Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #6. Es mío. Mi tesoro. Él vino a mí.

El sexto episodio de Dakaretai Otoko empieza con la misma intensidad con la que lo dejó en el anterior. Normal, si te pones a pensar en ello, ya que nos abandonaron a medias en una escenita intensa en la que estamos a punto de ver cómo violan de nuevo a Takato. Lo importante es que esta vez sí o sí se considera violación porque el culpable no es nuestro angelito de la guarda Chunta, sino el nuevo actor principal —retírate, Takato, esas compañías te hacen daño—, Chihiro Ayagi.

Retomamos la escena con Chihiro acariciando los labios del prota mientras piensa que le gustaría que se despertara para ver cómo se resiste. Qué encantador, quiere disfrutar del pack del violador al completo. Claro, es que si la víctima no opone resistencia pierde parte de su encanto. En cualquier caso, no hay que preocuparse, que va resistirse exactamente igual ya que Takato está acostumbrado a estos menesteres y —alucino pepinillos— le confunde con Chunta, su violador de confianza pareja.

Así es. Susurra «Chunta» en sueños, muerde a Chihiro y le pide mil yenes.

El ¿pobre? Chihiro no tiene tiempo de asimilar lo que le ha pasado cuando suena un teléfono móvil… ¡Y es el tal Chunta llamando a su víctima!

Nota: cuando digo «su víctima» me refiero a la de Chihiro, aunque realmente también lo sea de Chunta. Cuesta diferenciarlos cuando el anime va de Takato siendo violado día sí, día también, pero no hay que olvidar que Takato ya tiene interiorizado su bello síndrome de Estocolmo y cree que tiene una idílica relación no tóxica con Chunta.

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Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #5. Takato, ¡cuidado con el teto!

Si bien el episodio anterior de Dakaretai Otoko fue intenso y se cobró la primera víctima (si no contamos la virginidad, la dignidad y el sentido común de Takato) de este anime. Sí, me refiero a la suspensión de ese pobre coche que no cometió ningún crimen y no pudo más que intentar soportar las embestidas de Chunta del destino. Aun así, a este anime le falta cierto conflicto. Algo trágico. Un giro de los acontecimientos que abrume nuestros cerebros y nos obligue a quitarnos metafórica o literalmente nuestros sombreros ante semejante obra de arte.

Aunque también puede ser que esta serie nos venga con un cliché. Y sería bien recibido porque para eso hemos venido.

Mejor dejémonos de elucubraciones y empecemos con el quinto episodio, que solo por la rima del numerito —¡cinco!— ya promete.

Dicho episodio empieza con un nuevo personaje. La primera escena nos presenta a Chihiro Ayagi, un joven actor que parece tener muy claro cómo conseguir buenos papeles que le permitan alcanzar la fama. No sé si tendremos el conflicto que esperábamos, pero Dakaretai Otoko es una fuente inagotable de clichés y Chihiro no es una excepción. Y es que Chihiro se dedica a tirarse a todo lo que se mueve para obtener tratos de favor.

Este cliché, desgraciadamente, lo hemos visto en miles de historias con «La Otra» —¡Bienvenidos a nuestro mundo machista que apesta a podrido!— pero esto en un BL y no vamos a ver mujeres con papeles relevantes en la trama. A no ser que sean algo así como Satán… Pero ni por esas. Hasta ahora, las únicas mujeres que hemos visto eran fangirls. En lugar de tener a una mujer para este clásico papel, tenemos a Chihiro, cuyo nombre andrógino no es casualidad y se ha elegido con tanto mimo como el mismísimo título de esta serie.

En cualquier caso, no nos quedemos con esa imagen del chaval. Está feo prejuzgar así a la gente. Lo mismo Chihiro es una bellísima persona, un gran conversador, amante de los animales —aunque Maron, el caniche de la señora, discrepa—, miembro de diversas ONGs y donante de médula ósea.

A quién intento engañar. Este serie no tiene semejante profundidad.

Mientras Chihiro sale de la casa de la empresaria, tenemos escenita de la pareja protagonista pasándolo bien —haciendo el sofrito de la paella, para seguir con la metáfora que empecé en el anterior capítulo— y, bueno, ahí se queda la cosa. No aporta mucho a la trama, aunque resulta interesante que Takato insista tanto en que Chunta no le puede dejar ninguna marca.

