Analizando Berserk. Capítulo 10: La Edad de Oro (II)

Mataste a Shisu.

¡Analizando Berserk, capítulo 10, ha llegado! Y no es un capítulo agradable.

Dejamos a Guts a punto de ser violado por Donovan, y ahora toca hacer frente a esta terrible experiencia… De modo proceded con mucho cuidado, porque vamos a hablar de violaciones.

Donovan amordaza a Guts y le dice unas palabras estremecedoras:

—No te voy a comer, chaval… Tú tranquilo, acabaré en seguida. En el ejército esto es el pan nuestro de cada día.

Es decir, ríndete. Acéptalo. Así dolerá menos.

Pero Guts ha sido un rebelde, un superviviente, desde que nació. Así que le encaja un codazo a Donovan, le da una patada en la entrepierna y está a punto de conseguir armarse. Por desgracia, es difícil competir con un hombre de su tamaño, que sin duda está acostumbrado a lidiar sin un pestañeo con golpes peores a las patadas de un niño pequeño.

Pero además de fuerte, Donovan es astuto y se asegura de desarmar a Guts psicológicamente.

—¡Deja de menearte tanto! ¡Que Gambino ya ha cobrado, joder! Eres mío para toda la noche. A cambio de tres monedas de plata. Gambino te ha vendido, chico.

Guts deja de rebelarse, incapaz de asimilar lo que acaba de escuchar. Donovan aprovecha para terminar de amordazarlo y, a partir de ahí, ni siquiera tiene que atarlo para asegurarse de su sumisión. Guts está, metafóricamente, ahogándose en sangre mientras ese hombre le repite que la persona a la que identifica como su padre, con la que por fin creía haber conectado, lo ha vendido para que lo violen durante toda una noche.

Pero antes de hablar de cómo marca esto a Guts, quitémonos de encima el porqué las violaciones de Berserk son fetichistas y podrían no serlo si a Miura le apeteciera hacerlo bien.

Esta violación es la prueba.

Cuando quieres hacer algo para el personaje, y no para el lector, te centras… Vaya, en el personaje. Solo hay que leer este pasaje para notar que Donovan siempre aparece arriba, grande, fuerte, como una pesadilla que ha materializado la noche para atormentar a Guts. Le percibimos a través de los ojos de un crío.

Por otro lado, Guts está desnudo no por fanservice, sino para enfatizar su vulnerabilidad. Miura, por desgracia, no tiene problemas en acercarse al fetichismo con las niñas (mirad las posturas de Theresia en los capítulos anteriores, o… leed Gigantomakia) o con los personajes hermafroditas como ocurre en Duranki. No ha llegado, todavía, al punto del lolicon, pero poco le falta. Espaldas arqueadas, pechos infantiles enfatizados, rostros sonrojados mientras los personajes ponen posturas antinaturales… Y, por supuesto, Mirada Masculina con abundantes paneles enfocando partes del cuerpo que, definitivamente, no representan el punto de vista del propio personaje.

Aquí, en cambio, Guts siempre goza o bien de planos de cuerpo entero, o de planos próximos a su rostro para que veamos sus emociones. Lo que importa es él, su mente rompiéndose bajo este abuso, no su cuerpo. Hasta el momento en que se consuma la penetración está mostrado desde lejos, divorciándose del cuerpo de Guts (envuelto, dominado, por el de Gambino, que le cubre para que no veamos nada «problemático» del niño), resaltando la atmósfera lúgubre, negra, para que nos centremos más en las emociones. Nada de enfatizar con láseres de luz la penetración, o de verle la cara cuando el dolor (o el placer, quién sabe siendo Miura) lo invade contra su voluntad.

No.

Esta violación es una que le quiebra la personalidad, la confianza, que derriba las poquísimas convicciones que tenía en su vida.

Es una «buena» violación porque no es sexual. Y las violaciones, aunque inevitablemente son sexuales debido al modo en que se realizan, no son por el sexo, sino por el poder de imponerse a los demás y establecer una jerarquía. La violación es un castigo, es una lección, o es emplear a una persona como si fuera una cosa, deshumanizándola. Hasta quien viola a una persona a la que nunca piensa volver a ver lo hace porque se impone por la fuerza, por el placer de poder hacerlo. De lo contrario, obtendría sexo consentido.

Así que Miura sabe hacer bien las violaciones.

