Analizando Houseki no Kuni #1. ‘Phosphophyllite’ Hora de trabajar

Analizando Houseki no Kuni #1. ‘Phosphophyllite’ Hora de trabajar

Como ya estamos haciendo con Evangelion, hemos decidido analizar capítulo a capítulo el anime de Houseki no Kuni, con una perspectiva global y distinta a las meras impresiones que hacemos a medida que se airea la serie. Es decir, que hablaremos sabiendo cómo acaba esta primera temporada y estudiaremos los capítulos en consecuencia. Eso sí, no habrá spoilers del manga.

Respecto al género de las gemas, debido a que en castellano no tenemos ninguna forma oficial de referirnos a Phos y compañía de forma neutra, usaremos pronombres masculinos, pero siempre teniendo en cuenta que los personajes no tienen sexo ni género, puesto que la autora los diseñó con esa idea (ciertamente las gemas usan pronombres masculinos para enfatizar que no son mujeres a pesar de su aspecto, pero en japonés funciona de una manera diferente a las lenguas romances) y nosotras no vamos a ser menos. Es la opción que nos ha parecido más correcta y no pretendemos ofender a nadie.

¡Esperamos que os resulte interesante!

Aviso de spoilers de toda la primera temporada de Houseki no Kuni


Houseki no Kuni comienza con algo que determina la vida de los personajes: la luna. Una luna (aunque hay varias) de la que provienen los agresores y que, sin embargo, es hermosa de noche, cuando no supone un peligro para nadie. Acto seguido se nos presenta no al protagonista, sino al personaje que marca la historia. Cuando el director de la serie, Kyougoku (Love Live, GATE), se reunió con la mangaka Ichikawa para preparar el rumbo del anime, decidió centrarse en cómo el encuentro con Cinnabar cambió la vida de nuestro protagonista. Y por ello, el cuidado con la imagen inicial es fascinante.  Un “muchacho” pelirrojo, solitario y que se abraza a sí mismo, envuelto en una especie de líquido (mercurio) flotante y una melancólica melodía de piano:

—Ah… hora de trabajar.

Sí, hora de trabajar. Porque a eso dedican las gemas toda su existencia. A trabajar y ocupar su puesto en el mundo, dando sentido a su inmortal existencia. Se trata de uno de los temas de la obra, si el trabajo debe marcar si nuestra vida merece la pena o si se puede dar con otra forma de vivir. O, al menos, eso es lo que la autora dejó caer en esta entrevista.

A continuación, ya de día, un grupo de personajes, de imposibles cabellos brillantes y un mismo tipo de cuerpo y piel, corren entre la hierba. Van armados con espadas. La gema favorita del director, Morganite, se detiene y llama a nuestro protagonista.

La presentación de Phos trajo de cabeza al equipo. La escena estuvo a cargo de Yohichi Nishikawa, que trabajó con el Studio Ghibli en su momento, e hizo el arte conceptual a mano. Phos aparecía con colores planos (cel-shaded), con excepción de la cabeza que era más realista, y la hierba estaba hecha con GGI.  El resultado de elementos tan diferentes terminó por ser este y Kyougoku lo considera la escena más memorable de este episodio.

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Y es que, si os fijáis, Houseki no Kuni mezcla bastante CGI con dibujo tradicional. En general, las gemas tienen expresiones hechas con dibujo tradicional para transmitir mejor sus sentimientos. Es un estilo diferente al del manga, donde las emociones parecen estar mucho más reprimidas o ser más… lánguidas. Los personajes no dejan de ser gemas, al fin y al cabo, y parece una decisión muy consciente por parte de la mangaka. Algo así, sin embargo, no terminaría de funcionar en anime. No con CGI, donde todo sería exageradamente rígido (de ahí que las gemas dependan y mucho del dibujo tradicional en el anime). Es una decisión atrevida pero que da vida a la historia que nos quieren traer y que se adapta bien a su formato.

La elección del CGI por otra parte, ¡y por una vez!, parece buena. Al fin y al cabo, como se comenta aquí, el 3D se usa sobre todo para seres no humanos… y las gemas no lo son. Además, el CGI, sin ser perfecto o a nivel Pixar, permite animar el cabello de una forma que a mano no se podría y jugar con la rigidez de las gemas. Es un híbrido de técnicas que funciona bien y no hace daño al ojo.

