Analizando Réquiem por el rey de la rosa. Capítulo 2

Analizando Réquiem por el rey de la rosa. Capítulo 2

¡Los Lancaster entran en escena!

Réquiem por el rey de la rosa presentó en el primer capítulo a Richard, el protagonista, a los York y su rebeldía (sin causa) contra el gobierno de los Lancaster. En esta ocasión, pues, toca conocer a los antagonistas.

Los reyes malditos


El capítulo abre con un flashback en el que York en persona detenía a Jeanne d’Arc y la mandaba a la hoguera. Como en muchas historias, aquí se establece que Jeanne arrojó una maldición. En este caso se establece que fue contra los «reyes de Inglaterra». En muchísimas historias la fuerza del odio, azuzado por el dolor de la muerte, otorga fuerza a una posible maldición y establece casi un vínculo irrompible. Muchísimas premisas comienzan de esta manera y Réquiem no es la excepción. Con todo, resulta interesante que Jeanne parece centrar su maldición (o su legado) en Richard en concreto, lo cual no deja de ser un foreshadowing acerca de que va a ser rey de Inglaterra. Uno que se asienta con rotundidad cuando York se niega a permitir que el pequeño Richard vaya a la guerra:

Custodia mi nombre. Es nombre de rey.

Se aprovecha para mostrar a Edward, que es básicamente el ideal de rey y que será el gran general de la guerra que está por sucederse (y para los fans de Canción de hielo y fuego, Edward es la inspiración para Robert Baratheon y su lucha contra los Targaryen, así como para el joven Robb Stark, que fue un general impecable a pesar de su corta edad), que representa todo lo que Richard aspira a ser. Un hombre bello, de luz, fuerte y masculino, que tiene derecho para guerrear junto a su padre. Por supuesto, Richard y George se quedan atrás no porque sean «femeninos», sino porque son niños, pero el increíble complejo de inferioridad que sufre Richard relaciona todo con su cuerpo.

 

Una pena que nunca se apoye en Catesby, que es sorprendentemente abierto para su época, quizá porque ha cuidado a Richard desde que nació. Cuando lo ve medio desnudo, impide que se haga daño y le asegura que «vuestro cuerpo merece ser respetado». Y por supuesto, no tendremos pareja con él (si es que tiene que haber alguna) porque sería demasiado sano y bonito. ¡Hay que ir a por el angst! Y se confirma que el jabalí es un representante de Jeanne, ya que esta observa la situación mientras Richard murmura que el animalito y él son iguales.

Y hablando de femenino… ¡Por fin conocemos a la reina Margaret!

Este personaje es fascinante y frustrante a un mismo tiempo. A pesar del interés de Kanno por tratar los roles de género, el tratamiento femenino en general es terrible en este manga. Margaret, al contrario que sus contrapartes masculinos, aparece como una villana de pies a cabeza. Una villana con la que podemos simpatizar, porque es una mujer inteligente, que asume el poder, que no tiene ningún límite a la hora de proteger a su hijo y la posición que le corresponde. Pero la trama no la cubre de la misma epicidad ni diginidad que a los York, que no deja de levantarse contra el reino y llevarlo a una guerra civil por motivos egoístas, ni tampoco permite que tenga una evolución de personaje. Como pasará con casi todas las mujeres, a pesar de que se la respete, se la enfoca como algo negativo excepto en unas muy escasas escenas. Y eso duele. Margaret se merece algo mejor en su gran papel, momentos más positivos que la representen como un ser humano capaz de sonreír… O cuidando de su hijo ya que, como Cecily, era una madre abnegada.

Y es una lástima porque Kanno establece a Margaret ocupando el rol masculino que debería tener su marido, Henry, y lo hace con elementos repletos de misoginia a pesar de que misteriosamente los soldados la siguen sin pestañear, cuando deberían pensar que está usurpando un poder que no le corresponde. En esta historia no hay sitio para todos los consejeros varones de los que se rodeaba Margaret, de modo que es ella quien da las órdenes respecto a la guerra y al gobierno, cosa comprensible. Sin embargo, es una oportunidad perdida porque la historia nunca establece paralelismos entre ella y Richard. Richard tiene el beneficio de haber sido aceptado, siempre y cuando oculte su cuerpo, como hombre en la sociedad. Margaret es una mujer que, debido a que el rey no ejerce las tareas que debería, se sitúa en el poder y cuenta con el apoyo general.

