El lore de Evangelion: Lilith, Adán y los Ángeles

Sí, ha pasado. ¡Ahora tenemos canal de YouTube!

Llevábamos algunos meses planeándolo y hemos pasado el último mes trabajando en él. Y como no podía tratarse de otra forma siendo nosotras, nuestro primer vídeo trata sobre Evangelion. En él contamos el lore del anime, desde el Pueblo de los Primeros Fundadores, hasta eventos que transcurren al final de End of Evangelion. Por supuesto, también nos paramos a reflexionar sobre el más que evidente simbolismo cristiano que encontramos y su origen bíblico.

¡Esperemos de corazón que os guste!

Algunas de las fuentes que hemos utilizado para el vídeo:

Traducción de Reichu en Evageeks entre una Tercera Semilla y Kaworu en NGE2

Informes clasificados de NGE2, traducción de Evageeks:

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Oxenfree, un thriller adolescente en Epic Games

Es curioso cómo un videojuego como Oxenfree llegó a saltarse mi radar de detección de juegos indies. Si no hubiese sido porque Epic Games lo puso gratis durante un par de semanas, posiblemente jamás habría llegado a jugar este maravilloso título creado por Night School Studio.

Está claro que al final, los videojuegos son productos que se venden a unos consumidores, pero casos como los de Oxenfree van más allá de la simple vasija vacía que encontramos en la industria hoy en día. Y es que este es uno de esos juegos que tanto me atraen y enamoran. En cada aspecto se puede llegar a notar el cariño y la pasión con la que sus desarrolladores —menos de una docena, sin contar los actores de voz— han creado este videojuego. Eso no es fácil de conseguir.

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‘Diario de intercambio (conmigo misma)’ #2 de Kabi Nagata. El largo camino de la recuperación.

Volvemos de nuevo a Kabi Nagata, la autora que ya se ha ganado un meritorio puesto en el panorama del manga español gracias a sus anteriores obras, Mi experiencia lesbiana con la soledad y el primer tomo del Diario de intercambio (conmigo misma). Con este segundo tomo, la autora cierra un ciclo vital, tanto a nivel personal como artístico. Aun así, esperemos que, en el futuro, siga deleitándonos con sus obras.

En la segunda parte del Diario de intercambio, Kabi Nagata pone punto final a algunos de los temas que exploró de forma acertada en sus anteriores trabajos. La relación con sus padres —y otros familiares— o su círculo de amistades son algunos de ellos, pero, en este caso, la cuestión de la salud mental es el tema insignia por excelencia. Con su obra, Nagata muestra hasta qué punto puede afectar a la vida cotidiana sufrir un trastorno mental. La autoestima, entablar relaciones sanas, la percepción de los demás… todo está vinculado a un correcto funcionamiento del cerebro. La autora ha sabido aunar de forma magistral toda una serie de elementos en su trabajo que dejan un manga de ensayo al que no estamos acostumbrados en España.

A lo largo de este tomo, Kabi Nagata se embarca en un viaje interior de autoexploración, analizando varios puntos de su día a día. Es así como llega a la conclusión de que las cosas no irán a mejor a no ser que ella misma haga algo por cambiar. El hecho de tener amistades nuevas o incluso volver a casa de sus padres porque la angustia vivir sola son episodios que la hacen reflexionar sobre hacia dónde debe ir y lo que debe hacer para recuperarse. Tras tanto tiempo ignorando lo que le sucede, la autora recae de forma más severa en la depresión y comienza a beber alcohol sin freno, por lo que finalmente debe ingresar a una clínica para tratar su adicción y, sobre todo, el trastorno depresivo que padece. Esto, por supuesto, no habría sido posible sin la ayuda de sus padres, quienes la apoyan en todo momento y la animan a que se recupere pronto.

El análisis que nos ofrece este manga —y los anteriores— sobre los deseos de encajar en sociedad, el padecer una depresión y la determinación a afrontarla es algo que solo nos podría haber ofrecido una persona que lo ha vivido en sus carnes, como es el caso de la autora. Resulta especialmente difícil leer sobre su estancia en el hospital, donde la ansiedad y la desesperación terminan provocando que se autolesione. A pesar del tono inocente con el que está dibujado y la normalidad con la que Nagata transcribe lo que le sucedió, no se debe olvidar que su obra es solo una pequeña representación de lo que ha vivido ella y frivolizar sobre lo que se puede leer en sus páginas no sería muy inteligente por parte de nadie.