El problema es que no extiende esa delicadeza a sus personajes femeninos y lo reserva para los masculinos. Por ejemplo, puede reducir el acto a menos de… ¡wow! ¡UN PANEL! ¿Cuántos tenía Casca? No lo sé, ya los contaremos, pero os aseguro que muchos, muchos más. Y cualquiera diría que es el protagonista quien debería sufrir durante más rato…

Y entonces vemos a Guts. Tumbado, destrozado, con la mordaza alrededor del cuello casi como una soga y la mirada perdida, el cuerpo amoratado.

No-necesitamos-más. Es suficientemente horrible así.

La siguiente vez que aparece en escena está cubierto con una manta y atención a ese detalle: no se viste, no tiene fuerzas para eso, pero ha reunido las pocas energías que le quedaban y se ha cubierto. No se permite desnudarse después de lo que ha pasado. Además sujeta su espada con firmeza, con fría rabia. Va a plantarle cara a Gambino, que actúa como de costumbre. No dice una palabra sobre los moratones, sobre el aspecto de Guts. Le manda a ocuparse de sus tareas diarias e interpreta que lleva su arma porque quiere entrenar.

Esto descoloca a Guts porque es un niño. No está acostumbrado a esa clase de falsedad. Además, quiere una confirmación, pero a la vez le da terror obtenerla.

De modo que opta por guardar silencio y aferrarse a la posibilidad de que Donovan mintiera.

Pero, ah, tampoco se ciega a ello.

Cuando Gambino guía a sus mercenarios a atacar una línea de soldados derrotados, porque Miura no quiere refocilarse en las ideas de que los mercenarios son héroes románticos (eso se lo guarda para la Banda del Halcón, que tiene que ser excepcional para que su caída duela más), Guts cruza la mirada con Donovan. Y el hombre le sonríe.

El desgraciado no sabe que acaba de firmar su sentencia de muerte.

Miura nos permite ver cómo Donovan disfruta de matar a gente y entonces, mientras está disfrutando del subidón de adrenalina, Guts lo pilla completamente desprevenido. A distancia, con una ballesta, de forma que pueda asegurarse de que no falla y que Donovan no le pueda poner una mano encima.  Pero, eso sí, Guts se deja ver. Quiere que Donovan le vea. No hay regocijo en sus ojos, solo una fría determinación. Se acerca con el propósito sonsacar la «verdad» a Donovan, pero no soporta escucharle hablar, ni tampoco pretende arriesgarse a que pegue un grito de alarma… Así que le encaja una nueva flecha en la boca.

Normalmente eso te mataría, pero no me voy a quejar de ver sufrir a Donovan.

Es difícil… entender lo que debe estar sintiendo Guts. No es solo que Gambino permitiera que le hicieran daño, sino que lo ha tratado como un prostituto y, de paso, ha salido beneficiado económica y emocionalmente de su sufrimiento. Dudo que Guts sea lo suficientemente mayor para comprender el concepto de que Donovan le consideraba propiedad de Gambino, pero toda esperanza de ser una suerte de hijo, un igual (oh, VAYA, no es como si esto fuera recurrente en Guts) se ha desvanecido.

Y aquí es cuando vemos que Guts no está tan controlado como quiere aparentar. Si pretendes arrancar una confesión no sueles disparar a la boca de tu víctima, ni tampoco meter una espada dentro de la misma. Es una demostración muy, muy real de los sentimientos contradictorios que está experimentando. Por un lado quiere que Donaban hable; por otro, no quiere que le confirme sus temores, de modo que emplea la espada tanto como amenaza como para impedir que se exprese con claridad. Como es un niño, intenta engañarse, mantener viva una mínima esperanza de que todo sea una equivocación. De que Donovan estuviera mintiendo. Con Griffith ocurrirá algo similar, si bien Femto se encargará de que toda lealtad quede destrozada.

Por supuesto, la escena también puede interpretarse como una inversión de roles. Cuando Guts se quedó solo en la tienda tenía moratones alrededor de la boca y, que hayamos visto, Donovan no le golpeó en la cara. Puede que se trate marcas de la mordaza, pero probablemente sean producto de algo más siniestro. Que Guts emplee un arma fálica para hacer daño por un orificio no es muy sutil.

—Dilo. ¡¡Dilo otra vez!! ¿¡Quién me vendió!? ¡HABLA!

—…Gam…

—¡¡DILO, JODER!!

Y entonces hunde la espada, asesinando a Donovan.

¿No escuchó el inicio de confesión porque estaba ocupado gritando, o no quiso escuchar y por eso lo ejecutó? No lo sabemos, pero Guts desde luego no se siente triunfante, ni vengado, cuando retrocede entre jadeos. No hay la menor satisfacción en su expresión.

