Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #5. Takato, ¡cuidado con el teto!

Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #5. Takato, ¡cuidado con el teto!

Si bien el episodio anterior de Dakaretai Otoko fue intenso y se cobró la primera víctima (si no contamos la virginidad, la dignidad y el sentido común de Takato) de este anime. Sí, me refiero a la suspensión de ese pobre coche que no cometió ningún crimen y no pudo más que intentar soportar las embestidas de Chunta del destino. Aun así, a este anime le falta cierto conflicto. Algo trágico. Un giro de los acontecimientos que abrume nuestros cerebros y nos obligue a quitarnos metafórica o literalmente nuestros sombreros ante semejante obra de arte.

Aunque también puede ser que esta serie nos venga con un cliché. Y sería bien recibido porque para eso hemos venido.

Mejor dejémonos de elucubraciones y empecemos con el quinto episodio, que solo por la rima del numerito —¡cinco!— ya promete.

Dicho episodio empieza con un nuevo personaje. La primera escena nos presenta a Chihiro Ayagi, un joven actor que parece tener muy claro cómo conseguir buenos papeles que le permitan alcanzar la fama. No sé si tendremos el conflicto que esperábamos, pero Dakaretai Otoko es una fuente inagotable de clichés y Chihiro no es una excepción. Y es que Chihiro se dedica a tirarse a todo lo que se mueve para obtener tratos de favor.

Este cliché, desgraciadamente, lo hemos visto en miles de historias con «La Otra» —¡Bienvenidos a nuestro mundo machista que apesta a podrido!— pero esto en un BL y no vamos a ver mujeres con papeles relevantes en la trama. A no ser que sean algo así como Satán… Pero ni por esas. Hasta ahora, las únicas mujeres que hemos visto eran fangirls. En lugar de tener a una mujer para este clásico papel, tenemos a Chihiro, cuyo nombre andrógino no es casualidad y se ha elegido con tanto mimo como el mismísimo título de esta serie.

En cualquier caso, no nos quedemos con esa imagen del chaval. Está feo prejuzgar así a la gente. Lo mismo Chihiro es una bellísima persona, un gran conversador, amante de los animales —aunque Maron, el caniche de la señora, discrepa—, miembro de diversas ONGs y donante de médula ósea.

A quién intento engañar. Este serie no tiene semejante profundidad.

Mientras Chihiro sale de la casa de la empresaria, tenemos escenita de la pareja protagonista pasándolo bien —haciendo el sofrito de la paella, para seguir con la metáfora que empecé en el anterior capítulo— y, bueno, ahí se queda la cosa. No aporta mucho a la trama, aunque resulta interesante que Takato insista tanto en que Chunta no le puede dejar ninguna marca.

A ver, es evidente. Son personajes públicos y fingen ser solteros. Las fangirls a veces tienen la cabecita llena de aire, pero imbéciles no son y tienen un detector para este tipo de cosas. Sin embargo, sí muestra cierta falta de confianza por parte de Takato en alguien que hasta ahora solo lo ha intentado violar —y no solo lo ha «intentado»—, le ha hecho pasar un mal rato en un bus, lo ha secuestrado y hecho chantaje emocional para fines «culinarios».

Chunta comenta que está tristón porque pasará unos días rodando fuera —Takato no se va a poder sentar en un mes cuando su angelito de la guarda regrese más caliente de lo habitual— y se interesa por la obra en la que el protagonista participa. Éste comenta que se siente muy a gusto porque está rodeado de veteranos y… ¡Sorpresa!

Chihiro, que debutó a la vez que Chunta, se ha hecho con el papel principal y ni siquiera se molestó en presentarse al primer ensayo. Se conoce que estaba ocupado asegurándose su continuidad como prota, pero eso son meras suposiciones de una servidora.

Takato es completamente ajeno a esto porque está demasiado ocupado intentando coser las heridas de su ego ya que otra vez un novato le ha arrebatado la gloria. El hateo no le dura mucho porque su pareja se le echa encima, le dice con más envidia que otra cosa que le gustaría ocupar el lugar de ese chaval que no está aprovechando su oportunidad, y le da un duplicado de la llave de su casa. Imagino que Takato la deja en la mesilla de noche porque no tiene dónde meterla y vemos una pluma salvaje en pantalla que nos hace intuir lo que pasará a continuación.