A ver, es evidente. Son personajes públicos y fingen ser solteros. Las fangirls a veces tienen la cabecita llena de aire, pero imbéciles no son y tienen un detector para este tipo de cosas. Sin embargo, sí muestra cierta falta de confianza por parte de Takato en alguien que hasta ahora solo lo ha intentado violar —y no solo lo ha «intentado»—, le ha hecho pasar un mal rato en un bus, lo ha secuestrado y hecho chantaje emocional para fines «culinarios».

Chunta comenta que está tristón porque pasará unos días rodando fuera —Takato no se va a poder sentar en un mes cuando su angelito de la guarda regrese más caliente de lo habitual— y se interesa por la obra en la que el protagonista participa. Éste comenta que se siente muy a gusto porque está rodeado de veteranos y… ¡Sorpresa!

Chihiro, que debutó a la vez que Chunta, se ha hecho con el papel principal y ni siquiera se molestó en presentarse al primer ensayo. Se conoce que estaba ocupado asegurándose su continuidad como prota, pero eso son meras suposiciones de una servidora.

Takato es completamente ajeno a esto porque está demasiado ocupado intentando coser las heridas de su ego ya que otra vez un novato le ha arrebatado la gloria. El hateo no le dura mucho porque su pareja se le echa encima, le dice con más envidia que otra cosa que le gustaría ocupar el lugar de ese chaval que no está aprovechando su oportunidad, y le da un duplicado de la llave de su casa. Imagino que Takato la deja en la mesilla de noche porque no tiene dónde meterla y vemos una pluma salvaje en pantalla que nos hace intuir lo que pasará a continuación.

Pista: Chunta sí tiene dónde meterla y no hablo de la llave.

Al día siguiente, el director —que parece tener en alta estima a Takato— charla con el protagonista acerca de Chihiro, que llega tarde. El señor va de buen rollo, pero deja caer con claridad meridiana que el protagonista de la obra debería ser su interlocutor y no el chavalín que parece que no va a presentarse nunca a los ensayos.

Hasta que lo hace.

¡Aleluya!

Chihiro llega tarde, a un pelo de provocarle un infarto a su manager, con toda al confianza del mundo y el pensamiento machista pasajero de que si todos los jefes fueran mujeres tendría aún más trabajo. Se disculpa ante el director así como de muy buen rollo y se presenta a Takato. Antes de entrar al set, su manager le ha advertido de que su compañero en la obra podría robarle la atención del público si no se ponía las pilas, así que presta mucha atención a su aspecto. Piensa que parece más joven que en el cine y es más bajo que él…

Vamos, que no se lo toma en serio por retaco.

Aquí, señores, es cuando descubrimos al mejor personaje de la serie hasta el momento.

El director de la obra.

Ese señor, que claramente favorece a Takato y que detesta la arrogancia de Chihiro, decide empezar el ensayo con una escena de pelea entre dos samurais interpretados por los actores ya mencionados. Puede parecer una elección cualquiera, pero no es casual. El director sabe que Takato controla su parte y quiere enseñarle humildad a Chihiro, que no estuvo para ensayar el día anterior y apenas tiene unas directrices sobre cómo moverse por el escenario.

Empieza la escena y Chihiro desprende tantísima seguridadque se permite pensar en otros menesteres. Que si el cine le va más porque no hay que repetir tanto cada toma, que si los ensayos van a estar chupados, que si es mejor que Takato, que si la paella con jamón es una aberración arroz con cosas… Claro, cuando le toca actuar casi se olvida de su parte porque no está a lo que está y la actuación de nuestro amado prota le ha cautivado.

A él y a todo el staff.

Chihiro casi se mata porque no está acostumbrado a moverse en el suelo inclinado y solo la rapidez de Takato le salva de una buena caída.

Takato aprovecha para hacerse el guay y le advierte que al público le decepcionaría si no está a la altura mientras el director, que ha obtenido justo lo que quería, lo goza. Director-sama, es usted lo mejor de este manganime a día de hoy. No lo olvide. Espero mucho de su sentido sádico del humor y la justicia.

Al llegar la noche, Takato rememora lo genial que fue bajarle los humos al novato y… echa de menos a Chunta.

¿Por qué, Takato?

Incluso se plantea la idea de vivir con él, como ya le ha propuesto en más de una ocasión. En serio. ¿Por qué eres así, Takato?

