Impresiones: ‘Persona 5: The Animation’ #3, todos callan y Mishima habla

Impresiones: ‘Persona 5: The Animation’ #3, todos callan y Mishima habla

En el episodio anterior de Persona 5: The Animation, Ryuuji logró invocar a su propia Persona, Captain Kidd. Además, gracias al extraño ser llamado Morgana —que se enfada si le llaman gato demoníaco—, aprendimos que el grotesco castillo que se alzaba donde el instituto Shujin debería estar era un Palacio, es decir, otra realidad que refleja los deseos del corazón de alguien (en este caso, Kamoshida).

Esto es lo que Igor y sus dos ayudantes de la Velvet Room nos recuerdan al empezar este capítulo. Además, añaden que el Palacio de Kamoshida cobra forma de castillo porque eso es lo que el instituto representa en su distorsionado corazón. Sus habitantes no son reales: solo se trata de sombras a semejanza de los estudiantes de Shujin. Igor se pregunta cómo logrará Ren acabar con ese lugar… Y es que Igor tiene cierta tendencia a hacer preguntas pero lo que es responderlas no es su punto fuerte. Porque, como ya comenté, todo esto lo sabíamos ya gracias a Morgana. Igualmente, se aprecia este resumen por si alguien no hubiera logrado asimilar de las revelaciones del anterior capítulo de una semana para otra.

Por lo visto, el discurso de Igor no es un mero recordatorio que hacen por nuestro bien, sino un sueño que tiene Ren acerca de la Velvet Room. Maldito seas, Igor. No dejas al pobre dormir en paz y, además, nunca nos das información nueva.

Ren aprovecha para contarle su sueño a Ryuuji mientras esperan al tren que les lleva al instituto. El andén está lleno de gente y hay bastante ruido, así que sus palabras no deberían llegar a oídos ajenos… Si no fuera por el hecho de que Ryuuji grita como si le fuera la vida en ello y tiene la sutileza de una ballena varada en una playa. ¿Sabéis quién llega al andén justo para oír al chaval confirmando que los rumores sobre los abusos al equipo de voleibol son ciertos? Sí, el famoso detective Goro Akechi. Resulta evidente que esa parte de la conversación ha llamado su atención. Aún tendrán suerte de que no alcance a coger el mismo metro y de que no les haya oído hablando de Palacios, sombras o un gato demoníaco Morgana, a quien Ryuuji ha bautizado como Monamona. Renren, Monamona… ¿Ryuuji podría ser más mono original? Imposible.

Ya en Shujin, Ryuuji se da cuenta de que Ann está sola, como siempre, y se pregunta si serán ciertos los rumores acerca de que sale con Kamoshida. Por la representación de la chica en el Palacio del medallista olímpico, no cabe duda de que él está interesado en ella, pero estas alturas se puede intuir que no es mutuo y que habría que llamar a la ONU con urgencia.

Llama la atención que corran esa clase de rumores en un centro educativo acerca de un profesor y una alumna menor de edad y nadie haga absolutamente nada por averiguar qué tienen de cierto. Todos los estudiantes chismorrean, sacando entretenimiento de ello, y alegres de tener tema de conversación. Las autoridades (el resto del profesorado y el director) miran hacia otro lado porque el implicado es un deportista retirado conocido a nivel nacional que da fama al instituto. Persona 5 denuncia ese comportamiento tan arraigado en la sociedad japonesa: es mejor esconder las vergüenzas para que jamás salgan a la luz.

Como se celebra el torneo escolar de voleibol no hay clases y Ren y Ryuuji pueden pasearse por el instituto y preguntar a los alumnos si es cierto que existe ese maltrato. Creo que no se han dado cuenta de que el delincuente en libertad condicional y el macarra del curso no inspiran confianza, pero ellos lo intentan igual. ¡Sorpresa! Nadie delata al entrenador, que inspira bastante más respeto que los dos chungos de barrio que se dedican a hacerles preguntas incómodas. Como los chicos no cantan, Ryuuji propone interrogar a las chicas. Seguramente Ren piensa que van a tener el mismo éxito, pero no dice nada.

