Impresiones: ‘Persona 5: The Animation’ #2, por fin hay respuestas

Impresiones: ‘Persona 5: The Animation’ #2, por fin hay respuestas

La aparición de Arsene al final del episodio anterior es un golpe de efecto breve pero eficaz que sirve para llamar la atención de Kamoshida, ocasión que Ryuuji aprovecha para coger las llaves de la celda. Con ellas, los dos estudiantes huyen dejando al excéntrico rey encerrado en su propia mazmorra. Una vez fuera del castillo, la misteriosa aplicación que tantas veces intentó borrar el protagonista les informa de que han regresado de su viaje. Vamos, que es como un GPS solo que, en lugar de pedirte que atravieses un callejón sin salida, te mete en líos en ¿otro mundo? El caso es que han regresado (no tenemos muy claro de dónde) y, ¡sorpresa! ¡Están en la entrada del instituto!  Pero me refiero al instituto de verdad, no al castillo ese de los horrores.

Ryuuji, en su estado de estupor, hace un comentario interesante. ¿Qué ha pasado con la ropa de Ren? Al arrancarse su máscara e invocar a Arsene, su ropa fue cambiando… Pero al salir del castillo, volvía a llevar su uniforme. Admito que es una buena observación, Ryuuji, pero ese detalle no es tan llamativo como otros. Podrías preguntar sobre el castillo, la aplicación, el propio Arsene… Pero lo que más ha calado en ti es la ropa de Ren. Ordena tus prioridades, amigo.

Volviendo a la situación de los dos ¿supervivientes? ¿Prófugos de la justicia? ¿Futuros internos de un centro psiquiátrico? Jamás adivinaréis quién les espera en la entrada de Shujin. ¡Sí, el mismísimo Kamoshida! Solo que esta vez viste como una persona normal con su habitual chándal. Tras una breve intervención de Sae, que pide más información —no olvidemos que todo esto es el interrogatorio del protagonista tras su detención—, Ren relata su primer tercer encuentro con el hombre, que le recrimina el llegar tarde a clase, llama perdedor a Ryuuji, le deja caer una pullita al prota sobre su situación en libertad condicional y le da la bienvenida al Instituto Shujin con todo el cinismo del mundo y con sus huevos toreros. Todo esto sin dar muestras de recordar nada acerca de lo que acababa de suceder. Que alguien vaya llamando a Iker Jiménez, que hay algo raro en todo esto.

Cuando Ren llega a clase, somos testigos del poder del cotilleo. Todos sus compañeros saben que está en libertad condicional y cuchichean sobre lo modosito que parece a pesar de ello. El marujeo va en aumento cuando el pobre chaval saluda a la chica de la estación, sí, la que se subió al coche de Kamoshida, que se sienta en el pupitre de delante suyo. Sus compañeros empiezan a preguntarse entre ellos sin la menor discreción si Ann Takamaki, que así se llama, está engañando a Kamoshida. Y así es como pasamos de Cuarto Milenio a Sálvame.

Un momento.

Rebobinemos.

¿Está saliendo con ese señor tan majo? ¿De verdad? ¿O es solo lo que la gente se ha inventado? Y es que los rumores escalan a la velocidad de la luz, igual que los memes.

Llega la hora de la comida y Ren está solo. Pero solo, solo. Se dirige solo a la tienda del instituto y le dicen que queda únicamente un bollo. Mirándolo por el lado bueno, así no tiene que compartirlo con nadie. Ja, os lo habéis creído. Justo cuando va a cogerlo, una mano lo intercepta. Acaba de llegar Ryuuji, con tanta hambre y soledad como él. Comen juntos en la azotea y hablan acerca de lo que han vivido en el extraño castillo. Todo era tan irreal que Ryuuji comenta que parecía un sueño, pero esa versión de Kamoshida se acercaba en cierto modo a la realidad si quitamos la capa y la sed de sangre, especialmente teniendo en cuenta ciertos rumores que circulan por el instituto. No sabemos a qué rumores se refiere, pero está 100% confirmado que la rumorología es la ciencia favorita de los estudiantes de Shujin. A todo esto, hasta Ryuuji, que va a otra clase, se ha enterado del secreto a voces de Ren, pero dice que no le importa su pasado y que son más parecidos de lo que pensaba. Qué chico más comprensivo. Ren, no dejes escapar a ese chaval, que tiene pinta de que si algún día vas a la cárcel, este es del tipo de amigo que acabaría en la celda de al lado.

