Analizando ‘Devilman’ de Go Nagai. Volumen # 1 Prefiero convertirme en un demonio contigo a verte sufrir mientras te transformas en uno… solo.

Analizando ‘Devilman’ de Go Nagai. Volumen # 1 Prefiero convertirme en un demonio contigo a verte sufrir mientras te transformas en uno… solo.

¡Bienvenidos a esta nueva sección! Aquí analizaremos el manga original de Go Nagai. No las adaptaciones a OVAs ni, mucho menos, Crybaby. Sin embargo, para aquellos que hayan disfrutado del anime, quizá les resulte interesante examinar el material original y cómo Yuasa decidió hacer un mix de los elementos de Devilman y Lady Devilman, entre otros títulos de la saga.

Debido a que esto no es una reseña, estudiaremos el manga desde una perspectiva completa de la historia. Es decir, iremos comentando los planes de los villanos, los temas a tratar y cómo Nagai elige su narrativa para engañar al lector al hacerle creer que Devilman es una historia sin muchas vueltas de hoja.

Dicho esto, ¡espero que disfrutéis de la lectura!

Aviso de flagrantes spoilers de Devilman

Devilman comienza de una forma cautivadoramente engañosa. Lo primero que vemos es un mundo prehistórico, hermoso, pero no libre de peligros. Hay volcanes, dinosaurios, pero también una vegetación impresionante, aguas cristalinas y libertad para ir a donde uno quiera.

Este es el mundo que los demonios de Devilman querían proteger a toda costa. El universo del que Satán se enamoró y por el que se volvió contra Dios.

Al empezar la historia, sin embargo, Nagai nos presenta primero a los ángeles. Son bellos (en especial por su aspecto humanoide), delicados como bailarinas y… con un aire profundamente femenino tal y como se entiende en nuestra época: frágiles, ligeros y vulnerables. Los vemos disfrutar de este mundo prehistórico con total inocencia, como si fueran una parte más del lugar.

Por eso, el repentino ataque de los demonios se antoja cruel e injusto. Nagai pretende seguir una narración tradicional en la que se nos impulsa a ponernos del lado de la luz, de los ángeles y Dios. Del Bien aparente, porque blanco en teoría es igual a bueno. Que el los demonios se nos antojen repugnantes, salvajes y antihumanos es intencional, por supuesto. Una ironía, teniendo en cuenta que en Lady Devilman se confirma que humanos y demonios son una misma especie, simplemente los humanos todavía no han evolucionado.

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Los demonios hacen una matanza brutal con los ángeles que, curiosamente, no presentan resistencia hasta que se funden en una figura gigantesca… y masculina. Dios. Un Dios guerrero, capaz de plantar cara a los demonios y aplastarlos con un dedo. Una imagen bastante alejada de los dioses monoteístas que tenemos en mente, bien sea porque los vemos más como señores barbudos sentados en tronos, o porque directamente no se los representa. ¡Pero esto es un manga, para qué prestar atención a un autor que por una vez nos deja detalles que van más allá de lo estético!

Devilman sentó escuela en Japón al situar a Dios como una figura malvada contra la que hay que rebelarse. Más allá de la casi segura influencia de haber escuchado del Paraíso Perdido de Milton, donde Satán/Lucifer aparece como una figura trágica y que elabora el arquetipo del antihéroe, Nagai bebe del gnosticismo (y puede que un poooco del platonismo), que establece dos fuerzas opuestas: el Bien y el Mal. Curiosamente, el gnosticismo establece unos espíritus superiores, entre ellos a Sofía (femenino), que enseñaría al Demiurgo (un dios carnal y usurpador) ciertos secretos que lo llevan a crear a la humanidad y condenarla al encerrarla en cuerpos. Dicho esto, seguro que os suenan otros mangas donde Dios resulta no ser bueno o estar alejado de la figura benéfica que establece el cristianismo —a riesgo de ofender a alguien, diría que el Dios de Devilman se acerca más al del Antiguo Testamento que al del Nuevo—. Berserk, Angel Sanctuary, D.Gray-man, Madoka Magica: Rebellion son solo algunos títulos donde la influencia de Nagai marcó un sistema celeste diferente.

