Impresiones: ‘Mahou Shoujo Ore’ #3, ¡el yuri es canon!

Impresiones: ‘Mahou Shoujo Ore’ #3, ¡el yuri es canon!

Han pasado un par de semanas desde la emisión anticipada del episodio anterior de Mahou Shoujo Ore, pero no creo que nadie haya olvidado cómo quedó la cosa. El final o, más bien, el capítulo entero fue tan intenso que seguramente se os quedó grabado en la memoria. Saki, en su forma Ore, estaba atrapada por los tentáculos del macho nya enemigo—sigo sin saber cómo explicarle esto al psiquiatra— y todo parecía perdido cuando hizo acto de presencia su salvadora: Sakuyo, que había logrado transformarse en Macho Shoujo gritando a los cuatro vientos su amor por Saki.

Algunos malpensados —y la propia Saki— dirán que lo dice de una forma amistosa, o que le gusta la forma Macho de la protagonista (como parece ser el caso de Mohiro). Como el primer armario mágico no quiere quedarse con la duda, se lo pregunta y la respuesta que recibe es clara como el agua. Sakuyo quiere a Saki de forma sexual. De hecho, quiere a cualquier forma de Saki, no específicamente a Ore. ¿Sabéis ese topicazo de la mejor amiga que todo el fandom shippea con la protagonista porque es evidente que está hasta los huesos por ella pero nunca llega a confirmarse que es canon? Pues Mahou Shoujo Ore lo adapta con una mejora evidente: es canon. ES CANON. A Sakuyo le gusta Saki. Tenemos yuri, señores. Y-U-R-I.

Saki básicamente se queda de piedra porque no lo vio venir —no como el resto del mundo, que todos teníamos claro que ahí había algo— y le pregunta a su amiga, que ahora parece un medallista olímpico de halterofilia, desde cuándo estaba enamorada de ella. Aquí empieza un flashback bastante extenso en el que Sakuyo narra cómo empezó a cantar por los celos que sentía cuando una Saki de medio metro aplaudía a Mohiro. La niña practicaba y practicaba en secreto hasta que, un día como otro cualquiera, Saki la descubrió y se puso a cantar con ella.

Se ve cómo cada vez pasan más tiempo juntas cantando hasta que un día pasa algo que cementaría el crush que Sakuyo tenía con la prota. Porque sí. Porque un crush no es un crush si no hay historia semi dramática de por medio. Las dos chiquillas estaban bajando unos escalones en una colina cuando Sakuyo perdió el equilibrio y rodó por el precipicio, arrastrando a Saki con ella. Ambas se encontraron perdidas y desorientadas y Saki tenía rasguños por las piernas, pero Sakuyo disfrutó de la experiencia. Le gustó estar sola con la chica por la que sentía algo. Aunque fuera en un bosquecito donde se morían de frío. Nadie dijo que Sakuyo tuviera sentido común, ¿vale?

El caso es que el tiempo pasaba, y pasaba, pero nadie acudía a rescatarlas hasta que de pronto apareció Mohiro, se puso a cantar y las sacó del bosque guiado por animalitos que le indicaban el camino. No sé qué decir al respecto. Es un poco Disney extraño, pero hay que admitir que la canción es muy bonita y que el chaval merece convertirse en idol en el futuro. Volviendo al tema, resulta que el chico Disney se había tirado toda la tarde y noche buscándolas, así que poco después cayó enfermo y Sakuyo se juró que protegería tanto a su hermano como a la que poco a poco se había ido convirtiendo en su amor. Es todo tan cuco que parece mentira que lo haya contado un tío ciclado rodeado de demonios con tentáculos que dicen nya. Lamento cortar el rollo, pero toca regresar al presente.

La historia ha emocionado terriblemente a Saki —tampoco sé por qué se sorprende, si ella misma la ha vivido—, que está llorando mares. Sakuyo se disculpa por haberle ocultado sus sentimientos y afirma que quiere protegerla a ella y a su hermano. Quiere que los dos sean felices y, precisamente por eso, se había prometido no decir nada. Porque no quería que su relación con Saki se enrareciese. Sin embargo, al convertirse en mozo mágico ha desarrollado la convicción de que, aunque la protagonista esté colada por Mohiro, acabará por ser suya. Sakuyo es muy tranquilita, pero al ganar músculos, su atrevimiento alcanza límites insospechados. Empieza a decirle cosas preciosas a Saki, que sufre una crisis existencial porque ésta cada vez le recuerda más y más a Mohiro.