Quizá una de las cosas que más pueda chocar al público sea el hecho de que nadie, en ningún momento, obliga a la autora a ingresar o a tratarse. Recibe apoyo, eso sí, pero la última palabra la tiene ella a la hora de decidir acudir a la clínica donde la ayudarán. Como no podía ser de otra forma, esta explicación tiene una base sociológica. En Japón —y en España también, no lo vamos a negar— la salud mental todavía es algo que está lejos de verse como algo normalizado y a lo que se debe prestar atención de la misma forma que si se tiene un brazo roto, por poner un ejemplo.

En el caso japonés pesa mucho el pensamiento tradicional: si un hijo sufre problemas a nivel mental que le impiden hacer una vida normal —ya sean trastornos depresivos, fobias u otras cosas— la culpa a nivel social recae sobre los padres, porque no han sabido darle una buena educación para ser un buen ciudadano. No debemos olvidar que, por desgracia, Japón cuenta con una de las tasas de suicidio más altas a nivel mundial y que el propio Gobierno ha tenido que tomar cartas en el asunto, no siempre de buenas maneras. Aparte de esto, también son conocidos los casos de hikikomori (los recluidos), un fenómeno que despertó en Japón hace unas décadas y que, paulatinamente, se ha ido extendiendo a otros países —lo que no quiere decir que no existieran antes jóvenes que se recluían en sus habitaciones de forma permanente—, pero en el país del sol naciente muchas veces son complicados de detectar debido a que los propios padres esconden la realidad que viven sus hijos al resto del mundo. Muchos prefieren silenciarlo y mantenerlos en sus cuartos con todo lo que necesiten antes que pedir ayuda por miedo al rechazo social. Afortunadamente, desde hace unos años se han implementado planes de prevención y tratamiento para gente que sufra trastornos de este tipo.

En conclusión, y sin extendernos más en estos temas, la obra de Kabi Nagata ha supuesto un shock en su país de origen al tratar temas tan delicados a nivel social, cuestiones que casi nadie se atreve a hablar en voz alta. Por ello no sorprende la cantidad de apoyo anónimo que recibió la autora a través de Internet y las redes sociales, ya que evidencia que trabajos de este estilo son muy necesarios y pueden ayudar a otras personas que viven situaciones parecidas.

Este segundo tomo supone un broche dorado a lo que Nagata empezó hace tiempo con Mi experiencia lesbiana con la soledad. Además, al final del tomo se incluye una historia original de la autora —lejos del estilo cartoon—, titulada La melancolía de Chika, que también sirve como crítica social y de la que no adelantaré nada ya que es mejor que la leáis por vosotras mismas. Esperemos que, no a mucho tardar, tengamos noticias buenas y frescas de Fandogamia sobre nuevos trabajos de la maravillosa Kabi Nagata.

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Impresiones de Banana Fish #6 – Mi ciudad perdida

Al contrario de lo que pueda parecer, me gusta señalar las incongruencias y las barbaridades que Banana Fish nos intenta vender como adultas, románticas y guays, pero en este sexto episodio me he dado cuenta de que he pasado por alto una de enorme. Y ha tenido que ser Max Lobo quien, hablando con Ash, me ha abierto los ojos:

Verte poner muecas de esa manera hace que recuerde que sólo eres un niño.

Por el amor de Dios. Tiene razón. ¡Ash es un crío! Legalmente, es menor de edad en todos y cada uno de los Estados Unidos —y casi todos los países del mundo, por cierto—, y sin embargo… le encerraron en una cárcel de adultos. Qué.