Porque, oh, sí, el Dios de Devilman es malvado. No hay otra palabra para describirlo. De acuerdo a lo que nos cuenta Satán, solo equiparable en poder a Miguel, Dios creó el mundo y después plantó su semilla. Se retiró entonces durante millones de años antes de volver a asomarse, a ver qué había surgido de su trabajo. Con asco, comprobó que habían aparecido unas criaturas que no estaban planeadas: los demonios.

—¡Dios los odiaba! ¡Esos seres horribles! ¡Esos abortos de la Naturaleza… esos sanguinarios monstruos! ¡Dios decidió destruir este microcosmos, corrigiendo así el error que había cometido al crearlos!

Curiosamente, la idea de que Dios cometa un error y después intente eliminar a su creación (humana, ¿lo pilláis?) es muy común en todas las religiones, sean o no monoteístas. El Diluvio se romonta a la tradición mesopotámica y fue recogido por la religión judeocristiana, mientras que pen Egipto los dioses enviaron a Sekhmet a destruir a la Humanidad. Por lo general, las divinidades suelen permitir que sobrevivan unas pocas personas o se arrepienten un poco tarde de su decisión. En el caso del Dios de Devilman, fue Satán quien se levantó para defender a los demonios. Podemos echarle un primer vistazo en el interior de una nave orgánica, quizá creada a partir de demonios, y casi fusionado con la misma por distintos apéndices. Puedo sentir a Miura inspirándose para crear Berserk.

—Sin embargo, yo me opuse a Él. Dios había creado el mundo, sí, ¡pero carecía del derecho a destruirlo! Los demonios no nacieron por su propia voluntad y seguían siendo seres vivos. ¡Seres que luchaban cada día por sobrevivir! Decidí unirme a los demonios para luchar contra Dios. […] ¡Y gané!

Pero Dios no estaba derrotado, así que Satán y los demonios decidieron hibernar durante dos millones de años, preparándose para la batalla final.

Es importante comprender que Satán actuó por amor. No por orgullo, aunque acabará haciéndolo, por venganza o por simple racionalismo. Aprendió a apreciar y querer a los demonios, abandonando todo lo que había conocido por ellos. No es un ángel sin sentimientos que deba aprender de cero, como Yuasa decidió interpretar en Crybaby.

Este es el contexto que se cuenta solo al final, en un monólogo de Satán. Con todo, y aun sin esta explicación, en pocas páginas ya tenemos el tema principal de Devilman. La guerra. A pesar de toda su violencia, es una historia antibélica y que centra sus críticas en la absurdez de los conflictos de demonios y humanos cuando tienen un enemigo común: Dios. Nagai pretendió, en un principio, contar una historia opuesta a la Biblia, de tal modo que el mundo acabara volviendo a la nada. Así lanzaría su discurso, como una advertencia contra las guerras. Sin embargo, se quedó sin espacio y tuvo que terminar de la forma abrupta que ya conocemos.

¿Cómo se desarrollará esta batalla? Vamos a verlo.

Damos un salto a los años ochenta del siglo XX. El mundo ha cambiado, los humanos dominan la Tierra… Pero por poco tiempo.

Los padres de Akira dan con el nido de los demonios. Al empezar a despertar estos, salen huyendo, pero para su desgracia Zenon les corta el paso. La escena parece sacada de una historia de terror e incrementa el sentimiento de rechazo a los demonios, que en todo momento no salen como una especie a la defensiva, sino como los malvados de la historia.

Tras esto es cuando conocemos a nuestro protagonista.

Akira es un chico que, en definitiva, no sigue la idea de la masculinidad. A pesar de ser atlético, apenas se nota en su aspecto, odia la violencia, le dan miedo las armas y dista mucho de ser ese tipo de persona que interpondría su cuerpo delante de alguien para protegerlo a muerte. A cambio, encontraremos que es fiel, idealista y un buen amigo. No solo eso, sino con una inmensa capacidad de sacrificio. Nagai aprecia a chicos que se apartan del rol tradicional —no por nada reutiliza mucho el modelo de Ryo, por no hablar de Cinderella Kishi con el interés romántico—, y considera que la violencia es la peor salida posible, por lo que creo que podemos afirmar que Akira está planteado con buenos ojos. No hay desdén ni crítica contra su forma de ser, ni tampoco considera que su versión Devilman sea mejor. No, al menos, viendo el final al que conducen las decisiones de Akira una vez se deja llevar por la sensación de poder… Que nada tiene que ver con la fusión con Amon.

