Analizando Berserk. Capítulo 26: El asesino (III)

En este capítulo 26 de Berserk alcanzamos un punto muy importante de inflexión. Habíamos dejado a Griffith decidiendo que Guts vale como asesino. Y no es que se equivoque, nuestro muchachote es un mercenario, pero en esta ocasión hablamos de asesinar discretamente. Con stealth. No sé yo si alguien con una espada tan grande como él es el más apropiado, pero, eh. No soy un genio como Griffith.

Recordad que podéis leer el resto de análisis aquí. Dicho esto, ¡allá vamos!


Cuando Griffith ordena a Guts que mate al segundo hombre en la línea sucesoria, aparte de demostrar que en Midland las mujeres pueden heredar (algo esencial para los planes de Miura y de Griffith), pasa algo muy interesante.

Guts no se horroriza. Lo que hace es preguntar a quién tiene que matar.

Creo que es fácil asumir lo mejor de los personajes que nos gustan y lo peor de lo que nos disgustan. Dado que el fandom occidental tiende a considerar que Griffith es lo peor de lo peor, a menudo encuentro afirmaciones que abrazan una dinámica blanco-negro sobre su personalidad. En otras palabras, algo así: «Qué cabrón, cómo se atreve a pedirle a su mejor amigo a que haga algo tan sucio».

Porque, ya sabéis, matar cara a cara al menos es «honorable» o algo así se piensa en nuestra sociedad. Por algo no se considera que nuestros militares sean asesinos. Me vais a permitir que no coincida con esa visión. Quien mata asesina, lo llamemos como lo llamemos.

Así que para analizar esta escena tenemos que asumir que tanto Griffith como Guts son asesinos. No sienten mucho respeto por la vida ajena. De hecho, de entre los dos, Guts es el único que disfruta activamente de vivir de la espada (o sea, de matar). Y, como veremos más tarde, no siente demasiada responsabilidad hacia la gente que lo rodea. La única excepción son sus amigos y los niños.

En fin, que Guts ni se extraña ni se horroriza. Simplemente hace una pregunta y Griffith no se limita a decirle un nombre, sino que se molesta en explicarle sus motivos para acabar con Julius. A partir del veneno que encontró en la flecha, uno que existe en la vida real, ha podido confirmar que Julius es responsable de atentar contra su vida.

Y entonces Griffith se siente mal por pedirle a Guts que mate a alguien de forma sucia. Sin duda, esta escena provoca que algunos fans sacudan los puños y griten que es un hipócrita. La cosa es que no prestan mucha atención a lo que pasa en la página siguiente. Guts saca mucho el labio inferior, molesto, y espeta:

—No te reconozco. En vez de tanta tontería me lo ordenas y punto. Como siempre.

Y sonríe.

Como sabemos que su misión va a acabar en tragedia es fácil querer imaginarse que Guts está haciéndole un favor a Griffith porque lo aprecia y respeta. Por debajo, en teoría, estaría incómodo. Vamos, que está fingiendo aprobar la política de Griffith porque es un buen chico.

Pero no lo es.

Guts no tiene problemas en matar al heredero de la corona o quien se le cruce por el camino. Demócrata puro, el señor. Lo que pasa es que Griffith es el actual pilar de su buena parte de su existencia y no le termina de hacer gracia ver que no es una estatua de mármol perfectamente segura de sí misma. Por ello promueve la dinámica jefe-subordinado no porque le pese la conciencia sino porque los remilgos no le parecen propios de Griffith.

Una dinámica, por cierto, muy interesante porque cada personaje está asistiendo a esta conversación desde puntos de vista muy distintos.

Por un lado, Griffith se ha abierto, mostrando debilidad. Para él, lo que le está pidiendo a Guts es sucio, es feo, pero precisamente por eso solo se lo puede pedir a la persona en la que más confía.

Con excepción de Casca, y quizá de Judeau, todos los Halcones tienden a idealizar a Griffith. A ponerlo en un pedestal. Y Griffith es prisionero de esta imagen, que no se puede permitir desbaratar. Por eso solo una persona sabe que en su día se prostituyó para dar de comer a los Halcones. Por eso nadie puede saber que está dispuesto a asesinar fuera del campo de batalla. No solo porque sea un suicidio político, sino porque no puede afectar a su imagen.

Y si eres una persona tan consciente de tu rol, y que además te odias a ti mismo, definitivamente no muestras tus partes más débiles a nadie salvo la persona en la que confías por completo. En este caso, es una a la que Griffith ve como un camarada e incluso más: un amigo.

Probablemente aspira a más, porque me parece evidente que está enamorado de Guts, pero dejemos esto para más tarde.

La gracia de esta tragedia es que a los dos les falta información. Griffith cree que, evidentemente, Guts es consciente de que le considera un amigo especial. Después de todo, le trata de forma tan diferente, se vuelca tanto en él. ¿Cómo iba a ser posible que no se haya dado cuenta tras años de convivencia y la última conversación seria que han tenido?