Volvemos al tema de antes: todos saben lo que pasa bajo ese techo, pero nadie da el paso para que las agresiones producidas a los alumnos salgan de entre esas paredes. Es justo la situación que ya se denunciaba en Mi amigo capricornio, pero con un añadido: esta vez, el agresor es un profesor. En Japón resulta impensable rebelarse en contra de una figura de la autoridad, así que los alumnos del club de voleibol no tienen otra que aguantar tres años y esperar que, al menos, consigan ganar el campeonato nacional. Así al menos les compensa una situación que les es imposible evitar. Recordemos que a quienes intentan alzar la voz se les silencia bien rápido, como le ocurrió a Ryuuji y a su club de atletismo. Está visto que alguien con poder puede hacer lo que le venga en gana con él, con completa impunidad, siempre que nadie fuera del entorno donde ejerce dicho poder se entere. Viendo a Kamoshida, es evidente por qué su Palacio es un castillo donde su sombra reina como un déspota.

Mientras el protagonista se deja arrastrar al juego de detectives de su único amigo en el instituto —cosa que jamás pasaría dentro de un Palacio mientras lleva su otro atuendo—, Shiho y Ann hablan acerca de lo cruel que es la gente con el tema de los rumores. Shiho se preocupa por Ren y espera que no se deje afectar por ellos y Ann intenta tranquilizarla. Esto demuestra que, entre tanto cotilla sin vida, queda gente maja que piensa en el bienestar de los demás. Solo hay que hurgar un pelín entre la basura para encontrarles.

Ryuuji —seguido de Ren, que es como su sombra— elige este momento para cortarles el rollo y preguntar sobre los rumores acerca del club. Ya hablé de la sutileza de Ryuuji, así que no hace falta señalar que al chaval no se le ocurre pedirle a Ann que les dejen a solas para tratar un tema sensible… Y Ann no tarda en saltar a defender al club de voleibol, al que Shiho pertenece, porque cree que Ryuuji se queja por su conocida vendetta personal contra Kamoshida. Apenas deja que el chico hable y se lleva a Shiho, visiblemente afectada por las acusaciones.

De vuelta al presente, Niijima confirma que —quitando las locuras de Palacios, Personas, gatos parlantes y demás— no existen contradicciones en su testimonio. Tiene como prueba un artículo de periódico donde se relata cómo la escuela escondía el maltrato. Sin embargo, nunca se consiguieron pruebas. La fiscal sospecha que Ren y su banda estuvieron involucrados en un incidente que se dio por entonces. Básicamente nos spoilean sutilmente que el mundo se enterará de los abusos de Kamoshida —cosa que era evidente—, pero no nos dicen cómo… Lo que, al fin y al cabo, es lo que nos interesaría saber. Buena jugada, guionistas.

Ren continúa con su narración.

Después de clase, oye cómo Ann habla por teléfono. Por lo que dice, su interlocutor es Kamoshida, y éste le está amenazando con arrebatarle su puesto de titular a Shiho si Ann no hace algo por él. No sé, yo me alegro de que esté confirmado que ese señor va a cobrar su merecido, pero no puedo esperar a que ese momento llegue. Justo cuando parece que va a volver a llamarle para aceptar el chantaje, se da cuenta de la presencia de Ren. No puede más, y le cuenta cómo Kamoshida empezó a llamarla por teléfono con el pretexto de hablar de Shiho y voleibol y que le ha pedido que vaya sola a su casa. Se ha negado. Ann tiene un conflicto interno porque Shiho es su preciada amiga, su única amiga, y haría por ella todo lo que fuera posible así que se pregunta si debería acceder. No sabemos qué es lo que le aconseja Ren —no vaya a ser que nos dé un infarto al verle mostrar su opinión y no simplemente seguir la de los demás—, pero está claro que se niega a cumplir las exigencias de Kamoshida. Lo que no sabe es que este va a hacerle pagar a Shiho su decisión de no acudir. El lenguaje corporal del entrenador hace pensar que no va a ser una paliza más, sino algo todavía más imperdonable.