Y hablando de romper moldes, ¿hablamos un poco de Miki, el interés romántico? A primera vista no destaca, porque tiene un diseño bastante sencillo, pero no podemos criticar esto porque representa a la humanidad, a la normalidad en su mejor faceta. Lejos de ser un ejemplo de idealización femenina, Miki tiene carácter. Y cuando digo carácter, es CARÁCTER. No se calla ninguna de sus opiniones, buenas o malas, y nadie la hace cambiar de opinión. Por ejemplo, considera que Akira es demasiado llorón y poco hombre para lo que se espera de un hombre en su sociedad. Criada en una cultura machista, Miki insiste en que debe ser protegida y busca que su amigo adopte el comportamiento agresivo que debería tener por antonomasia de acuerdo a lo que debería ser un chico.

Ah, es importante tener claro que Akira y Miki no son amigos de la infancia. Sus padres, en cambio, sí. No hay mucha familiaridad entre ellos porque llevan poco conviviendo en la misma casa, no más de un mes, de ahí también que el romance surja de forma más natural por parte de Miki cuando ve que Akira se convierte en su fantasía personal.

Vamos, que no podrían ser más diferentes a la adaptación de Crybaby.

Ambos interaccionan en un capítulo que es pura exposición. Una bastante torpe, en mi opinión, pero debemos tener en cuenta que esta historia es muy vieja, que los mismos topicazos de personajes que nos dicen las cosas a la cara en vez de aprovechar la narrativa siguen dándose hoy en día y que… Devilman es una historia corta. Solo tiene cinco tomos, al fin y al cabo. Por algún sitio hay que recortar.

Entonces, unos matones se interponen en el camino de la pareja. Miki arremete con bofetadas —lo cual demuestra que se siente protegida por ser mujer. En toda animación e historia nos muestran que una bofetada femenina no se debe tomar en serio, que golpear a una mujer es de cobardes, etc, etc. Pero Miki no está tratando con amigos, sino con tres tíos que luego amenazarán con violarla— y, claro, acaba contra una pared. Aterrorizada, pide ayuda a un Akira que trata de negociar porque, aunque cargara contra ellos a lo shonen, siguen siendo tres. Ya para alguien que sepa luchar es peligroso encararse a tres tipos acostumbrados a los enfrentamientos callejeros, para un chico que se encuentra con que ya tienen atrapada a su amiga… Lo ideal habría sido que empezara a hacer ruido, pidiera ayuda y salieran los vecinos.

Por suerte para ellos, aparece Ryo.

Para empezar cabe resaltar que en este momento, Nagai todavía no había decidido que Ryo fuera Satán. Fue en el tercer tomo cuando vivió una iluminación y comprendió que este chico sentimental, manipulador y desesperado tenía que ser él/ella. Satán era un simple enemigo preparado para que su muerte permitiera evolucionar a Akira, pero no solo se convirtió en un personaje terriblemente relevante, sino que sobrevivió a Akira. Tampoco tenía planeada ninguna historia de amor entre ellos, sino solo desarrollar una trama antibélica. Pero a veces las historias cobran vida por sí solas y Nagai nunca ha negado que Devilman terminara orientándose en parte hacia una historia de amor. 

Pero vamos a dejar de lado cómo se elabora un manga sobre la marcha y centrémonos en lo que tenemos. Y preguntémonos… ¿por qué Satán se ha disfrazado de Ryo?

Cronológicamente, Satán despertó dos años antes de que la historia dé un salto de veinte años en el quinto tomo y se encontró con un mundo cambiado. Decidió investigar a esta nueva especie infiltrándose en ella. Parece que una de sus primeras víctimas fue el verdadero Ryo Asuka, hijo de un japonés y de una mujer estadounidense. Como vemos al final del manga, no se parecen excepto en que son rubios y de ojos claros, pero Psycho Jenny modificó las memorias del padre y el resto de la gente. No solo eso, sino que implantó los recuerdos del chico en Satán, para que la conversión fuera total, si bien Ryo sigue siendo Satán en su personalidad más básica y pura.