No, en serio. Me parece estupendo que la mafia esté detrás de su reclusión y todo eso, pero no puedes coger y meter a un niño en prisión así sin más, por muy policía corrupto que seas. He estado buscando bajo qué circunstancias pueden encerrar así a un menor y, por lo que tengo entendido, en Estados Unidos se aceptaría en caso de que dicho menor fuese condenado a cadena perpetua. Esa podría haber sido la pena de Ash, ya que le culpaban de asesinato, pero si tenemos en cuenta que lo terminan liberando al cabo de pocos días y sin muchos problemas… Chirría un poco, ¿no?

No sé cómo tomarme Banana Fish después de esto.

En fin. Hola. Bienvenidos.

Como podéis ver, el episodio de hoy empieza fuerte, y esto es sólo el principio. De hecho, estamos ante unos acontecimientos tan especiales que necesito pasarme, aunque sea sólo en esta ocasión, al formato de análisis. Tengo mucho que decir y con unas impresiones no me basta. ¿Lo siento?

Mi ciudad perdida


Vamos a quitarnos el título de encima. Mi ciudad perdida es un ensayo de F. Scott Fitzgerald sobre la idealización de la ciudad de Nueva York en el siglo XX, contrapuesta a una realidad mucho menos atractiva. ¿Es posible separar ambas ideas o están obligadas a coexistir? Aplicamos la obra de Fitzgerald al hogar de Ash, el sitio en el que él y Griffin se criaron —que yo pensaba que habíamos llegado al final del episodio anterior. Ahora entiendo menos lo de quitar el ending, pero… vale— y donde todavía viven sus padres.

En esta escena tiene lugar el que considero que ha sido el momento más gracioso de todo Banana Fish. La pandilla llega a ese precioso lugar bucólico pastoril y todos menos Ash (que es demasiado macho para sentir algo que no sea odio y rabia) se quedan maravillados ante el paisaje. Y entonces Shorter va y suelta:

Cuesta creer que [este sitio tan bonito] sólo está a quinientos kilómetros de Nueva York.

Se me saltan las lágrimas. Quinientos kilómetros.

De no saber lo que está por venir, este sería mi episodio favorito de Banana Fish sólo por esto. Esta delicia de frase. Puede que sólo sea un error tonto, tontísimo de traducción, pero voy a pensar que no es así. Voy a creer que Shorter se ha sorprendido de verdad de encontrar un trozo de campo a más o menos la distancia entre Madrid y Barcelona. La cúspide del humor.

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Impresiones: ‘Dakaretai Otoko’ #5. Takato, ¡cuidado con el teto!

Si bien el episodio anterior de Dakaretai Otoko fue intenso y se cobró la primera víctima (si no contamos la virginidad, la dignidad y el sentido común de Takato) de este anime. Sí, me refiero a la suspensión de ese pobre coche que no cometió ningún crimen y no pudo más que intentar soportar las embestidas de Chunta del destino. Aun así, a este anime le falta cierto conflicto. Algo trágico. Un giro de los acontecimientos que abrume nuestros cerebros y nos obligue a quitarnos metafórica o literalmente nuestros sombreros ante semejante obra de arte.

Aunque también puede ser que esta serie nos venga con un cliché. Y sería bien recibido porque para eso hemos venido.

Mejor dejémonos de elucubraciones y empecemos con el quinto episodio, que solo por la rima del numerito —¡cinco!— ya promete.

Dicho episodio empieza con un nuevo personaje. La primera escena nos presenta a Chihiro Ayagi, un joven actor que parece tener muy claro cómo conseguir buenos papeles que le permitan alcanzar la fama. No sé si tendremos el conflicto que esperábamos, pero Dakaretai Otoko es una fuente inagotable de clichés y Chihiro no es una excepción. Y es que Chihiro se dedica a tirarse a todo lo que se mueve para obtener tratos de favor.

Este cliché, desgraciadamente, lo hemos visto en miles de historias con «La Otra» —¡Bienvenidos a nuestro mundo machista que apesta a podrido!— pero esto en un BL y no vamos a ver mujeres con papeles relevantes en la trama. A no ser que sean algo así como Satán… Pero ni por esas. Hasta ahora, las únicas mujeres que hemos visto eran fangirls. En lugar de tener a una mujer para este clásico papel, tenemos a Chihiro, cuyo nombre andrógino no es casualidad y se ha elegido con tanto mimo como el mismísimo título de esta serie.

