Impresiones de Banana Fish #5 – De la muerte a la mañana La venganza es un plato que se sirve sobre una furgoneta

Impresiones de Banana Fish #5 – De la muerte a la mañana La venganza es un plato que se sirve sobre una furgoneta

¡Estamos de vuelta con Banana Fish! ¿Nos habéis echado de menos? No os preocupéis, todavía nos quedan unas diecinueve semanas de impresiones como mínimo. ¡Viva!

Dejamos el episodio anterior con Ash y Max llorando la pérdida de Griffin, pero este empieza con más optimismo. Renovada la solidaridad entre los dos, Max convence a Ash para que se entreviste con su abogado, y vemos que este le ha conseguido nada menos que la libertad condicional —un poco amañada, ya que la semana pasada vimos que había favores de por medio. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que el comportamiento de nuestro protagonista en la cárcel no ha sido ejemplar, que digamos—.

Pero consigue salir, y eso es lo que importa.

El episodio de hoy se titula De la muerte a la mañana. En esta ocasión, Banana Fish hace referencia a la recopilación de relatos de Thomas Wolfe, en vez de a una obra en singular. Por eso mismo, no representa a unos personajes concretos ni sirve para que reflexionemos sobre nada, y es que la mayoría de los relatos en De la muerte a la mañana hablan sobre guerra y muerte, o sobre soledad y desesperación en términos muy generales. Siguen la misma temática que todos los títulos anteriores de Banana Fish, pero en esta ocasión no va más allá. Quizás porque el equipo tras la serie empieza a quedarse sin ideas, lo cual es muy posible e incluso esperable: las obras a las que homenajear no son infinitas.

Volviendo a la trama, Max hace la promesa de que seguirá la pista de Banana Fish en cuanto consiga salir de la cárcel, a lo que Ash responde con que Dino va a matarle si lo intenta. Me parece muy gracioso que un crío de diecisiete años le diga eso a un veterano de guerra y periodista de investigación que lleva vete a saber cuántos años entre rejas, y más todavía que lo haga justo antes de intentar matar él mismo a Dino, pero… de acuerdo, Ash. Eres un Gary Stu, estás en tu derecho.

Esto nos lleva a uno de mis momentos preferidos del episodio, y es que la enorme incongruencia que viene a continuación no tiene precio.

Después de que Max haga una introspección —pequeña, pero ahí está— sobre su pelea con Ash, los golpes y las heridas que todavía tiene, la conversación sobre Dino y la droga e incluso sobre Griffith… se le olvida advertir a Charlie, Ibe y Eiji sobre que Ash está al tanto de la muerte de su hermano. Algo que era crucial que comentara, ya que es obvio que lo que pretende el chico es vengarse, y quién sabe qué tonterías es capaz de hacer.

No sólo tenemos que creernos que se le olvida por arte de magia y que lo recuerda cuando ya se han ido, sino que el «momento revelación» intenta ser cómico, con dibujos exagerados y muchos gritos. Además de romper con la tensión de una situación seria, de literalmente vida o muerte, el humor no aporta nada en absoluto. Como persona que se desternilla con los chistes más absurdos, me duele reconocer ni siquiera me pudo arrancar una sonrisa.

Por desgracia, no es la única incongruencia de este episodio. De hecho, esta es la menor de todas, y cada vez va a ir a peor.

Hablemos de Eiji. Hace un par de episodios ya comenté que su comportamiento es ilógico: no ha desarrollado ningún tipo de vínculo con Ash más allá de haber caído en manos de Arthur durante un par de horas por culpa del primero. ¿Por qué no iba a querer regresar a Japón?

La excusa que nos pone Banana Fish es la de que se siente culpable por «dejar que le siguieran» y que Griffin acabara muerto, lo cual es ridículo porque, hola, era el plan más estúpido de la historia. Además de eso, Eiji siente una gran impotencia. Hace un tiempo, se dedicaba al salto de pértiga, pero tuvo que dejarlo por culpa de una lesión que se hizo al saltar. En su flashback, vemos a Eiji después de la rehabilitación incapaz de ejecutar un nuevo salto. Imagino —ya que la serie tampoco se molesta en explicarlo— que el dolor y el miedo le crearon un trauma y que por eso renunció al deporte, porque la teoría de que Eiji nunca llegara a recuperarse del todo queda descartada. Quiero decir, le hemos visto correr e incluso saltar en episodios anteriores.

