Impresiones de Banana Fish #2 – En otro país Empieza la polémica

Impresiones de Banana Fish #2 – En otro país Empieza la polémica

Seguimos con las impresiones de Banana Fish. La semana pasada conocimos a los personajes y vimos el planteamiento de una historia dura y llena de misterios y conspiraciones. El primer episodio terminaba con el secuestro de Eiji y de Skip, una trampa organizada por Arthur y Marvin para acabar con Ash. El segundo empieza justo donde dejamos el anterior, y nos toca enfrentarnos a un oscuro giro de los acontecimientos.

Advertencia: menciones de abusos sexuales y pedofilia que se extenderán al resto de la serie

Antes de empezar, vamos a hablar del opening, que se introduce por primera vez en este episodio. Al igual que el ending, está centrado en Ash. La canción Found and Lost tiene un ritmo tan frenético como el estilo de vida del protagonista, y trata de su vacío interior. El destino es lo que conduce su vida, ya que él no tiene ningún poder sobre la misma. Habla sobre rabia y sobre soledad, y este último tema coincide con la llegada de Eiji, que, por lo visto, supondrá su fin. Eiji es pura luz e inocencia, en contraposición con un Ash que se consume ante las llamas que representan sus enemigos (Arthur, Dino y un hombre todavía desconocido). Lejos de parecer romántico, esa santificación de Eiji es muy poco sana, como si él tuviese que ser la «cura» de Ash, de la misma manera en que se espera que las mujeres curen a los hombres traumatizados. Si nos paramos a pensarlo un momento, Eiji en sí es un personaje que cumple todos los estereotipos clásicos femeninos (dulce e inocente, un buenazo, se desvive por Ash…). ¡Incluso tiene la típica escena en la que corre cual colegiala!

Pasemos al episodio. El título es otra referencia literaria, esta vez a Ernest Hemingway. En otro país es un relato corto sobre un soldado americano de la Primera Guerra Mundial en Milán. Herido en la rodilla y obligado a visitar el hospital todos los días, no puede regresar a su hogar. Italia es totalmente extraña, con máquinas a cargo de su rehabilitación y ciudadanos con los que no es capaz de encajar y de los cuales se aísla. Antes de ver nada, podemos asociar al personaje de Hemingway con Eiji, que ha abandonado su Japón natal para irse a otro país, sólo para verse secuestrado y metido en una situación que no va nada con él. Pero una vez terminado el episodio, nos damos cuenta de que siempre ha ido sobre Ash.

Veamos por qué.

Ash sabe que se mete en una trampa, pero no le importa porque Skip y Eiji están en peligro. Es el típico protagonista shonen al que le da igual lo que le pase siempre y cuando sus seres queridos estén a salvo. Soporta palizas, azotes y está incluso dispuesto a ser violado, algo que tiene especial importancia porque ha sido —y seguramente sigue siendo— víctima de abusos sexuales. No soy psicóloga y no sé hasta qué punto es creíble que Ash intente seducir al hombre que lo violaba de niño para grabar películas, pero me atrevería a decir que no mucho.

Y hablando de credibilidad, ¿de verdad no se esperaba Marvin que Ash fuera a atacarle? ¿De verdad? Sé que es un personaje creado para que le odiemos y que no tiene mucho más papel que ser un atormentador y peón de Dino, pero se supone que trabaja para un sindicato criminal y lleva a cabo misiones importantes. ¿Tengo que retirar lo de que Banana Fish no toma a sus espectadores por idiotas o es todo una metáfora para representar a los violadores, poseídos por sus instintos salvajes? Me parece cutre en ambos casos.

Sea como sea, causa una pequeña distracción que sirve para que Eiji escape haciendo salto de pértiga por encima de un muro y pueda avisar a la policía. Skip y Ash se quedan atrás.