Ren vuelve esa noche a Leblanc y, como en ese ático no tiene nada que hacer, se pone a reflexionar sobre lo que pasó justo después de que Ryuuji espantara a Shiho y Ann con su brillante idea del interrogatorio. Según se alejaban, apareció un gato que —¡sorpresa!— resultó ser Morgana. Éste se limita a decirles que pueden usar el Palacio para reformar a Kamoshida, pero existe el riesgo de que éste muera. Y se va después de lanzar semejante bomba, como si se hubiera limitado a hablar del tiempo.

Al día siguiente, mientras Ren y Ryuuji ignoran a la profesora discuten por chat acerca de lo que Monamona les reveló, todo el alumnado de Shujin presencia una escena terrible: Shiho se ha tirado desde la terraza del instituto porque no puede soportar vivir con lo que le ocurrió la tarde anterior con Kamoshida. Cuando llega la ambulancia, los profesores escurren el bulto y Ann termina siendo la que la acompaña al hospital. El único que sabe lo que ha sucedido es Mishima, un miembro del equipo de voleibol que siempre va lleno de heridas, que fue quien le dijo la jornada anterior a Shiho que el entrenador quería verle. Ryuuji y Ren notan su malestar, y le interrogan, esta vez con éxito.

Con esa confesión, deciden confrontar a Kamoshida, pero resulta ser en vano ya que no tienen pruebas: Shiho está en coma y en esas condiciones no podría sacar a la luz las atrocidades de Kamoshida. El inmundo ser del infierno profesor se harta de los tres alumnos (Mishima incluido) y anuncia que propondrá sus expulsiones en la siguiente reunión de portavoces. Madre mía la que se ha liado en cosa de dos minutos. Suerte que a todo cerdo le llega su San Martín y que Niijima ya confirmó que a este ser le van a pillar…

Volvemos otra vez al tema de la impunidad. Un profesor, tras meses (quizás años) agrediendo a sus alumnos, ha empujado a una a cometer suicidio. No hay investigación alguna y, cuando un grupo de estudiantes le señala, éste puede permitirse reírse de ellos y esperar a la próxima reunión para expulsarles. ¿Por qué esperar? ¿Por qué no les echa en el momento? Porque, simple y llanamente, se siente seguro. Sabe que él tiene más poder que ellos y no van a poder hacerle nada.

Visto lo visto, Ren decide por fin tomar la iniciativa y propone ir en busca en Morgana para lidiar con la situación desde el Palacio. Ann, a su vuelta del hospital, les ve, siente que actúan de forma sospechosa (no entiendo por qué), y decide seguirles. Una vez en el castillo, Morgana explica a Ryuuji y Ren que lo que ocurre en su afecta a Kamoshida aunque este no sea consciente de ello. Tiene la teoría de que deben hacer desaparecer el lugar que da forma a sus ideas distorsionadas para que su corazón sea como el de una persona decente. La clave está en que, por mucho que la persona se vuelva buena, nadie puede borrar las atrocidades que cometió en el pasado. Lo más probable es que no logre cargar con la culpa y que confiese sus actos. Si esto pasara con Kamoshida, no tendrían que preocuparse de su inminente expulsión… Y, además, nadie jamás se enteraría de ellos eran responsables de su cambio de actitud.

Pero, ¿cómo se puede destruir un Palacio? Sencillo (o más bien no): hay que robar el núcleo de los deseos del dueño. Por si alguien necesita una explicación más clara: en cada Palacio hay un tesoro —algo importante para cada persona— y si eso desaparece, el Palacio también. Y es que ese tesoro es lo que hizo que el individuo empiece a cambiar y acabe generando los deseos distorsionados en su corazón. En el caso de Kamoshida, Morgana les guía hacia una… cosa de colorines amorfa. ¿Qué clase de tesoro es ese? Morgana responde: uno que todavía no se ha materializado. Y antes de explicar cómo lograr eso, Ren quiere saber por qué existe el riesgo de que Kamoshida muera. A estas alturas, creo que es más por curiosidad que por cualquier otra cosa, porque a nadie le importaría si el tío ese la palma, pero bueno. La respuesta es sencilla: al robar el tesoro, la persona afectada pierde sus deseos distorsionados… Pero cabe la posibilidad de que también pierda el deseo de vivir.

