimiento existe, y ahora tenemos que lidiar con el hecho de que los protagonistas respetan a Eren. Agradecen que haya matado al 80% de la población, garantizando que los eldianos jamás vayan a alcanzar la igualdad ni el perdón por parte de un mundo peor que diezmado. Aun así, lo que encuentro más desconcertante es que el último capítulo insiste en enfocar la actitud de Eren como si fuera una revelación. Como si no hubiéramos sabido siempre que se creía con derecho a asesinar a millones para proteger a sus amigos. Todos lloran, todos se sorprenden a pesar de que el chico retransmitió sus intenciones vía los Caminos y, más tarde, atrajo a sus amigos a los mismos para asegurarles que no iba a cambiar de opinión. Que iba a continuar asesinando.

Así que… ¿Por qué han pasado de estar frustrados con él, hasta furiosos, a llorar y prácticamente admirarlo? Casi da la impresión de que Isayama haya intentado replantear las intenciones de su protagonista. Cuando Armin le pregunta a su amigo por qué ha hecho todo, Eren murmura que no lo sabe. Cientos de paneles con el chico gritando, indignándose contra el mundo, han dejado claro a lo largo de la historia que sí lo sabe. Siente indignación por las injusticias. Su libertad cuenta por encima de las demás.

Isayama puede tratar de edulcorarlo todo, pero su propio trabajo está en su contra.

En fin, tenemos un cierre pseudomágico, con los titanes convenientemente desaparecidos, un régimen militar increíblemente agresivo que replica el lema de Eren y pequeños flashes de todos esos personajes cuyos arcos han sido abandonados o dejados de lado. La vida sigue. Es hermosa, peligrosa. Pero no cruel porque, oh, vaya, no vemos el punto de vista de las víctimas. Ese bebé que sobrevivió por un pelo a ser aplastado no regresa. No sabemos qué ha pasado con los territorios aplastados y dejados bajo el pasto de los insectos, los únicos seres vivos junto a algunos pájaros que todavía deben ser capaces de vivir por el lugar. Desconocemos qué naciones sobrevivieron, solo que hay un sitio muy mono donde Levi y compañía pasean libremente. Eso es lo que Isayama considera importante en una historia donde se ha cumplido un genocidio. Pajaritos, declaraciones de amor y agradecimientos. También porcentajes (80%), pero no vemos humanización.

No estoy satisfecha con el final, pero tampoco me hace tirarme el pelo de rabia o frustración. Simplemente siento sincero desconcierto porque faltan capítulos. Incluso si no estoy de acuerdo con las decisiones tomadas, considero que si contáramos con al menos 3 capítulos más, al menos todo tendría peso.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué Isayama, siempre tan horrible con el ritmo, tan predispuesto a alargar los conflictos, a obligarnos a saborearlos, de pronto ha decidido que tenía que dar carpetazo a Shingeki? ¿Dónde está el mangaka que se negó a idealizar a Sasha y que puso en boca de su padre la declaración de que su hija decidió ir a la guerra, matar y acabó muriendo por ello? Desde luego no parece el mismo que de pronto decide que necesitábamos ver a los personajes llorar y darle las gracias a Eren en un segundo clímax innecesario y que no aporta más que cosas que ya sabíamos.

Lo que no hace es lidiar con las consecuencias.

No puedo dejar de mirar con ironía una historia así. Isayama siempre ha planteado al Otro en su trama de forma inteligente. Primero es un monstruo (titanes), después un infiltrado (Annie, Bert, Reiner), más tarde un enemigo imperdonable (Zeke) y, al final, los Otros comienzan a desaparecer cuando averiguamos que Ellos son Nosotros. Pero, al final, la mayor parte de la Humanidad termina por seguir siendo la Otra. Eren se cobra su venganza. Eren extermina a los Otros. A Isayama no le importa mostrarnos qué ha sido de ellos.

Volvemos a tener un Nosotros (Paradis) vs Ellos (los supervivientes).

Podría haber estado bien hecho, enfocado como algo intencional. Una tragedia. Hay cierto intento de conseguir esto cuando Armin resalta:

Annie, el conflicto entre la gente jamás tendrá fin.

Y, sin embargo, el arte no está a la altura. El tono insiste en cerrar ya, deprisa, corriendo, sin examinar el peso que cargan los protagonistas. No es que haya melancolía y una firme terquedad para no rendirse, sino que todo se reduce. Es un microcosmos, el resto del universo no importa porque, al fin y al cabo…

Todo seguramente querrán saber qué experimentamos. (…) Debemos contarles la verdad de la historia… del mundo que se desplegó ante nosotros.

Uh. ¿Qué mundo?

