Analizando Berserk. Capítulo #1: El guerrero negro

Analizando Berserk. Capítulo #1: El guerrero negro

Aquello que empuñaba era demasiado grande para definirlo como «espada»

¡Nueva sección! O en realidad no. Porque ya hemos analizado temas de Berserk en diversas ocasiones, pero celebrando el regreso del manga, he decidido hacer un análisis capítulo a capítulo. ¿Llevará mucho? Sí. ¿Terminaremos antes de que Kentaro Miura ponga fin al manga? Si consigo terminar todo o si el Artículo 13 no nos destruye por el camino, ¡seguro que sí! En cualquier caso, allá vamos. ¡Mucho cuidado con los spoilers; si no te has leído o visto Berserk este no es tu sitio!


Berserk llegó al mundo en 1989 en la revista Monthly Animal House y, la verdad, grita grimdark a raudales, tanto que te hace llorar los ojos. Parece que todas las malas copias de Berserk se hayan quedado en esta primera impresión de gore gratuito, violencia y un protagonista que parece ser un Macho Alfa.

Ya la primerísima imagen de Berserk nos deja claro que Miura es un escritor jardinero o brújula, de esos que trabajan sobre la marcha con unas ideas básicas y no lo tienen todo minuciosamente preparado de antemano. El Guts «canónico» posterior a la Edad Dorada no busca contacto con el sexo, pues es el centro de un violento trauma infantil, de modo que no hay nada más gracioso y extraño que ver cómo la primera escena de su historia fue la de acostarse con la Apóstol que acabó con Corkus. Claro. Sí. Muy in character. Supongo que el objetivo sería vengarse mediante ironía kármica si tenemos en cuenta el trasfondo que Miura todavía no había creado, pero aquí, simplemente, es evidente que se quería plantear la idea de quiero hacer algo guay, ¿qué hay más guay que poner a un hombre reventando a una demonio femenina que se convierte en una casi-Xenomorfo y que aparentemente lo hizo caer en sus redes mediante el sexo?

Francamente, me pregunto si al Guts actual llegaría a poder… ya sabéis. Levantársele.

En la traducción al español se refieren a la Apóstol como un «él», por cierto.

Tras acabar con su presa, Guts se cubre con su raída capa de SeñorTM y emprende un camino que lo lleva hasta una ciudad de la que no averiguamos al nombre. Lo primero en lo que se fija es que un carro con barrotes transporta a jovencitas y niños. Casi sin duda constituyen una referencia al capítulo piloto de Berserk, donde Guts era un hombre más irónico, curtido, y todo iba de vampiros. También era la historia donde el prototipo de Griffith era una niñita que desarrollaba un evidente crush por Guts.

Las cosas, como sabemos, acabaron por ser muy diferentes en la historia.

Y una vez más, quiero insistir en que Miura no tenía las cosas planeadas y que se nota mucho a medida que vamos leyendo. De acuerdo a esta entrevista, Miura comenzó Berserk como una mezcla difusa de ideas de distintos mangas y películas. Violence Jack, de Go Nagai (autor de Devilman) y Guin Saga de Kaoru Kurimoto fueron una de las grandes influencias de Miura y se nota. Por suerte luego fue más allá y bebió lo mejor de Guin Saga, de Devilman y de La rosa de Versalles para dar más personalidad a su obra, como podéis comprobar en este artículo. El caso es que le llevaría un largo tiempo configurar su propio mundo, tan rico y profundo. Sin embargo, y eso es algo que podemos percibir capítulo a capítulo, siempre tuvo la libertad de desarrollar una historia con la que se sentía cómodo para experimentar, explorar y detallar sus escenarios. Esto, en sus propias palabras, se debió a que le dieron manga ancha en una revista mensual que, en sus palabras, era de segunda categoría. Así encontró espacio para, por ejemplo, tratar a los villanos a un ritmo pausado, lógico, y no se vio forzado a cumplir expectativas de power up radicales como los de los de la Shonen Jump.

Es por eso que Guts tarda tanto en encontrar una armadura que le permita enfrentarse a ciertos enemigos, y por qué al final del tercer arco no tenemos a monstruos del nivel de Goku a los que Guts, como humano que es, no podría vencer.