¡Pero volvamos a la historia! Una vez Morga le informa de que el Maestro (Kongo) quiere verlo, Phos deja claro que no tiene motivos para que lo convoquen… A menos que sea para ofrecerle un trabajo. Esto es una forma elegante de darnos contexto sin necesidad de lanzarnos la información a la cara: las gemas pelean y Phos no, pero desea hacerlo. Podemos imaginar por qué no es capaz; no tiene ningún aire marcial, es infantil y pagado de sí mismo. Por si eso fuera poco, nadie le toma en serio y carece de un rol en la sociedad de las gemas. Nadie confía en que sea «capaz» de hacer nada en el futuro, ni inmediato ni lejano. Ay la ironía.

Acto seguido, Morga y Goshe deciden partir en busca de una «mancha solar». Goshe deja claro que deberían avisar a su Maestro, pero Morga es mucho más confiado y está dispuesto a ocuparse por su cuenta del asunto. Phos, por su parte, regresa a su hogar y se arregla, encantado con su aspecto —y para no, es adorable— frente a un estanque. Es evidente que quiere impresionar a su Maestro: ¡al fin y al cabo, van a darle un trabajo que debe estar a su altura! Por los comentarios de otras gemas averiguamos dos cosas importantes: que a pesar de su aire perezoso, Phos es alegre y ruidoso… y que da problemas.

Cabe resaltar que el hogar de las gemas es simple, sin adornos, y recuerda más a un templo que a una casa. Se nos va dejando claro el tipo de ambiente casi celestial en el que viven las gemas… muy relacionado con el mundo budista. Ya hablaremos de eso en otros episodios; de momento nos quedamos con que el traje del Maestro Kongo habla por sí solo.

Y hablando de trajes, hay que señalar que todas las gemas visten un uniforme negro que hace referencia al luto. Volveremos a esto durante el período de hibernación. Por otra parte, cómo no comentar la atención al detalle que tiene esta serie; carece de la elegancia casi etérea del manga, por lo que concentra su esfuerzo en volver lo más realistas posibles a los protagonistas con detalles variados, ya sea su voz, su forma de moverse… Por ejemplo, cuando Kongo sopla el diente de león que se le ha quedado a Phos en el pelo, se nos dan datos porque vemos lo fuerte que sopla, hasta el punto de hacer tambalearse a Phos. ¡Pero también están los sonidos! Cada paso, cada movimiento recuerda a una roca. ¡Es fantástico!

En fin, Kongo anuncia que sí, que tiene un trabajo para Phos. Escuchamos cómo este suspira, emocionado, mientras se presenta el título del capítulo y oímos campanas. Unas campanas que pronto aprenderemos a relacionar con los lunarian, porque se tocan para advertir de su presencia y también para llamar a la batalla.

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Una batalla a la que ya se están presentando Goshe y Morga. Se nos muestra entonces lo que es la mancha solar, una especie de reflejo oscuro que imita al test de Rorschach, y de la que emergen los lunarian.

Si nos quedaba alguna duda sobre el contexto budista de Houseki no Kuni, tiene que desaparecer con la exhibición de los arqueros de la luna. Sus ropas, sus posturas y la figura central imitan a los budas, por mucho que su aire sea más festivo y traigan música para animarse durante la batalla. Mirad cómo brilla, con el sol detrás, el Lunarian central, que trae un gran cuenco para que depositen en su interior a las gemas. Este aire tan ceremonial pero liegro al mismo tiempo resulta casi insultante cuando vemos cómo las gemas luchan por su integridad.

Los detalles al sonido siguen ahí durante la batalla. Morga y Goshe se defienden deteniendo las flechas —que no son afiladas, sino que parecen más preparadas para capturar y romper… o para llevar algo dentro de sus garfios. Como una flecha de gema— y escuchamos con cada golpe cómo algo vibra. ¿La espada? Sí, pero también es su cuerpo recibiendo el impacto.

Cabe preguntarse por qué las gemas no usan arcos y solo emplean katanas, lo cual las obliga a saltar y entrar en terreno enemigo para defenderse. Pero luego podemos plantearnos que siempre van a ser inferiores en número y necesitarían cobertura para poder ser efectivas; una flecha contra al menos veinte, y más si viene de abajo, no sirve de nada. Además, las gemas son veloces, mucho más que las flechas, y que quizá sería un desperdicio dedicar material a flechas que podrían perderse.

