Amor y esperanza en los YoRHa Boys de ‘NieR: Automata’

Amor y esperanza en los YoRHa Boys de ‘NieR: Automata’

Nos volveremos a ver...

El Ejecutor en la sombra


La historia de 2B y 9S era una que hablaba de un ciclo eterno de destrucción; 9S se volvía demasiado curioso y 2B debía eliminar su conciencia actual y volver a empezar de cero cada vez que se reinstauraba su personalidad. Así, se volvían amigos, 2B apreciaba la personalidad alegre y curiosa de su compañero y, demasiado tarde, debía repetir el ciclo. Uno de amor, tanto si queremos considerarlo platónico como romántico.

Amor es también lo que empieza a surgir entre No.2 y No.9. La elección de sus nombres no es casual, ni tampoco sus papeles, el desarrollo de su historia y el mensaje que se lanza al final.

No.2 entra a la historia metido en una gran caja que han encontrado miembros de la Resistencia, casi a mitad de la historia. Es decir, desde el principio supone una incógnita porque no sabemos qué hay dentro. «¿Un gato vivo o muerto?», nos preguntaría Schrödinger con una sonrisilla. Nosotros deberíamos plantearnos si es un amigo o un enemigo. 

Por lo que sabemos, se nos cuenta que No.2 debió ser parte del escuadrón M001 —podemos imaginar su destino, dado que ya no están activos y sabemos para qué se usa a los androides masculinos en el mundo de Automata—, pero por un «problema» se lo trasladó al M002. ¿Qué problema? Bien, por supuesto, los altos mandos sospechaban que en el M002 hay insurgentes que pretenden no obedecer los planes de constante y desdichado sacrificio. Uno que podemos intuir, después de haber visto a los personajes que albergan un claro resentimiento hacia los altos mandos.

Cuando la caja se abre y cae su cuerpo inactivo, Black comienza a sospechar de sus intenciones, pero aún así revive a nuestro gatito muerto y, por tanto, empieza la cuenta atrás para la destrucción de su equipo.

¿Ante qué nos encontramos? Pues ante un personaje (genderizado como hombre) que puede tratar todo aquello que no se permitió profundizar con 2B (genderizada mujer). Lo cual es problemático porque 2B, al buscarse el drama y la sorpresa, casi nunca tuvo agencia propia y mucho menos nos asomamos a su interior. Queda muy superficial en comparación con 9S o A2. Este no va a ser el caso de No.2 que, insisto, es un paralelo descaradado de nuestra protagonista. Solo que sin el fetichismo.

Por eso su relación es con No.9, que a su vez es un reflejo de un 9S menos hostil y más dulce. Así, para que duela más.

Yoko Taro adora el tema de la muerte y el castigo que deben sufrir quienes asesinan indiscriminadamente. Pero si en sus anteriores juegos teníamos a aparentes héroes sin tacha que mataban humanos sin saberlo, solo porque eran distintos, —Nier—, luego a psicópatas bienintencionados —Zero— y directamente monstruos —Cain—, ahora tenemos a víctimas del sistema.

La historia de No.2 es una cruda e irónica: la existencia de las YoRHa, de una forma u otra, está condenada a la extinción cíclica. Sus mismas Cajas Negras los condenan a ser desechables por el resto de androides al estar construidas a base de núcleos de Máquinas. Así pues, ¿qué sentido tiene su trabajo, eliminar a muchachos amables como No.9? ¿De qué sirve, si de todas formas los YoRHa están construidos para ser experimentos de campo de batalla y siempre serán infectados y destruidos por los enemigos?

Es una tragedia, una pantomima, una patada a los sacrificios de la guerra porque al final siempre acaban muriendo buenas personas.

Por eso el amor es tan importante en NieR: Automata. Un amor que habla de esperanza y de posibilidad de romper el ciclo.

No.2 se junta con No.9, ve su inocencia y pureza, y envidia que pueda mantenerse en un estado tan «limpio» de pecado. Es su completo opuesto, un niño valiente, fabricado para curar y mantener a otros androides. Y, como no podía ser de otra manera en una historia como Automata, los opuestos se atraen. No.2 sabe que debe matarlo, pero no se atreve. A pesar de todas las muertes que arrastra consigo, a pesar de todos los compañeros de los que se ha deshecho, No.9 se convierte en un muro insuperable para No.2.

Cuando va a matarlo, no es capaz. En su lugar se echa atrás, vacila, y al final pregunta… ¿Qué haría No.9 si viviera en un mundo sin guerra?

La respuesta de No.9 es inocente, abierta, cándida. Lo que nos esperábamos. La verdadera pregunta implícita es: ¿qué haría No.2, que ha nacido para matar a los suyos, si no existiera la guerra contra las Máquinas? Ni él ni 2B luchan por la Humanidad, sino por el exterminio de su propia gente.