De vuelta en Leblanc, Sojiro le informa de que ha recibido una llamada del instituto avisando de que Ren ha llegado tarde a clase. El propietario de la cafetería le recuerda que él no se hará cargo si se mete en problemas y que Ren no tiene otro lugar en el que caerse muerto (no creáis que es mucho más dulce que yo). No me parece una gran idea deprimir a un chaval que vive solo en un ático cuyo techo está lleno de vigas, pero él sabrá.

Esa noche, Ren vuelve a soñar con la Velvet Room. Igor le informa de que misteriosa aplicación es un navegador que él le ha proporcionado. Con él podrá viajar al otro mundo y usar su poder recién despertado (¿Arsene?) para iniciar su rehabilitación y escapar de su destino. ¿Lo habéis entendido? Ren no. Yo tampoco. Nadie lo ha hecho. Pero Igor es así; le gusta dar mensajes crípticos. Al menos sabemos quién es el culpable de que acabaran en ese castillo.

La vida sigue y Ren sufre en sus carnes su primera clase de educación física. Kamoshida se dedica a entrenar a sus alumnos lanzándoles balones que bien podrían ser proyectiles de acero. Yo pensaba que gimnasia era un suplicio, pero casi prefiero dar vueltas en el recreo a frenar pelotazos con la cara.

¿Recordáis cómo yo decía antes que Ryuuji es un buen amigo para Ren? Pues parece que Kawakami, su tutora, no es de mi misma opinión. Está bastante enfadada porque los alumnos saben acerca de la situación personal de Ren y lo último que le faltaba era que se juntase con semejante mala influencia. Por un lado, dice mucho de ella que se interese por su alumno pero, por otro lado, demuestra no sabe de qué habla. Ryuuji no es un mal chico, al fin y al cabo, a pesar de su pelo teñido de rubio y de que lleve las camisetas que le dé la gana en lugar del uniforme escolar.

Ren y Ryuji deciden volver a utilizar el navegador para regresar al castillo con el objetivo de encontrar alguna prueba para incriminar a Kamoshida ya que creen que él extendió el rumor acerca del protagonista. La ropa de Ren vuelve a cambiar hasta asemejarse a la de un mago y Ryuuji se da cuenta de que su actitud también se vuelve diferente. Si bien el protagonista suele dejarse llevar y quedarse callado, su versión enmascarada tiene tendencia a tomar la iniciativa. Una vez en el interior del castillo, descubren cómo torturan a los miembros del club de voleibol con unas máquinas semejantes a esas que lanzan pelotas de tenis para entrenar. Solo que estas lanzan pelotas de voleibol y los jugadores, atados, no pueden devolverlas ni esquivarlas. Recuerda en cierto modo a la clase de gimnasia de antes pero llevada a un extremo brutal.

Mientras, en el mundo real, y sin que nadie sea conocedor de ello, Kamoshida golpea a Shiho (la mejor amiga de Ann Takamaki y una de las jugadoras del equipo de voleibol) en un despacho de Shujin. Su encantadora forma de descargar la ira se debe a que Ann rechazó su invitación de quedarse a ver el entrenamiento del equipo.

De vuelta en el castillo, Ryuuji confirma que el rumor que circula sobre Kamoshida era precisamente eso: que maltrata a sus jugadores. Quiere rescatarles, pero una voz le dice que no son reales. La voz proviene de Morgana, una especie de gato demoníaco —¡No soy un gato, soy Katsura Morgana!— que se encuentra preso en una celda y necesita que le liberen. Ren abre su celda con la llave, que se encontraba en la pared de la lado (en el juego no era tan sencillo, ¿eh?) y así su equipo gana un nuevo integrante; uno con conocimientos acerca del lugar en que se hallan.

El Palacio—como lo llama Morgana— donde se encuentran es el reflejo de los deseos del corrupto corazón de Kamoshida. Nada de lo que hay allí es real, solo encontramos la percepción que ese hombre tiene del mundo. El Kamoshida fashion victim al que se enfrentan una y otra vez no es más que su Sombra. A partir de ahora nos referiremos a él como Shadow Kamoshida.

Cómo no, Kamoshida tiene que tocar las narices hacer acto de presencia y desvela el pasado de Ryuuji: solía ser la estrella del club de atletismo, pero se rebeló por el comportamiento abusivo del adulto. Éste, como venganza, le rompió una pierna y clausuró el club. Como era la palabra de Kamoshida, medallista olímpico en voleibol, contra la de un mero estudiante, la versión oficial acabó con Ryuuji como culpable de agredir a Kamoshida, que le pateó la pierna en defensa propia. Desde entonces, Ryuuji no puede correr como antes.