Morga alcanza al lunarian central y le corta la cabeza en dos; el resultado recuerda a una flor. Morga, con todo, está sorprendido. Más tarde averiguaremos que se debe a que su enemigo no desaparece; en esta ocasión se derrite mientras sonríe y de su interior salen fragmentos de flecha de Heliodor. ¡Más información, pues! A las gemas se las captura, se las rompe y se las utiliza. También sabemos, por la reacción de Morga, que no mueren tal cual, ya que pueden reconstruirlas.

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Durante todas estas escenas, se aprovecha el CGI con el movimiento de cámara y de personajes para que la batalla no quede rígida. Merecería su propio comentario aparte, pero prefiero señalaros que subáis el volumen en el minuto 4:18. Y escuchéis un suave, suave soplido, que podría ser un grito. Quedaos con esa idea hasta el episodio 12 porque muy posiblemente estáis escuchando a los lunarians. Sí, es algo que se tratará en alguna temporada, si siguen animando Houseki no Kuni. De momento nos quedamos con que los lunarians son enervantemente silenciosos y que por eso dan todavía más mala espina.

Entre tanto, Kongo nos da… un texto de exposición que rompe mucho la inmersión. Está sacado de la nada —Phos ya sabe todo lo que hay que saber— y la excusa para vomitar información es que el señor no tenía ni idea de qué hacer con nuestro protagonista, pero es una excusa ridícula —¿por qué iba a contarnos que se lucha en parejas, que hay 28, que Phos es terriblemente frágil etc?—.

En especial irrita porque obtenemos información con solo usar los ojos; las gemas acuden a toda velocidad a ayudar a sus compañeros, vencidos por los lunarians que recogen sus pedazos y se restriegan felizmente contra ellos. Es decir, que son peligrosos, que más de una vez han ganado y que Morga y Goshe deberían haber llamado a sus compañeros mientras se mantenían en guardia y esperaban a que llegaran los refuerzos.

¡Todo es visual!

Los lunarians se toman su tiempo disfrutando de la captura, de una forma bastante grotesca y siniestra, enfatizada por lo infantiles que son. Ya no es solo que la paleta de colores invita a todo menos a pensar en ellos como algo peligroso, sino que juegan con los cuerpos destrozados y se sonríen entre ellos con diversión y sin aparente maldad. Luego nos enteramos de que el Maestro Kongo suele aparecen rápido para defender a las gemas, por lo que resulta interesante que los lunarian no estén ansiosos por desaparecer antes de que este los evapore literalmente.

Molesto por la estupidez de Morga y Goshe, y para alarma de las gemas que no dudan en esconderse —mirad cómo conoce Jade a Kongo—, el Maestro lanza un grito que destroza las ramas del árbol más cercano. Phos, que en vez de apartarse se pega todavía más a Kongo. ¿Quizás pensó que se le advertía contra el ataque de un lunarian? Los demás actúan con eficiencia y rapidez, quizás más acostumbrados a los ataques de enfado. El caso es que se viene abajo por el impacto, quedando casi en peor estado que sus compañeros.

Mientras recoge los pedazos de Phos —parece que las gemas no sienten dolor al romperse, por suerte—, Kongo nos explica cosas que este ya debería saber, tales como la imposibilidad de darle un trabajo porque es tan frágil que no sirve para nada. Excepto… ¡redactar una enciclopedia! Podemos imaginar la decepción de Phos, que se comporta de una forma directa y casi maleducada con el Maestro en términos japoneses (a nosotros nos parecerá simplemente infantil), por contraste con el resto de las gemas.

Por cierto, es interesante que Kongo no toca directamente a Phos ni a ninguna gema, ni creo que lo veamos hacerlo en general. Siempre interpone guantes o sus mangas.

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Poco después conocemos al médico del grupo, Rutile. Por si la bata no servía para señalarnos su profesión, lo vemos recomponiendo paso a paso a las gemas y aprendemos varios datos (de nuevo, pura exposición); las gemas pueden reconstruirse gracias a sus inclusiones, elementos microscópicos que harían las veces de células. Mientras se tengan todas las partes, o la mayoría, una gema puede vivir sin problemas. Es decir, si recuperasen por ejemplo, gran parte de los fragmentos de Heliodor, la gema reviviría.

