Impresiones de Banana Fish #7 – El joven rico

Si el episodio anterior de Banana Fish culminaba con la llegada del grupo a Los Ángeles, este empieza con un pedazo de culo hecho con CGI digno de Berserk 2016, lo cual es sinónimo de calidad y esperanzas para la vida. Cinco segundos llevamos —en serio, lo he contado— y ya nos ofrece acoso sexual a una mujer en shorts por parte de los chicos desde la furgoneta.

Anime del año.

El episodio de hoy se titula El joven rico en honor a la historia corta de F. Scott Fitzgerald, que ya casi es un invitado recurrente en esta serie. ¿Qué pensaría Fitzgerald si viese que tantas obras suyas están inspirando episodios de Banana Fish? Supongo que lo mismo que Salinger: que qué fuerte que en el año de nuestro señor 2018 se considere una obra de arte algo tan racista, machista, incongruente y cutre.

Bueno, yo a lo mío. La gracia de El joven rico es que aquí hace referencia a Yau-si (o Yut-Lung, como se revela después en un muy inesperado plot twist), que es justamente eso: un joven rico. Tampoco se han dejado las neuronas en el nombre.

Después de fotografiar a chicas sin su consentimiento, el grupo llega a casa de la exmujer de Max para que el expresidiario pueda darle un regalo de cumpleaños a su hijo Michael. Lejos de parecer siquiera un personaje digno, Jessica es una especie de tsundere loca que dispara con un rifle a Max nada más verle. Me recuerda un poco a cómo escriben los señores a «una mujer fuerte e independiente», pero peor porque Akimi Yoshida no es un hombre.

Jessica podría haber sido un gran personaje. No solemos ver a muchas mujeres divorciadas y con hijos llevando su propio negocio —es fotógrafa de modelos, así que hay que sumarle que ha triunfado en una profesión muy exigente y competitiva—, pero la personalidad arruina por completo el trasfondo. Además de histérica, tiene una venita pedófila de lo más inquietante al intentar que Eiji y Ash posen para ella de forma sugerente «porque están muy buenos».

Por si eso no era lo bastante inquietante, Max se lo traduce así a los chicos:

Hará que os abráis de piernas y enseñéis el ano.

Sé que esto no era nada necesario, pero no voy a cargar yo sola con esa imagen mental. En fin, que Jessica le reprocha a Max que él hacía lo mismo, pero con chicas —ya es mala suerte que esos dos se hayan reproducido, sí— y empiezan a pelearse a gritos. Ash, que de pronto es el defensor de la humanidad, se pone chulo con ella y la llama vieja porque… para que se dé cuenta de que… ¿su hijo está triste…?

No entiendo muy bien por qué Ash se comporta como un cretino en esta parte. Sí, es duro para un niño pequeño ver a sus padres pelear, y no me estoy poniendo de parte de ellos en absoluto. Pero no sé, Ash, igual el fallo es de Max por haber ido a su casa. ¿Se han olvidado de que les persigue la mafia allá donde va? ¿De que están poniendo en peligro estúpidamente a Jessica y a Michael? Que sí, que es muy tierno lo de ir para darle un regalo de cumpleaños al hijo, pero qué quieres que te diga. Después de elegir el periodismo de investigación, verte envuelto en una trama criminal de narcóticos, acabar en la cárcel y salir sólo para seguir con dicha trama criminal… lo mismo es un poco tarde para seguir jugando a la familia feliz.

Pero no, a Ash lo que le fastidia es que «todos los padres son una mierda».

¿Sabéis qué me encanta de Banana Fish? Que de un episodio para otro se olvide de los mensajes que quiere transmitir. Ayer había que perdonar al padre de Ash por haberle enseñado a su hijo que debía dejarse violar. Hoy hay que culpabilizar a la madre de Michael —porque Max no ha hecho nada malo— por… discutir con su exmarido. Ay, la lógica.

Es muy difícil empatizar con cualquier personaje de esta serie.

En fin, que se van de la casa de Jessica (no os preocupéis, volveremos porque guess what: la mafia va a por ellos) y llegan por fin a la famosísima dirección del primer episodio. Contra todo pronóstico, resulta ser una mansión. En ella vive el doctor Dawson, que podría contestar a muchas preguntas importantes, pero que, por desgracia, ha desaparecido. En su lugar, está Yau-si, el hijo adoptivo de Dawson, que les deja hurgar por toda la casa y cotillear en el ordenador de su padre como si nada en busca de pistas sobre Banana Fish.

A ver, no es por poner en entredicho la narrativa de Banana Fishotra vez—, pero intentar mantener el misterio de que Yau-si es en realidad Yut-Lung, el enviado del sindicato criminal chino, es bastante ridículo. Hablamos de alguien que sale en cada opening con una cara de malo tremenda no sólo una, sino dos veces. Eso de cara al espectador, que luego está lo de que les deje hacer lo que quieran por «su» casa con la investigación de «su» padre. Es sospechoso a más no poder, y muy triste que intenten alargar la tensión por lo menos quince minutos.