Por eso, para ellos, el fin de la guerra podría ser la primera chispa de esperanza al romper el ciclo si fueran capaces de ver más allá del propósito para el que han sido programados. Debido a que tienen emociones, la posibilidad de escapar… existe.

Nos volveremos a encontrar


Sin embargo, No.2 no cree en huir a un lugar donde YoRHa no pueda encontrarlos. Sus manos están demasiado manchadas. Su conciencia sufre demasiado. No quiere huir lejos, quiere acabar con todo. De modo que escoge la vía del suicidio como segundo acto de rebelión contra los altos mandos. Se niega a matar a un amigo.

Pero una sola rebelión no significa nada frente a todo un sistema, como nos demuestra el Stage Play. A petición de No.2, No.9 intenta borrar sus datos, un trauma intenso para él, puesto que está programado para cargar datos de sus amigos y mantenerlos así vivos… Pero, como explora la obra, «recargar» a un androide con los datos guardados significa matarlo un poco. Es el conflicto al que se enfrentaban los gemelos 21 y 22 cuando no quieren afrontar la desaparición de momentos no cargados en la memoria back-up. Porque ese fragmento de vida que ha vivido, se ha perdido. ¿De qué servimos si perdemos constantemente partes de nosotros mismos? 

Para enfatizar aún más esta diferencia, tanto 9S como No.2 topan con un mensaje pregrabado de sus intereses románticos antes de que encontraran la muerte.

El de No.2 es mucho menos corto y bastante más filosófico que el de 2B a 9S. En él se pregunta dónde estarían las almas… si es que los androides pueden poseerlas. Siento vibraciones de Ghost in the Shell. Como ya hemos mencionado, No.9 es un Sanador y «guarda» memorias de los diferentes personajes. Por supuesto, tiene también datos de No.2. ¿Acaso eso su alma? No lo sabemos pero, sin lugar a dudas, era su ser más reciente.

No.2 pide a No.9 que borre esos datos y los haga desaparecer.

Nadie podrá reusarlo para matar a más personas. Sus datos no servirán de ayuda a los altos mandos. Su vida habrá concluido, no será más un juguete del destino.

Una total inversión de la relación de 9S y 2B, donde vemos a 9S llevado a su extremo en una explosión de violencia posesiva, sexista y sexual contra los cuerpos de 2B. 9S se niega a dejarla ir. No.9 opta por aceptar el sacrificio de su compañero.

¿Podríamos hablar de la tendencia a fetichizar el sacrificio femenino vs el respeto y compañerismo entre hombres o amantes masculinos? Desde luego. Taro adora Evangelion, donde tenemos un claro ejemplo entre Shinji y Kaworu vs la relación de Shinji con todas las mujeres de la serie, y esta idea se refleja dolorsamente a lo largo de todas las obras del autor. Pero no es el sitio ni el lugar para explayarse, de modo que tendrá que quedar en mera reflexión.

Tanto 2B como No.2 se sacrifican por sus Nines, hartos del ciclo de muerte y repetición que los persigue. 2B ha desarrollado sentimientos más profundos por 9S en base a conocerse durante más tiempo, pero No.2 es más fuerte que 2B y decide que no quiere formar parte del sistema en vez de plegarse a él y esperar a que una circunstancia externa lo destruya. También es cierto que No.2 recibe la orden de matar a un chico que no está infectado por el virus de las máquinas, mientras que 2B solía tener motivos para detener a 9S.

Pero No.9 simplemente actúa por piedad.

—Incluso si no lo haces, estoy seguro de que algún día… Nos volveremos a ver. Hasta entonces, esto es una despedida. Adiós…

No.9 se arranca la venda de los ojos, como hace 9S, y llora. Llora por No.2 mientras suena The end of YoRHa.

Y entonces el deseo de No.2 es destrozado.

La autoridad no iba a permitir que No.2 desapareciera sin más, por lo que sus recuerdos se almacenarán y emplearán para futuros proyectos. No solo eso, sino que la voz que niega el control a No.9 nos informa de que todo ha sucedido «de acuerdo a las predicciones». ¿Y cuáles son esas? Que a pesar de emplear Sanadores en el equipo, la mezcla de distintos tipos de YoRHa Boys no es viable porque encuentran problemas para cooperar entre sí como contraste con los modelos femeninos. Dejemos el flagrante machismo (qué miedo que lo hereden hasta los androides) de lado para centrarnos en la tragedia del asunto: No.2 siempre estuvo preparado para destruir a sus compañeros porque todas las acciones de estos eran una última prueba para sobrevivir. Y a pesar de su negativa a perpetuar el ciclo utilitario del Búnker, a pesar de su intento de suicidio, las cosas continuarán tal y como los responsables habían establecido.