Entonces recibe una llamada de Chunta, que se contradice a cada palabra que suelta. pero seguro que nadie lo nota porque el público tiene que estar absorto con el modo tsundere de Takato cada vez que insiste en que no le echa de menos ni nada por el estilo. Lo único destacable de la conversación es que Chunta le ofrece mil yenes —¡chupito!— por tener sexo teléfonico y ahora hay zonas de Japón inundadas por tanta hormona juvenil revolucionada entre las espectadoras.

¿De verdad alguien se pensó que realmente pasaría algo destacable en esa llamada?

El día siguiente es a medio camino entre gracioso y penoso porque los de la obra tienen una sesión de fotos en la que debe ir caracterizados y cada uno va a lo suyo. Por un lado, Takato se pasa el rato provocando al novato para que lo dé todo. Por otra parte, Chihiro se pasa el rato pensando que a Takato le sienta bien la ropa de mujer

¿Veis hacia dónde va esto?

Cuando acaba la sesión, Chihiro oye que Takato fue el número uno de ese ranking del que —Dios santo— casi me había olvidado ya y se propone algo que le hace sonreír así como con maldad. Rollo villano de Disney.

¿Seguro que no veis por dónde va esto?

Con eso en mente, va al vestuario donde sabe que Takato se está cambiando.

Tenéis que ver adónde va esto. Las señales están ahí.

Charlan un poco, Takato está molesto porque no le gusta que le vean mientras se cambia de ropa y Chihiro sigue pensando en lo andrógino que es el prota.

Si alguien no ve lo que va a pasar… Que se vaya al médico. Está ciego.

Chihiro le toca la espalda a Takato, que hace un ruido indigno y se pone rojo de la cabeza a los pies.

Esto empieza con un momento shoujo —asumidlo, en esta escena Takato es una nena pero está 100% injustificado por el cliché—, pero como no haya una interrupción va a acabar en momento culinario. Van a hacer paella para abastecer toda la provincia de Valencia durante un domingo entero.

El novato aprovecha para sobar cual pulpo a Takato… que logra zafarse de él cuando llaman a la puerta para invitarle a beber con el resto del equipo.

Pensaréis: Maldita redactora, me has timado, esto no fue adonde tenía que ir.

¡Error!

Chihiro piensa aprovechar que todos salen a beber para emborrachar a Takato y hacerle cosas nazis cuando baje la guardia. Lo que no esperaba era que Takato, al emborracharse, empezara a pelar edamane—una especie de judías japonesas que no tienen lugar en la receta tradicional de paella— y a rajar. El director se lo pasa en grande. Está en primera fila para disfrutar del espectáculo de la borrachera de Takato. ¿No decía yo que es el mejor personaje hasta la fecha?

Al final cada uno se va a su casa y Dios a la de todos y Chihiro se ofrece a hacerse cargo de Takato, que no está en condiciones de nada.

Mientras, así como para cortarnos el rollo, Chunta masca caramelos de menta con furia porque no tiene nada mejor que llevarse a la boca. Y así se lo dice al chavalín que le dejó su uniforme en el episodio anterior, pero él es un ser puro y no entiende a qué se refiere. Parece que Chunta tardará en llegar porque están atrapados en un tifón.

Ahora es cuando empieza a morir gente y se preguntan si el asesino es uno de ellos o es una persona ajena… Como Beatrice.

Cuando por fin volvemos con Chihiro y Takato, podemos ver que Chihiro ha desnudado al protagonista —que sigue inconsciente— sobre su cama y se echa sobre él para hacerle un buen chupetón en el cuello. Comenta —para el público, porque Takato está en coma etílico profundo— que es su primera vez con un hombre, pero que no tiene problemas por ahí abajo.

Vamos, que la tiene más dura que un pan de hace dos días.

Pero ¿sabéis qué otra cosa tienen dura por ahí?

La cara de los del equipo de animación, que más dura no pueden tenerla al dejar que el capítulo acabe ahí.

¿Cómo vivimos una semana sin saber qué demonios pasa entre esos dos mientras Chunta está atrapado en Rokkenjima el rodaje?

¡Exactamente! Con una nueva teoría acerca del final de esta serie.