En cualquier caso, no nos quedemos con esa imagen del chaval. Está feo prejuzgar así a la gente. Lo mismo Chihiro es una bellísima persona, un gran conversador, amante de los animales —aunque Maron, el caniche de la señora, discrepa—, miembro de diversas ONGs y donante de médula ósea.

A quién intento engañar. Este serie no tiene semejante profundidad.

Mientras Chihiro sale de la casa de la empresaria, tenemos escenita de la pareja protagonista pasándolo bien —haciendo el sofrito de la paella, para seguir con la metáfora que empecé en el anterior capítulo— y, bueno, ahí se queda la cosa. No aporta mucho a la trama, aunque resulta interesante que Takato insista tanto en que Chunta no le puede dejar ninguna marca.

A ver, es evidente. Son personajes públicos y fingen ser solteros. Las fangirls a veces tienen la cabecita llena de aire, pero imbéciles no son y tienen un detector para este tipo de cosas. Sin embargo, sí muestra cierta falta de confianza por parte de Takato en alguien que hasta ahora solo lo ha intentado violar —y no solo lo ha «intentado»—, le ha hecho pasar un mal rato en un bus, lo ha secuestrado y hecho chantaje emocional para fines «culinarios».

Chunta comenta que está tristón porque pasará unos días rodando fuera —Takato no se va a poder sentar en un mes cuando su angelito de la guarda regrese más caliente de lo habitual— y se interesa por la obra en la que el protagonista participa. Éste comenta que se siente muy a gusto porque está rodeado de veteranos y… ¡Sorpresa!

Chihiro, que debutó a la vez que Chunta, se ha hecho con el papel principal y ni siquiera se molestó en presentarse al primer ensayo. Se conoce que estaba ocupado asegurándose su continuidad como prota, pero eso son meras suposiciones de una servidora.

Takato es completamente ajeno a esto porque está demasiado ocupado intentando coser las heridas de su ego ya que otra vez un novato le ha arrebatado la gloria. El hateo no le dura mucho porque su pareja se le echa encima, le dice con más envidia que otra cosa que le gustaría ocupar el lugar de ese chaval que no está aprovechando su oportunidad, y le da un duplicado de la llave de su casa. Imagino que Takato la deja en la mesilla de noche porque no tiene dónde meterla y vemos una pluma salvaje en pantalla que nos hace intuir lo que pasará a continuación.

Pista: Chunta sí tiene dónde meterla y no hablo de la llave.

Al día siguiente, el director —que parece tener en alta estima a Takato— charla con el protagonista acerca de Chihiro, que llega tarde. El señor va de buen rollo, pero deja caer con claridad meridiana que el protagonista de la obra debería ser su interlocutor y no el chavalín que parece que no va a presentarse nunca a los ensayos.

Hasta que lo hace.

¡Aleluya!

Chihiro llega tarde, a un pelo de provocarle un infarto a su manager, con toda al confianza del mundo y el pensamiento machista pasajero de que si todos los jefes fueran mujeres tendría aún más trabajo. Se disculpa ante el director así como de muy buen rollo y se presenta a Takato. Antes de entrar al set, su manager le ha advertido de que su compañero en la obra podría robarle la atención del público si no se ponía las pilas, así que presta mucha atención a su aspecto. Piensa que parece más joven que en el cine y es más bajo que él…

Vamos, que no se lo toma en serio por retaco.

Aquí, señores, es cuando descubrimos al mejor personaje de la serie hasta el momento.

El director de la obra.

Ese señor, que claramente favorece a Takato y que detesta la arrogancia de Chihiro, decide empezar el ensayo con una escena de pelea entre dos samurais interpretados por los actores ya mencionados. Puede parecer una elección cualquiera, pero no es casual. El director sabe que Takato controla su parte y quiere enseñarle humildad a Chihiro, que no estuvo para ensayar el día anterior y apenas tiene unas directrices sobre cómo moverse por el escenario.

Empieza la escena y Chihiro desprende tantísima seguridadque se permite pensar en otros menesteres. Que si el cine le va más porque no hay que repetir tanto cada toma, que si los ensayos van a estar chupados, que si es mejor que Takato, que si la paella con jamón es una aberración arroz con cosas… Claro, cuando le toca actuar casi se olvida de su parte porque no está a lo que está y la actuación de nuestro amado prota le ha cautivado.