Por otra parte, vemos que las gemas no son blancas como tal, sino que usan polvo para ocultar grietas (más adelante sabremos que también es para protegerse del viento o de otros elementos que podrían horadar la superficie de sus cuerpos. Es básicamente como usar crema solar). Y eso nos lleva a hablar de que están clasificadas  por dureza hasta el 10 y Phos está entre las más bajas, un 3.5. Parece casi un motivo de burla por parte de Morga, que es un 7.

Esta clasificación es oficial, sacada de piedras reales, y sirve para orientarnos sobre por qué algunas pelean y otras no. Sin embargo, sigue siendo pura exposición. Los personajes casi nunca se llaman por su número excepto cuando deben presentarse, para que nos hagamos una idea de cómo funcionan sus cuerpos.

Lo más interesante de la discusión entre Morga y Phos sobre la habilidad de este para pelear, porque por supuesto Phos quiere un trabajo más guay que redactar una enciclopedia, es un datito que se suelta de forma natural y que no necesita un una explicación tal cual: «si no hubiera avisado al Maestro, ¡estaríais en la luna!». El recurso de la luna como el sinónimo más parecido a la muerte que tienen las gemas se usa a menudo y sin necesidad expositiva. Y es precioso.

Goshe le ofrece su katana a Phos, que no duda en cogerla y su torpeza hace que casi acabe en pedazos una vez más, porque le pesa demasiado el arma. Se salva gracias a que la pequeña carpeta en la que debe tomar apuntes se interpone entre él y la punta de la espada.

No puedo pasar estas escenas sin comentar el maravilloso trabajo de la seiyuu de Phos (Tomoyo Kurosawa). Para Houseki no Kuni no se hizo en primer lugar la animación y después se puso a los seiyuus a dar su voz, no. La actriz de voz de Phos trabajaba más bien sobre bocetos y luego la animación trabajaba sobre el tono de la misma para que Phos resultara lo más expresivo posible. ¡El resultado es magnífico!

Así pues, Phos acepta con reticencia su tarea. Solo que no tiene ni idea de cómo empezar una enciclopedia y ni siquiera se plantea la metodología con la que debe recopilar datos; su objetivo es encontrar algo impresionante. Goshe lo manda junto a Cinnabar —es importante que Phos comente, incluso antes de señalar que nunca ha hablado con él, que no puede acercarse a Cinnabar—, porque este tiene un trabajo diferente a vigilar el cielo y quizá conozca más cosas.

Desde luego, Phos no habría acudido de no ser por una cosa: Morga le llama Maestro Erudito. Y Phos ya ha encontrado su excusa para sentirse que lo que hace tiene cierta importancia. La verdad es que no era tan difícil, el Maestro Kongo no tiene mucha mano izquierda. Parece increíble que conozcan a nuestro protagonista desde hace 300 años y todavía no sepan manejarlo.

La siguiente escena deja ver tanto que Phos no es amigo de nadie en particular: necesita ayuda, así que vaga y habla con otras gemas, lo que lo lleva a liarse en actividades ajenas. Nadie parece otorgarle importancia a la creación de la enciclopedia, lo que en cierta medida puede ser porque Phos tampoco se la da. Rutile es el único más o menos interesado (mientras carga con una pierna y una mano amarillos, sin duda de Heliodor) y le termina por recomendar lo mismo que Goshe.

De paso, nos brinda información de Cinnabar: se encarga de la guardia nocturna, algo que el resto no puede hacer porque no ve, ya que se alimentan del sol y no son muy útiles durante la noche. El «veneno plateado» de Cinnabar, con todo, tiene un poco de luz y eso le permite patrullar de noche. Una tarea que podría decirse inútil, ya que los lunarians nunca aparecen tras el ocaso. Ante la pregunta de Phos —resulta raro pensar que en 300 años de existencia no sabía esto— de porqué trabaja en algo que no es necesario, Rutile le responde que es la tarea de Cinnabar. Luego le advierte a Phos, para que tenga cuidado.

Es la primera vez que vemos a alguien preocupado por el bienestar de Phos y no parece que se deba solo a interés médico: el veneno deja inservible lo que toca y, por tanto, hay que sacar las partes afectadas. Es algo que Phos ya sabe, pero sirve para que nos cuenten que las gemas albergan sus recuerdos en su cuerpo. Es decir: si pierden fragmentos, pierden memoria. Hasta cierto punto, la serie señala que las vivencias y los recuerdos forman gran, si no toda, parte de lo que somos. Están ligados a nuestra identidad.