En esta ocasión, tengo una teoría algo loca. A lo largo de este episodio se empieza a hacer evidente adónde va todo el presupuesto de la animación. Todo. Hay partes de derp intenso que dan una mezcla extraña entre risa y vergüenza. No hay más que ver la escena en que la señora ricachona se desliza en la cama con Chihiro. Así es, se desliza como si estuviera en un tobogán de un parque acuático porque hace un esfuerzo nulo, como si no hubiera resistencias ni gravedad ni patatas. Glorioso. Por eso mi teoría es que Dakaretai Otoko no tiene final… ¡porque va a fusionarse con Yuri!!! on Ice! No hay más que ver cómo la calidad de la animación de Dakaretai cada vez se parece más a la high quality de YoI.

¡Nos leemos en el próximo episodio!

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #4. Secuestros y fetiches

El tercer episodio de Dakaretai Otoko marcó el final del fatídico rodaje que unió a Takato y a Junta. La verdad es que los tres primeros capítulos han dado para mucho humor, cliché, sexo y toxicidad, pero lo interesante en cuanto a la trama debería llegar por fin. ¿Qué será de esta extraña y tóxica relación ahora que ya no se ven día a día en el trabajo? Chunta prometió visitar cada día —seguro que sin segundas intenciones porque es un ser de luz— y Takato ya ha demostrado creer ser capaz de llevar la iniciativa en la relación, si bien lo hizo de forma un tanto barriobajera esperando a Chunta a la salida del curro.

Este episodio empieza con el protagonista rodando un anuncio de café. Es importante apreciar que los primeros planos siguen siendo de una calidad aceptable, pero en cuando dirigimos la mirada al fondo nos encontramos unos seres que han perdido completamente su humanidad. Nada que no haya visto en el otro anime que estoy comentando, así que ya estoy curada de espanto.

En cualquier modo, no hay nada que temer. Si algo he aprendido de estos artículos es que la calidad vuelve cuando más la necesitamos. En este caso, debería ser en las escenas subiditas de tono. El problema es que parece que podría tardar, ya que podemos ver el historial de llamadas de Takato y «Chunta» brilla por su ausencia. Mal rollo. El manager se da cuenta del detalle y comenta que seguro que está saturado de trabajo tras haber sido elegido como el Mejor Actor según la Asociación. De hecho, ya está grabando una serie junto a una actriz de renombre, no como Takato que está haciendo puro fanservice para una compañía de café.

El protagonista está tan ensimismado en su rage porque Chunta vuelve a no noticearle —se suponía que iba a visitarle cada día y ni una llamada— que acaba siendo secuestrado así como quien no quiere la cosa justamente por el objeto de su obsesión. Bueno, pensándolo bien… ¿Es secuestro si le ofrece mil yenes? ¿Es soborno? ¿Una transacción comercial?

Parece que el equipo de animación leyó mi anterior crítica a su indiferencia por la seguridad vial porque Chunta le pide a Takato que se ponga el cinturón y le da sus recurrentes mil yenes para que lo haga bien rápido. Todo esto, debo añadir, lo hace con un semblante serio que incluso le hace parecer un tipo maduro. Nuestro protagonista acepta el billete a pesar de las quejas de que no es una persona que se vende por tan poco dinero. Se nota que acabó su contrato guay y que ahora vive a base de hacer anuncios cutres. Qué bajo ha caído quien fuera número uno del ranking durante tantos años seguidos.

La escena que sigue a continuación es tensa.

Chunta se pasa el viaje con cara de mala hostia mientras mastica caramelos con cierta agresividad—pobres dientes— y Takato teme por su vida porque se adentran en una zona industrial medio desierta. El protagonista le comenta así como quien no quiere la cosa a su ¿secuestrador? ¿cliente? que a la mañana siguiente trabaja y que quiere volver a casa. Chunta se niega porque ha invertido mil yenes en ese secuestro y los va a amortizar.

Intuición femenina: Takato no va a poder presentarse en el trabajo al día siguiente.

El señor denso que protagoniza esta serie sigue pensando que Chunta está cabreado con él cuando éste se le lanza y confiesa que no había querido molestarle porque era consciente de que tenía mucho trabajo y se sabía hasta su horario —alerta stalker— pero que todo le daba igual porque no podía resistirse más. El nivel de calentón que tiene el secuestrador-cliente-violador-amante ya ha superado el de una central nuclear. ¿Cómo es que no está fundiendo el cuero de los asientos? Está que arde, señores.