A él y a todo el staff.

Chihiro casi se mata porque no está acostumbrado a moverse en el suelo inclinado y solo la rapidez de Takato le salva de una buena caída.

Takato aprovecha para hacerse el guay y le advierte que al público le decepcionaría si no está a la altura mientras el director, que ha obtenido justo lo que quería, lo goza. Director-sama, es usted lo mejor de este manganime a día de hoy. No lo olvide. Espero mucho de su sentido sádico del humor y la justicia.

Al llegar la noche, Takato rememora lo genial que fue bajarle los humos al novato y… echa de menos a Chunta.

¿Por qué, Takato?

Incluso se plantea la idea de vivir con él, como ya le ha propuesto en más de una ocasión. En serio. ¿Por qué eres así, Takato?

Entonces recibe una llamada de Chunta, que se contradice a cada palabra que suelta. pero seguro que nadie lo nota porque el público tiene que estar absorto con el modo tsundere de Takato cada vez que insiste en que no le echa de menos ni nada por el estilo. Lo único destacable de la conversación es que Chunta le ofrece mil yenes —¡chupito!— por tener sexo teléfonico y ahora hay zonas de Japón inundadas por tanta hormona juvenil revolucionada entre las espectadoras.

¿De verdad alguien se pensó que realmente pasaría algo destacable en esa llamada?

El día siguiente es a medio camino entre gracioso y penoso porque los de la obra tienen una sesión de fotos en la que debe ir caracterizados y cada uno va a lo suyo. Por un lado, Takato se pasa el rato provocando al novato para que lo dé todo. Por otra parte, Chihiro se pasa el rato pensando que a Takato le sienta bien la ropa de mujer

¿Veis hacia dónde va esto?

Cuando acaba la sesión, Chihiro oye que Takato fue el número uno de ese ranking del que —Dios santo— casi me había olvidado ya y se propone algo que le hace sonreír así como con maldad. Rollo villano de Disney.

¿Seguro que no veis por dónde va esto?

Con eso en mente, va al vestuario donde sabe que Takato se está cambiando.

Tenéis que ver adónde va esto. Las señales están ahí.

Charlan un poco, Takato está molesto porque no le gusta que le vean mientras se cambia de ropa y Chihiro sigue pensando en lo andrógino que es el prota.

Si alguien no ve lo que va a pasar… Que se vaya al médico. Está ciego.

Chihiro le toca la espalda a Takato, que hace un ruido indigno y se pone rojo de la cabeza a los pies.

Esto empieza con un momento shoujo —asumidlo, en esta escena Takato es una nena pero está 100% injustificado por el cliché—, pero como no haya una interrupción va a acabar en momento culinario. Van a hacer paella para abastecer toda la provincia de Valencia durante un domingo entero.

El novato aprovecha para sobar cual pulpo a Takato… que logra zafarse de él cuando llaman a la puerta para invitarle a beber con el resto del equipo.

Pensaréis: Maldita redactora, me has timado, esto no fue adonde tenía que ir.

¡Error!

Chihiro piensa aprovechar que todos salen a beber para emborrachar a Takato y hacerle cosas nazis cuando baje la guardia. Lo que no esperaba era que Takato, al emborracharse, empezara a pelar edamane—una especie de judías japonesas que no tienen lugar en la receta tradicional de paella— y a rajar. El director se lo pasa en grande. Está en primera fila para disfrutar del espectáculo de la borrachera de Takato. ¿No decía yo que es el mejor personaje hasta la fecha?

Al final cada uno se va a su casa y Dios a la de todos y Chihiro se ofrece a hacerse cargo de Takato, que no está en condiciones de nada.

Mientras, así como para cortarnos el rollo, Chunta masca caramelos de menta con furia porque no tiene nada mejor que llevarse a la boca. Y así se lo dice al chavalín que le dejó su uniforme en el episodio anterior, pero él es un ser puro y no entiende a qué se refiere. Parece que Chunta tardará en llegar porque están atrapados en un tifón.

