Reseña: Quiero comerme tu páncreas

Quiero comerme tu páncreas es una de esas historias que llaman la atención inmediatamente por su título (¿Se trata de una historia de caníbales? ¿Zombies? ¿Es algo más metafórico?) y en mi caso no fue una excepción. He tardado su tiempo en vérmela, pero finalmente lo he hecho y hoy traigo esta breve reseña a Mistral.

No he leído el material original en el que se basa, así como tampoco cualquiera de las otras versiones de la historia, por lo que no puedo opinar qué tal funciona como adaptación o compararla con el resto. Es una valoración única y exclusiva de la película de animación.

Atención, esta reseña contiene SPOILERS.

quiero comerme tu páncreas

No es difícil adivinar cómo termina una historia cuando uno de sus personajes principales tiene una enfermedad terminal. Y, por si acaso has empezado la película sin tener ni idea del argumento, Quiero comerme tu páncreas te lo quiere dejar bien claro desde el principio. Abre con un flashforward, que muestra tanto el funeral de Sakura como la primera aparición de la curiosa frase del título, en forma de un mensaje de texto que el protagonista ignora si ella llegó a leer antes de morir. Esto no solo hace que veamos la historia con cero expectativas de que haya alguna cura milagrosa, sino que podemos usar ese mensaje para saber cuándo muere Sakura antes de que el propio protagonista se entere.

Eso sí, no te prepara para que dicha muerte sea a causa de un apuñalamiento callejero y no de su enfermedad, dejando una sensación de desconcierto en el espectador y, en mi caso, directamente enfado.

Una vez se inicia la historia en orden cronológico, nos queda meridiano qué es lo que vamos a ver, incluso si nos hemos metido en ella solo por curiosidad ante su título. Chica con enfermedad terminal pero alegre y risueña ayuda a chico taciturno y cerrado a la sociedad a abrirse más y disfrutar de la vida. En algún momento ella evidentemente muere, pero sus enseñanzas perduran en el chico. Quiero comerte tu páncreas no es una película para nada sutil con su tema y mensajes. ¿Qué significa estar vivo? ¿Qué significa aprovechar tu vida al máximo? ¿Por qué debemos relacionarnos con los demás? Por tanto, y sabiendo qué es lo que vamos a ver y qué es lo que quiere decirnos, el misterio que ofrece la película es cómo se desarrolla.

Y eso es un problema cuando lo más flojo son precisamente sus personajes y la relación que se forma entre ellos.

El protagonista es alguien que no se integra con el mundo, cuyos hobbies consisten en leer y en imaginarse lo que otros piensan de él. También es alguien que casi carece por completo de personalidad, que actúa en ocasiones más como conducto para que el espectador establezca una relación con Sakura y la moraleja que esta transmite que como personaje en sí. Se trata de un protagonista tan insulso que lo único reseñable es que al final logra hacerse más sociable. Cosa que uno podía suponer con la escena inicial sin necesidad de verse la película entera. Ah, y que no se nos revela su nombre, Haruki, hasta la recta final de la historia.

Sakura, por su parte, es al menos un personaje. Una muchacha que se muestra positiva, alegre y jovial ante un destino funesto e inescapable. Lo cual no quita que también sea egoísta, insistente y hasta acosadora en algunos momentos. Por supuesto, no estoy diciendo que no pueda ser egoísta. Es su enfermedad, su tiempo de vida. Es comprensible que, por ejemplo, no quiera que su mejor amiga Kyoko se entere para que su relación no cambie en el tiempo que les queda, como le ha ocurrido con sus padres. Excepto que esta relación sí que cambia debido a elecciones que hace Sakura. Queda bastante claro que pasa casi todos sus ratos libres con Haruki, y no con Kyoko; hasta llega al punto de mentirle a sus padres al respecto. Nunca llega a explicarle a Kyoko por qué ahora es amiga de Haruki, a pesar de que esa incomprensión hace que Kyoko se comporte de forma desagradable con él. Pretende que Kyoko y Haruki sean amigos, cuando no hace nada en vida para facilitarlo. Todo ese acercamiento queda en manos de Haruki que, una vez muerta Sakura, debe lidiar no solo con su propio dolor, sino con el de Kyoko al averiguar que ha “desperdiciado” el poco tiempo que le quedaba con Sakura porque nadie le dijo que estaba enferma.