Por fin Takato se da cuenta de que el animalico de corral no estaba cabreado sino en celo y le echa la bronca porque le preocupó al desaparecer de su vida tan de repente tras irrumpir en ella like a wrecking ball y presentarse así, en modo secuestrador, un poco como él mismo hizo en el episodio anterior pero imponiendo más y negociando menos.

Al final a Takato se le va la fuerza por la boca porque, a pesar de que dice que no quiere nada con Chunta, pasan cosas en el coche. Hay un movimiento que, no sé, me hace pensar que deberían llevar el vehículo al mecánico a que le eche un vistazo porque seguro que se han cargado algo con tanta actividad erótico festiva. No sé hasta qué punto los amortiguadores de un automóvil pueden soportar semejante traqueteo. Tienen que haber pasado a mejor vida a no ser que estén hechos con las uñas de los pies de Chuck Norris o algo por el estilo… A saber. La magia de la ficción es fascinante.

Eventualmente, cuando las cosas se calman y Chunta se refrigera, disfrutan de las vistas cuquis de las factorías desde una especie de mirador abandonando en una carretera así como en el bosque donde Chunta podría hacer lo que quisiera y nadie oiría las súplicas del protagonista. Allí tienen una charla bastante adorable para lo que es el tono del anime en general; Takato anima a Chunta a que contacte con él diariamente porque no puede soportar sus momentos de reactor nuclear. Vale, no es adorable, pero os reto a ver la escena sin audio ni subtítulos y disfrutaréis de los colorines de las fábricas de fondo. ¡Es que si nos ponemos exquisitos con esta serie no podré decir nada bueno, jo! La conversación finaliza con Chunta dejando caer que podrían vivir juntos, pero parece que no cuela y deciden volver a poner a prueba la suspensión de su coche.

Si bien Takato no acepta la proposición de mudarse con el angelito calenturiento, sí acaba pasando la noche en su piso y se da cuenta de que, con la tontería, tiene allí su cepillo de dientes, sus mudas de ropas y a saber qué más. Comenta con Chunta que va a hacer una obra de teatro —cosa que su stalker ya sabía de antemano— y encuentra de forma totalmente casual un DVD de una película de miedo que grabó siendo adolescente. Chunta se hace el loco y dice de una forma que da mala espina que desearía haber conocido a Takato en esa época de su vida… Algo malo va a suceder.

Pero aún no, porque damos un salto en el tiempo y vemos a Chunta interceptando hábilmente a Takato a la salida del trabajo. Aquí conocemos a Ryo Narumiya, un chavalín que trabaja con Chunta y fanboyea intensamente al encontrarse con Takato.

No sé vosotros, pero esto me es familiar y estoy teniendo war flashbacks. Takato también.

De este encuentro sacamos un dato interesante: el tal Ryo es alumno del instituto al que Takato fue en su día y parece que el uniforme no ha cambiado para nada.

¿Recordáis esa conversación en que Chunta dijo que hubiera querido conocer al Takato adolescente?

Nuestro dulce angelito sí, porque suena la alarma que indica que vuelve a estar caliente como para abastecer de energía a todo el planeta. Al animalico le falta tiempo para usar sus encantos para convencer al pobre Ryo de que le consiga uno de sus uniformes y llevarse a Takato a un set de rodaje de un aula de instituto. Evidentemente, el protagonista se niega a ponerse esa ropa, pero acaba cediendo cuando Chunta le dice que cada vez que se niega se pone más cachondo.

El romanticismo ha muerto. Y las relaciones consentidas, pero de eso ya hace unos cuantos episodios.

Chunta confiesa que él podría haber trabajado antes como actor porque recibió ofertas desde que iba al colegio y que ahora se arrepiente de no haberlo hecho. Vaya, que podría haber conocido y violado a su ídolo desde que éste estaba en el instituto. Quiere absolutamente cada parte de Takato para él y no tirar nada.

Traducción: Takato es como un cerdo. Se puede aprovechar todo de él.

Ñam.

Como persona que se deja llevar por la gula, diré que el romanticismo no ha muerto. Es mejor, ha evolucionado.