Ahora es cuando empieza a morir gente y se preguntan si el asesino es uno de ellos o es una persona ajena… Como Beatrice.

Cuando por fin volvemos con Chihiro y Takato, podemos ver que Chihiro ha desnudado al protagonista —que sigue inconsciente— sobre su cama y se echa sobre él para hacerle un buen chupetón en el cuello. Comenta —para el público, porque Takato está en coma etílico profundo— que es su primera vez con un hombre, pero que no tiene problemas por ahí abajo.

Vamos, que la tiene más dura que un pan de hace dos días.

Pero ¿sabéis qué otra cosa tienen dura por ahí?

La cara de los del equipo de animación, que más dura no pueden tenerla al dejar que el capítulo acabe ahí.

¿Cómo vivimos una semana sin saber qué demonios pasa entre esos dos mientras Chunta está atrapado en Rokkenjima el rodaje?

¡Exactamente! Con una nueva teoría acerca del final de esta serie.

En esta ocasión, tengo una teoría algo loca. A lo largo de este episodio se empieza a hacer evidente adónde va todo el presupuesto de la animación. Todo. Hay partes de derp intenso que dan una mezcla extraña entre risa y vergüenza. No hay más que ver la escena en que la señora ricachona se desliza en la cama con Chihiro. Así es, se desliza como si estuviera en un tobogán de un parque acuático porque hace un esfuerzo nulo, como si no hubiera resistencias ni gravedad ni patatas. Glorioso. Por eso mi teoría es que Dakaretai Otoko no tiene final… ¡porque va a fusionarse con Yuri!!! on Ice! No hay más que ver cómo la calidad de la animación de Dakaretai cada vez se parece más a la high quality de YoI.

¡Nos leemos en el próximo episodio!

¡Que el viento sople a vuestro favor!

Un vistazo a ‘Zinzyde’, el primer BL de Fandogamia

Durante la Japan Weekend del pasado septiembre de 2018, Fandogamia presentó un nuevo título de manos de una mangaka novel llamada Klaux, que se une a otras autoras de manga español como Studio Kôsen, Kenny Ruiz o Xian Nu Studio. ¡Vamos a ver qué nos ofrece!

Zinzyde es el primer BL que publica Fandogamia. Se trata de un tomo único con una historia ambientada en un mundo alternativo. Los diseños recuerdan mucho a la fantasía, pero tampoco se definen como tal (ni como un posible futuro apocalíptico, a pesar de que hay ciertos visos de tecnología). Inspirada por la sierra de Guadarrama, Klaux creó la ciudad del Norte, una fortaleza con unas torres que albergan maquinaria de fuego. Este sistema resulta básico para proteger a los ciudadanos de los crueles azotes de la tormenta Zinzyde, que tiende a ser un poco mortal cuando arrasa estas tierras… Una vez al año.

Los protagonistas han sobrevivido, solos desde niños, este mundo duro, cruel y frío. Zima, el mayor de los dos, es un delincuente que se mueve por los bajos fondos y que roba y se enfrenta a las autoridades para mantener a sus amigos de camada con vida. Sanya estuvo a su cuidado durante un largo tiempo, y Zima llegó a prostituirse para poder darle de comer, hasta que logró medrar y alistarse entre la guardia de la ciudad. No solo eso, sino que Sanya está a punto de convertirse en capitán. El conflicto entre ambos es evidente.

No tengo palabras para tal manipulación. Y luego hay más. Encantador.

Por desgracia para ellos, el superior de Sanya le descubre en un intenso encuentro con Zima, que acaba de robar víveres a la ciudad justo cuando se acerca la tormenta. De inmediato exige a Sanya que no vuelva a verlo o los ejecutará a los dos. Por su lado, Zima se encuentra dividido entre su lealtad hacia Heinryk, el hombre que le ofreció unirse a una camada de descarriados cuando era un jovencito, y Sanya. Resulta que Heinryk quiere robar la llave que activa las torres que protege a la ciudad, lo cual implica que casi toda su población perecerá. A cambio de entregarla a ciertos mensajeros del sur, Heinryk podrá regresar a su antiguo reino, donde está perseguido con pena de muerte. Zinzyde resulta muy refrescante en algunos aspectos; para empezar, no hay un triángulo amoroso. Eso ya es un alivio, porque hay sitio para varios conflictos amorosos, en particular con Var, el único personaje femenino de la historia.