Entonces suena la alarma pero, para alivio de los presentes, no parece ser por su culpa. Todo apunta a que alguien más se ha infiltrado… ¿Quién será? Pues Ann, que les había seguido y ha acabado siendo capturada por los guardias del castillo. Lo flipa con el castillo en sí, con los guardias, con el look de Shadow Kamoshida y por su otro yo en bikini. Vamos, que lo flipa muchísimo. Y aún lo flipa más cuando aparecen Ryuuji y Ren (que aprovecha para volver a presentarse, Dios sabrá por qué) vestidos con ropa más bien raruna y máscaras. Y, cuando pensábamos que no lo iba a flipar más, aparece Morgana… Y Ann no puede creerse que una cosa rara que se asemeja a un gato demoníaco hable y, además, se sepa su nombre.

Shadow Kamoshida empieza a hacer que Ann se sienta culpable por lo que le ocurrió a Shiho y Ren interviene para animarle a que no se rinda. Siento que esto ya pasó antes con cierto macarra de pelo teñido… Me pregunto qué sucederá. ¡Vaya! Ann decide enfrentarse a Shadow Kamoshida y consigue invocar a Carmen, su propia Persona. ¿Os habéis dado cuenta de que todos forjan vínculos con sus Personas porque Kamoshida habla de más? El caso es que luchan contra los esbirros del rey de la capa rosa y ganan. El muy cobarde huye y, como Ann está agotada tras su primera batalla, deciden volver al mundo real.

Sin duda es llamativo cómo la sombra de Ann es una crítica más dentro de toda la denuncia que realiza Persona 5, esta vez a la hipersexualización de las jóvenes —a veces, prácticamente niñas—. Y es que el traje de Ann dentro del Palacio resulta siendo precisamente eso que critica. Sí, es cierto que no enseña ni de lejos tanta piel como la sombra que va en bikini, pero eso no quita que lleve un ajustadísimo traje de cuero con escote y cola de gato.

Resulta muy interesante que ya haya tres chavales (y Morgana) con Personas, teniendo en cuenta lo que ello representa. Son tres jóvenes que, una vez les dan la oportunidad de rebelarse contra las injustas normas que ha establecido la sociedad, se quitan sus máscaras para actuar como de verdad desearían hacerlo. Dejan de ser ovejas que siguen al rebaño, como Ren hace continuamente, para ser personas con sus propias ideas y opiniones de qué es justo y qué no lo es.

Otra vez en una estación de metro, con Morgana escondido en forma de gato corriente en la mochila de Ren, deciden ir a por el tesoro de Kamoshida. Por suerte, parece que nadie que no haya pisado un Palacio oye a Morgana hablando, así que no llaman la atención de los transeuntes. Los cuatro juntos reformarán a Kamoshida y Ann añade que no dejará que muera porque debe pagar por sus actos. Suerte que esta vez no tienen al lado a Akechi, porque se habría liado parda. Al intercambiar los números de teléfono se dan cuenta de que ahora Ryuuji y Ann tienen también el Navegador del otro mundo. Vaya con Igor, al final su aplicación tendrá más descargas que el Love Live.

Tras el ending, podemos ver cómo el tablón de anuncios de Shujin está lleno de tarjetas que dicen que van a robar el corazón de Kamoshida. Vaya, vaya. Parece que pronto veremos la caída del querido medallista olímpico.

Hay que decir que la animación lleva un ritmo bastante rápido, aunque todavía queda por comprobar qué se están saltando exactamente. La historia principal está bastante completa, pero las interacciones con el resto de personajes que en el videojuego se hacían en el tiempo libre del protagonista brillan por su ausencia. Posiblemente les dediquen algo de tiempo en el futuro, quién sabe, ya que en el juego se podían hacer al ritmo que quisiera cada jugador. No tenían un horario realmente marcado, así que podemos tener esperanzas de que personajes como Tae Takemi o Toranosuke Yoshida aparezcan, no sé, en primer plano. No como hasta ahora, que les hemos visto por el fondo y de milagro.

Parece que la semana que viene irán a robar el tesoro. ¿Qué tal les irá a esta panda de ladrones novatos?

Escribo tonterías breves y hago reseñas todavía más breves. De vez en cuando se me cuelan algunos análisis de videojuegos que, sorprendentemente, no son tan breves.

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