A todo el mundo eso le parece fenomenal, por supuesto. Si acaso Ash parece no fiarse de él, pero porque Yau-si/Yut-Lung «es demasiado silencioso», algo que delata su entrenamiento como mafioso secreto ultraespecial. Otra prueba de lo especial que es Ash: nadie había notado nunca que Yut-Lung caminaba sin hacer ruido. Dios bendito.

Yo también sé caminar en silencio, sobre todo si voy en calcetines. ¿Me convierte eso en una asesina entrenada?

El plan de Yut-Lung consiste, básicamente, en chantajear a Shorter para que pase información sobre Ash a los chinos y, por ende, a Dino. Más tarde, le obligará a secuestrar a Eiji para atraer a Ash a una trampa, pero eso parece que ya lo veremos en otro episodio. Sea como sea, hay que destacar dos cosas: que los chinos amenazan a Shorter con hacer daño a su hermana Nadia —porque cómo no va a ser la mujer un rehén, que estamos hablando de Banana Fish— y que Eiji vuelve a ser la damisela en apuros. Maravilloso. Debe de ir ya por su tercer secuestro.

Con su hermana en el punto de mira, a Shorter no le queda otro remedio que convertirse en la marioneta de Yut-Lung, lo cual resulta muy curioso porque él es a su vez la marioneta de sus superiores. A pesar de ser el hijo de Lee, fue criado a escondidas, y su existencia es un secreto para todo el mundo. Con la promesa de que «está destinado a gobernar la oscuridad tras la luz», hace los trabajos sucios de los que nadie quiere encargarse.

Cuando amenaza a Shorter, este estalla y le suelta lo mucho que respetaba a la familia Lee, pero que ahora se ha dado cuenta de que no son mejores que Dino y los demás sicilianos. Un monólogo un poco intensito, pero importante por dos motivos: uno, que es la primera vez que vemos los ojos de Shorter, lo cual muestra lo vulnerable que es ahora mismo. Puede que incluso haya tocado fondo al elegir obedecer a Yut Lung, y ese momento es mucho más emotivo y sincero que todo lo que llevamos de serie. El otro, que el cuchillo de Shorter corta algunos mechones de pelo de su enemigo. Eso simboliza que las palabras del chico han afectado a Yut-Lung; sin embargo, deja los cabellos atrás y escoge seguir adelante con su plan a pesar de todo. Pero ese momento de duda, por diminuto que haya sido, ya plantea toda una serie de posibilidades y profundidad para el personaje que tienen el potencial de enriquecer muchísimo Banana Fish. Esperemos que así sea.

Cerraremos las impresiones de hoy con un repaso de la relación entre Ash y Eiji en este episodio que, aunque no lo parezca, está avanzando a pasos agigantados. Si a Yut-Lung se le ocurre secuestrar a Eiji es porque ve lo cercanos que son. Se dan de la mano, un contacto físico íntimo que Ash inicia sin otra intención que la de acariciarse, y pasan mucho tiempo juntos. Y miran mucho el uno por el otro: cuando Ash descubre que detrás de la droga Banana Fish se esconde todo un imperio criminal, decide que Eiji estará más seguro si vuelve a Japón, y tiene una conversación con él para que acepte marcharse.

Es en este punto cuando descubrimos qué tiene Eiji que le gusta tanto a Ash:

Eres la primera persona que me ayuda sin pedir nada a cambio.

Ash y Eiji viven en mundos muy diferentes, tanto que la idea de ayudar desinteresadamente a alguien es casi desconocida para Ash. Pero a pesar de ser tan diferentes, sus mundos han chocado el uno con el otro, y de ahí nace la atracción. ¿Es comprensible? Sí, pero no por ello más sano. Ash ve a Eiji como a un ser puro que se preocupa por él, y Eiji admira a Ash por los peligros que ha corrido y superado. Un poco como Otelo y Desdémona en Otelo, y ya sabemos cómo acabó esa historia.

No es ningún secreto que Banana Fish va a tener un final trágico, pero no adelantemos acontecimientos. ¿Llegará Shorter a traicionar a Ash y a Eiji? ¿Aparecerá alguna mujer con un mínimo de dignidad en esta serie? ¡Lo sabremos en los próximos episodios!

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Impresiones de Banana Fish #6 – Mi ciudad perdida

Al contrario de lo que pueda parecer, me gusta señalar las incongruencias y las barbaridades que Banana Fish nos intenta vender como adultas, románticas y guays, pero en este sexto episodio me he dado cuenta de que he pasado por alto una de enorme. Y ha tenido que ser Max Lobo quien, hablando con Ash, me ha abierto los ojos:

Verte poner muecas de esa manera hace que recuerde que sólo eres un niño.