La autora no la presenta como suele ocurrir con las mujeres en los yaoi, y resulta cargar con un papel casi heroico al lado de Zima y Sanya, mucho más egoístas. No solo eso, sino que le se le da sitio para ser buena persona, para enfadarse y rectificar sus errores. ¡Encima no está sexualizada y viste como los demás personajes masculinos! Por otro lado, la relación de Zima con Heinryk se enfoca como una tóxica y manipuladora, porque lo es, sin romanticismo ni culpabilización de la víctima. Ciertamente Heinryk da para mucho más y sus motivaciones y anhelos quedan muy reducidos en un tomo donde solo hay verdadero espacio para el desarrollo de Zima y Sanya, pero la autora pretende contar su historia, así que estaremos atentas.

Otro detalle destacado es que la relación entre los protagonistas ya está establecida. No estamos ante un romance, sino ante una pareja que debe lidiar con la vida que pretenden llevar y cómo afecta a la otra persona. Así, el sexo se presenta pronto porque no es la culminación de ninguna persecución romántica ni tampoco el clímax que haya que alcanzar para que la historia sea satisfactoria. Lo importante de Zinzyde son los sentimientos y las decisiones morales, no el seducir a la otra persona y lograr que sus sentimientos sean recíprocos.

Y hablando de sentimientos y amor, en Zinzyde no se siguen los estereotipos del yaoi: Sanya es más adorable que Zima, más joven y más pequeño físicamente, por no hablar de que ocupa el típico puesto de integridad moral frente a un delincuente más trágico, seductor y acostumbrado al sexo como Zima. Y, sin embargo, es Sanya quien resulta más activo en el sexo, un acto que disfrutan ambos y que si se intenta forzar (como ocurre en cierta escena) resulta problemático y manipulador por los dos lados.

También he de dar las gracias a la autora porque enfoque a Zima como una víctima de violación que tiene miedo a sentirse utilizado por Sanya. Es una pena que el paralelismo entre el pasado, cuando los guardias abusaban de él, y la situación actual con Sanya a punto de convertirse él mismo en guardia no pudiera explorarse un poco más.

Sin embargo, Zinzyde no es una historia perfecta. Sabe pisar fuerte en escenas emocionales, pero se aferra demasiado a las casualidades para que la trama pueda cerrarse en un único tomo. Zima no solo tiende a ignorar que sus encuentros con Sanya, que no deja de ser un soldado mientras que él es un delincuente buscado, muchas veces son públicos y resulta un poco absurdo que no sea capaz de leer la situación y las respuestas de Sanya. También Zima aparece donde la historia lo necesita como por arte de magia, sin tener en cuenta la estricta vigilancia que debería haber antes de una tormenta, por ejemplo.

Diría que el pasado de los personajes también está poco definido. No queda muy claro por qué Zima tiene tanta relación con sus compañeros, que se comportan (y se autodenominan) como una manada, pero Sanya apenas los conoce. Zima tuvo que relacionarse con ellos para conseguir comida, dinero y todo lo que su amigo necesitaba para salir adelante, pero ¿por qué Sanya vive en un mundo aparte? ¿Es que estaba en una casa aislada y Zima solo lo visitaba para llevarle comida? ¿Lo separó a propósito de la manada para que tuviera un futuro mejor? ¿O lograron meter pronto a Sanya en los barracones de los guardias… en cuyo caso no tiene mucho sentido que Zima necesitara explotarse para darle comida a Sanya?

Pero, como digo, Zinzyde busca más la emoción que ser una historia muy detallada.

En cuanto al arte, se nota que es la primera historia grande de Klaux (al menos que haya publicado). Muchas partes son un poco difíciles de leer porque falta fluidez entre diálogos y la transición de una escena a otra. Los personajes tienen diseños detallados, pero a veces la autora cae en el problema de que muchos tienen rostro similar al de Sanya, peinados cortos y cabellos rubios… Zima y Heinryk terminan por destacar ya solo porque el primero tiene el cabello oscuro y el segundo, la piel (además de una cicatriz característica). Supongo que podemos incluir a Resk, el superior de Sanya, entre los diseños más distinguibles porque tiene barba y más edad.