Posiblemente os lo toméis como una broma que hago porque soy un bicho raro, pero el protagonista se ha sonrojado y ha aceptado ponerse el uniforme siempre que Chunta no mire mientras se cambia. Como si el chaval no hubiera visto, sobado y lamido cada centímetro de su anatomía…

Ya con el uniforme puesto, Takato responde a preguntas que Chunta le hace sobre su vida escolar… hasta que Chunta le pide que le llame «Sensei» y estalla. Se niega en rotundo. Pero, ¡sorpresa!, termina por ceder pensando que es mejor rebajarse a llamarle así antes que ponerse a hacer «paella» —esto es un eufemismo porque Chunta no sabe hacer paella— en el aula.

Craso error.

Al oír «Sensei» de boca de su crush, Chunta empieza a irradiar más calor que el sol. Por suerte para el público, parece que no toda la sangre se le baja al «fuet» porque se le ocurre la genial idea de ponerse en la piel de un profesor y hacer roleplay. Así es como terminan haciendo «paella» sobre un pupitre fingiendo que era la primera vez que Takato hacía «paella» y que a partir de ese momento solo haría «paella» con Chunta sensei.

Después de esta escenita culinaria —nunca mejor dicho, el culo del prota es imprescindible en lo que ocurre— nos encontramos a Takato queriendo morir y preguntándole a Chunta cuán desgraciado pensaba hacerle. Podría parecer poco romántico, pero jamás subestiméis a los guionistas porque ahí aparecen para salvar el día haciendo que Chunta le agradezca a Takato el haber cumplido su sueño y, como nuestro estudiante es un bocachanclas, acaban en la mesa del profesor haciendo más «paella».

El episodio finaliza con una escena en la que Chunta le devuelve su uniforme a Ryo y este, inocentemente, le ofrece su chándal con pantaloncitos cortos. Por otro lado, Takato se huele que va a estar haciendo «paellas» de cosplay hasta el día que se rompa la cadera así que le suplica a su manager que no le deje solo al acabar el rodaje… Cosa que no cuela.

En esta ocasión no tenemos escena eterna —ni de ninguna duración— tras el ending. Al equipo de Mistral Chronicles nos congratula que en Cloverworks nos lean semana a semana y sigan nuestros consejos.

Y no solo ellos. Gracias a todos por leer este artículo. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

Es broma. Antes va mi predicción sobre el final. Creo, y dudo equivocarme, que Takato acabará mudándose a Valencia para aprender de los expertos el verdadero arte de hacer paella. Pero de la buena, no la entrecomillada.

Ahora sí. ¡Hasta la próxima!

Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #3: Relaja la raja, Chunta

Gracias al segundo episodio de Dakaretai Otoko, cuyo arroz con cosas sigo sin digerir, sabemos que Junta Chunta y Takato están hechos el uno para otro porque el plot y el pornillo así lo exigen; que mirar al frente cuando se está al volante es para cobardes y que, por mucho que Junta actúe de médico, no lleva bien el tema de medidas de protección para no contagiar resfriados.

El tercer episodio empieza con Takato estudiando su guion. Por el camino lloriquea internamente porque decidió quedarse en el bus repasando un texto lleno de jerga médica en lugar de irse de copas.

Enhorabuena, Takato, eres lo que se conoce como un «adulto responsable».

A continuación el tono de la escena cambia un poco: se oyen pisadas amenazantes, música apocalíptica y aparece su amante en plan «Shingeki no Chunta» lanzando vapor por la nariz porque vuelve a estar más caliente en un horno en modo pirólisis.

Para decepción de los fans, parece que todo esto fue solo imaginación de Takato. O no, porque Junta es pura pasión y está más pegado al prota que un chicle a la suela de un zapato. Además, dice cosas raras que no vienen a cuento hasta que el equipo de guionistas nos desvele su malvado plan para que acaben fornicando como conejos.

Pongámonos en situación: Chunta y Takato están en un bus. Ellos… y el conductor. Les separa una cortina… Y Chunta mete la mano dentro del pantalón de Takato para cogerle el pene a Chunta —por Dios, espero que pilléis esta referencia a Perla Shumajer— y Takato se escandaliza porque no le va el exhibicionismo y el conductor puede correr la cortinilla en cualquier momento.

No sé, Takato, pero si algo se corre no será la cortina.

El caso es que Chunta insiste, manosea a Takato como quiere e ignora sus constantes negativas. Las pasa por alto una y otra vez hasta que se digna a mirar a su amante a los ojos y ve algo que le traumatiza.

Lágrimas.