Todos los modelos masculinos son reasignados como tipo Escáner y el resto… Podéis imaginarlo. A partir de ese momento solo se fabricarán androides femeninos.

Tal y como dice No.9 entre lágrimas:

Entonces todo este tiempo solo hemos sido conejillos de indias. No.2 ha pasado por todo esto para…

Su muerte y desaparición estaban previstas.

Muerte, amor y esperanza


Para cerrar la historia de No.2 y No.9, aparte de volver a hacer una comparación entre 2B y 9S, me gustaría mencionar que los actores de No.2 y No.9 insisten en que un día se encontrarán. Yoko Taro jamás ha tenido problemas en representar personajes homosexuales, como Emil, y el tono del Stage Play de los YoRHa Boys es muy agresivo en temas equivalentes al sexo y a la violencia. En el artículo anterior mencioné los evidentes acercamientos de depredador entre No.6 y el Instructor Black, y aquí no iba a ser menos.

Porque la relación entre No.2 y No.9 es exactamente igual a las de sus contrapartes del juego. No solo eso, sino que sienta el precedente de la historia de 2B y 9S, condenados a vivir siempre juntos, con uno perdiendo la memoria y la otra asesinándolo sin descanso. 2B podría haber abandonado su puesto, o exigir que se le borraran las memorias para actuar con mayor eficiencia, pero siguió siempre al lado de 9S a pesar del dolor, porque se preocupaba y le quería.

De haber sido uno de los dos un modelo femenino, no se habría puesto en duda que la suya es una historia de amor.

Por suerte para ellos, es una mucho más sano, menos sexual y visceral que la de la otra pareja. De modo que, si en el juego encontramos un mensaje de lo devastador que puede llegar a ser el amor y la obsesión, en esta obra flota una idea más amable, más esperanzadora: una que habla del sueño de vivir en paz, lejos del campo de batalla, y de un futuro reencuentro.

Todas las historias alrededor de NieR y Drakengard hablan del horror de los ciclos de violencia, que se perpetúan de forma inevitable y arrastran consigo hasta a los más inocentes. Drakengard nació de ideas acerca de si una persona que disfrutaba encarnando a un protagonista que mata a diestro y siniestro por el mero placer de matar… merece un final feliz:

La razón por la que creaba finales que terminaban en muerte es porque, hasta ahora, he creado juegos donde matarías a muchísimos enemigos, pero siempre he sentido que no está bien que el protagonista alcance un final feliz después de que haya asesinado a tantísimos enemigos durante su viaje. Es por eso que en Replicant y Gestalt, o mis títulos anteriores, el protagonista básicamente terminaba muriendo porque no sentía que mereciera un final feliz. Pero en NieR: Automata, 2B y 9S, para cuando les dimos vida, ya habían matado a numerosos enemigos, pero también habían sido asesinados muchas, muchas veces, y regenerado otras tantas. Se han estado matando el uno al otro, lo cual descubres solo al final, muchas, muchas veces. Así que sentí que aquello los había purgado de sus pecados por matar tantos enemigos, y sentí que un final feliz era más apropiado para esos dos.

Como han analizado muchos fans, las máquinas y los androides están absurdamente obsesionados con los humanos. Las máquinas quieren tener hijos, los androides pueden imitar embarazos, y el mismo concepto de la muerte seduce a Adam lo suficiente para abrir una brecha en sus defensas para que 2B pueda asesinarlo. Los androides y las máquinas buscan un dios, unos padres que se ocupen de ellos. Las máquinas se bautizan a sí mismas con nombres de filósofos y, una tras otra, caen víctimas de los conceptos que estos sabios y sabias trataron en vida… Porque no son capaces de entenderlos en un contexto. No son capaces de evolucionar. Las máquinas repiten los errores de los humanos una y otra vez.

Esa es la gran pregunta de NieR: Automata. ¿Vale la pena revivir a 2B y 9S, si van a cometer los mismos errores y acabar del mismo modo?

En general, las respuestas son algo que queda en manos del espectador. En este Stage Play, sin embargo, la insistencia en cómo varios de los personajes son víctimas de sus circunstancias, la aparición de amistad y amor, parecen empujar al espectador a pensar en un final agridulce, pero menos negro y oscuro. Al menos, quizá, en un futuro.

Si 9S y 2B tuvieron la oportunidad de abandonar el ciclo, ¿por qué no iban a tenerlo también, un día, No.2 y No.9? ¿Por qué no deberían intentar alcanzar, por su propia cuenta, su final feliz?

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture.

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