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Prestemos atención a estas imágenes. Vemos a Eiji saltando el muro, irradiando libertad, un elemento que se representa a través del salto (volar) y el cielo. Si recordamos la primera aparición de Eiji, en el aeropuerto con la mano en una ventana y las nubes reflejándose en el cristal, le asociaremos con el propio cielo, al igual que hace Ash, salvo que él lo hace de una forma romántica. En este punto de la historia, percibiendo los colores del muro como los del arcoíris (la bandera del orgullo gay), y más tarde cuando está en el hospital y ve a los pájaros volar desde su cama. Eiji es libre y simboliza la libertad, mientras que Ash no la ha conocido nunca.

—Te envidio. Tú sabes volar.

Por desgracia, no hay mucho tiempo para ensoñaciones. Eiji consigue avisar a la policía, y a la vez, Shorter, el amigo de Ash, reúne a la banda para ir a rescatarles. Se desata una pelea cuando todos coinciden, una pelea que culmina con Marvin disparando a Skip. Sí, el personaje negro muere el primero. Tengo que conceder que la muerte en sí es realista: rápida, brutal y sin darnos tiempo a reaccionar, pero eso no excluye el evidente racismo, y es que el protagonista de la escena es Ash. Skipper muere cuando intenta avisar a nuestro héroe blanco, y son las emociones de Ash las que tienen prioridad antes, durante y después de la muerte de Skipper. El único momento en el que se enfoca la cara del niño —cuando llora y exhala su último aliento—, él también aparece en el plano, robándole toda intimidad. La pérdida de su protegido hará que Ash busque venganza; es posible que también lo haga evolucionar como personaje, porque claro, para eso están los personajes de color. Marvin escapa en coche, y Ash lo persigue… metiéndose de lleno en otra trampa.

La muerte de Marvin también es realista. No es más que un peón de Dino, de modo que este no tiene ningún reparo en matarle cuando le es más útil sin vida. Y al comprender que no puede domesticar a Ash, decide acabar con él… en principio.

No debemos olvidar que Dino le quiere. Más que matarle, yo creo que lo que busca es destruirle, poner fin a esa arrogancia y ese descaro suyos. Esta maravillosa reseña nos incita a fijarnos en el entorno que rodea a Dino, empezando por los colores de su ropa. Verde y rojo. El rojo siempre ha sido un símbolo de poder y de pasión, y el granate, en concreto, de la sangre. En las pinturas religiosas, se asocia siempre a la sangre derramada por los mártires, algo que, sin duda, mancha las manos del líder de un sindicato del crimen. A Marte, el dios griego de la guerra (en Banana Fish hay una guerra de bandas), también se le atribuye siempre ese color. Pero cuando Dino toma la decisión de «encargarse» de Ash, vemos que el verde se superpone al rojo, y ese es el color que la serie relaciona con nuestro protagonista, algo que podemos apreciar especialmente bien en el ending.

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Si le estoy dando tanta importancia es porque, aun siendo Dino un hombre tan poderoso y despiadado, vemos que en esa escena Ash lo domina a él. O, mejor dicho, lo que siente por Ash. Cuando trata temas profesionales, como la droga Banana Fish, los colores se invierten y el rojo adquiere más presencia, porque Ash queda en segundo plano. Y también desaparecen las orquídeas, esas flores blancas que podemos ver en la primera imagen a su lado y que simbolizan la devoción. Disipan cualquier duda sobre si los sentimientos de Dino son más intensos que su faceta de criminal, que le llevaría a matar al chico sin más.

—Veo que no se puede domesticar a los linces. Son unas mascotas terribles.

Sólo hay que ver cómo sonríe al pronunciar esas palabras.

De modo que Dino carga a Ash con el asesinato de Marvin, y utiliza los vídeos pornográficos para sacarle una suerte de confesión. Es lo único que necesitan los policías y miembros del jurado corruptos para mandarle a la cárcel sin un juicio previo. En prisión no sólo le esperan secuaces de Dino dispuestos a «darle una lección», sino un montón de hombres incapaces de resistirse a su atractivo. Algo me dice que el próximo episodio perpetuará el horroroso cliché que retrata a todos los internos como violadores sin escrúpulos. Lo cierto es que Banana Fish tiene un contexto muy homófobo en la serie, algo que debería haber desaparecido con su modernización. Más allá de errores de traducción, se sigue demonizando a los hombres homosexuales y se los tacha de depredadores. Siempre describe a Marvin como gay, no como pedófilo. El siguiente episodio tiene la oportunidad de conducir eso por un camino mejor con el tema de la cárcel y la violencia de los presos.