Y entonces, casi como si fuera una respuesta a cómo la imagen que Guts tenía de él, de un hombre invencible e inalcanzable, se resquebraja, el jefe mercenario acaba gravemente herido.  Mientras yace, Guts acude al lado de su cama y hace una reflexión horrenda, con una mirada que no debería tener ningún niño:

Siempre me miraba por encima del hombro… Socarrón, egoísta, frío… Con una permanente sonrisa burlona en la cara.

Guts se toca la cicatriz de la nariz. No piensa en la pomada, sino en cuando Gambino le cortó.

Está a punto de romper con su figura paterna. De verdad que lo está.

Pero entonces Gambino, acometido por la fiebre, empieza a llamar a Shisu en sueños.

—…era… Espera… No te mueras… Shisu… Pronto estaré en casa…

Y extiende una mano, buscándola.

No solo es la primera vez que lo vemos así de vulnerable, sino que Miura descarga un martillazo emocional porque nos revela que Gambino quería a Shisu. Que lleva años arrepintiéndose de no haber estado a su lado cuando murió.

Y Guts, que estuvo con Shisu comportándose como un adulto, decide quedarse con Gambino y ocuparse  también de él

—No pareces tú. Pareces otra persona. Joder… Gambino.

Gambino es su mundo, su padre, su todo. No es tan fácil escapar, y menos cuando todavía alberga esperanzas de que parte de ese amor, de ese reconocimiento, pueda tocarle… Aunque sea de refilón.

Be ready, Guts. No será la última persona que se vaya perdiendo a sí misma de la que tendrás que hacerte cargo.

Dos años más tarde, a los once, Guts es un virtuoso del combate. Lucha a caballo sin problemas, desconcierta a caballeros aprovechando su corta estatura y destroza a sus enemigos sin parpadear. La muerte ya es una parte totalmente integrada en su vida, y por eso puede correr feliz a por Gambino como si creyera que va a tener un buen recibimiento. Vista la decepción que se lleva Guts, me inclino a considerar que Gambino tiene episodios depresivos y, dependiendo de en qué momento se encuentre, trata mejor o peor al chico. Simplemente, la historia nos ha trasladado a la pura decadencia sin frenos, a un momento tan irónico que duele, porque Guts se ha convertido en el adulto de la relación. Es él quien lucha, quien trae el dinero y asegura la comida, el vino y las prostitutas de Gambino.

Lo cual es, desde luego, una pesadilla para Gambino. Un hombre orgulloso y arrogante criado en este tipo de sociedad solo puede engañarse durante un tiempo. Entre tanto, si no puede representar su papel de macho y tiene que cuidarle un crío, entonces volcará en él tareas imposibles para demostrar que no está a la altura. En vez de facilitarle la tarea, Gambino se la complica para aplastarle y sentirse al menos por encima de él, ya que ha caído muy hondo debido a su discapacidad. Y el mundo de Berserk es de todo menos amable para quienes no tienen un cuerpo varón apropiado… Y aun con esos se ceba con ganas. Pero si no necesitamos ir muy lejos para comprender que lo que Gambino está haciendo es mezquino, va más allá de que se haya convertido en una víctima. No tenemos  más que mirar a Guts, que también perderá un miembro, pero que aprovechará su desventaja para convertirla en un inesperado comodín al conseguir un mecánico que le construya un cañón disimulado. Gambino, en cambio, se rinde. Se apoltrona, se corrompe, pierde todo su ímpetu porque se estanca. Se niega a una vida más allá de mercenario, de la que aparentemente ha conocido desde siempre. Insiste en mantener ese rol de jefe mercenario a pesar de que todos, él incluido, saben que ya no está capacitado para ello… Porque Gambino no pretende ser un jefe estratega o un negociante, no. Se convierte en una gloria pasada que era un verdadero «señor de la guerra».

Podría dar lástima de no ser porque todos sus motivos para venirse abajo son totalmente internos. Nadie entre los mercenarios parece tratarle mal ni faltarle realmente al respeto. Es Gambino quien ha decidido caer hondo y comportarse de la forma más mezquina posible con la única persona que le quiere.

Así, cuando Guts no está a la altura de sus expectativas, lo ataca para ponerlo en su sitio y es tan bestia que la mitad del campamento se queda mirando en silencio desaprobador. Y Guts… Guts podría irse, pero obedece. Gambino debe pensar que es porque se ha impuesto. La realidad es que Guts lo hace porque le quiere.