Y como digo, entiendo que Sakura se comporte así. Sus circunstancias son devastadoras. El problema es que la película pasa de puntillas por los aspectos más negativos de su personalidad, intentando hacerla pasar por alguien más ideal y vendiéndote la moto de hay que relacionarse con los demás, cuando Sakura no se implica activamente en que sus dos amigos se relacionen entre ellos. Eso sin entrar al tema del acoso hacia el protagonista. Si sus géneros estuvieran invertidos, igual al público le resultaría mucho más incómoda la forma con la que Sakura sobrepasa una y otra vez los límites de Haruki. La escena de Verdad o Reto en el hotel o la que ocurre en su habitación, cuando acorrala a Haruki contra una estantería mientras dice que en su lista también tiene hacer cosas sexuales con un chico que no sea su novio (y no, que sea una “broma” no le resta importancia) son quizás los ejemplos más flagrantes, pero no los únicos. 

La falta de personalidad de Haruki y esa insistencia acosadora de Sakura hace que su relación parezca sostenerse en un terreno muy endeble. Que Haruki solo cede porque su compañera es una pesada y porque en algún lugar de su conciencia se sienta obligado a seguirle la corriente a una persona que se está muriendo. Debido a esto, y a la “amistad” entre Sakura y Kyoko, cualquier clímax emocional o reflexión acerca de las relaciones humanas no suena todo lo genuina que debería

En cuanto a la parte técnica, se trata de una película bastante sólida. A pesar de que este sea primer gran trabajo del estudio, la animación es bonita y está bien cuidada. No vais a encontrar aquí el nivel de detalle de las películas de Makoto Shinkai, por ejemplo, pero funciona perfectamente. La paleta de colores es agradable y cambia acorde con la atmósfera de las escenas, y es especialmente colorida y brillante cuando la Sakura más alegre está presente. Destaca, por su contraste con el resto de la película, la secuencia onírica del final, cuya estética se inspira en El Principito, el libro favorito de la joven. Los diseños de personaje no son llamativos, pero creo que es algo intencional. De esta forma, se presenta la historia como algo cotidiano, que le podría pasar a cualquiera. La música actúa también como un buen complemento para la historia, y hay temas lo bastante memorables como para que uno sea capaz de reconocerlos si los escucha en otro contexto. No puedo decir lo mismo de las canciones del opening y el ending. 

Como colofón para esta reseña, quiero decir que algo que me parece bien llevado es cómo se usa la frase del título. Es una expresión extraña, sí, pero resulta interesante ver cómo evoluciona de una curiosidad (la gente antaño comía aquellos órganos que tenía enfermos) a algo más trascendental. Un mensaje que solo Haruki y Sakura entienden al completo, dado que es suyo. Como el “Okay? Okay” de Bajo la misma estrella (curiosamente, otra historia sobre enfermedades terminales), pero mucho más relacionada con sus circunstancias.

En resumen, Quiero comerme tu páncreas es una película con un buen mensaje y una animación bonita, pero cuya ejecución deja bastante que desear. Una obra de esta naturaleza apoya todo su peso en los personajes principales y la relación que se desarrolla entre ellos, y en ese aspecto no da la talla. Ciertas decisiones narrativas tampoco ayudan. Desconozco si es algo completamente heredado del material original o si también influye la inexperiencia de Shinichiro Ushijima como guionista y director de una película (dado que sus otros trabajos de dirección son de mucha menor envergadura). Sea como sea, puedo ver el encanto que ofrece al público, y entiendo que pueda gustarle a la gente. En mi caso, por desgracia, acabé la historia deseando que lo de comerse páncreas hubiera sido menos metafórico.

P.D. Si después de esta reseña tenéis ganas de ver la película, ¡no olvidéis que hay una escena postcréditos!

¡Que el viento sople a vuestro favor!

  • Sempiterna estudiante de Lingüística. Apasionada de los personajes intensos, la simbología y los paralelismos. Tengo tendencia a consumir contenido mediocre o de calidad mejorable y disfrutarlo (la mayoría de las veces), aunque eso no impide que pueda quejarme de ello y criticarlo cuando toca. A veces hago como que escribo.

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