Pista: Chunta sí tiene dónde meterla y no hablo de la llave.

Al día siguiente, el director —que parece tener en alta estima a Takato— charla con el protagonista acerca de Chihiro, que llega tarde. El señor va de buen rollo, pero deja caer con claridad meridiana que el protagonista de la obra debería ser su interlocutor y no el chavalín que parece que no va a presentarse nunca a los ensayos.

Hasta que lo hace.

¡Aleluya!

Chihiro llega tarde, a un pelo de provocarle un infarto a su manager, con toda al confianza del mundo y el pensamiento machista pasajero de que si todos los jefes fueran mujeres tendría aún más trabajo. Se disculpa ante el director así como de muy buen rollo y se presenta a Takato. Antes de entrar al set, su manager le ha advertido de que su compañero en la obra podría robarle la atención del público si no se ponía las pilas, así que presta mucha atención a su aspecto. Piensa que parece más joven que en el cine y es más bajo que él…

Vamos, que no se lo toma en serio por retaco.

Aquí, señores, es cuando descubrimos al mejor personaje de la serie hasta el momento.

El director de la obra.

Ese señor, que claramente favorece a Takato y que detesta la arrogancia de Chihiro, decide empezar el ensayo con una escena de pelea entre dos samurais interpretados por los actores ya mencionados. Puede parecer una elección cualquiera, pero no es casual. El director sabe que Takato controla su parte y quiere enseñarle humildad a Chihiro, que no estuvo para ensayar el día anterior y apenas tiene unas directrices sobre cómo moverse por el escenario.

Empieza la escena y Chihiro desprende tantísima seguridadque se permite pensar en otros menesteres. Que si el cine le va más porque no hay que repetir tanto cada toma, que si los ensayos van a estar chupados, que si es mejor que Takato, que si la paella con jamón es una aberración arroz con cosas… Claro, cuando le toca actuar casi se olvida de su parte porque no está a lo que está y la actuación de nuestro amado prota le ha cautivado.

A él y a todo el staff.

Chihiro casi se mata porque no está acostumbrado a moverse en el suelo inclinado y solo la rapidez de Takato le salva de una buena caída.

Takato aprovecha para hacerse el guay y le advierte que al público le decepcionaría si no está a la altura mientras el director, que ha obtenido justo lo que quería, lo goza. Director-sama, es usted lo mejor de este manganime a día de hoy. No lo olvide. Espero mucho de su sentido sádico del humor y la justicia.

Al llegar la noche, Takato rememora lo genial que fue bajarle los humos al novato y… echa de menos a Chunta.

¿Por qué, Takato?

Incluso se plantea la idea de vivir con él, como ya le ha propuesto en más de una ocasión. En serio. ¿Por qué eres así, Takato?

Entonces recibe una llamada de Chunta, que se contradice a cada palabra que suelta. pero seguro que nadie lo nota porque el público tiene que estar absorto con el modo tsundere de Takato cada vez que insiste en que no le echa de menos ni nada por el estilo. Lo único destacable de la conversación es que Chunta le ofrece mil yenes —¡chupito!— por tener sexo teléfonico y ahora hay zonas de Japón inundadas por tanta hormona juvenil revolucionada entre las espectadoras.

¿De verdad alguien se pensó que realmente pasaría algo destacable en esa llamada?

El día siguiente es a medio camino entre gracioso y penoso porque los de la obra tienen una sesión de fotos en la que debe ir caracterizados y cada uno va a lo suyo. Por un lado, Takato se pasa el rato provocando al novato para que lo dé todo. Por otra parte, Chihiro se pasa el rato pensando que a Takato le sienta bien la ropa de mujer

¿Veis hacia dónde va esto?

Cuando acaba la sesión, Chihiro oye que Takato fue el número uno de ese ranking del que —Dios santo— casi me había olvidado ya y se propone algo que le hace sonreír así como con maldad. Rollo villano de Disney.