A ver, Saki. Cariño. Cielo. Vida. ¿Cómo puedes creer que un macho mágico se parece en lo más mínimo a ese chavalito que da la impresión de que cualquier día se lo lleva el viento? Que sí, que son familia y tienen el mismo color de pelo y ojos. Eso es cierto. Pero no me compares a una frágil florecita de campo con un roble centenario de esos que podrían dar sombra a toda una aldea. Ve a que te mire un oculista, Saki, que falta te hace.

Por suerte, Saki no tiene tiempo de autodestruirse con sus propios pensamientos porque los machos nya de los tentáculos deciden que han esperado lo suficiente y se disponen a atacar. Aquí entra en acción la verdadera fuerza—literal— del amor que Sakuyo siente hacia Saki. Dispuesta a cumplir su promesa de protegerla, acaba con todos los enemigos con sus propias manos. Si alguien pensaba que la escena de Saki aporreando a los demonios culturistas con un báculo mágico era bestia, lo de Sakuyo no tiene nombre. Acaba con los brazos chorreando sangre, pero satisfecha porque su amor está sana y salva, aunque quizás algo traumatizada. Podréis pensar que esta chica es tan fuerte que Saki sobra —la propia protagonista lo comenta, intentando escaquearse— pero Sakuyo admite que es una flojucha y que su fuerza radica en querer proteger a Saki del peligro. Vamos, que Saki (como mínimo) tiene que hacer acto de presencia. Vaya, chica, parece que no te libras.

Parece que ya está todo resuelto: los demonios han sido masacrados derrotados, Mohiro está a salvo y con Hyoue, que había estado todo el rato en el baño. Así que Kokoro-chan se larga, dejando sola a Saki con Sakuyo. Esta última aprovecha para intentar acercarse a la protagonista, que intenta evitarla y empiezan una especie de pulso raruno en el que Sakuyo no se puede acercar del todo a Saki y esta, que no puede huir, empieza a sentirse como un personaje de BL (Boys Love). Aquí surge La Duda: ¿esto es yuri o yaoi? A Sakuyo parece no importarle el tema del cambio de cuerpo, pero Saki claramente ha identificado la escena como sacada de un yaoi.

Cuando parece que esto se va a convertir en un anime para mayores de 18, aparece el manager para cortar el rollo. Es un señor feliz porque no hay una chica mágica… ¡Hay dos! El hombre decide que deben convertirse en idols mágicas —sé que este es mi artículo pero… ¿alguien me explica cómo ha llegado a esa conclusión?— y tiene grandiosos planes de marketing para que hagan su debut cuanto antes. ¿Sabéis qué es lo más aterrador? Que lo logra. No tardan en llamar la atención del público y al final del episodio se las ve transformadas en el estudio de televisión. Esto me hace pensar… ¿Tienen éxito por sus pintas o porque el manager se ha dignado a trabajar por fin? Dato interesante: se transforman en el baño de mujeres. Segundo dato interesante: Sakuyo acepta convertirse en idol mágico siempre que solo ella pueda sobar los pectorales de Saki, cosa que todavía no ha podido hacer, por cierto.

Parece que pronto veremos a un nuevo personaje, ya que antes de acabar se nos muestra a una figura con el rostro cubierto ardiendo en cólera al leer acerca del debut de las idol mágicas. ¿Será un enemigo? Y, lo más importante, ¿por qué se tapa la cabeza entera?

Antes de dar este artículo como terminado, hay que hacer una mención especial a la lógica de Sakuyo, que es una firme creyente de que la masa se conserva y su voluminoso pecho, al transformarse en hombre, migra hacia el sur. Con esta teoría, llega a la conclusión de que tiene muchas probabilidades en su lucha contra su hermano por el amor de Saki. No sé cómo decirlo, pero… Veo alguna laguna. Quiero decir, si eso fuera cierto, ¿de dónde salen todos esos músculos? Nada, nada. Sakuyo, no creo que… Da igual. Seguramente aproveche cuando se cambian en el baño para echar un vistacito allí abajo y comprobar su teoría. Ya nos enteraremos con el tiempo. O, mejor, quizás nunca se sepa.

¡Estad atentos la próxima semana para el siguiente artículo de impresiones sobre Mahou Shoujo Ore!

Escribo tonterías breves y hago reseñas todavía más breves. De vez en cuando se me cuelan algunos análisis de videojuegos que, sorprendentemente, no son tan breves.

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