De modo que todo empieza muy «normal», tanteando con las cosas más simples y creando un ambiente grimdark, con un protagonista típico del momento a lo Hokuto no Ken, pero con unos detalles que se graban en la mente. En gran medida esto es gracias a la matadragones de Guts que, de acuerdo a Miura, surgió por una serie de influencias:

[La espada] viene del manga de Shinji Wada, Pygmalio. También creo que en el spin-off de Guin Saga, The Snow Queen, había una ilustración de un gigante de dos otres metros que enarbolaba una espada. La de Guts es una mezcla de ambas. Tiene el tamaño justo para que se pueda transportar más o menos, pero da a la vez esa sensación de luchar a poca distancia que caracterizaría un manga violento de hombres. No pude aclararme por un tiempo, sin embargo, y el diseño de Guts cambió bastantes veces: pelo largo, llevar una katana, etc. Después de agonizar por el tema, logré diseñarlo tal y como es ahora, y sentí que había dado en el clavo. Todo lo que tenía que hacer era capturar el giro de la espada y el placer de dar ese golpe.

Y sabemos que lo de la espada lo consiguió, ¡así que enhorabuena!

Siguiendo con la historia… ¿Qué…? Ah, sí. Clichés. Guts se dirige hacia una ciudad con aspecto sombrío de la que se llevan a niñas y niños escoltados con caballeros; para nada apesta a sacrificio humano.

Una vez dentro de la ciudad, en concreto de una posada, saltamos al elemento que más desconcierta a los lectores occidentales: Puck. Personalmente siempre me ha sorprendido que Miura optara por un hadita chico o bueno, ELFO, como lo llaman aquí desnudo, con lo incómodo que puede resultar para la sensibilidad de algunos lectores masculinos, pero más allá de este detalle, Puck destaca por varios motivos: es magia pura y dura, no parece tener historia propia y tiene un grado de comicidad que «rompe» el tono de Berserk.

Lo primero está justificado; Miura quería una trama que poco a poco fuera enfocándose hacia la magia y Puck sirve no solo para darnos una bofetada en la cara y gritarnos que sí, hay elementos de Alta Fantasía aunque los fans más hardcore de la Baja Fantasía griten que Berserk era tirando a «realista», sino que Guts en particular tiene relación con lo sobrenatural o no sería capaz de ver a Puck. Sí, otros personajes pueden ver a Puck, pero parece darse cierto retcon después de la Edad de Oro, con Farnese y otros ejemplos, así que vamos a asumir que siempre ha estado ahí.

En cuanto a los otros dos puntos, Miura cuenta en esta entrevista que Puck es una referencia sacada del teatro kyôgen y que los japoneses están habituados a contar con un compañero que rebaje la brutalidad y seriedad de una historia. Además, Puck hace las veces de Pepito Grillo para Guts. Eso por no mencionar que es un descaradísimo elemento de exposición de la trama, ya que Guts no suele detenerse a hacer preguntas ni enterarse del contexto.

Como Guts todavía no estaba muy pensado a estas alturas, es difícil evaluar sus actos. Nada más entrar a la posada empieza matando al bandido que había atado a Puck y lo usaba como diana para sus cuchillos. Chicchi todavía no había pasado por la mente de Miura, por lo que asumir que Guts salva a Puck porque recuerda a alguien como él sería atribuir motivos que no existen. Por otro lado, si queremos una buena continuidad… pues perfectamente podríamos justificar su actitud si recordamos que Chicchi salvó a Guts y este lamentó mucho su muerte. En cualquier caso, dudo que sea casual que Guts empezara por ese bandido en concreto antes de atacar a todos los demás con sus saetas. Puede que su historia no estuviera pensada, pero Miura no creó a un personaje sin sentimientos o sin cierto límite moral. Desde su concepción, por ejemplo, Guts siente debilidad por los niños y aunque trata de aislarse emocionalmente respecto al sufrimiento de los inocentes, nunca termina de conseguirlo.

Contra los hombres armados, eso sí, no siente ningún remilgo. Y mucho menos si trabajan para Apóstoles.

¿Verdad que le darás un mensaje a vuestro jefe de mi parte? (…) Que ha venido el guerrero negro. Solo eso.

