Reseña: La cumbre de los dioses, de Netflix

La cumbre de los dioses es una hermosa película dirigida por Patrick Imbert con la colaboración de tantos guionistas que me cuesta creer que hayan sacado una película así de buena. La podéis encontrar en Netflix, a donde espero que vayáis sin mucha demora si esta reseña os convence.

Inspirada en el manga homónimo de Jiro Taniguchi, adapta la historia de dos hombres. Por un lado, un fotógrafo especializado en expediciones de alpinistas. Por otro, la persona que se convierte en su obsesión: Habu, un escalador que posee una cámara bastante valiosa. Si se revelaran sus fotografías, quizá se podría demostrar que la historia del alpinismo está equivocada. Puede que hubiera habido alguien que alcanzara el Everest antes de lo que nos hemos figurado.

Con todo, os lo digo ya: la cámara es un McGuffin. No es importante. Solo se trata de la excusa para que nuestro protagonista, Fukamachi, investigue a Habu. Su obsesión por comprender por qué el hombre sigue desafiándose a sí mismo, una y otra vez, le llevará a cuestionarse muchas cosas que damos por sentadas. Así se explorará la maravilla de sentir inspiración por una persona y, al final, tratar de superarla… O el terror de que tú te conviertas en objeto de admiración y traten de superarte a ti. Algunos otros temas son la envidia, la competición, la llamada de lo sublime en los rincones más remotos de la naturaleza, y el valorar tu propia vida a una escala que la sociedad no comprende. Ya veis. Un proyecto poco ambicioso.

Sin duda, La cumbre de los dioses llama la atención por ser una historia tan personal, egoísta y poco comunitaria, en especial siendo japonesa. Habu es, en muchos sentidos, víctima del sistema. Cualquiera que haya deseado dedicarse a su hobby, que en realidad no es tanto un hobby como una forma de vida, se sentirá identificado con él. Es demasiado serio, demasiado dedicado, demasiado dispuesto a cumplir las reglas, a entrenar, a ignorar su trabajo, a indignarse con sus compañeros porque no se lo toman igual de en serio que él. La falta de un círculo de amigos, a su vez, lo condena a la soledad, a no poder contar con los medios necesarios para dedicarse a su pasión. Cada vez más solo, vemos cómo el mundo le empuja lejos, y en respuesta él también rechaza a la sociedad mientras aspira a las cumbres donde nadie más puede llegar.

La cumbre de los dioses se puede ver como un comentario acerca de la vida humana y sus límites. ¿Dónde están? Algunos podrían decir que no existen hasta que te llega la muerte, porque siempre vas a encontrar un nuevo sueño. Un nuevo desafío. A gusto del espectador queda decidir si es un buen o mal mensaje. La película no quiere dar una respuesta concreta, a pesar de que evidentemente está enamorada de la idea de ir siempre un paso más allá. Sin duda hay una idea romántica alrededor del alpinismo. Escoger las más colosales montañas del planeta ayuda a asociar a los personajes con gente que persigue lo divino. El caminante sobre el mar de nubes siempre nos ha hecho soñar con lo grande. La misma impresión evoca esta película, mientras los protagonistas se encaminan hacia la mismísma cumbre de los dioses.

Sin embargo, no os equivoquéis, la película es dura. El alpinismo es un deporte de riesgo; la posibilidad de morir forma parte de su atracción. La historia comienza narrando la muerte de un alpinista y de su compañero, cuyos cuerpos jamás se han recuperado, y cuya historia quizá pueda merecer un reportaje si resulta que, antes de morir, lograron coronar el Everest.

Los personajes se debaten con las frustraciones económicas propias de un deporte tan duro, que exige financiación no solo por los viajes que hay que hacer hasta los lugares apropiados, sino por el entrenamiento, el material, el vivac y demases. Y por eso el papel de los periodistas es esencial. Si no tienes prueba de que has sido el primero en hacer una ruta de cierta manera, no eres nadie. El problema es que ni siquiera eso te asegura el éxito. ¿Has coronado esta montaña en invierno con un compañero? Pues ahora lo hace alguien solo. ¿Has subido el Everest? Bien, ahora hagamos un speedrun y logrémoslo en menos tiempo. O sin oxígeno. O en invierno. O por la cara más escarpada. O todo a la vez. Me sorprende que no hubiera alguien decidido a escalar el Everest en plena tormenta.