Y aun así, aunque es la legítima reina, aunque está defendiéndose de un hombre que viene a hacer la guerra, la trama la enfoca más como una figura cruel y sin compasión. Que lo es hasta cierto punto, pero la idea es que entendamos antes a su marido y lo apoyemos, mientras que Margaret ocupa un rol antagonista. Ella, que es la reina, que está ante un rebelde que pretende apartarla a ella, a su marido y a su hijo del trono. ¿Sabéis lo que pasaba con las reinas, si sobrevivían a la guerra? Encerradas para siempre, vigiladas de por vida, en un rincón apartado del reino. Sin hijos, porque por supuesto si quieres coronarte rey no vas a permitir que el legítimo heredero al trono siga con vida.

Así, por ejemplo, se enfoca como que Henry no quería hacer daño a una ciudad yorkista, mientras que Margaret impone un castigo con una sonrisa malévola. No se habla de política pura y dura, de la táctica del miedo ni nada similar, sino que sirve para enfocar a Henry como el que tiene razón y no como un rey débil y a Margaret como alguien con demasiado poder y que casi parece hacer las cosas para dañar a su marido.

Un verdadero desperdicio y uno de los grandes problemas de este manga, la verdad, el tratamiento de Margaret, Cecily y otras mujeres, que se centran en su rol y la autora no se esfuerza por resaltar escenas que las «rediman» a ojos del lector, como sí se esfuerza en hacer con todos los papeles masculinos.

En cualquier caso, el primer acto de guerra de York termina con una retirada porque el ejército de Henry es superior. No solo eso, sino que los Lancaster se teletransportan a territorio York y el príncipe Edward en persona, que tendrá unos doce años, captura a Richard y su familia. Pero perdonamos esta locura porque Richard tiene el mejor zasca del mundo:

Edward: Tienes ante ti a Edward, el príncipe heredero.

Richard: …exacto. Edward es el nombre del príncipe heredero, mi hermano.

Lo adoro. Además, asienta un hecho histórico y que también se mantiene buena parte del manga: Richard siempre fue rabiosamente fiel a su hermano mayor, Edward.

Por otro lado, tenemos el gran encuentro que define el verdadero drama de esta historia: Richard logra escaparse de su prisión por un túnel, siguiendo a jabalí (que es Jeanne, recordemos, y que encarna al Destino) y así conoce al rey Henry. Este, que ha logrado escaquearse mágicamente de sus guardias, viste como una persona corriente y busca solaz en la soledad bajo las estrellas. Como Richard no sabe nada de él, y Henry no sabe nada de Richard, los dos pueden fingir ser algo que no son: Henry hace las veces de pastor, feliz por poder participar en su propia fantasía, y Richard es un niño normal que desconfía de alguien que le tiende la mano alegremente. Además, los dos establecen un vínculo cuando Henry dice que tiene pesadillas con que su madre lo abandona. Más importante aún, por primera vez se establece el paralelismo rotundo entre Dios Padre y York para Richard. No solo eso, sino que empezamos a jugar con lo oscuro y condenable, porque afirma que sería capaz de matar al mismo Dios para que su padre fuera Rey. Vamos, que los intercambiaría gustosamente.

Lo que nunca dejará de sorprenderme es que Richard, tan listo él, no se dé cuenta de que Henry lleva una capa muy superior a la que podría tener cualquier pastor. Henry, por cierto, no deja de sufrir porque se preocupa por la gente, por los muertos, y la responsabilidad le pesa demasiado en los hombros. Tiene claro que no sirve para rey, pero también que es su deber, y por eso retorna a su puesto una y otra vez aunque sea lo último que desea. Porque no tiene voluntad propia para imponerse, porque teme la ira de Dios, porque sabe que sus manos están manchadas por la sangre de inocentes. No es difícil comprenderlo y tenerle lástima. Solo desearía que no se hiciera a costa de Margaret.

Y bueno, parece que los Edward de esta historia no solo tienen talento para el teletransporte, sino para viajar largas distancias sin la protección adecuada. El hermano mayor de Richard lo encuentra casualmente y le informa de que el resto de la familia está a salvo con Warwick. Luego en vez de llevarse a su hermano lejos de los Lancaster para que tengan un rehén menos, hace que vuelva al interior donde estará «más seguro». La pereza de este recurso para informar al lector de lo que está pasando y la absurdez de la situación no tienen límites, pero vale. Al menos se le da un rasgo de personalidad a Edward y es que considera más importante la relación con las mujeres que otra cosa.

 

Los Lancaster y los York


Sobre los apuntes históricos… Creo que voy a usar los nombres del manga para no liaros en demasía.