¿Han ido de turismo a los continentes aplastados bajo los titanes a contemplar el fantasma de las culturas borradas de un plumazo, de las millones de personas sin enterrar, de los ecosistemas eliminados gracias a Eren?

Si es el caso, habría estado bien verlo.

Porque Paradis es una isla que apoya, de corazón, salvo por algunos disidentes, el genocidio.

Como digo, Shingeki se ha sacudido de encima el tener que lidiar con el peso de las consecuencias. Nos habla de un futuro difícil, pero no del mundo. Nos muestra a Mikasa aislada en el tiempo, llorando por Eren tres años después. No sabemos si algo ha cambiado. Ya no hay murallas, pero ella viste igual, se mantiene junto a la tumba de Eren, da las gracias por su existencia. Es un monumento a la memoria de Eren.

No es una persona independiente.

Quizá sí que lo sea, al fin y al cabo lleva años viviendo por su cuenta. No sabemos qué ha sido de su relación con sus familiares, si ha puesto un pie en Hizuru, si ha hecho algo con su vida.

Es el problema de reducir, de quitar capítulos que necesitaban existir para aportar matices totalmente necesarios para presentar este final.

Isayama ha decidido dar carpetazo a Shingeki no Kyojin sin molestarse en profundizar nada. Está en su derecho. El problema es que, cuando decides que tu historia va a ser complicada, el final que se resuelve con escenas tradicionales de esperanza, sin trabajar los personajes, se vuelve olvidable. Perezoso. Incompleto.

No es brillante, no es terrible. Es un término medio.

Y se me ocurren pocas cosas más tristes que este desinterés por tu propia obra, sobre todo viniendo de un autor que dijo que sabía que dibujaba «feo», pero que al menos su estilo era inolvidable. Se grababa en la gente. Esa tosquedad, esa brutalidad, era parte del encanto de Shingeki no Kyojin.

Dentro de unos meses daremos la espalda a Shingeki no Kyojin porque su final no da para hablar. Puede verse con Juego de Tronos, por ejemplo, del que nos hemos agotado con rapidez, pero al menos este consiguió remover a los fans con la ridiculez de su planteamiento e hizo reír con teletransportes imposibles…

Uh…

…Veo una tendencia…

El caso es que hay gente que puede disfrutar de una obra incluso si su final le decepciona. A mí me ocurre con muchos libros de Stephen King (ese hombre no sabe escribir finales, se le muere el fuelle). Sin embargo, la cosa es que no suelo revisitarlos porque no son catárticos. No son satisfactorios. Recuerdo el viaje con aprecio, pero no quiero esforzarme por revivirlo sabiendo cuál es el final.

Los fans acérrimos continuarán discutiendo, claro. Hablarán del racismo que es borrar a los titanes, del Deus ex Machina que supone, porque una buena historia no puede presentar soluciones mágicas que no se hayan planteado con antelación. No debería atacar así el centro de su conflicto. Si alguno es fan de Marvel se indignaría si de pronto el conflicto de los X-Men se terminara con los mutantes perdiendo sus poderes. Hasta la trilogía antigua supo enfocar esta idea al hacer aparecer a un mutante que anulaba los poderes de sus compañeros y lo trató con bastante lógica poniendo al frente a personajes como Pícara que desean desesperadamente no ser mutantes. Pero ya no es solo que se te acabe una franquicia si de pronto nadie tiene poderes, sino que es totalmente insatisfactorio e increíble. Es ridículo pensar que, por poner un ejemplo extremo, una historia que gire alrededor de una enfermedad terminal finalice con la erradicación de esta a menos que vaya de encontrar una cura.

Y Shingeki no Kyojin no va de eliminar el «gen» titán. Es algo que, simplemente, pasa y no tiene sentido. Las víctimas convertidas en titanes colosales desaparecen convenientemente de la historia (porque a lo mejor tener personajes esclavizados por generaciones y forzados por Eren a cometer genocidio afectarían a ese tono esperanzador y de admiración hacia el protagonista que insiste en restregarnos Isayama), mientras los protagonistas sí vuelven a ser personas. Al desaparecer el bicho Hallucigenia, al morir Ymir (asumo, vaya, que muere y los Paths se desvanecen), mágicamente los genes también deciden salir de escena.