Las pistas son evidentes: Guts no es un don nadie que quiera meterse con gente aleatoria. Tiene un «nombre» que quiere que sus enemigos conozcan. Quiere que sepan que va a por ellos. Su mentalidad es la de un cazador que se regodea en su presa, con la diferencia de que la actitud suicida y autodestructiva de Guts es indescriptible. No hay lógica tras esta bravata, solo el deseo de asustar a esos monstruos que se sentían tan cómodos detrás de sus fachadas de humanos, que aprovechan para causar caos y dolor.

Guts, aunque desprecie a los nobles, entiende cómo funcionan. Sabe qué es lo que pasa si entras a un sitio y empiezas a matar a destajo: que vienen a por ti. Es básicamente lo que le sucedió con la Banda del Halcón, por favor.

Solo que aquí no hay un jovencito de pelo blanco interesado en obtener sus habilidades y dispuesto a perdonarle la vida.

Tal y como le advierte Puck, que nos pone en situación explicándonos que hay un terrible hombre que ataca la ciudad y con el que el preboste ha hecho un pacto, Guts acaba viéndose en problemas con los guardias de la ciudad. Al fin y al cabo, si matas a la gente del hombre con el que has acordado enviar ciertas víctimas a cambio de estar a salvo… Estás en un problema.

Guts acaba capturado y torturado en una mazmorra, escena que francamente creo que Miura recuperó y explotó con Griffith porque nunca hay suficientes paralelismos entre protagonista y antagonista.

No me cabe duda alguna acerca de que Guts busca esta tortura. Quiere castigarse y que le hagan daño por haber «fallado», por haber confiado en Griffith… y porque sufrir es más fácil que intentar lidiar con los problemas reales. Aquí ya vemos cómo Guts desea inconscientemente que alguien controle su destino por él, que le ponga fin, mientras busca la muerte… A la vez que pone todo su empeño en rebelarse contra las normas. Es un juego de fortalezas. ¿Puede ganar el mundo que desea aplastarlo o él? ¿Hasta dónde puede presionar sin morir?

Curiosamente, a pesar de tenerlo en sus manos, el preboste no lo entrega directamente al Apóstol. Motivos de guion, supongo. A estas alturas todavía podemos ver el aire de «Drácula» que envolvía la historia de Guts, con un estilo muy clásico: un castillo en las penumbras, un monstruo elegante de dientes afilados y un extraño sentido del humor devorando los restos de las mujeres y los niños que se le han entregado como sacrificio. No tiene una historia detrás, ni nada que lo humanice un poquito excepto sus últimos momentos, a los que ya llegaremos.

Es un villano plano sin más, y bastante olvidable, por lo que no nos detendremos en él más que para comentar que es de los pocos Apóstoles que prefieren no cazar en persona. A pesar de que dé la sensación de que este solo se emociona ante un enemigo digno, a lo Zodd, a la hora de la verdad tenemos a un demonio perezoso que se ha organizado la vida de tal forma que tenga a gente aterrorizada y le proporcione sustento sin que deba mover un dedo. Está bien para empezar, porque claramente es uno de los niveles más bajos de los enemigos que Guts se puede encontrar y sienta una base curiosa para ver cómo serán los demás.

Entre tanto, Guts ha dado con sus huesos en una celda, donde ve a su hijo. A estas alturas todavía no lo era, así que me encantaría hacerle una entrevista a Miura y preguntarle qué idea había detrás de este feto deforme que Guts odia y teme. El pobre niño apenas puede moverse y se arrastra hacia su padre… ¿Buscando afecto, reconocimiento? Siempre ha intentado proteger tanto a Guts como a Casca, de modo que quizá ahora que el primero está tan herido que no puede moverse, solo tratara de aprovechar la oportunidad para aproximarse.

Por desgracia para él, Guts está exhausto, pero en absoluto dispuesto a dejarse tocar y rompe a gritar que se aleje.

Cuando Puck, todo amor, entra en escena armado con las llaves de la celda y acaba en un charco de orina, el bebé desaparece. ¿Por miedo a otra criatura mágica, porque alguien ha venido a ocuparse de su padre…?