Por el amor de Dios. Tiene razón. ¡Ash es un crío! Legalmente, es menor de edad en todos y cada uno de los Estados Unidos —y casi todos los países del mundo, por cierto—, y sin embargo… le encerraron en una cárcel de adultos. Qué.

No, en serio. Me parece estupendo que la mafia esté detrás de su reclusión y todo eso, pero no puedes coger y meter a un niño en prisión así sin más, por muy policía corrupto que seas. He estado buscando bajo qué circunstancias pueden encerrar así a un menor y, por lo que tengo entendido, en Estados Unidos se aceptaría en caso de que dicho menor fuese condenado a cadena perpetua. Esa podría haber sido la pena de Ash, ya que le culpaban de asesinato, pero si tenemos en cuenta que lo terminan liberando al cabo de pocos días y sin muchos problemas… Chirría un poco, ¿no?

No sé cómo tomarme Banana Fish después de esto.

En fin. Hola. Bienvenidos.

Como podéis ver, el episodio de hoy empieza fuerte, y esto es sólo el principio. De hecho, estamos ante unos acontecimientos tan especiales que necesito pasarme, aunque sea sólo en esta ocasión, al formato de análisis. Tengo mucho que decir y con unas impresiones no me basta. ¿Lo siento?

Mi ciudad perdida


Vamos a quitarnos el título de encima. Mi ciudad perdida es un ensayo de F. Scott Fitzgerald sobre la idealización de la ciudad de Nueva York en el siglo XX, contrapuesta a una realidad mucho menos atractiva. ¿Es posible separar ambas ideas o están obligadas a coexistir? Aplicamos la obra de Fitzgerald al hogar de Ash, el sitio en el que él y Griffin se criaron —que yo pensaba que habíamos llegado al final del episodio anterior. Ahora entiendo menos lo de quitar el ending, pero… vale— y donde todavía viven sus padres.

En esta escena tiene lugar el que considero que ha sido el momento más gracioso de todo Banana Fish. La pandilla llega a ese precioso lugar bucólico pastoril y todos menos Ash (que es demasiado macho para sentir algo que no sea odio y rabia) se quedan maravillados ante el paisaje. Y entonces Shorter va y suelta:

Cuesta creer que [este sitio tan bonito] sólo está a quinientos kilómetros de Nueva York.

Se me saltan las lágrimas. Quinientos kilómetros.

De no saber lo que está por venir, este sería mi episodio favorito de Banana Fish sólo por esto. Esta delicia de frase. Puede que sólo sea un error tonto, tontísimo de traducción, pero voy a pensar que no es así. Voy a creer que Shorter se ha sorprendido de verdad de encontrar un trozo de campo a más o menos la distancia entre Madrid y Barcelona. La cúspide del humor.

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Impresiones de Banana Fish #5 – De la muerte a la mañana

¡Estamos de vuelta con Banana Fish! ¿Nos habéis echado de menos? No os preocupéis, todavía nos quedan unas diecinueve semanas de impresiones como mínimo. ¡Viva!

Dejamos el episodio anterior con Ash y Max llorando la pérdida de Griffin, pero este empieza con más optimismo. Renovada la solidaridad entre los dos, Max convence a Ash para que se entreviste con su abogado, y vemos que este le ha conseguido nada menos que la libertad condicional —un poco amañada, ya que la semana pasada vimos que había favores de por medio. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que el comportamiento de nuestro protagonista en la cárcel no ha sido ejemplar, que digamos—.

Pero consigue salir, y eso es lo que importa.

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Impresiones de Banana Fish #2 – En otro país

Seguimos con las impresiones de Banana Fish. La semana pasada conocimos a los personajes y vimos el planteamiento de una historia dura y llena de misterios y conspiraciones. El primer episodio terminaba con el secuestro de Eiji y de Skip, una trampa organizada por Arthur y Marvin para acabar con Ash. El segundo empieza justo donde dejamos el anterior, y nos toca enfrentarnos a un oscuro giro de los acontecimientos.

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Impresiones de Banana Fish #1 – Un día perfecto para el pez banana

Banana Fish es la adaptación al anime del manga dramático de Akimi Yoshida. Tras la emisión de su primer episodio en julio de este año, se ha convertido en una de las series más populares de esta temporada, con una historia llena de acción y misterio, diseños realmente bonitos, una animación fluida y una trama que engancha.

Pero lo que de verdad gusta de Banana Fish, lo que te hace querer seguir después del primer episodio, es la sensación de que hay algo más escondido a plena vista, algo que no podemos ver. Me explico: Banana Fish empieza fuerte, muy fuerte, y presenta una historia sobre sindicatos criminales, ansias de poder y drogas. Son varias tramas; no es que se presenten de forma confusa, pero pasados esos veinte minutos tienes que detenerte a pensar en lo que has visto.

Y es que ¿qué es Banana Fish en realidad?

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