Dicho todo esto, ¿por qué En otro país trata sobre Ash? Pues dejando de lado el hecho de que todo en Banana Fish trata sobre Ash, es él quien se aísla sistemáticamente de los demás y no Eiji. En este episodio revive sus traumas del pasado, es herido de gravedad y visita el hospital y la comisaría para luego terminar en la cárcel. Rechaza a los policías que quieren ayudarle y a Eiji, porque no pueden comprender todo lo que ha sufrido. Es distinto a todos los demás, tan inferior que siente que no vale la pena declarar contra Dino. Al igual que el soldado de Hemingway, no puede —ni se permite— encajar en este extraño, violento y caótico país, y no puede volver al lugar al que llama hogar.

Y el ending representa eso mismo. Ash está solo y se ahoga en un agua verde como sus ojos, un verde que representa la decadencia de su mundo. Hilos entrelazados forman un corazón rojo y azul, dos colores opuestos que representan a Ash y a Eiji unidos, supervivientes de esa decadencia que los arrastra hacia abajo.

Tengo que decir que, por ahora, todo el tema del abuso me parece muy mal llevado. Las comparaciones son odiosas, pero no puedo evitar señalar a Berserk en ese aspecto. Sin entrar en spoilers, también aparece en un momento dado la pedofilia, pero el trato que se le da es completamente distinto al de Banana Fish. El personaje en cuestión también tiene que cargar con el peso del abuso a sus espaldas y, al igual que Ash, no tiene forma de resolverlo o de sanarse, pero las consecuencias son mucho más realistas en Berserk. A Ash lo vemos cómodo entre hombres, incluidos sus abusadores, con los que hasta se muestra arrogante, como si no existiera el trauma. Suponiendo que Ash ya no sea una víctima —cosa que dudo—, habrían pasado entre ocho y cinco años desde que Marvin le violó. En Berserk transcurren unos diez desde la agresión hasta sus primeras relaciones voluntarias, y todavía entonces sufre de una intensa hafefobia y estrés postraumático, a pesar de que se encuentra con una mujer incluso más vulnerable que él. Ash se enfada cuando un policía le toca el hombro, pero no tiene problemas con nadie más. De la misma manera, tampoco parece importarle que le graben en vídeo para un reportaje…

Al personaje de Berserk se le deja un espacio para que crezca y evolucione, y para que tanto él como nosotros podamos asumir lo que le ocurrió. En Banana Fish, en cambio, lo muestra de la forma más visual e incoherente posible, no con el objetivo de acercanos a Ash, sino con el de causar el mayor shock posible a la audiencia.

Por supuesto, con esa comparación no quiero decir que todas las víctimas tengan que reaccionar igual, pero la trama de Banana Fish sólo parece acordarse del abuso cuando le interesa. Y —esto todavía es mera suposición, pero la trama parece apuntar hacia ahí— el hecho de que se presente a Eiji como alguien tan opuesto que será capaz de salvarle, es muy tóxico. Los traumas se superan con ayuda profesional, no con la presencia de un chico o una chica. Sé que el manga fue criticado justo por eso, sólo queda por ver si el anime se mantendrá en esa línea y cómo lo enfocará, si como algo romántico o como algo nocivo.

Y con esto concluyen las impresiones de este segundo episodio de Banana Fish. ¿Se parecen a las que tuvisteis vosotros? ¡Dejadlo en los comentarios! Volveremos la semana que viene para ver cómo sigue la historia de Ash en la cárcel, y conoceremos a Max Lobo, una misteriosa figura a la que Ibe y Eiji acuden para intentar rescatar a nuestro protagonista.

Critico todo lo que se me pone por delante, pero siempre desde el cariño y con mucho amor (o casi siempre). Hago artículos varios sobre worldbuilding, análisis de personajes y las impresiones semanales de Banana Fish. Manga, anime y videojuegos.

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