Además, es basura racista:

Van a detener el conflicto, pero probando que no son una raza maligna que puede convertirse en titanes. Esto socava el mensaje de que la gente merece los mismos derechos aunque sean diferentes

También está el problema de que Isayama no ha sabido concluir a Eren. Al arrebatarle el POV durante los arcos finales se comprometió a crear un villano, pero en el último momento decidió echar un poco marcha atrás. No supo dejarlo ir, así que los personajes tampoco lo han hecho. La indecisión de Isayama se refleja en cómo ha empleado a Reiner al arrojar por la ventana todos sus paralelismos con Eren, o en cómo Mikasa, Armin y Reiner entran en conflicto con su papel final como héroes. Luego está el gran problema de que haya contradicciones internas, como que de pronto los Ackerman sí que pueden ser manipulados, o que Eren a veces parece conocer el futuro y a veces no, como cuando no sabe si Mikasa le asesinará o no.

Al final lo ridículo es que el rumbling solo ha servido para exacerbar lo que ya existía, e Isayama no se ha molestado en mostrarnos que el genocidio es un error porque sus consecuencias son terribles salvo por ponernos a militares alzando puños.

Poca responsabilidad, poco compromiso.

Poca fuerza para una historia como Shingeki no Kyojin.

¡Que el viento sople a vuestro favor!

P.D.: ¡ahora tenemos una sección de preguntas por si os da palo o pereza hablarnos con cuenta/twitter/Curious Cat! ¡Podéis entrar en modo anónimo, así que adelante y sin timidez!

  • Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture. También escribo relatos (cuando puedo) y he publicado algunos que podéis encontrar en Goodreads.

4.5 2 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
5 Comments
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
View all comments
Naragoi
Naragoi
28 days ago

Pff. Excelente, creo que no lo habrías podido decir mejor. Tal como comentas, me decepcionó mucho cómo terminó trabajando el autor el tema de la otredad. Efectivamente, había sido muy inteligente al romper los maniqueismos sobre «nosotros» y «ellos», al ver que al fin y al cabo también eran humanos y tenían sus vidas, etc. Pero al final, ha quedado como un nosotros frente a un mundo devastado y desconocido, y por ende hostil.
Sobre lo de que los personajes, y por ende el autor, terminen por perdonar/ respetar a Eren. No sé ni qué decir. Bueno, sí: que es terrible. Yo tenía bastante claro que pese a que el final no fuera feliz, para ese mundo y esos personajes, el sentido era claro: un mensaje antibélico, sin alabar el genocidios y sin condenar la diferencia. Es decir, el autor podía hacer a Eren un genocida sin escrupulos y que todo termine muy mal, pero, como bien dices, mostrando las cosnsecuencias, las victimas, la tragedía. Es decir, gente, esto está mal. Se ve que Isayama no lo tenía tan claro.
Armin agradeciendo un genocidio es lo más out of character que he visto: hizo cosas terribles, pero siempre tenía conflictos con eso, más cuando se convirtió el colosal, y veíamos que se cuestionaba explicitamente el rumbo y las decisiones hablando con Annie.
De Mikasa, no quiero ni hablar, toda su evolución lógica era poder tomar autonomía y salir de ese vínculo horrible con Eren. ¿Para qué nos muestras que le corta la cabeza si después va a terminar rindiendole culto? Sola, sin amigos, al lado de una mini tumba. Cierto es, cómo dices, que a esto le faltan capítulos y paneles para que todo tenga más peso, pero viendo lo que decidió mostrar el autor hasta prefiero que no haya más.
Ahora resulta que Paradis son todos unos fachas, como si de repente los eldianos si que eran el mal y el problema, y no que todo estaba en la discriminación y la diferencia que se genera entre pueblos. Me da pena por Nicolo y la familia de Sasha que quedaron ahí.
Pero, qué podemos esperar del autor que le dio una muerte casi digna a Floch, mostrando su determinación al engancharse al barco por no sé cuántos kilometros.

En fin, concuerdo, ni terrible ni genial el final. Sólo mediocre y tibio. Mi problema no es tanto qué pase, sino cómo pasa y cómo se enfoca lo que pasa. Lo cual es sumamente irresponsable: porque si bien hay mucha gente de extrema derecha celebrando a Eren, también hay gente menor que no se entera bien y cree que si a Armin le parece bien diezmar a la humanidad, total no les vemos las caras, a lo mejor tan mal no está.

Gracias por el artículo y perdón por la extensión!

dorameg
dorameg
27 days ago

Como siempre, haciendo análisis hermosos y además que sumamente ciertos. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que mencionas. Poco tengo yo por agregar, así que sólo me dedico a darte las gracias.

Eileen
Eileen
1 day ago

Buen análisis shingeki no kyojin me pareció un anime muy fuerte en historia y totalmente pensada desde un inicio pero como se fue complicando cada vez más su final no le hizo justicia como todos terminan siendo amigos, creando otra vez esa rivalidad entre naciones y justificando porque paradis fue odiado con personajes inconclusos como reiner, armin, levi, mikasa e historia…

¡Volver arriba!
Mistral Chronicles