Por otro lado, es una lástima que se anteponga el deseo de que los personajes lleven una moda bonita y atractiva… a la credibilidad de la historia. Al fin y al cabo Zinzyde transcurre en un mundo nórdico, particularmente a las puertas de una tormenta que suele ser mortal. Hasta la diosa de los norteños lleva un top, muestra vientre y se le notan los pezones, con una sexualización innecesaria en sus posturas que no da mucho contexto sobre cómo es una sociedad criada en circunstancias tan extenuantes, por lo que rompe la suspensión de la incredulidad. Las capas, los pantalones gruesos y, en general, lo útil frente a lo estilizado debería predominar. Llega a ser un poco absurdo ver a los personajes vestidos de esta forma entre montañas de nieve, en particular cuando aparecen los agentes del sur, que llevan manga corta bajo unas finas capas. Si se hubiera puesto un poco más de énfasis en el aspecto cultural de esta civilización se habría sentido mejor el peligro de esta horrenda tormenta.

Los fondos no están muy trabajados ni son demasiado atmosféricos. En general predomina el blanco, que funciona bastante bien con la idea de la nieve y la tormenta, pero no hay sensación de saber cómo es la ciudad por la que se mueven por los personajes.

Dicho todo esto, para una primer obra enfocada a fans del BL y no a la fantasía o la construcción de un mundo, es más que digna y que se libra de muchos estereotipos horribles. Contando con que apenas hay espacio para desarrollar nada, la autora ha hecho un gran trabajo, en especial al emplear personajes emocionales y grises, sin que ninguno sea perfecto o absolutamente malvado. Es fácil empatizar con ambos bandos, no se demoniza a nadie y la relación entre los protagonistas se trata de forma satisfactoria. Porque si algo ha hecho bien Klaux es no enfocarse en una historia más grandilocuente que sería imposible reducir a un solo tomo, sino contar la historia de dos personas concretas y la gente que hay a su alrededor.

Dicho todo esto, la edición de Fandogamia es muy decente, con una portada que respeta los característicos colores de la autora, e incluye al final detalles sobre Zinzyde. Desde bocetos a aclaraciones sobre los personajes, un fanart de Xian Nu Studio y otro de Yami11, y un encantador cierre por parte de la autora.

Zinzyde no es una historia perfecta, pero sí un encantador pistoletazo de salida para Klaux y una buena apuesta por parte de Fandogamia, que ha demostrado querer traer cosas diferentes con obras como Mi experiencia lesbiana con la soledad. Con algo de suerte inspirará a otras autoras (y autores), por no hablar de lectores, a leer historias menos tóxicas y donde las ideas de masculinidad no se imponen a los protagonistas.

Reseña: ‘Algo entre nosotros’, autodescubrimiento y amor primerizo

Una vez más, Milky Way vuelve a traernos una maravillosa historia BL, esta vez de la mano de hagi, una autora novel que despuntó en Japón con la publicación de Algo entre nosotros en 2017, un tomo autoconclusivo al que se añadió un capítulo extra para su publicación en físico. La editorial asturiana ya nos ha malacostumbrado a licenciar obras de este estilo, llenas de encanto y sentimiento. Pero ¿qué diferencia a este BL de otros que ya nos hayan podido ofrecer?

Como suele ser lo habitual, la historia transcurre en un instituto en el que estudian nuestros dos protagonistas, Tajima y Koga. Aunque ambos son de clases diferentes, terminan conociéndose cuando a Tajima se le cae un cubo con agua desde el segundo piso mientras limpiaba el aula. Preocupado por el chico al que acaba de empapar, decide ofrecerle su chándal de gimnasia como disculpa… a la vez que se pregunta por qué estaría llorando. Al final, Koga acaba confesándole que un gato ha matado a su pez y a Tajima se le cae el alma a los pies porque el culpable es Cerdi, su propia mascota.

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