Ren fuerza, entonces, a Ryuuji a reaccionar. El joven decide que no puede dejar que siga pisoteándole a él y, especialmente, a su antiguo equipo y forja un pacto con su propia Persona, Captain Kidd—cambio de ropa incluido—. Gracias a Morgana, ahora sabemos que una Persona es un alma rebelde que cada uno tiene sellado en su corazón.

Los tres luchan contra los esbirros de Shadow Kamoshida, que empieza a verse contra las cuerdas y necesita apoyo moral en forma de Ann Takamaki. Sí, de la nada ha aparecido la estudiante vistiendo un provocador bikini y orejitas de gato. Morgana, que se enamora a primera vista, y Ren se dan cuenta de que no es real: es una ilusión más de ese extraño mundo cognitivo. Una ilusión que demuestra las oscuras intenciones que tiene ese Pedobear desecho humano con la Ann real. ¿Será posible que aquellos rumores de que son pareja sean cosa suya?

Ren ordena la retirada y Morgana les conduce a una salida. El gato se queda atrás, alegando que tiene cosas que hacer, y los chicos se van a comer ramen. Ryuuji se interesa por la historia de Ren y éste le cuenta que lo condenaron por impedir que un señor acosara a una mujer en la calle. Ryuuji se indigna. Yo me indigno. El fandom se indigna. Ren no hizo nada malo.

El episodio termina con Ryuuji recordando que, tras dos escapadas en el castillo, nunca llegó a presentarse como Dios manda. Acto seguido, Ryuuji Sakamoto le pone su primer mote al protagonista: Renren.

Después del ending (del que hay que destacar que salen todos los personajes caminando y uno de ellos —¡Hola, Yusuke!—tiene tanto estilo que lo hace con una mano tapándole dramáticamente la cara) hay una escena extra en la que Goro Akechi comparte sus deducciones con Sae Niijima. Hablan de unos incidentes que, más que delito, parecen algo sobrenatural. Vaya, vaya. Bienvenidos a la Nave del Misterio.

Este episodio ha dado por fin respuestas a algunas de las dudas que fueron surgiendo en el capítulo anterior. Gracias a Morgana sabemos que ese castillo en el entran es parte de un mundo cognitivo. En el Palacio se representan los deseos y las percepciones de ciertas personas. Las Personas son algo así como la faceta rebelde que reside en el corazón de cada uno y se pueden forjar pactos con ellas para hacer uso de sus poderes en el mundo cognitivo. Solo queda una cuestión: cómo se accede a ese lugar. Esta es la única respuesta que ofrece Igor (que tiende más a despertar cuestiones a resolverlas): mediante el navegador que él mismo ha cedido a Ren.

Otro punto interesante del episodio es la figura del protagonista. En el videojuego no tenía una personalidad determinada: el jugador podía elegir las respuestas entre cierta variedad. En el anime, básicamente, no tiene personalidad. En un chico completamente pasivo que deja que otros tomen decisiones y se deja arrastrar a cualquier tipo de situación (como en el castillo) y tiende al silencio (apenas se defiende cuando Sojiro le juzga en el primer episodio por sus antecedentes).  La única vez que actuó por sí mismo fue cuando defendió a la mujer que estaba siendo acosada y ya veis cómo le fue. Esto crea un contraste interesante con su versión en el castillo: bajo su máscara parece otra persona completamente distinta. Toma la iniciativa, da órdenes (como se ve en el casino),  camina con una seguridad impropia de su yo habitual y lleva la cabeza bien alta. Incluso manosea a Morgana para confirmar que es un ser real a pesar de su apariencia. Si el primer Ren vive a la sombra de los demás, este otro disfruta bajo los focos, atrayendo todas las miradas. Si todo sigue como en el juego, veremos cómo el nuevo Ren se diferencia cada vez más del antiguo —y no solo en los Palacios—.

Por último, quisiera hacer un breve comentario acerca de la animación. Ya se vieron pequeños detalles en el primer episodio, como el mapa del metro, pero es evidente que hacen guiños constantes al estilo del videojuego. Los planos a los ojos cuando usan sus Personas son semejantes a los que aparecen al usar golpes críticos, igual que la imagen que emplean cuando atacan los tres a la vez. Sin duda, los fans agradecen este tipo de referencias.

Y hasta aquí mis impresiones del episodio 2 de Persona 5: The Animation. ¡Nos leemos en una semana!

Escribo tonterías breves y hago reseñas todavía más breves. De vez en cuando se me cuelan algunos análisis de videojuegos que, sorprendentemente, no son tan breves.

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