Villanos Animados (I): el Juez Claude Frollo

Villanos Animados (I): el Juez Claude Frollo

¡Y Él castigará a los malvados y los enviará a arder a las llamas del Infierno!

¡Bienvenidas a una nueva sección! A lo largo de los próximos meses —o años si seguimos vivas— os traeremos una serie de análisis sobre los villanos más icónicos del mundo de la animación: personajes crueles, egoístas e interesados que nos marcaron en especial durante nuestra infancia. Pero, ¿qué hay detrás de su máscara? ¿Sus actos son justificados? ¿Podemos llegar a empatizar con ellos? Estas y otras preguntas surgen cuando hacemos un revisionado de ciertas películas o series de animación, por lo que intentaremos ir más allá de la superficie en estos personajes tan emblemáticos.

Era inevitable no inaugurar esta sección de villanos con él: el juez Claude Frollo. Recuerdo que vi la película del Jorobado de Notre Dame al poco de salir en VHS gracias a que me la regalaron. Se convirtió en una de mis favoritas al momento gracias a la historia, la ambientación, la música… y el malo malísimo. Con los ojos de una niña, veía a Frollo como un desalmado egoísta que, desde su puesto, decía defender la justicia, pero hacía todo lo contrario. Por ello, me regocijaba con el final en el que recibía su merecido cayendo al vacío agarrado a una de las gárgolas de la catedral. Ya con su primera aparición, en el prólogo donde asesina a la madre de Quasimodo, imponía respeto y cierto temor. Sus rasgos, su ropa, su caballo: todo estaba hecho para gritarnos a la cara que ese hombre era peligroso.

No fui consciente, hasta muchos años después, de la tarea titánica que había hecho Disney con la película del Jorobado de Notre Dame, adaptando una de las obras por antonomasia del Romanticismo: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo. Sin entrar en muchos detalles, pero para que entendáis el contexto, durante la época de este señor —alrededor del 1820— se estaba produciendo una aniquilación en masa de obras de la época medieval, en concreto de aquellas que eran de arte gótico. A Víctor Hugo esto no le hacía mucha gracia y le provocaba ira y tristeza a partes iguales, por lo que se encerró a escribir durante seis meses seguidos para terminar dando a luz una obra colosal de once tomos. transcurría en el París medieval y que tenía como gran protagonista a la catedral de Notre Dame, donde sucedían las diferentes historias de los personajes principales. Gracias al éxito que tuvo Nuestra señora de París desde su publicación en 1831, la gente tomó conciencia de la importancia de los monumentos de antaño y comenzaron a crearse diferentes formas de conservación y restauración de los mismos.

En la película del Jorobado esto se representa a las mil maravillas: la catedral es el centro de todo lo que ocurre, la auténtica protagonista. En el inicio, el juez Frollo recapacita sobre sus acciones al observar las numerosas estatuas de la fachada del emblemático edificio, quienes parecen juzgarlo en la distancia. En ella oculta a su hijo adoptivo y dedica a la propia Virgen María su emblemática canción, Hellfire —o Fuego Infernal en España—.

Pero volvamos a Claude Frollo. Su simbología, lo que representa y sus actos lo convierten en uno de los mejores villanos de Disney —si no el mejor—. Él cierra el trío masculino formado alrededor de Esmeralda junto a Quasimodo y Febo, donde cada uno representa un tipo de amor diferente: imaginario y puro el de nuestro amigo jorobado; romántico y erótico el del capitán de la guardia y posesivo y carnal el del altivo juez. Desde el momento en que ve a la gitana, Frollo se obsesiona con ella de tal forma que está dispuesto a quemar París por completo con tal de encontrarla, cuando el único delito que comete ella es defender a Quasimodo de una muchedumbre que se dedica a humillarlo bajo el beneplácito de su padre adoptivo, ya que éste considera que el joven necesita una lección por desobedecerlo. Es muy difícil para los niños comprender el trasfondo de lo que busca Frollo: su tema principal, Hellfire, nos lo explica bien claro y de adultos no es difícil entender las palabras reales que encierran sus versos:

[Coro de sacerdotes:]
Confiteor Deo omnipotenti,
beatae Mariae semper Virgini,
beato Michaeli Archangelo,
sanctis apostolis, omnibus Sanctis.
Confieso a Dios omnipotente,
bendita sea María, siempre virgen,
bendito el Arcángel Miguel,
santos apóstoles, todos los Santos.
[Frollo:]
Beata María,
yo siempre fui hombre de bien,
de mi virtud puedo alardear
(Et tibi Pater)
(Y a ti, Padre)
Beata María,
he demostrado ser también
más puro que esa chusma tan vulgar
(Quia peccavi nimis)
(Que he pecado)
Pues dime, María,
¿por qué al verla ahí bailar
por sus ojos pierdo yo el control?
(Cogitatione)
(En pensamiento)
La siento, la veo,
mi alma toda empieza a arder
al ver que en su cabello brilla el sol
(Verbo et opere)
(Palabra y obra)
Es fuego de infierno
Pecado, cruel, mortal
Ardiente deseo
me arrastra hacia el mal
Pero yo no (Mea culpa)
quiero pecar (Mea culpa)
es esa bruja la que se hace desear (Mea maxima culpa)
Mi culpa, ¡no! (Mea culpa)
Dios lo hizo así (Mea culpa)
si el Diablo es demasiado fuerte para mi (Mea maxma culpa)
Protégeme, María, de esa sirena, esa mujer,
que no me lleve a mi perdición
¡Destruye a Esmeralda!
en el infierno debe arder,
si no va a ser jamás mi posesión.
[Bruto:]
Ministro Frollo, la gitana se ha escapado.
[Frollo:]
¿Qué?
[Bruto:]
No está en la Catedral, se ha ido.
[Frollo:]
Pero, ¿cómo?
No importa, ¡vete, idiota!
Yo daré con ella aunque tenga que prender fuego a todo París.
Es fuego oscuro.
Gitana, es tu elección,
ser mía ahora
o tu condenación
(Kyrie Eleison)
(Señor ten piedad)
Dios se apiade de ella,
Dios se apiade de mí,
¡Mía o no habrá condenación!

Debemos reconocer que, en el doblaje de España, Frollo no tendría el mismo peso sin la maravillosa voz de Constantino Romero, quien hizo una interpretación magnífica en todos los sentidos. En esta canción frente a la chimenea del palacio de Justicia, el juez confiesa y muestra sus más oscuros deseos. Esmeralda es para él una presa a conseguir, sin importar el cómo lo haga. Está hechizado por ella, se victimiza a sí mismo por haber caído en manos de una bruja y ruega a la Virgen María que lo proteja al mismo tiempo que declara que esa mujer será suya o de nadie más. Da miedo, ¿verdad? La obsesión de Frollo es tal que admite en los versos finales que hará lo que sea para atrapar a Esmeralda, rezando que Dios se apiade tanto de ella… como de él, porque sabe que caerá en el pecado de la carne. Los coros acompañan a la perfección la culpabilidad y el sentimiento de pecado del juez, con versos reales de la liturgia cristiana.

Pero aun os podéis preguntar: ¿por qué adaptar Nuestra Señora de París fue tan complicado como dices? Por un sencillo motivo: en la obra original, Claude Frollo no es un juez… sino el Archidiácono de la catedral de Notre Dame. Aparte del problema que suponía remodelar la obra de Víctor Hugo para que fuese apta para niños, se daba la circunstancia de que no podían poner como villano principal a un eclesiástico obsesionado sexualmente con una gitana a la que doblaba en edad. Por ello, el estudio conservó el nombre, pero no la ocupación. En la película, el Archidiácono es un hombre piadoso de Dios que incluso nos inspira pena cuando Frollo lo arroja por las escaleras en su búsqueda frenética de Esmeralda, pero en el libro… él es el auténtico peligro. Los tres amores que se describen unas pocas líneas antes —imaginario, romántico y posesivo— alcanzan su mayor dimensión en la obra de Víctor Hugo, donde Esmeralda es asesinada por el propio Archidiácono tras ser rechazada por Febo —quien solo buscaba robarle su virtud—, mientras que Quasimodo se deja morir de hambre al lado del cadáver de la joven gitana.

En la película, el drama queda reducido a la muerte de Frollo. La propia catedral se rebela contra él y la gárgola sobre la que se erige se precipita al vacío, arrojándolo a ese infierno que él tanto temía.

En conclusión, queda demostrado que Frollo es un villano bastante más complejo de lo que puede parecer a simple vista, en especial si eres un niño que solo sabe dividir entre bueno y malo. Os animo a que volváis a ver la película, con otros ojos, y que le deis una oportunidad a Nuestra Señora de Paríssi os atrevéis.

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Aficionada a muchas cosas y sin tiempo para todas. Intento transmitir a los demás aquello que me ha gustado y compartir también lo que no me agrada. Un gusto: la lluvia en diciembre. Un disgusto: las críticas destructivas.

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