Es la propia actitud de Gambino la que provoca que los mercenarios comiencen a murmurar a espaldas del hombre. Y, en lugar de tomar nota, Gambino se comporta como buen macho resentido y alimenta su ego retándolos a cargar contra él. Fijaos, por cierto, en que nunca se separa de su espada, igual que Guts. Dice bastante de su mentalidad. En fin, como los hombres no se enfrentan a él siente que todavía tiene pedigrí, que aun le temen. Lo cierto es que… simplemente ha sido su jefe durante tanto tiempo que hay un asomo de camaradería entre todos… y lo veremos cuando quieran vengarse de Guts. Claro que también hay una sensación de jerarquía. Gambino es el jefe. Inteligente, fuerte. Le obedecen porque ganan dinero con él, no porque les de miedo. Insisto, si quisieran podrían irse. ¿Quién iba a detenerles?

Pero Gambino no ve nada, cegado por su propia impotencia.

—Si ni siquiera tenéis huevos para atacar a un tullido más os vale mantener la boca cerrada.

La forma de referirse a sí mismo es insultante, ableísta. Cada vez que no puede hacer algo, se recuerda que está por «debajo» de los demás, que ya no puede ser como antes. Uno esperaría que entre los mercenarios hubiera una sensación de camaradería porque acabar sin un miembro son gajes del oficio, pero eso no va con Gambino, no. Es más fácil odiar y redirigir sus emociones hacia la víctima más sencilla que tiene a mano. Hacia la víctima que se deja golpear. Por favor, no hay ninguna sutilidad en cómo se compara a Guts con el perro de Gambino. Los dos quieren a su amo a pesar de que es un cabrón, y corretean tras él porque es lo único que conocen… Y esperan que la próxima vez no les patee.

Además, que las similitudes visuales de Guts con un perro comenzasen tan pronto es un buen detalle, así como el hecho de que Guts sea incapaz de lidiar con el dolor. Le vemos llorar, pero canaliza esa desesperación en forma de rabia, por lo que emprende desde muy joven un camino autodestructivo. Demodelor. Uno que acabará extenuándolo emocionalmente.

Esa noche, en medio de una tormenta simbólica porque una lluvia torrencial no podría ser más representativa de lo que siente Guts, mientras el niño se intenta convencer para no pensar más en Gambino, sino vivir el día a día, matar a muchos enemigos y ganar dinero…

Otro hombre entra en su tienda.

Me parece curioso que Guts no durmiera con la espada encima. Quizá sea una excepción a la regla para permitir que Gambino tenga tiempo de torturarle emocionalmente, o… O que Guts se sentía fuerte, a salvo tras haber matado a Donovan y ser el responsable de Gambino, convencido de que este no le había traicionado.

Pero sí lo hizo.

Y ahora revela el monstruo que es.

Su figura, su rostro, la forma en la que se perfila contra la entrada… Todo  deja claro que viene a matar, a hacer daño, que es una pesadilla aún peor que Donovan. Personal. Traicionera. Y aunque podríamos imaginar que estaba borracho, es evidente que está dolorosamente sobrio. Aunque haya sufrido una caída que lo ha terminado por romper, pero es muy consciente de todas sus acciones.

Lo que más duele es cómo, aunque Guts se salva por unos centímetros de acabar cortado en dos, no ataca, no reacciona. Es incapaz de procesar lo que acaba de ocurrir. Puede que, insensibilizado tras años de maltrato, su mente intente minimizar de inmediato lo que acaba de ocurrir. Así que se queda temblando en un rincón, mirando a Gambino con ojos desorbitados, alerta, y pregunta:

—Qu… ¡¿Qué te pasa?!

Gambino despliega una sonrisa alienada, estremecedora por lo demente que resulta.

—La cagué bien cagada. Mira lo que me ha pasado por haberte adoptado. Creía que la palmarías de buenas a primeras. Joder, eras un maldito bebé famélico. ¿Y en cambio qué? Quien palmó fue Shisu, que te recogió, y yo perdí la pierna, así que ya no sirvo para mercenario. ¡No tiene puta gracia! ¿Qué tienes contra mí, eh? ¿Así me pagas por mi buena voluntad? ¿¡Qué coño tienes contra mí!? ¡Dímelo!

—Gambino… ¡Yo…!

¿Recordáis que este hombre no era supersticioso y se reía de los mercenarios por serlo? ¿Cómo ha podido llegar a este punto?