Tras esto, asumo, pasó dos años viviendo como una persona corriente hasta que descubrió a los demonios. Al experimentar en sus carnes lo que siente un humano al enterarse de que hay un enemigo tan peligroso, puede prever cómo reaccionarán, cómo se comportarán… Y así es posible elaborar un plan para destruirlos. Cómo transmitió estos datos a los demonios es algo que nunca he tenido claro ni creo que se explique, pero supongo que Psycho Jenny andaba por los alrededores leyéndole la mente. Porque, como veremos, todas las previsiones de Ryo se van a cumplir.

Hasta las peores sobre Devilman.

Lo primero que hace Ryo es intentar llevarse a Akira para que lo ayude. Ignora descaradamente a Miki y a los matones y no es hasta que se interponen en su camino que comienza a disparar con el rifle que lleva bajo la gabardina. El mundo entero debe estar sordo, porque ningún vecino reacciona.

Se presenta casi como un psicópata, idea recogida con muy mal pie en Crybaby, pero a la hora de la verdad sabemos (en especial por Neo Devilman), que odia hacer daño a otras criaturas. Es más, lleva el arma por protegerse de los demonios y no por antonomasia, como será su contraparte del anime.

Una vez espantados los ladrones, logra que Akira lo acompañe. Para sorpresa de este, Ryo no solo rompe todas las normas portando armas, sino que conduce aunque no tiene la edad apropiada. Akira empieza a ponerse nervioso porque su amigo ha cambiado. En Neo Devilman, al parecer, se sugiere muy intensamente que Akira nunca conoció al verdadero Ryo Asuka y que los recuerdos de su amistad son cosa de Psycho Jenny. Auch. Pero incluso si no hacemos caso a esto, podemos asumir que el cambio que Akira ve en su amigo no solo se debe a que lo haya suplantado un ángel, sino a que Ryo se ha vuelto muy paranoico, agresivo e intransigente.

Mientras Ryo lucha por explicar a Akira una realidad casi imposible, lo vemos sudar y sufrir, con ese despliegue de expresiones que tantas carcajadas pueden sacar ahora por lo extrañas que son. Pero es evidente que Ryo lo está pasando mal. A pesar de que Akira sea el protagonista, el catalizador emocional de esta historia siempre es Ryo. Se esfuerza por presentar a Akira la situación de forma que comprenda en lo que se están metiendo. Hasta llora al pensar a lo que va a forzar a Akira:

—Hay algo que necesito pedirte antes de que cruces esta puerta. Estoy a punto de empujar a mi mejor amigo a un destino terrible. Si fuera posible, no te metería en nada de esto, pero… No hay nadie más en quien pueda confiar. Veo a todos los demás humanos como enemigos. La herencia que me ha dejado mi padre…¡Eres el único humano al que puedo mostrárselo, Akira Fudo! ¿Puedes entender al menos eso?

Ah, cómo han cambiado los diálogos desde los años setenta, eh. Aun así, amo este párrafo porque las partes en negrita se pueden leer con doble sentido por pura suerte, ya que, como hemos dicho, no estaba planeado que Ryo fuera un infiltrado. En cualquier caso, ve a los humanos como enemigos (porque podrían ser demonios), pero Satán también (porque quiere destruirlos). Solo confía en Akira (al que quiere salvar). Y todo lo que debe hacer es por el legado de su padre (Dios).

Akira responde:

—Para serte sincero, estoy asustado. Pero, Ryo Asuka, no quiero traicionar tu confianza. Incluso si significa caer al Infierno.

Ryo, aliviado, le cuenta la historia de su padre, un arqueólogo que descubrió una especie de casco demoníaco que alberga memorias de un pasado muy, muy lejano. En realidad es una falsificación de Psycho Jenny y es ella quien produce, con sus poderes, estas visiones. Lo mismo sucede con la supuesta investigación del padre de Ryo, así como su intento de suicidio. Todo es una mentira elaborada por Psycho Jenny e implantada en la mente de Satán. Seguramente los demonios mataron al padre tras poseerlo, sin más, y luego hicieron creer a Ryo que encontró una investigación.