Puck trata de curar a Guts. La primera reacción que obtiene es muy interesante:

¡No me toques! Ni se te ocurra volver a tocarme…

La expresión de Guts no es la de un arrogante macho alfa que reniegue del contacto porque no es cosa de hombres. Es la de un hombre en guardia, asustado porque está débil y no puede defenderse. No ha tenido problema alguno con que lo torturen. Que le muestren un asomo de piedad o de contacto físico que no tiene claro qué intención guarda es una historia muy distinta, porque no sabe a lo que atenerse.

De nuevo, por aquí Miura no había pensado toda su historia, pero resulta evidente que sabía que habían hecho mucho daño a Guts. De lo contrario no habría presentado a una persona repleta de furia y dolor que busca el suicidio y la venganza. No habría creado a un personaje que busca un camino tan autodestructivo sin saber de antemano que por dentro está roto.

No me extrañaría que Miura hubiera tomado notas de cómo Guts no quería que nadie le pusiera un dedo encima y decidiera entonces aplicarlo a un trauma infantil, lo cual justifica perfectamente el comportamiento de Guts ante el contacto físico. ¿Y cómo no? En los dos momentos más traumatizantes de su vida, Guts estuvo sujetado por criaturas crueles y despiadadas, muchísimo más grandes que él, boca abajo y repleto de heridas. En ambos casos hubo una terrible violencia psicológica y sexual, y se encontró impotente para salvarse.

Cuando te hacen daño puedes resistir el dolor y desafiar. Cuando te abandonan con el cuerpo quebrantado y no puedes, literalmente, hacer nada porque la única persona que hay a tu lado no pretende hacerte daño, se resalta como nunca lo vulnerable e imposibilitado que estás. No es de extrañar que Guts esté que muerde.

Y entonces, para sorpresa de Guts, Puck desprende polvo a lo Campanilla y comienza a curarlo. Miura recogió toda esta escena para replicarla, paso a paso, con Chicchi, así que me muero al imaginar que Guts está recordando a la hadita que lo ayudó a sobrevivir cuando era joven. En cualquier caso, como no espera agradecimiento ni ayuda de nadie, se queda sin palabras ante la bondad de Puck.

No solo eso, sino que Puck se abre y le cuenta sus experiencias:

Los elfos tenemos varios poderes. Sanar heridas, empatía, proporcionar felicidad… Aunque al jefe de mi compañía lo decapitaron aquellos bandidos…

Guts calla y se deja hacer. Puede que haya reflexionado sobre cómo Puck no es tan diferente de él y no pudo hacer nada cuando mataron a alguien a quien apreciaba. O puede simplemente que el elfo lo haya desarmado por completo con su amabilidad. En cualquier caso, por primera vez se presenta… Y obtenemos cierta información sobre su pasado cuando Puck, que no deja de ser nuestro representante porque es quien tiene reacciones más similares a las nuestras. Y por eso se lanza a hacer preguntas. ¿Qué es esa marca (o estigma), quién te la puso, cuál es tu historia?

Pronto lo entenderás. Enseguida vendrá a esta ciudad para matarme… Y para arrasarla hasta los cimientos.

De modo que Guts ha hecho el equivalente de ponerse una capa roja en medio de un campo de nieve y lanzar fuegos artificiales para atraer la atención. ¿El problema? Que, como bien dice Puck, está condenando a la ciudad. Una ciudad que, de todas formas, agacha las cabezas y sacrifica a gente inocente para mantener cierta estabilidad. Claro que esta no es la excusa de Guts. En realidad, Guts no pone ninguna y admite que la «morralla» le da completamente igual… Cosa que sabemos que no es cierta. Solo intenta convencerse de ella.

Si uno no es capaz de hacer lo que plazca con su propia vida, está mejor muerto.

¿Oís eso? Sí, soy yo llorando.

Es tan doloroso ver cómo la doctrina de Griffith, que tanto mal hizo a Guts en su momento, se ha convertido en esto…

Ahora, gracias a Puck y su empatía mágica, se nos muestra que Guts no es un simple cínico. Ira, tristeza, miedo, todos esos sentimientos brotan del pozo de amargura y destrozo que es nuestro protagonista. Hablan de un humano, no un estereotipo.