¿Seguro que no veis por dónde va esto?

Con eso en mente, va al vestuario donde sabe que Takato se está cambiando.

Tenéis que ver adónde va esto. Las señales están ahí.

Charlan un poco, Takato está molesto porque no le gusta que le vean mientras se cambia de ropa y Chihiro sigue pensando en lo andrógino que es el prota.

Si alguien no ve lo que va a pasar… Que se vaya al médico. Está ciego.

Chihiro le toca la espalda a Takato, que hace un ruido indigno y se pone rojo de la cabeza a los pies.

Esto empieza con un momento shoujo —asumidlo, en esta escena Takato es una nena pero está 100% injustificado por el cliché—, pero como no haya una interrupción va a acabar en momento culinario. Van a hacer paella para abastecer toda la provincia de Valencia durante un domingo entero.

El novato aprovecha para sobar cual pulpo a Takato… que logra zafarse de él cuando llaman a la puerta para invitarle a beber con el resto del equipo.

Pensaréis: Maldita redactora, me has timado, esto no fue adonde tenía que ir.

¡Error!

Chihiro piensa aprovechar que todos salen a beber para emborrachar a Takato y hacerle cosas nazis cuando baje la guardia. Lo que no esperaba era que Takato, al emborracharse, empezara a pelar edamane—una especie de judías japonesas que no tienen lugar en la receta tradicional de paella— y a rajar. El director se lo pasa en grande. Está en primera fila para disfrutar del espectáculo de la borrachera de Takato. ¿No decía yo que es el mejor personaje hasta la fecha?

Al final cada uno se va a su casa y Dios a la de todos y Chihiro se ofrece a hacerse cargo de Takato, que no está en condiciones de nada.

Mientras, así como para cortarnos el rollo, Chunta masca caramelos de menta con furia porque no tiene nada mejor que llevarse a la boca. Y así se lo dice al chavalín que le dejó su uniforme en el episodio anterior, pero él es un ser puro y no entiende a qué se refiere. Parece que Chunta tardará en llegar porque están atrapados en un tifón.

Ahora es cuando empieza a morir gente y se preguntan si el asesino es uno de ellos o es una persona ajena… Como Beatrice.

Cuando por fin volvemos con Chihiro y Takato, podemos ver que Chihiro ha desnudado al protagonista —que sigue inconsciente— sobre su cama y se echa sobre él para hacerle un buen chupetón en el cuello. Comenta —para el público, porque Takato está en coma etílico profundo— que es su primera vez con un hombre, pero que no tiene problemas por ahí abajo.

Vamos, que la tiene más dura que un pan de hace dos días.

Pero ¿sabéis qué otra cosa tienen dura por ahí?

La cara de los del equipo de animación, que más dura no pueden tenerla al dejar que el capítulo acabe ahí.

¿Cómo vivimos una semana sin saber qué demonios pasa entre esos dos mientras Chunta está atrapado en Rokkenjima el rodaje?

¡Exactamente! Con una nueva teoría acerca del final de esta serie.

En esta ocasión, tengo una teoría algo loca. A lo largo de este episodio se empieza a hacer evidente adónde va todo el presupuesto de la animación. Todo. Hay partes de derp intenso que dan una mezcla extraña entre risa y vergüenza. No hay más que ver la escena en que la señora ricachona se desliza en la cama con Chihiro. Así es, se desliza como si estuviera en un tobogán de un parque acuático porque hace un esfuerzo nulo, como si no hubiera resistencias ni gravedad ni patatas. Glorioso. Por eso mi teoría es que Dakaretai Otoko no tiene final… ¡porque va a fusionarse con Yuri!!! on Ice! No hay más que ver cómo la calidad de la animación de Dakaretai cada vez se parece más a la high quality de YoI.

¡Nos leemos en el próximo episodio!

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Escribo tonterías breves y hago reseñas todavía más breves. De vez en cuando se me cuelan algunos análisis de videojuegos que, sorprendentemente, no son tan breves.

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