Nagai se asegura de meternos en la historia con lentitud, construyendo los detalles para que seamos conscientes de por qué Ryo está tan paranoico. A su vez, Akira nos representa: no deja de hacer preguntas, ser escéptico y hasta se plantea llamar a una institución mental para que se haga cargo de Ryo. Akira se convierte en un personaje con el que nos podemos identificar, que valora la justicia y la amistad, pero que no se va a creer sin más que le hablen de conspiraciones mundiales satánicas. Todo se diluye en medio del humor, por supuesto, pero sigue siendo sencillo identificarse con el protagonista.

 

Al principio Akira quiere salir corriendo. Yo también consideraría que mi amigo me está gastando una broma muy rara si quisiera que me pusiera esa cosa en la cabeza. Pero termina por hacer caso a Ryo cuando este rompe a llorar y le suplica que lo tenga en consideración por el suicidio de su padre. Así, Pyscho Jenny hace que Akira vea cómo era el mundo que habitaban los demonios.

Con la siguiente explicación que da Ryo sobre los demonios, ya se nos insinúa que son similares a los humanos. Sin ir más lejos, se muestra a una pareja desnuda, hombre y mujer, a lo Adán y Eva.

El caso es que si los demonios consiguen sobrevivir en su mundo, brutal y violento, es gracias a la habilidad de absorber características ajenas. Es decir, la humanidad evolucionada. Nagai usa esto para justificar el folklore europeo (hombres lobo, vampiros, etc) y antiguas mitologías como la griega —Sirene, sin ir más lejos, es una sirena y Nagai recreará, en otras obras, a los Titanes— como demonios solitarios que aparecieron en el mundo humano.

Pero, por supuesto, el cristianismo juega el papel más importante. Ryo saca a colación la Divina Comedia, que también mezclaba elementos cristianos con paganos, para explicar la teoría de su padre sobre que la Edad de Hielo detuvo a los demonios —en vez de teorizar que fueron ellos mismos quienes decidieron echarse una siesta reparadora—. Dante describe último nivel del Infierno, el Cocito, como un mundo de hielo. Uno asociado al pecado de la traición. Y, atrapado en un lago de hielo, se encuentra Satán/Lucifer. De acuerdo a Ryo, Dante probablemente visitó el Infierno y por eso pudo plasmar estas ideas en su obra magna.

Detengámonos un momento. Aparte de dejar claro que la Divina Comedia es una evidente inspiración de Devilman —si bien el Lucifer de Dante se refleja más en el Zenon de Devilman que en Satán, en especial si atendemos a la descripción bestial con tres rostros—, Nagai nos está diciendo varias cosas. Primero, que es muy, muy fan de la obra de Dante (tanto que hizo una adaptación a manga). Segundo, que la traición es un tema importante en Devilman. Ryo (Satán) termina traicionando a Akira, mientras que Akira se siente traicionado por la humanidad y a su vez le da la espalda a la misma.

Dante y su guía visitando a Satán. El arte es de Gustave Doré.

Aparte, Satán está asociado al pecado capital del orgullo. Y es el orgullo lo que guiará las acciones de Akira y Ryo, cegándolos y permitiendo que Dios gane una batalla que ni ha necesitado empezar.

Por otra parte, hay un juego metanarrativo porque el propio Satán nos está transmitiendo información verídica sin ser consciente de que habla de sí mismo. Incluso como un humano, entiende el punto de vista de los demonios, que desean que les sea devuelto su mundo.

Es decir, se nos están contando los motivos de Satán y sus compañeros desde el primer capítulo, solo que aquí se presenta como una amenaza y después lo veremos como una tragedia.

Ah, Yuasa, tenías tantas cosas y aprovechaste tan pocas…

De nuevo entre lágrimas, Ryo explica que su padre decidió que debía probar su teoría de que algunos demonios habían despertado con el fin de la Edad de Hielo, mientras que la mayoría seguía en hibernación. Por eso se mezcló por uno y, cuando supo que no podría más, se suicidó y se llevó al demonio consigo.