En efecto, Richard York era un hombre poderoso y con muchas responsabilidades. A los veintitrés años pasó a encargarse de la defensa de Inglatera, lo cual incluía los territorios franceses, mientras Henry VI aún era menor de edad. Sin embargo, no capturó a Jeanne ni tampoco dirigió su horrible y tortuoso juicio. Con todo, el odio que sentían los ingleses por Jeanne se plantea bien. Muy, muy rápidamente os diré que la Guerra de los Cien Años se inició por temas de herencia cosa inevitable cuando los reyes se casan entre primos y tíos y desató un conflicto que se extendió siglos (más de cien, sí, pero no queda tan guay poner otra cifra). Cuando llegamos a Jeanne, Francia estaba desgarrada entre el control inglés, sus aliados borgoñones y la zona donde aún reinaban los Valois. Jeanne impulsó la «reconquista» de Francia y llevó a Charles VII a coronarse en Reims. El simbolismo de un rey coronado por gracia de Dios es muy importante para el pueblo, por lo que los ingleses llevaron a un joven Henry VI a París para coronarlo también, después de matar a Jeanne, y ejecutar una contra medida para la legitimidad de Charles VII. Pero llegaron tarde. Durante la coronación de Henry hubo gritos y manifestaciones en las calles, revueltas y exigencias para expulsar a los ingleses. El alzamiento y el martirio de Jeanne había despertado lo que podríamos llamar con comillas «nacionalismo» entre los franceses.

El caso es que la escena de Jeanne maldiciendo a los reyes funciona bien porque Henry se coronó después de su muerte, de modo que acaba incluido en la maldición.

Por cierto, aunque Henry es un sufriente aspirante a pastor en el manga, de joven (históricamente) era un fan hardcore de la moda y le gustaba internvenir mucho en los asuntos políticos, para desazón de sus duques, que pretendían controlarlo sin que dijera nada. La fase «pastoril» (o más bien devota religiosa) llegó, ciertamente, cuando era mayor y dio un completo revés a su sentido de la moda, hasta el punto de que la gente se quejaba de que parecía un plebeyo. Entre los críticos también estaban los propios plebeyos, que esperaban que un rey apareciera repleto de oro y telas carísimas y se sentían defraudados al encontrar lo contrario.

Curiosidades aparte, en el manga tenemos una confusa escena donde York grita a Henry que cómo se atreve a firmar la paz cuando los ingleses habían perdido tanta gente para ganarla. ¿Eh? Hasta donde sé los franceses llevaban años dándoles una soberana paliza a los ingleses, gracias a la inyección de autoestima nacional y religiosa que causó Jeanne. Pero vale. Ya sabemos que esta historia es pro-inglesa y pro-York. Por supuesto, ni la situación fue tan sencilla ni se puede resumir de esta forma. Los ingleses habían perdido apoyos importantes, como el del duque de Borgoña, básico para mantener el control del reino, así que no es que Henry fuera un llorón que dijera «pues nos rendimos», sino que se optó por la única salida con la que podían caminar con la cabeza un poco alta. La embajada que se menciona, por cierto, fue la que negoció su matrimonio con Margaret. Con todo, cabe resaltar que aún tardarían unos diez años en poner fin a la famosa guerra conocida como la Guerra de los Cien Años.

En cualquier caso, se habla de cómo York era hijo de un traidor… y en cierta medida lo era. Su padre tenía mucho poder en la corte y había luchado contra Francia durante muchos años, por lo que estaba enfrentado a la reina Margaret. La tensión creció tanto que al final fue puesto bajo arresto y murió misteriosamente a los pocos días. ¿No es una pena que no se establezca esto en el manga para cultivar el odio y temor que siente Margaret ante un duque tan poderoso como York, que sigue los pasos de su padre, y este a su vez odiara a la reina porque era la rival política de su padre? Porque lo cierto es que Margaret y York lucharon mucho tiempo por el control del rey y habría sido maravilloso ver ciertos movimientos políticos por los cuales Margaret expulsaba a York de la corte, o este aprovechaba para retomar su poder si ella no andaba cerca. Habría sido una buena base para la brutalidad del conflicto, y no tan salido de la nada con que York es puro y Margaret una villana.