Nunca se acaba.

La muerte es tu compañera de viaje; siempre te respira en la nuca. Sin embargo, si logras evadirla y alcanzar tu objetivo, ah… Entonces hay dinero para ir más lejos.

El alpinismo tiene mucho que ver con todos esos deportes fascinantes y terribles como puede ser la exploración de las cuevas. Aquí os dejo un vídeo sobre el tema. Mucho cuidado si vais a verlo; puede dar claustrofobia y, además, se habla de muertes. Por otro lado, podríamos mencionar también las profundidades del mar y el deseo de alcanzarlas a pesar del terror que suscitan. O del skydiving. Es un tipo de riesgo que lleva a preguntarse: ¿por qué?

¿Por qué desafiar a la muerte cuando solo tenemos una vida?

La película fuerza a sus personajes a darse cuenta de que su pasión puede hacer daño a los demás. La trama crea espirales donde les vemos cometer errores y, a veces, aprender de ellos de una forma satisfactoria y terriblemente melancólica. La evolución es intimista, discreta, a menudo basada en dar dos pasos atrás por cada uno que se da adelante. Pero se notan. Está claro que quienes hicieron esta película confían en que los espectadores son adultos y han prestado atención. Por eso, cuando Fukamachi le dice Habu cierta frase, solo necesitamos ver la cara del último para recordar que fue lo mismo que le dijo cierta persona hace mucho, mucho tiempo. Y no necesitamos de flashbacks, porque las escenas son simples, pero cuidadosamente construidas para que funcionen bien.

Y hablando de frases, el doblaje español es maravilloso e inmersivo. No comprendo por qué han decidido mantener el -san al final de los nombres cuando cambian la pronunciación japonesa (Joji pasa a ser Yoyí, Habu es Abú, etc), pero aunque distrae un poco, uno se acostumbra con rapidez. Es un trabajo muy profesional, que da muchísimo gusto. Ojalá trataran igual de bien al anime.

En cualquier caso, debo decir que se nota que hay dinero detrás de esta producción. La animación no solo es agradable, sino fluida y artística, enriquecida gracias a la hermosa banda sonora realizada por Amin Bouhafa. No es incomparable, pero sí cumple a la perfección su función.

Por otro lado, el ritmo tranquilo de la historia podría compararse compararse con esos silencios que caracterizan tantas películas japonesas, pero no hay un sentimiento «japonés». Los personajes apenas hacen reverencias, se comportan de forma más «apropiada» para un público europeo y, ante todo, el tono es… distinto. Hablando con Tanis, me dijo que es vintage y creo que tiene razón. La historia transcurre hacia finales de siglo XX, pero la atmósfera no solo reverbera con aire «viejo» por la tecnología (ay, los mamotretos de portátiles que se ven. ¡Yo llegué a tener uno como el que usa Fukamachi para jugar de niña!). Tampoco es cosa de la animación que, como digo, más limpia y fluida no podría ser. Pero la elección de los colores, entre otros elementos, crea un sabor más antiguo. Más… romántico.

En fin, que es una película muy francesa, en el mejor de los sentidos. El guion no teme usar los silencios o eliminar el diálogo para que la animación haga lo que sabe hacer: mostrar. Vemos cómo un personaje es mejor escalando que otro no por comentaristas, sino por simple comparación visual. También hay escenas en las que vemos cómo el cuerpo no puede soportar ciertas alturas y la animación se regodea en la claustrofobia para que sepamos lo que está viviendo el personaje.

Y luego están los paisajes, donde lo sublime predomina con impresionantes panorámicas. La naturaleza en su más dignificada grandiosidad aparece en forma de magníficos paisajes nevados y rocosos, paredes que convierten a las personas en insectos. Los chasquidos guturales, casi gemidos o gruñidos, de las grandes cadenas montañosas bien podrían pertenecer a titanes primordiales.

¿Se nota que me ha gustado? Espero que sí. La cumbre de los dioses es una preciosa película, y de verdad espero que os animéis a darle una oportunidad.

¡Que el viento sople a vuestro favor!

  • Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man. Houseki no Kuni y un largo etc.) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros. Fui redactora de Deculture. También escribo relatos (cuando puedo) y he publicado algunos que podéis encontrar en Goodreads.

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