Para ser justa, Guts se da cuenta en parte, como ya tratamos en su día. Sabemos que desea desesperadamente pertenecer a un grupo, rodearse personas que lo aprecien y acepten porque Gambino le dejó un profundo trauma de por vida. Lo malo de los traumas es que juegan contra nosotros. A pesar de que es evidente que pertenece a los Halcones, y que es feliz entre ellos, su falta de autoestima siempre vuelve para morderle el culo y para hacerle dudar. Por eso le hemos visto dar tantos pasos adelante y atrás, bailando alrededor de conceptos que técnicamente ya deberían estar resueltos (como lo de servir a Griffith).

Así que parece evidente que sabe que es especial. Pero, como se dice en este análisis, parece que se ve como el favorito de los Halcones por culpa de su baja autoestima. Es decir, le gusta considerarse un subordinado, alguien especial pero no tanto porque es mucho más seguro no hacerte ilusiones. Así duele menos cuando te traicionan.

Pero, a la vez, diga lo que diga, insista o no en que Griffith le trate como su subordinado, Guts alberga una pequeña ilusión. La de ser amigo.

Sí, sé que doy muchas vueltas, pero Berserk está lleno de matices. Es lo que vuelve a Guts tan interesante.

Así que, en pocas palabras: conscientemente Guts trata de verse a sí mismo como alguien importante para Griffith, pero todavía dentro de sus seguidores. Se siente cómodo no siendo su igual. Pero a la vez siente que son camaradas. Amigos, incluso si la relación no es equilibrada.

Si no, ¿por qué le iba a destrozar tanto el monólogo de Primrose?

Así que allá va Guts, con una puñetera capa para cubrir sus dos metros de altura y su dichosa espada. Cual personaje de Assassins Creed, consigue trepar a los altísimos tejados de la mansión de Julius y al verlo piensa «Ahí está. Fantástico

Una persona encantadora que se siente fatal por estar a punto de cometer un asesinato a sangre fría, sí señor. ¡El Capitán América, señoras y señores! Solo le falta soltar un chistecito a lo Marvel para ayudarnos a pasar página.

Pero como a Miura le gusta escribir historias grises, Guts no puede venir, cargarse a Julius y ya está. No, tiene que haber conflicto. Así que llega a tiempo de ver al conde entrenando a su hijo, Adonis, con lo que solo puede describirse como extrema crueldad. Con su forma de educar a Adonis, Julius pretende crear a un macho alfa capaz de gobernar Midland, liderar a la caballería aristocrática y ser un semental para Charlotte. Poca cosa le pide al chaval, que claramente no está a la altura de sus expectativas.

Pero entonces tiene ese pequeño gesto de echarle una toalla encima para que se seque y no pille frío. Es ese tipo de comportamiento el que crea dependencia, el que hace que la persona abusada ansíe con desesperación obtener más cariño, más reconocimiento.

No es de extrañar, pues, que Guts piense de inmediato en su propia relación con Gambino.

La comparación no está solo por meter drama, ya que la siguiente escena demuestra que Julius se está desquitando con el pobre Adonis porque la política de palacio no le está saliendo bien. De qué me sonará esa clase de comportamiento.

El clérigo, un gran tipo llamado Hudson que tiene el corazón en su sitio, no duda en insistirle que trate mejor a su hijo y que deje de sobrepasarse. Hudson es, sin duda, más padre de Adonis que el propio Julius.

Y entonces, por fin, el hombre se queda a solas. Al mirar hacia la chimenea, evoca a un sonriente Griffith y pierde los nervios. Esto sirve como foreshadowing, si es que podemos llamarlo así, de su inminente muerte. También establece un patrón muy interesante que relaciona a Griffith con el fuego y, en particular, el infierno. Ya lo veremos en la hoguera de los sueños… y ciertos actos inenarrables relacionados con torres.

Y bueno, que Guts mata a Julius en una escena muy cinemática, me encanta la transición desde la vela, paso a paso, con la tensión palpando el aire aunque todos sabemos que Julius no tenía ni una oportunidad. Para echar más sal a la herida, sus últimos momentos son de absoluta derrota, porque se da cuenta de que Griffith le ha devuelto el favor.

Por desgracia para Guts, en ese momento entra Adonis, quizá atraído por el ruido, o puede que viniera a hablar con su padre. En cualquier caso, entre la penumbra y la tensión, Guts no lo considera dos veces: ataca.

Cuando se da cuenta de lo que ha hecho, es demasiado tarde.

¡Que el viento sople a vuestro favor!

 

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dorameg
dorameg
10 months ago

Una delicia de leer tus análisis capítulo por capítulo de Berserk, querida Suzume. Me paso por aquí después de mucho tiempo, pero permíteme comentar que a pesar de la tardanza en darte mis paupérrimas impresiones, siempre es reconfortante volver a las buenas lecturas que mantienen vivas mis ganas de seguir en el mundillo del manga; y ya no solo hablo de Miura y su obra magna, sino también de tus maravillosas acotaciones en capa nueva entrega que regalas en tu blog. Mil gracias por tanto y perdón por tan poco. Por cierto, estoy totalmente de acuerdo contigo respecto a que Griffith está enamorado de Guts desde ya… pero Guts también, aunque creo que no lo tiene muy claro todavía. Espero que te encuentres excelentemente en todo aspecto. Besos y abrazos.<3

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