La cuestión es que Eiji se sentía deprimido por haber perdido algo tan especial para él, e interpreta su bloqueo mental y su miedo como una rendición. De ahí nació la impotencia, y de ahí el sentimiento de que, si se marcha y deja atrás a Ash (y a Shorter), vuelve a rendirse, algo que no puede tolerar.

Esta vez, quiero ver el final con mis propios ojos.

No sólo es una forma de pensar aterradora —porque lo que está haciendo Eiji es firmar su sentencia de muerte al buscar enfrentamiento con un mafioso—, sino que establece una dependencia nociva para con Ash. ¿Qué significa eso, que le seguirá hasta el fin del mundo sin importar lo que le pueda pasar a él? ¿Lo que le pueda pasar a Ibe? ¿Que dejará de lado toda su vida hasta que Ash sienta que ha vengado a Griffin? Porque vale, la idea de venganza es muy romántica, en especial para unos adolescentes (y un adulto con la mentalidad de un adolescente), pero eso no va a resucitar a Griffin ni deshará nada de lo que ha ocurrido. Sólo les dará problemas. ¿Y Eiji está dispuesto a cargar con la culpa de múltiples asesinatos porque… se lesionó y le sabe mal haber dejado de saltar con pértiga? ¿Porque Ash le hace tilín?

Al parecer sí. Y empieza por robar un coche y agredir a su mentor y a un agente de policía.

Esa es otra cosa que me hace mucha gracia. Eiji roba un coche para llevar a un expresidiario, a un auténtico criminal, a matar a un capo de la mafia siciliana… y tanto Charlie como Ibe se lo toman con una calma sorprendente. De acuerdo, sí, movilizar a la policía traería consecuencias muy, muy malas para Eiji, pero Ibe podría intervenir con facilidad para llevárselo a Japón. Que tampoco es que se lo plantee, porque claro, todo el tiempo que no se dedica a Ash es tiempo desperdiciado. Pero vamos, Banana Fish tiene que avanzar de alguna forma, aunque no tenga ningún sentido.

¿Sabéis qué más no tiene sentido? Que Max ya esté fuera de la cárcel. Han pasado, ¿qué, dos horas como mucho? He tenido que perderme algo muy gordo, porque además ha tenido el tiempo suficiente de salir y de volverse ilocalizable. Y no sólo eso: ha descubierto cómo y dónde encontrar a Dino y Ash. ¿Y me estáis diciendo que ese tío lleva más de una década investigando y sin descubrir nada?

El lugar de reunión es un restaurante que sirve de tapadera para el comercio de niños. Dino acude junto a todos los pedófilos de clase alta una vez el mes, siempre el mismo día, y «recoge» a niños como Ash a la vez que registra y controla los vicios de la alta sociedad. Para no ahuyentar a la clientela, cuando visita el restaurante lo hace acompañado de sólo un par de guardaespaldas, de modo que el día señalado se convierte en el mejor momento para atacar.

El ¿padre? de Shorter, el señor Lee, es el jefe de otro sindicato criminal (el chino, presumo), y les da armas a los tres. Se mencionó hace un par de episodios algo de una guerra entre bandas, de modo que podemos asumir que la familia Lee es una de las enfrentadas con los Golzine, de ahí que les ayuden. Pero no lo hacen de forma abierta, de modo que me pregunto qué relación tendrán en realidad.

Si Lee y Golzine son enemigos, ¿por qué Shorter, Ash y Eiji van al restaurante sin ningún tipo de protección o refuerzos? Y —algo que me escama más todavía— ¿por qué el señor Lee dejaría, en ese caso, que uno de los suyos se codeara con el niño bonito de su rival? Sea Shorter su hijo o no, su amistad con Ash es muy fuerte, de varios años, quizás. Podemos hacer un esfuerzo y creer que Ash planeaba desde siempre acabar con Dino, de ahí que se relacionara con un Lee, pero… En fin. Banana Fish ha dejado claro que si Ash busca venganza es por la muerte de Skipper, ¿no? (Sí, sigo picada).

Y, si Lee y Golzine son amigos… ¿por qué les da armas a escondidas? No tiene sentido. Ni siquiera en el caso de que Lee intentara usurpar el poder de Golzine. Es un gesto rastrero y cobarde y, si habéis visto alguna que otra película de mafias o de bandas, sabréis que la jerarquía y las relaciones de un sindicato no funcionan así.