Margaret menciona la «enfermedad», así entre comillas, de Henry, que nunca hace verdadera aparición en la historia. ¿En qué consiste? Pues en que… sí, Henry estaba enfermo. En 1453 pasó meses en un estado catatónico muy alarmante. Margaret estaba embarazada y tuvo que dirigir sola el gobierno mientras el reino entero aguantaba el aliento porque ¿qué le pasaba al rey? Ni siquiera reaccionó cuando Edward nació y Margaret se lo presentó. ¡Por cierto, un dato curioso! Margaret llamó así a su hijo porque el santo favorito de Henry era Edward the Confessor, y fue justo en su fiesta cuando nació el príncipe. Por cierto que Margaret logró aumentar su enemistad con York al evitar nombrarle a él como padrino y elegir en su lugar al duque de Somerset. Curiosamente, sus aliados comenzaron a murmurar que Edward no era hijo de Henry, sino del duque… Jugando limpio, ya veis.

Durante este tiempo fue cuando York jugó bien sus cartas y logró ser nombrado Regente. Ya sabéis que después se le arrebataría el título. Sin embargo, la enfermedad de Henry, que se recuperó al cabo de algunos meses pero no volvió a ser el mismo, fue definitiva para su reinado. Se volcó más que nunca en la religión, se volvió más introspectivo y seguramente sufrió alucinaciones. Los historiadores consideran que, muy posiblemente, sufría de esquizofrenia.

De modo que con todo esto, creo que se comprende mejor que York quisiera hacerse con el poder… Y que la fastidiara al coronarse rey. La gente estaba dispuesta a aceptar un Regente, no una usurpación del rey elegido por Dios.

Siguiendo con el manga, vemos que hay un momento en que York debe retirarse ante el rey. Esta primera derrota de York debe hacer referencia a una ignominiosa retirada, cuando parte de los ejércitos rebeldes vacilaron al ver al rey en persona al frente del ejército de Lancaster. York perdió muchos aliados y decidió escapar con Warwick y Salisbury, dejando a parte de sus hombres a la merced de Henry (que los perdonó porque no tenía nada contra los soldados). Como consecuencia, las tropas Lancaster llegaron hasta la ciudad yorkista de Ludlow, donde Cecily se había quedado abandonada con sus hijos George y Richard, que tenían once y siete años respectivamente. La duquesa aguardó en la calle, a la vista de todos, con sus niños cogidos de la mano. Los tres fueron tomados como rehenes bajo el cuidado de la duquesa de Buckingham. La ciudad no corrió tanta suerte y fue saqueada.

Y no, Richard y el príncipe Edward no se encontraron. Edward solo tenía seis años y se quedó a salvo lejos del campo de batalla.

Una oportunidad desperdiciada


Si os fijáis, Henry comenta que tiene miedo a que su madre lo abandonara. Porque, bueno, Aya Kanno adora a las mujeres en esta historia. El caso es que es una oportunidad un poco desaprovechada. En la anterior sección se ha comentado que los York acusaron a Margaret de ponerle los cuernos a su marido cosa irónica cuando fue Cecily quien tuvo a Richard con otro señor, lo cual era una táctica típica de la época para disminuir la legitimidad de los hijos que hubieran tenido en matrimonio.

El caso es que la madre de Henry, Catalina de Valois, tuvo un amante muy famoso en cuanto su marido murió. Era un galés llamado Owen Tudor, apellido que sin duda os resultará familiar. ¡Oh, sí, fue la familia que destruyó a Ricardo III (Richard) y se impuso en el poder!

El trauma que tiene Henry respecto a las mujeres todavía no se ha tratado, pero os adelanto que es es puro bullshit ya que siempre mantuvo una relación cercana con su madre y… ¡sus medio hermanos! Catalina no tuvo que esforzarse mucho para que Henry le otorgara títulos de condes a Edmund y Jasper Tudor, sus hermanos pequeños. Este último, Jasper, contrajo matrimonio con Margaret de Beaufort. Fue un caso extremadamente dramático y criticado, porque ella tenía 12 años cuando dio a luz. Porque, al contrario de lo que podáis creer, no era normal que las chicas tuvieran hijos antes de los 17-18. Y Margaret Beaufort quedó imposibilitada para tener más descendencia… Sin embargo, este niño fue muy importante. ¿Adivináis quién fue?

Se llamaba Henry Tudor. Enrique VII, el padre de Enrique VIII, ese rey que tan a bien se predisponía a cortar cabezas de sus esposas.

¡Ah, si sólo se nos hubiera presentado desde el principio la tragedia, el drama! ¡Imaginadlo! ¡Qué desperdicio, porque tarde o temprano los Tudor tendrán que aparecer para hacer frente a Richard y van a estar salidos de la nada…!

¡Nos vemos en el próximo capítulo!

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture.
También escribo literatura (cuando puedo) y he publicado algunos relatos que podéis encontrar en Goodreads.

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