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Phos se prepara para hablar con Cinnabar, en una conversación imaginaria que termina con el ultimo convertido en su subordinado para terminar la enciclopedia. Phos está muy obsesionado con que reconozcan su valía.

Benito acaba acompañando a Phos hasta la habitación abandonada de Cinnabar y deja clara la diferencia entre ellos y el susodicho; el veneno es para él como el aire para el resto. Estar cerca suyo le pone nervioso.

Tras entender que la sola existencia de Cinnabar es una molestia para el resto, sorprendido porque haya alguien menos querido que él, Phos intenta comprenderle mientras parte en su busca. ¿Por qué hacer una tarea que nadie reconocerá, por la que nadie lo elogiará?

Por el camino encontramos una mariposa muerta, de color blanco asociado a la pureza, además de hierba muerta. Una imagen clarísima de que Cinnabar es peligroso, una amenaza para la vida y quizá para Phos, ya que se lo identifica bastante con las mariposas.

Al final del día, Phos no ha dado con Cinnabar y se está preguntando si no estará en el océano o el cielo —lugares asociados a otras formas de vida— cuando de improviso aparecen los lunarians, pese a que normalmente no lo hacen a esas horas.

Cinnabar lo salva precisamente con el veneno que destruye todo lo que se encuentra. Al hablar a Phos se dirige él como «3,5», y podemos asumir que Cinnabar está siendo peyorativo, quizá para desquitarse porque Phos está frustrando sus planes, pero lo importantes es que encontramos por primera vez vemos a una gema que lucha y no desea hacerlo. No quiere matar ni dañar a nadie.

Lo cierto es que Cinnabar explicándonos todo palabra a palabra es bastante absurdo y no encaja demasiado con la acción. Luego, sin embargo, pensamos que Cinnabar vive solo. Es decir, que debe estar acostumbrado a hablar en voz alta —igual que Phos—, como vemos cuando murmura que hay que ir a trabajar. Así que una vez se piensa, aunque sea una presentación algo burda para explicar cómo funciona su vida, tiene sentido.

Cinnabar vence con facilidad a los lunarian, pero desgraciadamente da un salto grande que lo precipita hacia el agua, traicionado por un resbalón en su propio veneno. Phos se asoma, empapándose a pesar de que le han dicho que si le toca el mercurio tendrán que quitarle las partes del cuerpo afectadas, y usa su carpeta para que Cinnabar se agarre.

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Por cierto… la cantidad de mercurio que extrae Cinnabar de su cuerpo parece exagerada y hecha solo para efectos de grandiosidad en la escena. ¿No debería afectarle si tiene tanto y lo saca de golpe (es más, lo saca de las manos y estas ni se ven afectadas, como más adelante cuando usar demasiado oro rompe a Phos)? Pero en fin, tampoco merece la pena darle muchas vueltas.

Phos, por supuesto, es incapaz de sostener a Cinnabar y sus brazos se rompen. La caída resulta que no era tan peligrosa y que Phos se ha hecho daño sin necesidad, porque Cinnabar sube al acantilado en el que se encuentran en cuestión de segundos. Sin embargo, es una escena importante porque Phos está… decepcionado. Casi resignado. Como si fuera la confirmación de que no puede hacer nada bien. El silencio tras los violines que despiertan la tensión y el sonido más grave de cuerda, más pesado y que va bien junto a la cámara lenta, para la escena en que Cinnabar se muestra entero y salva a Phos de una caída —sin duda, afectado por el veneno— es maravilloso. No tanto el hecho de que Cinnabar nos cuente que es la gema más débil, algo salido de la nada. ¿No habría quedado mejor que se introdujera a partir de Rutile…?

Porque sale en la siguiente escena, quitando las partes contaminadas de Phos. Un cierto teasing entre ambos que nos habla del miedo que le tienen las gemas a Rutile. En cualquier caso, se ve que se toman sus amenazas lo suficiente en serio como para que Phos se dirija a él con algo de más educación. Y es que la atención al detalle es maravilloso porque hasta las manos de Phos al frotarse suenan a cerámica.

Por primera vez vemos a Phos deprimido, afectado porque alguien se ha hecho daño por su culpa… más o menos indirecta. Cinnabar es más débil que él, está solo y estigmatizado, y aun así hizo algo que odiaba para protegerlo. Y Phos, cuando intentó devolverle el favor, no fue capaz.