Sí, Takato está sufriendo porque le están acosando sexualmente —sus propias palabras— pero el que da penita es Chunta. Porque, pobrecito, es un angelito y esas cosas.

No os preocupéis, que el trauma le dura patata. El conductor se dedica a hacer conversación porque hay un atasco y —a la mierda mi predicción—, corre la cortina porque se aburre o algo. Por suerte, está en el ángulo perfecto para que Takato parezca estar durmiendo sobre Chunta, así que decide volver a lo suyo tras hablar un poco con el actor, cuya mano se mueve misteriosamente dentro del pantalón de Takato.

A continuación se sucede un diálogo tan impresionante que lo voy a escribir dentro de una cajita de esas bonitas para las citas. Para que veáis la trascendencia.

—Chunta, para.

—¿De verdad quieres que pare?

—Muac, muac, glugluglu.

Así es, Takato le besa.

Sí, Takato. Pero, vamos, esto también dura patata porque, cuando por fin Chunta se digna a pensar usando el cerebro, se da cuenta de que está con un trauma del tamaño del tupé de Donald Trump y le pide al conductor que los lleve a ambos a su casa.

Al llegar a su piso, Takato se dedica a golpear a Chunta y le dice que nada de disculparse hasta que descargue su ira sobre él. En este instante todo el público se da cuenta de por qué Takato se mete a actor y no a boxeador, por decir algo.

Como esto empieza a parecer una relación muy tóxica —que lo es, pero no tiene por qué reconocerse por la narrativa, no vayamos a perder espectadoras—, nos meten con calzador a Chunta super adorable dando a entender que les queda poco tiempo juntos porque el rodaje está acabando. Claro. Esta gente vive en un mundo donde lo normal es violar a tu compañero de trabajo cuando se os va a acabar el contrato.

Por si acaso alguien aún me toma en serio, lo aclaro, y espero que Chunta tome nota:

No. No es normal. A la gente no se la viola. Si dice no, tú paras. Si llora con cara de trauma, tú paras. Si ves el más mínimo atisbo de incomodidad, tú paras y preguntas qué pasa.

Al día siguiente, en el trabajo, disfrutamos de unas escenas intensas donde Chunta invade adorablemente el espacio personal de Takato. Este —por fin— tiene confianza con sus compañeros de trabajo como para mandar a la mierda abiertamente a Chunta. Llamadlo confianza, llamadlo ceguera, porque las tías que fangirleaban el primer día con lo cuquis que son juntos, siguen a lo suyo y eso que al protagonista solamente le falta la navaja.

Lo que viene ahora mola un montón porque toca hacer una entrevista y los periodistas se pasan el rato preguntando a Takato acerca del puñetero ranking cuyo nombre debería ser tabú. El pobre no puede hacer más que ser diplomático, aunque por dentro seguramente se esté acordando de todo el que haya votado a Chunta.

Tras la entrevista, Takato está rageando más on fire que Valencia en Fallas en su camerino sobre lo desgraciados que son los periodistas y finge que no está alterado, pero le arrebata de los brazos a Chunta la docena o así de latas de chocolate que le ha traído. Se las bebe como si fueran agua.

Si no engorda me indignaré.

Como Takato no tenía suficiente con los periodistas, el manager le informa de que la revista del ranking-que-no-debe-ser-nombrado quiere hacer un especial de la película con el número 1 y 2 del ranking. El photoshot es puro fanservice y así es como el protagonista justifica su proximidad con Chunta.

De verdad, os aseguro que los ovarios de más de una de las presentes allí estallan. Hacen KABOOM.

En la entrevista, Takato demuestra que es un actor de categoría y finge que no ha muerto por dentro al no ser reelegido número uno e incluso felicita a Junta por el puesto.

¡Bravo, maestro!

A continuación llega la típica pregunta de si tienen alguien que les guste. Takato, muy en su línea, dice que está enamorado de su trabajo porque el tiempo no le da para más. Chunta suelta un discurso que se ha llevado por delante a cientos de diabéticos. Madre mía, no había visto nada tan empalagoso desde… No sé. Nunca.

Cuenta la leyenda que otros cientos de diabéticos murieron en la siguiente escena en la que, el día en que acaban de grabar, Chunta va a agradecerle a Takato lo mucho que ha aprendido de él durante el rodaje. Ahora viene otra escena intensa que merece cuadrito cuqui.