Con toda esta exposición, se crea un peso cada vez más grande sobre los hombros de Akira. Todo el primer tomo se asegura de que así sea. Incluso si el arte nos hace rechinar los dientes y el ritmo no es el mejor del mundo, queda claro que los protagonistas se enfrentan a una amenaza real en solitario. Los demonios pueden hacerse pasar por humanos, así que ¿en quién van a confiar? No solo eso, sino que ¿quién les creería?

Por eso Ryo justifica que pide ayuda a su único amigo, porque no puede confiar en nadie más.

Sin embargo, esto es en parte mentira. Aquí Satán está actuando de forma inconsciente porque, como señalará Zenon, está enamorado de Akira. Ah, sí, es el problema de hilar historias sobre la marcha, que algunos cabos quedan sueltos porque, en teoría, el terror que Ryo experimentó como humano habría sido suficiente para que Satán regresara y pudiera elaborar su plan de destrucción. Quizá por eso perseguirán los demonios a Ryo y a Akira; no para matarlos, sino para recuperar a su líder.

Pero Ryo se escapa y hace algo que nadie había previsto. Emprende una salida que debería permitir que Akira sobreviviera en un mundo de demonios. Como dije antes, la conciencia de Satán siempre está rozando en la superficie, y esta vez sabotea sus propios planes para salvar al humano del que se ha enamorado.

Volviendo al tomo… Cuando Akira acepta colaborar, Ryo se siente derrotado porque sabe que ambos podrían morir. Decide retrasar la ceremonia un día, para que Akira pueda vivir unas últimas como ser humano.

—No eres el único que tiene miedo. Yo también estoy asustado.

Pero los demonios se interponen en su camino.

Esto funciona de forma magnífica para justificar, una vez más, la paranoia de Ryo y para crear un profundo y creíble sentimiento de urgencia. Cuando Ryo dijo que no les quedaba tiempo, hablaba muy en serio. Desde su punto de vista, estos demonios saben quiénes son y, si pueden, los matarán de inmediato.

El guion juega para forzarlos a lanzarse hacia la solución que planeó el padre de Ryo sin que les dé mucho tiempo a reflexionar o a echarse atrás. Sin embargo, huir no es posible porque las armas corrientes no sirven ni siquiera contra lo que Ryo cataloga como demonios menores, así que deben regresar a la mansión y dirigirse a un sótano. Ryo advierte a Akira —es un humor muy estúpido, pero aprecio que Akira esté tan traumatizado que solo piense en quitarse los zapatos para no ser maleducado— que si siguen adelante no hay vuelta atrás. Akira acepta, porque no quiere dejarse matar por los demonios.

Uno esperaría que entonces llegara la escena del Sabbat, pero Nagai quiere asegurarse de que Akira sea un protagonista que acepta de forma consciente su tarea. Si no, el final en el que opta por darle la espalda a la humanidad no resultaría tan desgarrador. Careceríamos de un arco narrativo bien estructurado.

Por eso, una vez están a salvo, Ryo se toma su tiempo para exponernos —y puede resultar cansino que tenga que contarnos tantas cosas en vez de que sucedan, pero diría que es más bien problema de la narración de Nagai— detalles de la trama porque Akira se lo pide. ¡Es su vida la que se está arriesgando, por supuesto que quiere estar al tanto de todo! No como cierta adaptación interpreta.

Todo, por cierto, con Ryo fumando y drogándose. Dice bastante de su estado emocional, no solo por cómo va de emociones extremas iracundas a llantos sin control, sino porque necesita drogarse para mantener algo de control. Una lástima que sea pura comedia.

Nos enteramos así de cómo el padre de Ryo fue desarrollando instintos asesinos que se manifestaron primero contra los animales y luego contra su propio hijo. Al final se encerró en su habitación, donde escribió un diario para Ryo y luego se prendió fuego para acabar con el demonio. Es una historia desoladora, que nos advierte del posible futuro que le espera a Akira, pues la única forma de vencer a un demonio resulta que es convertirse en uno de ellos.

Según Ryo, eligió a Akira porque tenía un corazón lo suficiente puro para, quizá, imponerse al poder de un demonio. La reacción de Akira es humildad; no confía mucho en ser una persona con las virtudes que Ryo espera encontrar en él. Pero, aun así, está dispuesto a intentarlo.