Guts rompe en carcajadas cuando Puck le pregunta que por qué lo salvó y recibe el equivalente a un puñetazo cuando el hadito carga contra su mandíbula. Es, sin duda, el primer golpe merecido que Guts ha recibido en mucho tiempo. Y por si no nos queda lo suficiente claro que a Guts le importa lo que digan y hagan los demás, se levanta a intentar detener a Puck de escapar cuando lo ve llorar y luego se queda mirando las llaves que le ha traído. ¿Y qué pasa entonces?

Que se mira las heridas que Puck le acaba de sanar… y empieza a autolesionarse con sus propias uñas, desgarrándose el brazo.

Cuando nos hacemos daño es para castigarnos, para que el dolor lo absorba todo y así no tengamos que pensar. En inglés a esto se le llama coping mechanism, en español podría traducirse como mecanismo de supervivencia.

¿En qué no quiere pensar Guts?

No dejo de recordar la escena de Griffith lavándose en el río porque se siente sucio, porque considera que su prostitución lo ha mancillado por dentro y que no ha servido para nada porque muchísima gente ha muerto siguiéndolo. Y también recuerdo a Griffith desgarrándose los brazos después violar a Charlotte pensando en Guts y castigándose porque ha perdido el control.

¿Veis por qué funcionan tan bien juntos? ¡Comparten tantas cosas, pero a la vez son tan diferentes en cómo las enfrentan! Griffith reprime sus emociones hasta que se vuelven contra él. Guts se deja poseer por ellas, pero termina por abrir el suficiente espacio al final para que alguien lo ayude a ser mejor persona. ¡Aaah, pero me adelanto! Aún falta para ello. Sin embargo, quedaos con esta idea: Griffith y Guts autolesionándose mientras siguen un camino que siembran de cadáveres: uno para alcanzar su sueño; el otro, para obtener la venganza.

Y antes de que podamos profundizar en Guts, el Apóstol llega —y así aprendemos el terrible funcionamiento del estigma: sangra y duele cuando un cazador, un Apóstol, anda cerca—, de modo que Guts entra en modo máquina sádica de matar o Guerrero Negro.

¡Tenemos nuestro primer bebé muerto y clavado en una pica! Gracias, Miura, me alegra que con el tiempo hayas recapacitado y pasado a dibujar cosas más importantes en vez de gore por crear una mera impresión vacía en el lector. Las tropas del barón cargan contra la ciudad porque pueden y Guts se esconde entre unos cadáveres para poder acercarse y pillarlas desprevenidas.

Y bueno, batalla. Por si no os quedaba claro que Miura tiene un fetiche con los ojos, me apetece hacer un recuento de cuántos acaban hechos papilla, entre otras cosas, que encontraréis al final del artículo.

Al final el Apóstol hace su primera aparición y plantea la idea que perseguirá a Guts durante toda la historia: solo eres un humano, no puedes con nosotros, los Apóstoles. Y, sin embargo, Guts siempre ha intentado romper el destino y rebelearse contra lo impuesto.

La pregunta es: ¿lo conseguirá?

Al principio parece que no. Miura siempre se ha molestado en representar a Guts como el humano que es. Uno monstruosamente fuerte, sí, pero que recibe golpes y acaba machacado después de la mayor parte de las batallas contra los Apóstoles. De lo contrario, no supondrían un desafío y, más importante aún, no podríamos ver que Guts es tan autodestructivo que siempre se levanta para vencer sin la intención de vivir. Se deja guiar por el odio ciego, por la misión de destruir. No por encontrar un sentido a su vida. Ya no la tiene, como no sea vengándose… Y, aun así, no piensa más allá. No creo que se haya planteado que sea capaz de sobrevivir a un exterminio total de los Apóstoles y a lo que sucedería después.

La táctica de Guts se convierte en la de permitir que lo hieran, visto que no es lo suficiente rápido para esquivar la cola de serpiente del Apóstol, demasiado rápida. Las flechas no funcionan, no tiene tiempo para atacar con la espada. ¿Solución? Usar su cañón cuando el Apóstol lo haya acercado lo suficiente. Igual que hizo con la señora Apóstol del principio, sabe que debe dañarles muy de cerca, y por eso dispara en ambos casos prácticamente en su cara o dentro de su boca.

Solo entonces se permite emplear la matadragones.