Pero bueno, si ya como líder permite que un niñato le hable de cualquier manera… adónde vamos a parar.

Haciendo gala de una perspicacia y una preparación increíbles, los tres compañeros llevan a cabo su plan. La verdad es que la idea en sí no era mala —después del voy-a-dejar-que-me-violen-para-conseguir-un-ibuprofeno no es que tenga mucho mérito, pero las cosas como son—, así que… ¿qué ha podido fallar?

Ha día de hoy, sigo preguntándomelo. Es un completo misterio. Sólo me atrevo a formular una teoría. Esta:

Existe una mínima posibilidad de que Ash subido al techo de una furgoneta sin el menor disimulo —ni tampoco nada que le cubra la cabeza, no vayan a… no reconocerle— y pegando gritos tenga algo que ver. A plena luz del día. No sé.

A ver… Entiendo que a Ash sólo le importe la venganza y esté dispuesto a conseguirla al precio que sea. Dentro de lo que cabe, es in character, aunque no debería arriesgarse tanto si también quiere acabar con Arthur. Pero esta escena no tiene ni pies ni cabeza. Se expone de una forma estúpida, y corre un peligro innecesario. Arthur y sus hombres estaban preparados en una ventana y podrían haberle abatido sin el menor problema, y también cualquiera de los guardaespaldas de Dino. Habría sido muchísimo más lógico, sensato y fiable que Ash hubiese estado en el asiento del copiloto y disparado desde ahí. Si quería que Dino lo viera, podría haberse asomado por la ventanilla, incluso. ¿Pero eso?

Banana Fish persigue una estética concreta, y eso queda muy claro en esta escena, con Ash mecido por el viento y un cielo púrpura a sus espaldas. También en las siguientes, cuando tienen que abortar el plan y escapar, y vemos a Ash saltar al río para representar así tanto la libertad como un desesperado intento por alcanzarla en los dos caso. Podríamos decir que importa más la forma que el fondo, como en algunas obras literarias, y que no deberíamos apreciar tanto lo que ocurre sino cómo se muestra. Esa es una forma muy válida de apreciar una serie —Utena, la chica revolucionaria es un ejemplo perfecto: tiene un simbolismo increíble y muy visual, y el anime entero gira alrededor de eso—, pero no creo que ese sea el caso de Banana Fish.

Aquí se intenta, ante todo, que nos guste la historia, que nos enganche su misterio y nos preguntemos cada semana qué o quién es Banana Fish en realidad, qué hace y por qué. Pero, como ya dije en el episodio anterior, el protagonismo está tan dividido entre la droga y Ash que ninguno de los dos tiene una evolución o un magnetismo real. Si la historia se centrara en los personajes y redujera la Banana Fish a una subtrama, podría aceptar estos símbolos y apreciarlos de verdad, porque cobrarían más peso. No tendría que poner el grito en el cielo y preguntarme por qué Ash es tan estúpido.

El episodio termina poco después de que los chicos escapen. Ibe y Max acuden al rescate, y el segundo los lleva a un lugar seguro: la casa en la que Ash y Griffin crecieron. El ending suena mientras vemos a Ash llorar solo, apartado de los demás. Las imágenes son bonitas, aunque tengo que decir que no tiene mucho sentido que quiten el final tradicional porque no ha pasado nada.

La trama: mediocre. El apartado visual al menos es muy bonito. Tiene algunos momentos derp al más puro estilo Yuri!!! on Ice, pero en temas de diseño, iluminación y paisajes es una maravilla. Siento un poco que la originalidad de las metáforas ha decaído un poco. Al principio veíamos la obsesión de Dino con Ash mediante los colores de su ropa o las flores que lo rodeaban y eso era fascinante, pero ahora hemos bajado a un nivel de escuela primaria: cortar unas flores para simbolizar la maldad y el uso del color púrpura para el poder y la riqueza.

Esto ha sido todo por esta semana. ¡Nos vemos en la próxima!

Critico todo lo que se me pone por delante, pero siempre desde el cariño y con mucho amor (o casi siempre). Hago artículos varios sobre worldbuilding, análisis de personajes y las impresiones semanales de Banana Fish. Manga, anime y videojuegos.

Fui redactora en Deculture.

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