Ryo, por su parte, no pretende quedarse atrás grabando con una cámara, no. Pretende sufrir el mismo destino que Akira.

Se crea una sensación de verdaderos héroes, de gente pequeña que decide tomar sobre sus hombros el destino del mundo entero. Ambos rompen a llorar ante la perspectiva de lo que les aguarda —Ryo pide perdón y Akira le dice que está bien mientras no lo abandone—, pero se prometen estar juntos y tratar de derrotar a los demonios:

—Prefiero convertirme en un demonio contigo a verte sufrir mientras te transformas en uno… solo.

La posibilidad de vencer es mínima, pero aun así toman la decisión.

Y entonces entran al sótano de Ryo, donde se está dando un concierto con orgía incluida. Da la impresión de que Ryo nos haya tomado el pelo a todos y, para colmo, sigue otra larga exposición sobre el Sabbat, las brujas y demás. No tiene más propósito que establecer un contraste entre los humanos, que albergan la capacidad de razonar, y los demonios, que se dejan guiar por el salvajismo. Estas fronteras se diluirán con facilidad porque los demonios son muy inteligentes y pueden ser pacientes, mientras que los humanos terminan por dejarse llevar por el terror y el odio. Pero aquí sirven para invocar a los demonios, porque el alcohol, el sexo y la sangre desatan sentimientos a los que están acostumbrados.

No se ve ni nada de dónde bebe Berserk, no.

Que el Sabbat se realice en la casa de Ryo, en una suerte de búnker subterráneo, también se explica: quieren ser poseídos por los demonios más fuertes para poder luchar (y porque Satán quiere asegurarse, aun sacrificando a sus mejores soldados, de que Akira tendrá el mejor cuerpo posible). Por eso el Sabbat se celebra en un sitio al que los débiles no pueden entrar.

Lo único que frena a Akira es saber que Ryo está dispuesto a sacrificar a toda la gente que ha venido a pasárselo bien. Encontramos el primer gran choque entre los dos. Ryo es cruel y pragmático; frente a la extinción, es mejor matar a unos pocos —y se incluye entre ellos, porque también va a intentar ser poseído— por el bien de la mayoría. Akira es más idealista y quiere proteger a todo el mundo.

Por desgracia para Akira, Ryo siempre se adelanta porque hace planes. Una palabra que, ya veremos, no forma parte del vocabulario del protagonista. Ryo les ha encerrado en una habitación rodeada por demonios y que pronto estará llena de ellos. De una forma u otra, morirán si no se fusionan con un demonio capaz de destruir a todos los demás.

Así pues, se emborrachan y Ryo desata el caos al empezar a herir a gente entre risas histéricas. La gente, enfadada y con ganas de pelea, se deja llevar por la ira. Y la lujuria, la violencia y el miedo terminan por invocar a los demonios.

En un principio, ni Akira ni Ryo se fusionan con ningún demonio. Quizá es porque estaban demasiado anonadados para sentir miedo. Además, todo está saliendo como esperaban, por lo que sienten un vago triunfo. Pero, entonces, comprenden que si ningún demonio les posee… Están muertos. Cuando uno de los demonios se arroja sobre Akira, este se deja consumir por el pánico…

E, instantes después, Devilman llega al mundo.

Casi ahogado en el éxtasis de su nuevo poder, Akira comienza a matar a los demonios (y humanos que se cruzan en su camino) de las formas más truculentas posibles. Estos, desconcertados porque su amigo Amon se h vuelto contra ellos, no saben cómo reaccionar al principio. Uno hasta llora al entender que Amon ha desaparecido porque un humano ha devorado su conciencia, lo cual ya indica que los demonios tienen sentimientos, aunque Ryo y Akira defiendan lo contrario.

Un aterrorizado Ryo contempla la matanza, fruto de su plan y observa que Akira está disfrutando de lo lindo con la carnicería.

Me pregunto si, en mi determinación por crear un aliado, he creado accidentalmente a nuestro peor enemigo.

Palabras que se vuelven proféticas. Akira será el enemigo no solo de la Humanidad, sino de los demonios y, más importante aún, de Satán.