Esto lleva a uno de los principales temas de Houseki no Kuni, que es el lugar que te corresponde en el mundo. Los protagonistas suelen tener un papel destacado para poder hacer avanzar la trama, pero Phos está muy al principio del camino… solo que tiene posibilidades. No como Cinnabar, inteligente y hábil, desterrado por su propia voluntad para no hacer daño a los demás. Para alguien como Phos, que tanto quiere algo que le haga ser válido —pero lo quiere igual que un niño anuncia que pretende ser un soldado, porque es lo que le parece guay e importante—, es un brutal golpe de realidad. Uno, cuanto menos, deprimente.

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La serie comienza con Cinnabar porque es gracias a él (y al consejo de Rutile, de encontrarle un lugar en el mundo. ¿No sería eso lo suficiente importante para ambos?) que Phos cambia. Solo que antes necesita saber por qué Cinnabar se pasea por un lugar tan peligroso como donde capturaron a Heliodor.

Como para hurgar en la herida, conocemos a Diamond. Hasta ahora hemos visto gemas bonitas, útiles y al Maestro. Sin embargo, Diamond está a otro nivel. Su aire de seguridad y amabilidad, el brillo de la imagen y hasta su pelo lo sitúan a un nivel completamente diferente de Phos, por no hablar de su personalidad —viene a propósito para asegurarse de que Phos esté bien— lo desmarcan. Y debe doler, justo después de hablar de gente que no tiene un verdadero papel en la diminuta sociedad de las gemas.

Así pues, al día siguiente Phos regresa a la zona contaminada, sin duda para encontrarse con Cinnabar. En su favor podemos decir que al menos está intentando tomar algún apunte para su enciclopedia cuando Cinnabar, irritado, se le planta detrás. Un detalle es cómo su mercurio cambia, ahora que está molesto, y no es tan fluido como una bola de espinas. Al final, Phos le impreca que qué hace en una zona tan peligrosa (mirad quién fue a hablar) y Cinnabar responde en un precioso plano bajo la luna que esperaba que se lo llevaran a la misma, donde al menos tendría un lugar y alguna posibilidad de ser… útil. Cinnabar deja salir su resignación casi en un susurro, mientras el mercurio vuelve a su estado más habitual:

—Debe ser agradable que hasta tus enemigos te deseen.

Y ahí, Phos cambia para siempre. Una mariposa se detiene en su mano. En términos simbólicos, las mariposas significan el cambio —y si recordáis, vimos a una mariposa muerta por el veneno de Cinnabar, lo cual también habla por sí solo respecto a sus posibilidades de salir del ciclo en el que está encerrado—. Phos intenta que Cinnabar trabaje con él pero, por supuesto, Cinnabar se niega. Es peligroso. Así que Phos le jura que le encontrará algo más divertido en lo que trabajar y hasta lo vemos después soñando con ello, mientras se lamenta por lo tonto que es Cinnabar.

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Cinnabar parece incapaz de dejar a nadie entrar, pero cuando encuentra la carpeta de Phos, donde está una página con las marcas de sus dedos (Phos podría haberla quitado), Cinnabar se viene abajo. Por una parte vemos cómo Phos renuncia a su enciclopedia y por otra, Cinnabar atesora la promesa de Phos a pesar de que no quiere confiar, que no quiere tener esperanzas. Para resaltar su aislamiento, vemos que hasta para coger la carpeta tiene que aislarse poniéndose un guante.

Pero lo que importa es que alguien ha deseado que no muera —a pesar de que las gemas no mueren, la pérdida total de la conciencia es lo más similar que pueden encontrar. Es decir «ir a la luna» es su forma de decir «muerte»—. Alguien ha irrumpido en su rutina de desaparición, alguien sincero y tontorrón como Phos.

Houseki no Kuni termina con el opening que nos acompañará el resto de capítulos y cierra así un episodio introductorio con muchos, muchos detalles e información interesante. Tanto que un par de visionados extra seguramente arrojen mucha luz sobre detalles de los que no nos percatamos en un primer momento. Quizás hasta alguna posible sobreinterpretación, como la luz a la que avanza Phos al final del opening, que podría llegar a parecerse a las formas de los lunarian en el hielo.

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture.

2 comentarios en “Analizando Houseki no Kuni #1. ‘Phosphophyllite’

    • ¡Muchas gracias por leer y comentar! Hôseki es muy, muy interesante. Espero que si curioseas otros artículos te gusten también.
      ¡Que pases bien!

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