Hay dos posibilidades. Por un lado, que los rumores acerca de Guts nunca murieran y que, abrumado por las tragedias, empezara a prestar oído y a dejarse influenciar. La otra es que Gambino no sabe lidiar con sus pérdidas, de modo que se aferra a lo fácil, a lo que siempre se ha murmurado. Guts trae mala suerte. Qué más da que ir de en asedio en asedio, los lugares donde más fácilmente va a surgir la peste, terminara por afectar a la mujer que querías. ¡Es cosa de Guts! Y, vaya, quién iba a decir que un mercenario se arriesga a perder la puñetera pierna. ¡No, es culpa de Guts! ¡Gambino solo tenía buenas intenciones al adoptarlo y el maldito niño le ha jodido la vida!

Lo más interesante es que no deja que Guts intente excusarse (claro que cómo va a hacerlo en esta situación. ¿Qué puede decir?). Igual que Guts no quería escuchar a Donovan, aquí Gambino le interrumpe porque este es su momento. Es su rabia, su pérdida, y Guts no tiene lugar como persona, solo como antagonista.

—Eres hijo del demonio, Guts. Un niño maldito que atrae la mala suerte. Deberías haber muerto. Sí, hace once años, a los pies del cadáver putrefacto de tu madre.

Gambino es escoria.

Que una figura paterna te diga que no deberías estar vivo es una traición monstruosa, una puñalada casi mortal. Y lo peor es que Gambino lo dice en serio. Guts jamás podrá racionalizar o superar este momento, no del todo, y es a partir de aquí que empieza a abalanzarse de cabeza a la muerte.

Aun así, hay que concederle a Gambino que esto parece ser fruto de una lenta y progresiva caída. Si hubiera odiado tanto a Guts desde el principio, si lo hubiera culpado de la muerte de Shisu, si hubiera creído que no traía más que mala suerte… No le habría costado nada abandonarlo. O matarlo.

Otro tema distinto es la posibilidad de que Guts que atraiga la mala suerte. Como creo que es muy pronto para sentarse a hablar de ello, os dejo por aquí un artículo que habla sobre ello, desarrollando la causalidad que envuelve a los personajes y que arrastra a Guts a ser un sacrificio de Griffith.

Como si la pesadilla de Guts no fuera suficientemente horrible, Gambino busca, igual que hizo Donovan, destruir sus defensas con un ataque psicológico que solo puedo describir como malévolo.

—Voy a confesarte una cosa. ¿Recuerdas la noche de tu primera batalla? Donovan te compró, ¿sabes? Por tres monedas de plata. ¡Yo te ofrecí!

Antes comenté que Gambino era un paralelo fascinante con Griffith y aquí está la prueba más rotunda. Gambino sacrificó a Guts, igual que en el futuro hará Griffith. La diferencia más importante en términos emocionales, aparte de que Guts forme parte de un conjunto de personas sacrificadas, es que los demonios no le violarán a él, sino a Casca, porque hay que cuidar del ego de los lectores masculinos. Da igual que Guts literalmente no pueda competir físicamente con muchos de los Apóstoles y que al final quede inmovilizado. ¡Una violación no podría pasarle a un hombre!

También está la posibilidad de haber pasado el Eclipse sin violar a nadie, claro, pero para qué.

Guts se niega a creer lo que ha dicho Gambino. Es una reacción lógica. Sin embargo, estoy casi convencida de que ya lo había aceptado  hace mucho tiempo, aunque jamás lo reconociera en voz alta, y por eso pregunta, tras tantos años, el motivo. Es lo único que le falta para rendirse a la evidencia.

AY, POR FAVOR, NO ME HAGAS ESTO MIURA, QUE SE ME ROMPE EL CORAZÓN.

—¿Por qué…?

—¿Y lo preguntas? ¡Porque me tocabas los cojones, niñato! Mataste a Shisu. ¡¡Y rondabas a mi alrededor como un puto perro faldero!!

Sigue un silencio mientras Guts tiembla y se desmorona. Y, lo más importante, Gambino mira. No aprovecha para matarlo, sino que se regodea en verle llorar.

Mala suerte para él haberle enseñado tan bien. Igual que hace años, cuando no soportó más el maltrato y demostró que tenía la fuerza de vencer a adultos y de rebelarse en un momento de furia, ahora Guts reacciona.

Solo que esta vez atraviesa el cuello de Gambino.

Y el cabrón se lo merece.

 

Ojos destrozados

2

Gente partida por la mitad

0

Niños muertos

0

¡Que el viento sople a vuestro favor!

  • Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture. También escribo relatos (cuando puedo) y he publicado algunos que podéis encontrar en Goodreads.

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dorameg
dorameg
18 días

Gambino es, casi sin dudarlo, el peor padre que uno se pueda encontrar en los mangas…qué horror!. AMO con locura tus análisis de Berserk, soy tu fiel lectora siempre, mil gracias Suzume!!