Akira no recupera sus sentidos hasta que ha eliminado a todos y cada uno de los demonios. Por lo que podemos ver, tampoco han sobrevivido humanos. Asustado, se pregunta si Ryo no se habrá mezclado con uno de los demonios y no lo habrá matado sin querer. Pero no, solo ha acabado debajo de un cadáver.

La escena se corta de golpe y el tránsito al día siguiente es abrupto y extraño. Mientras se dirigen al instituto, Miki no puede evitar mirar a Akira con cierto recelo. No solo ha dado un estirón, su comportamiento es diferente y su fisonomía vagamente distinta, sino que desprende un aura mucho más agresiva. Y va sin camiseta, porque ahora es un chico malo.

O no tanto. En cuanto Miki se envalentona, deja a Akira sin palabras. Entre risas, da por sentado que todo este cambio se debe a que su compañero ya no es virgen. ¡Lo cual es bueno! Si eres un hombre, debes tener experiencia, mientras que por contraste se glorifica la virginidad femenina. Ahora Akira es más masculino, más interesante y qué más da que sea violento y agresivo.

Pero a la hora de la verdad sigue sin estar acostumbrado a estas cosas y revierte un poco a su personalidad más infantil y desconcertada cuando Miki le reconoce que la enciende.

Como el día anterior, se encuentran a los matones y básicamente se repite la estructura que ya hemos visto. Se insultan unos a otros mientras Akira queda en segundo plano, y Miki hace que el duelo verbal escale cuando invita a los matones a suicidarse. Acto seguido, ellos sacan puñales.

Miki también. Está asustada —y cómo no. Es un tres contra uno donde hablan de cortarle la ropa y violarla—, pero ni de lejos dispuesta a dejarse tocar o humillar. Así que cuando Akira rompe los moldes y le dice que se quede atrás que él, Miki está encantadísima de revertir al papel de damisela en apuros. Una vez Akira los vence de un golpe, y por su expresión se nota que ha disfrutado de lo lindo demostrando su nueva fuerza, Miki se cuelga de su brazo y le suplica que no piense que ella es una tomboy, ni nada menos que una chica muy femenina. Digamos que hay un poco de misoginia interiorizada que lucha con su personalidad fuerte y descarada. Hacia el final de la historia, por suerte, Miki sigue siendo badass y ya no parece desear jugar a roles de género.

El tomo finaliza con un demonio convertido en gato que ha localizado a Akira y, desde luego, anuncia problemas.

Estamos ante una historia apresurada, que ha gastado páginas y páginas en exposición y en crear una atmósfera que insiste en romperse mediante golpes de extrañísimo humor, con personajes que saltan de un arquetipo a otro y que lanzan mensajes problemáticos. A ello se une un estilo de dibujo poco detallado, con problemas anatómicos y un ritmo difícil. Sin embargo, los conflictos planteados pronto evolucionarán hacia algo más que el Bien y el Mal, el interés romántico es quien persigue a nuestro protagonista y…

¡¿Qué ha pasado con Ryo, Nagai, por qué cierras el primer tomo de esta forma?! Que da la impresión de que haya muerto y a Akira le importe bien poco después de llorar sobre su cuerpo.

Irregular, pero no todo el mundo es un maravilloso artista y la historia que termina por plantear Nagai merece mucho la pena. Además, el trabajo de establecer su worldbuilding, en el que se asegura de que las situaciones sean lógicas —como la fiesta en el sótano— y que las ideas planteadas broten espectacularmente al final —Satán como antihéroe, Dios como malvado, los humanos provocando su propio final—, Nagai se esconde de maravilla entre tanta información. Como en tantas otras series, nos atenemos a lo que hemos escuchado y pensamos que con eso es suficiente. Pero no. Nagai nos ha dado casi todo al principio, es solo que no hemos sabido verlo.

Respecto a la violencia y el sexo, sí, están ahí. El acoso a Miki es asqueroso, pero se trata como tal. Respecto al Sabbath, es sorprendente lo poco agresivo que resulta. Puede que se deba a la… capacidad de Nagai como dibujante o a que, en realidad, la sexualidad se explotó en Lady Devilman y no tanto en Devilman.

¡Pero todavía quedan cuatro tomos por analizar!

 

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture.

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