—No me importa si me llamas de vez en cuando.

—Da igual, iré a verte cada día.

—¿C-Cómo?

—En coche.

Oscar a mejor guionista ya. Pero ya. Ya están tardando.

La conclusión es que Takato no se libra de su acosador, que dicho acosador se ha convertido en su nuevo chófer y que la bromita de los mil yenes sigue en pie porque Chunta se los ha vuelto a ofrecer a cambio de toquetearle hasta el infinito y más allá.

Me pregunto si Takato sobrio se los queda como hizo el borracho en el primer capítulo.

Al final del episodio, mientras todo el equipo está absorto viendo cómo ha quedado la película, Takato tiene una epifanía: Chunta parece inofensivo pero en realidad es Satán un carnívoro feroz… y, a pesar de ello, se alegra de haber trabajado con él.

Y, bueno, necesito una explicación de por qué el mini extra de después del ending dura tanto —unos cinco minutos— y es tan importante. Como está en un lugar tan cutre, espero hacer un resumen a la altura: Chunta gana el premio al mejor actor protagonista, Takato se lo lleva a su casa para celebrar con una botella de champán que vale más que el dominio de esta web, el prota se come una tarta entera y ojalá engorde hasta parecer una ballena como el resto de mortales porque está cabreado al no haber ganado el premio al mejor actor de reparto, Takato le ofrece tarta a Chunta y Chunta, para sorpresa de nadie, elige comerse a Takato. Y como es un día especial, Takato dice de hacerlo en la cama en vez de en el sofá y hasta se deja sin poner oposición como de costumbre.

Todo eso es el verdadero final del episodio y ha quedado relegado al tiempo basura de después del ending.

Empiezo a pensar que el verdadero final de este anime es que todo fue un sueño de Antonio Resines. Esta es mi teoría para hoy y creo que es la más plausible a estas alturas de la vida.

¡Nos leemos en el siguiente episodio!

Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #2. Chunta, notice me

Si habéis superado el primer episodio de Dakaretai Otoko, sin duda este anime os interesa de verdad. Eso o adoráis mi prosa y mi ingenioso sentido del humor. No hay muchas más opciones. Para quien haya olvidado de qué va esta serie, aquí va un pequeño resumen:

Takato Saijyo era el número uno en el ranking que da nombre al manga hasta que Junta Azumaya entró en su vida para arrebatarle su posición, su virginidad y su derecho a negarse a mantener relaciones sexuales.

Tal cual.

Dicho esto, el segundo episodio empieza en el set de rodaje. El protagonista está tomando tranquilamente un café hasta que viene Junta con sus alitas de ángel a pegársele como una lapa. Takato le mataría gustosamente, pero tiene testigos que piensan que sus interacciones son adorables y, total, el hombre se debe a sus fans.

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Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #1: Arriba, abajo, al centro y pa dentro

Esta temporada de anime (otoño de 2018, para quien se haya perdido) viene cargada de variedad. Hay series para todos los gustos y hemos decidido pararnos a comentar el BL (Boys Love) titulado Dakaretai otoko ichii ni odosareteimasu. Por razones evidentes —no pienso ir a Google cada vez que quiera decir el título—, lo vamos a dejar en Dakaretai Otoko, que es como lo llama el fandom. Este anime está basado en el manga del mismo título infernal de Hashigo Sakurabi, mangaka conocida en nuestras tierras gracias a su obra Los deseos obsesivos de mi chico. Gracias, IVREA, por una más de tus maravillosas adaptaciones de los títulos de los manga que traéis.

Takato Saijyo protagoniza esta historia… Pero eso no es lo importante. Lo verdaderamente importante es que es el número uno en la lista de Hombres por los que queremos ser abrazados. O algo así. En japonés suena mucho mejor. El caso es que Takato lleva cinco años siento el number one y no hace más que repetirlo por si no nos ha quedado claro.

También está bien destacar que nuestro amigo es actor, que empezó a trabajar como tal a los ocho años y que lleva otros 20 en esa industria en la que hay que comer o ser comido. Takato tiene bien claro que se trata de un mundo en el que solo sobrevive el más fuerte. Vosotros lo llamaréis industria del entretenimiento, pero él lo llama Guerra.

Todo esto palidede en comparación con su número uno en el ranking, pero no está de más saberlo.

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