Aunque está hecho un desastre, el rabioso y violento júbilo de haber matado a otro de ellos saca lo peor de Guts y comienza a torturar al Apóstol clavándole flecha tras flecha, disfrutando al saber que no puede morir por algo tan débil pero que no deja de doler.

Vas a sufrir en tus carnes lo que se siente al ser un endeble humano… Sentirás cómo desgarro tu carne… Cómo te clavo mis proyectiles.

El problema no es si el Apóstol merece o no tortura o una muerte violenta, sino que Guts apenas se diferencia de él en cómo está regodeándose en provocar dolor a una criatura. Crea un terrible paralelismo con los Apóstoles, que han dejado de ser humanos y por eso sienten que tienen excusa para torturarlos y matarlos: porque son más fuertes, porque pueden. Ahora Guts, porque puede, se aprovecha de la vulnerabilidad de otra criatura para torturarla a pesar de que esta suplica a alaridos que se detenga. ¿Qué diferencia hay entre él y los torturadores de las mazmorras, por ejemplo? Porque no lo está haciendo por justicia, sino por poder. Porque quiere dejar de sentirse vulnerable. Porque quiere estar en la posición que tuvieron los Apóstoles cuando lo destrozaron a él.

Pero, ah, no hay que perder de vista que durante toda esta batalla y la tortura, Guts ha estado sufriendo por la cercanía del Apóstol y su estigma también lo estaba torturando. Recordándole a cada momento la crueldad de los propios Apóstoles…

Una situación peliaguda, desde luego.

Y gracias al estigma obtenemos dos datos importantes: que se considera que el estigma es para los condenados y que Guts busca a la Mano de Dios, cuya localización no conocen los Apóstoles porque son demasiado inferiores. Un buen trabajo que muestra hacia dónde apunta la historia y atrae a los lectores para que quieran saber qué es lo que le hicieron a Guts para que sea así.

Y así, dejando muerte y destrucción a su paso, Guts continúa su camino, ignorando los gritos del Apóstol, que muere ardiendo. Me pregunto si Miura tomaría nota de esto para el tema de quemar a Casca después, visto que Guts se tiene que enfrentar en general a todos sus crímenes mediante paralelismos a lo largo del resto de sagas. Lo que está claro es que a estas alturas ya había decidido que los Apóstoles eran humanos que, en un momento de extrema ansiedad y tensión, elegían convertirse para salvaguardar su propia existencia… De modo que ver sollozando a este hombre serpiente porque no quiere morir es algo más que dar una muerte patética a un monstruo. Es hablar de cómo un ser humano sacrificó lo mejor de sí mismo para prolongar su vida y la empleó para hacer daño a los demás. Pero no hay que olvidar que la Mano de Dios jamás es justa al convertir a un Apóstol, que presionan y llevan al extremo para que el elegido tome una decisión que en circunstancias normales no aceptaría. Hay cierta tragedia en ver cómo todas esas muertes se consumen en el fuego, sin ningún resultado.

Claro que se lo merecía, vaya.

¡Nos leemos en el siguiente capítulo!

Ojos destrozados

10

Gente partida por la mitad

4

Niños muertos

1

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture.

4 comentarios en “Analizando Berserk. Capítulo #1: El guerrero negro

  1. Muy interesante artículo. No había caído en ello, pero tendría sentido que Guts hubiera rescatado a Puck porque le recordó a aquella otra hada.

    ¿Estás de acuerdo con la gente que recomienda a los nuevos lectores saltarse esta parte para ir directamente a la Edad Dorada?

    Espero con ganas el siguiente!!

    • ¡Hola, Álvaro! Muchísimas gracias <3. Y... depende del tipo de lector. A varios amigos les recomendé que sí, que empezaran por la Edad Dorada, porque me imaginé que los primeros tomos no les atraerían ni engancharían. Además, me pareció que apreciarían más a Guts si seguían un orden cronológico y así no podían luego quejarse de leer los primeros tomos y huir por el arte, puesto que querrían continuar sí o sí la historia. Pero si conoces a alguien que confíe mucho en tu palabra y que sepas que apreciará detalles pequeños -o bestialidad en general-, entonces sí, dile que comience desde el principio.

      ¡Espero no tardar mucho en sacarlo! <3

      ¡Un saludo!

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